A propósito de la violencia policial (y V), redadas racistas y la noviolencia del 15-M
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on lunes, 29 de octubre de 2012
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Texto original
“la necesidad irreversible de destrozarlo todo
de destrozarlo todo
de destrozarlo todo y a todos
destrozar a los hombres
destrozar a las mujeres
destrozar hasta el destrozo total
pero eso sí
destrozar sin apariencia de destrozo
destrozar sin apariencia de destrozo alguno
destrozar a alguien y que este alguien siga intacto / aparentemente
destrozar sin destrozar es la mejor destrucción”
(Esteve Graset)
El 15-M es un movimiento noviolento. Es algo que está tan en su esencia que ni siquiera ha sido una decisión tomada en asamblea: va de suyo, se ha impuesto como una pura evidencia. No decidimos nuestro ADN, partimos de él.
Tan fuerte es esta “decisión no decidida” que nadie por ahora la ha contravenido, a pesar de las provocaciones, los desalojos, las palizas. (Hay otras “decisiones no decididas” que son de todxs conocidas: ser un movimiento horizontal, inclusivo, respetuoso, sin representación, no querer nada con siglas y con partidos políticos, etc.).
La noviolencia no significa noconflicto. Hemos ocupado plazas, nos hemos manifestado sin permiso, hemos bloqueado desahucios, hemos echado a la policía de los barrios… Es decir, la noviolencia del 15-M no es pasiva,
A propósito de la violencia policial (IV): Wu Ming y la contracumbre del G8 en Génova, 2001
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on sábado, 27 de octubre de 2012
(vídeo: documental Del poder, Zaván 2011; texto: fragmentos de Esta revolución no tiene rostro, de Wu Ming, publicado en Acuarela Libros)
Wu Ming 5
Me llamo Riccardo Pedrini, Wu Ming Wu. Formo parte del colectivo de autores conocido como Wu Ming. Estaba en Génova el 21 de julio del año del señor de 2002. Los compañeros con los que trabajo han escrito un libro, Q, que ha sido muy leído y apreciado. Entre otras cosas, habla de la revuelta de los campesinos en la Alemania del siglo XVI.
Génova ha sido nuestra Frankenhausen, ha dicho algún compañero.
Mientras escalaba la colina con los maderos a mis espaldas, he pensado que esos compañeros tenían razón.
Tengo treinta y seis años. Como muchos de los que han hecho mi elección, he vivido en mi piel, y muchas veces, la violencia y la brutalidad de la policía y los carabineros. Nunca me he hecho ilusiones sobre la naturaleza de las estructuras represivas de ese sucio consejo de administración que llamamos Estado. En cierto modo, esto entraba dentro de la lógica de las cosas. Haces política, corres riesgos. Puedes esperarte que no siempre va a ir todo sobre ruedas.
Miles, decenas de miles de personas, creían poder ejercitar su derecho al disenso. No habían hecho ninguna elección radical: no eran militantes, sino en un sentido amplio: “militia est vita hominis super terram”, dice el libro de Job. Creían poder disentir y que no pasara nada. Se equivocaban. No eran black blocksters. No eran autónomos. No eran Monos Blancos.
El pueblo. La multitud.
Han sido atacados ferozmente. Han sido atacados metódicamente. Han sido atacados con repugnante eficiencia.
El día anterior,
Quemando a Lawrence de Arabia y Wu Ming
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on jueves, 25 de octubre de 2012
En esta nueva edición de "Cómo Quemar un Libro", Luci Romero (acompañada esta vez por Alejandro Herráiz) nos
habló de Estrella del alba, una novela editada por Acuarela libros y
Machado libros.
Estrella del alba repasa en clave de ficción los últimos años de T. E. Lawrence, recreando recuerdos y alternándolo con la vida de tres supervivientes al primer conflicto mundial: Tolkien, C.S. Lewis y el poeta Robert Graves.
Estrella del alba repasa en clave de ficción los últimos años de T. E. Lawrence, recreando recuerdos y alternándolo con la vida de tres supervivientes al primer conflicto mundial: Tolkien, C.S. Lewis y el poeta Robert Graves.
A propósito de la violencia policial (III): Norman Mailer en el Pentágono, 1967.
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on lunes, 22 de octubre de 2012
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Las chicas hacían su
propia guerra. Se paseaban ante los soldados, les hablaban, se
detenían para observarles, introducían flores en los cañones de
sus fusiles, les sonreían... algunas eran dulces y amables, genuinas
chicas "de las flores"; otras eran atrevidas, con aire
maduro y "picante" (...): se abrían las blusas, exhibían
un generoso escote, sonreían ante los ojos de los soldados, lanzaban
risas de vampiresa, luego carcajadas de buscona -más hondas, desde
el vientre- ante la impotencia de aquellos hombres en uniforme que no
podían dejar la formación para tomarlas. Los marshals, situados
detrás de los soldados, tensos como perros policía, iban de un lado
a otro del frente, miraban airadamente a los manifestantes, se daban
golpecitos en la mano con la porra, ansiosos por poner en práctica
sus modos específicos de acción.
De cuando en
cuando se producía una detención. Al parecer sin mucho sentido. Un
manifestante sentado, por ejemplo, tocaba accidentalmente a algún
soldado; el marshal más próximo lanzaba los brazos entre las
piernas del soldado, agarraba al manifestante, lo arrastraba hacia sí
a través del hueco; venía en su ayuda un segundo marshal, y -tras
un rápido empleo de sus porras- se llevaban al detenido al furgón o
camión. A lo largo de todo el día se habían producido detenciones
sin sentido. Al principio hubo un claro intento de limitar el número
de detenciones: luego, cuando un contingente de los Estudiantes para una Sociedad Democrática (ESD) tomó un lado de la
explanada, se produjo una ola de detenciones masivas; y, finalmente,
durante el largo lapso desde el atardecer hasta la medianoche, hubo
detenciones al azar, esporádicas y sin sentido.
Sin embargo, tal estrategia tenía un sentido, una suerte de hondo sentido tecnológico: la técnica de evitar que surgieran mártires en los disturbios. La esencia de esa técnica consiste en efectuar detenciones al azar. El detenido, que no ha hecho nada en particular en ningún sentido, se ve como una víctima o como un estúpido. Una vez en libertad, sus amigos lo reciben como a un héroe. Pero es un héroe que acaba por decepcionarles. Ahí reside en parte la sabiduría técnica de las detenciones al azar. Se trata, además de una técnica inquietante, pues ante ella no caben los preparativos para protegerse, se hace inviable asumir gradualmente la posibilidad de ser detenida,y proliferan sobremanera los rumores (las detenciones al azar dan siempre una impresión de mayor brutalidad que las detenciones más o menos lógicas; son, de hecho, más brutales).
En tales detenciones, sin embargo, se daba un elemento en absoluto
fortuito. El número de detenidos del sexo femenino era
extraordinariamente elevado en relación con el de los varones. Las
mujeres, además, eran golpeadas con saña en las detenciones. Dagmar
Wilson, líderes del Movimiento Femenino Pro Paz, fue tratada con mayor
brutalidad que cualquier otro notable del sexo masculino. Y no habría
de ser la única. Existen numerosos y sobrecogedores relatos de
testigos oculares que dan fe de la ferocidad con que marshals y
soldados se ensañaron con las mujeres. Examinemos, pues, tales
relatos.
Poco antes de medianoche, se convocó a los periodistas a una conferencia de prensa -la última de la jornada- en el interior del Pentágono. El secretario de Defensa se había marchado a casa, las cámaras de televisión se habían retirado de la escena. Se producía un paréntesis en la cobertura informativa de los acontecimientos. Se trataba de un momento sin duda previsto por los altos mandos militares. Nuevas columnas de soldados salían ahora del edificio: los soldados de primera línea iban a ser relevados. Los recién llegados eran veteranos del Vietnam. Había veteranos en la explanada desde el anochecer, pero éstos parecían especialmente adiestrados; mediaba un abismo entre ellos y la más medrosa tropa de primera línea a comienzos de la tarde (aquella que en la primera hora fue derrotada por los manifestantes en la contienda de miradas). La fuerza conquistada entonces por los manifestantes iba a ser sometida a prueba en un fuego distinto. Lo que más tarde se conoció como la Batalla de la Cuña había comenzado. Tengamos noticia de ella a través de unos retazos del relato de la testigo ocular Margie Stamberg, aparecido en Free Press (Washington):
Cuando aparecieron los paracaidistas, con sus fusiles M-14, sus bayonetas y sus porras y sus caras de piedra, los manifestantes pidieron ayuda a través de los megáfonos a los que se hallaban en el Mall alrededor de las hogueras.
Repárese en que la llamada a través de los megáfonos fue, al
parecer, inmediata. Cuán palpable debió de ser, pues, el súbito
cambio de ánimo en todos los presentes...
Se formó una sólida barrera (varias hileras yuxtapuestas) de personas sentadas con los brazos enlazadas. Y entonces comenzó el estrujamiento. Al principio vimos cómo gente de primera línea era arrastrada hasta la retaguardia de la tropa y sacada de la escena. De pronto, los soldados que cargaban en hileras simples formaron una cuña en el lado derecho. Al parecer su táctica consistía en partir en dos a los manifestantes y obligarles luego a retroceder. No se dio explicación alguna de aquella súbita acción. Los furgones celulares avanzaron, entre la tropa aparecieron soldados con lanzaproyectiles de gases lacrimógenos; del parque a nuestra espalda iban llegando refuerzos.
La cuña fue adentrándose despacio entre la gente. Con las bayonetas y las culatas en ristre, los paracaidistas cargaron primero contra las chicas de la primera línea: les daban patadas, les lanzaban continuas estocadas con los fusiles, les golpeaban en cabeza y brazos para romper la cadena de brazos unidos... La multitud rogó a los paracaidistas que se retiraran, que se unieran a ella, que actuaran como seres humanos. Entonó 'Bandera Estrellada' y otros himnos. Pero los soldados ya no eran humanos, y todos los llamamientos resultaron vanos.
Militantes del ESD, a través de megáfonos, trataban de convencernos de que, vista la situación tácticamente insostenible, debíamos retroceder,
La conquista de lo cool, de Thomas Frank
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on sábado, 20 de octubre de 2012
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Thomas Frank
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En Alpha Decay han tenido el buen gusto de publicar La conquista de lo cool (el negocio de la cultura y la contracultura y el nacimiento del consumismo moderno), de Thomas Frank, de quien en Acuarela Libros publicamos ¿Qué pasa con Kansas? - Cómo los ultraconservadores conquistaron el corazón de Estados Unidos.
Estos son algunos de los comentarios que Alpha Decay recoge sobre el libro y sobre Frank en su web, donde también encontraréis reseñas.
Estos son algunos de los comentarios que Alpha Decay recoge sobre el libro y sobre Frank en su web, donde también encontraréis reseñas.
«Inestimable ensayo para todo aquel que
alguna vez se haya burlado de la contracultura que nos legaron los años
sesenta. [...] Análisis apasionado y exhaustivo de la era de la
publicidad. [...] La conquista de lo cool no sólo hace callar a
viejos hippies canosos que recuerdan sus viajes en furgoneta Volkswagen
convencidos de que fueron transgresores, sino que además vacuna al
público contra el capitalismo moderno que está hoy por todas partes,
incluso en estas páginas.»
BRAD WIENERS, Wired Magazine
«Frank rastrea los orígenes de la crítica de la contracultura, que acaba encontrando no en el campus ni en la comuna, sino en los manuales de gestión empresarial y en los departamentos creativos de las agencias de publicidad de los años cincuenta. [...] De hecho, él mismo confiesa que el título del libro no es del todo acertado. La empresa no conquistó la contracultura. Más bien la inventó.» DEBRA GOLDMAN, Los Angeles Times Book Review
«Quizás el joven [Thomas Frank] sea el crítico cultural más provocador del momento. [...] Tanto es así que después de leerlo será difícil volver a utilizar palabras como “revolución” o “rebelde” sin entrecomillar.» GERALD MARZORATI, New York Times Book Review
«Frank sostiene con firmeza no sólo que la industria publicitaria convirtió la retórica contracultural de la revolución en un eslogan para incentivar el consumo, sino que además el proceso en sí fue, de hecho, anterior a cualquier movimiento contracultural del que se pudiera sacar algún provecho.» GEOFF PEVERE, Toronto Globe and Mail
«El estudio de Frank sobre la publicidad de los años sesenta es impecable.»
PHILIP GOLD, Washington Times
«Es el libro de estas navidades. Si te gusta Mad Men, este es tu libro. Si este es tu libro, te gustará Mad Men. Sed osados.» LOS LIBREROS DE LAIE CCCB
«Impagable, pletórico y desmitificador ensayo que todos deberían leer ahora que se acercan las fechas más salvajes del consumismo de masas.» FRAN G. MATUTE, Estado crítico
Textos sobre el Tea Party y otros temas de Thomas Frank:
El Antipapa toma té
Las lecciones desaprendidas de la crisis
Arrasa el Tea Party: ¿Qué pasa con EE.UU.? (fragmento)
Nueva derecha y malestar social (blog en Público)
La ultraderecha ha robado el lenguaje a la izquierda (entrevista con Thomas Frank)
La furia del pueblo bajará tus impuestos
El escenario perfecto del Tea Party
«Frank rastrea los orígenes de la crítica de la contracultura, que acaba encontrando no en el campus ni en la comuna, sino en los manuales de gestión empresarial y en los departamentos creativos de las agencias de publicidad de los años cincuenta. [...] De hecho, él mismo confiesa que el título del libro no es del todo acertado. La empresa no conquistó la contracultura. Más bien la inventó.» DEBRA GOLDMAN, Los Angeles Times Book Review
«Quizás el joven [Thomas Frank] sea el crítico cultural más provocador del momento. [...] Tanto es así que después de leerlo será difícil volver a utilizar palabras como “revolución” o “rebelde” sin entrecomillar.» GERALD MARZORATI, New York Times Book Review
«Frank sostiene con firmeza no sólo que la industria publicitaria convirtió la retórica contracultural de la revolución en un eslogan para incentivar el consumo, sino que además el proceso en sí fue, de hecho, anterior a cualquier movimiento contracultural del que se pudiera sacar algún provecho.» GEOFF PEVERE, Toronto Globe and Mail
«El estudio de Frank sobre la publicidad de los años sesenta es impecable.»
PHILIP GOLD, Washington Times
«Es el libro de estas navidades. Si te gusta Mad Men, este es tu libro. Si este es tu libro, te gustará Mad Men. Sed osados.» LOS LIBREROS DE LAIE CCCB
«Impagable, pletórico y desmitificador ensayo que todos deberían leer ahora que se acercan las fechas más salvajes del consumismo de masas.» FRAN G. MATUTE, Estado crítico
Textos sobre el Tea Party y otros temas de Thomas Frank:
El Antipapa toma té
Las lecciones desaprendidas de la crisis
Arrasa el Tea Party: ¿Qué pasa con EE.UU.? (fragmento)
Nueva derecha y malestar social (blog en Público)
La ultraderecha ha robado el lenguaje a la izquierda (entrevista con Thomas Frank)
La furia del pueblo bajará tus impuestos
El escenario perfecto del Tea Party
A propósito de la violencia policial (II): los Yippies y la Convención de Chicago 1968
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on martes, 16 de octubre de 2012
¿Quiénes fueron los Yippies?
Los miembros del Youth International Party (Partido Internacional de la Juventud) conocidos como Yippies, fueron una rama de los muchos y variados movimientos sociales vinculados a la Nueva Izquierda (New Left) norteamericana de los años 60. Como casi todos ellos, los Yippies también se enfrentaron a la guerra de Vietnam así como al resto de expresiones derivadas del statu quo estadounidense o Amerika, como les gustaba llamarle a ellos, con k de Ku Klux Klan.
Lo que diferenció a los Yippies del resto
de movimientos sociales de la época fue, sin duda, las tácticas que
llevaron a cabo para tal fin. Para los Yippies, la política no pasaba
por la conciencia, era más bien algo irracional; algo que tenía que ver
más con los sentimientos que con el intelecto. La política Yippie pasaba
por el cuerpo, debía “atravesarte”; de ahí que la imagen, lo visual,
fuese siempre para ellos tan importante; tanto que llegaron a afirmar
que lo que de ellos se dijese carecía de interés, lo que al Youth International Party
le importaba de verdad era ser visto. “La historia está en las
imágenes, no en las palabras”, decían, de ahí su interés en los medios
de comunicación.
Los Yippies, en la estela de Marshall
Mcluhan, entendían la revolución como una lucha de símbolos, un campo de
batalla en el que los signos servían a modo de armas. A la fabricación
de esas armas dedicaron gran parte de sus esfuerzos activistas. Muchas
de ellas (guerrilla de la comunicación, creación de mitos, performance
callejera, humor y absurdo) han sido retomadas por movimientos políticos
recientes.
En el verano de 1968 el Partido Demócrata organizó una convención en Chicago con el fin de elegir candidato para las elecciones presidenciales de 1968, tras la súbita renuncia de Lyndon B. Johnson y el asesinato de Robert Kennedy. Los Yippies convirtieron los días de Convención y la entera ciudad de Chicago en el escenario de una acción de teatro-guerrilla comunicativa. LOS DISTURBIOS COMO TEATRO CALLEJERO. Fragmento de Revolution for the Hell of It, de Abbie Hoffman, de próxima publicación en Acuarela Libros:
"Nuestras acciones en Chicago crearon una magnífica relación figura-fondo [en los telediarios]. La retórica de la Convención recibía cincuenta minutos del programa y a nosotros nos daban los diez minutos o menos que normalmente se reservan para los anuncios. Éramos un anuncio de la revolución. Mostrábamos una escena que contenía un alto grado de implicación frente al aburrido terreno de la retórica institucional. Al ver la aburrida representación de la Convención no podías evitar ser consciente de la revolución que estaba escenificándose en la calle.
Esta tensión subyacente va en aumento y el espectador se implica por completo con lo que estamos haciendo AUNQUE NO PUEDA VERLO O EXPERIMENTARLO DE MANERA DIRECTA. Su imaginación completa lo que ocurre en las calles. Su imaginación crea a los Yippies, los polis y al resto de partícipes a su propia imagen. Construyen su propia representación. Fabrican su propio mito. Aunque los medios hubieran decretado el apagón total de nuestras actividades, nuestro mensaje habría llegado, incluso quizá con más potencia. Lo único que tenía que saber la gente era que los hijos de América estaban siendo machacados en las calles de Chicago y las cadenas de televisión se negaban a mostrarlo. NUNCA PODRÁN BORRARNOS.
El público no solo se rebelaría contra esa clase de censura sino también contra el intento de imponer un fondo aburrido con una figura apasionante. Estoy seguro de que lo que jodió a muchos espectadores fue el hecho de que les estaban obligando a ver una aburrida Convención Demócrata cuando, de hecho, lo que querían ver es el partido de los polis y los Yippies en las calles de Chicago".
Do It!, de Jerry Rubin
Cómo ser un yippie, por Jerry Rubin
Chicago 10, película de animación sobre la Convención de Chicago
La nación de Woodstock
A propósito de la violencia policial (I): Mayo del 68
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on jueves, 4 de octubre de 2012
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Kristin Ross,
Mayo del 68,
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(texto: fragmento de Mayo del 68 y sus vidas posteriores, de Kristin Ross)
“Cualquier diálogo entre los matraquers [los que golpean] y los matraqués [los golpeados] es imposible”.
En algún momento en pleno mayo de 1968, como indica este eslogan, la porra de los policías o matraque se había convertido para los insurgentes en una pura sinécdoque del Estado. Durante el largo silencio
de De Gaulle y la titubeante respuesta del gobierno a los primeros brotes de violencia callejera, la policía se había convertido en la única y solitaria representación del Estado. Dos figuras paradigmáticas se situaban a cada lado de esta barrera infranqueable, los agresores y los agredidos.
Toda posibilidad de reconocimiento recíproco o “diálogo” entre dos figuras tan radicalmente distintas, que habitan espacios tan desiguales, y a la vez contiguas, es inútil. La relación entre los golpeadores y los golpeados es una antidialéctica de absoluta diferencia y oposición total, una relación de “pura violencia” que no es muy distinta a la que describe Frantz Fanon entre el “colonizador” y el “colonizado” en Los condenados de la tierra. La matraque, un arma corta y contundente, hecha con un palo de madera, más grueso y pesado en un extremo y recubierto de caucho endurecido, ocupa un lugar destacado en los relatos dramáticos, imágenes documentales e iconografía de los días de Mayo y Junio. Así, un típico pasquín militante titulado “Cómo evitar las porras”, distribuido en la noche más sangrienta de los acontecimientos, el 24 de mayo, instruye a los manifestantes sobre cómo doblar las hojas de periódicos como France-Soir o “Figaremouche”, como llamaban los militantes al diario derechista Le Figaro, para utilizarlos como capa protectora para los hombros y el cuello: “El grosor ha de corresponderse con el de la piel ‘aporreable’, es decir, unas veinticinco páginas de prensa burguesa”. En los relatos sobre la toma de conciencia política de personas que se habían mantenido al margen de la política hasta ese momento, la porra cumple con frecuencia un papel casi pedagógico de “despertar” o revelación. De esta forma, un activista recuerda en 1988 la violencia policial de veinte años antes: “Era una lección excelente sobre la naturaleza de un Estado que se mantiene gracias a la fuerza de la porra: era una educación directa”.
Otro testigo afirma:
Invitación a transmitir/ cambio
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on martes, 18 de septiembre de 2012
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Amador Fernández-Savater
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Presentación de "Interferencias", nuevo blog de Stéphane M. Grueso y Amador Fernández-Savater en eldiario.es
Las palabras y las imágenes hacen cosas: difunden afectos, autorizan o prohiben percepciones, abren o cierran posibilidades. No sólo son información: son mapas y marcos, paisajes y atmósferas. ¿Qué palabras usamos para contarnos la vida, qué imágenes? Nuestro relato cotidiano del mundo, ¿nos une o nos separa, nos hace responsables o víctimas, nos alegra y potencia o nos entristece y disminuye, nos involucra en lo que pasa o nos vuelve espectadores, nos orienta o nos confunde, nos clava en lo que somos o abre lo posible?
Si el mundo es como es, es porque lo contamos con estereotipos. Porque somos demasiadas veces estaciones repetidoras de estereotipos. Los estereotipos son respuestas automáticas. Se dicen casi solos, nos atraviesan y nos dejan como estábamos. En lugar de ayudarnos a ver y a pensar, ven y piensan por nosotros. Descansan en nuestra pereza y se apoyan en nuestro miedo a lo desconocido. Nos vuelven previsibles y gobernables.
Interferencias significa perturbaciones. Interrupciones de la señal. Desplazamientos de sentido. Cortes en el hilo musical de los estereotipos. Chispazos, resonancias, ondas de choque, vibraciones, un tupper que vuela. Juegos de palabras contra las etiquetas que nos clasifican. Bromas colectivas para conjurar las imágenes del miedo. Símbolos abiertos y palabras vacías que podamos habitar todos. Paisajes inéditos.
Interferencias significa cruces. La narración del mundo nos asigna a todos y a cada uno un lugar: nombre, identidad, siglas, chiringuito. Zonas de confort. Las cosas sólo se mueven cuando salimos de nuestros circuitos cerrados y tejemos lo común con el otro. Cuando vamos más allá de los estereotipos que nos separan y establecemos conexiones improbables. Alianzas insólitas y contra todo pronóstico. Diálogos contra monólogos.
Interferencias significa imágenes sucias y en movimiento. No obvias, sino a descodificar. No puras, sino robadas. No objetivas, desinteresadas o distantes, sino implicadas, manchadas de calle y de inmediatez. Veloces para comunicar lo que debe ser visto y oído, lo que no debe quedar arrinconado o ignorado. Lentas para silenciar la velocidad automática de los estereotipos y decir/mostrar otra cosa. Modulación de velocidad y lentitud.
Interferencias: dar a ver y dar qué pensar.
Invitación a transmitir/ cambio
Invitación a transmitir/ cambio
Invitación a transmitir/ cambio
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pd. Interferencias lo habitarán Amador Fernández-Savater y Stéphane M. Grueso. Amador es más de palabras robadas y Stéphane más de imágenes en movimiento. El primero define su trabajo como “acompañar y catalizar el pensamiento de otros” y el segundo piensa menos y ‘estrimea’ más. Stéphane y Amador se conocieron uno de los primeros días de la ya lejana revolución de mayo de 2011 en la Puerta del Sol. Los dos navegaban en aguas comunes y sabían de la existencia del otro: “El director de ¡Copiad, malditos!...”, “El comensal/autor de 'La cena del miedo'”, pero no se conocían personalmente. Esa tarde pasearon juntos por acampadasol y conversaron. Y esa conversación se prolongó muchas otras tardes. Y este blog es otra extensión más de ese intercambio. En Interferencias, Amador y Stéphane van a emitir ondas, emitirán ondas por separado, ondas conjuntas, remezclarán sus ondas, traerán ondas de terceros, emitirán ondas fuera de cualquier norma, y un día, un día cualquiera tocarán el botón ese, el que no se debe tocar nunca, a ver qué pasa.
pd 2. Invitación a transmitir/ cambio, Live Performance (09-05-2012) por María Salgado
Despedida (censurada) de Público.es
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on viernes, 14 de septiembre de 2012
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Amador Fernández-Savater
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Este post de despedida de Publico.es fue publicado a las 16.15 del 14 de septiembre en el blog Fuera de Lugar. Acto seguido avisé al técnico de la web de su publicación, como suelo. Un minuto más tarde y sin mediar palabra lo borraban y me cambiaban las llaves de entrada al blog. Cinco años después, ¡vaya final feo! [Amador Fernández-Savater]
me mudo. A partir de ahora me encontraréis en eldiario.es o en el blog de la editorial Acuarela.
Llevo cinco años participando en Público. Es mucho tiempo y han pasado muchas cosas para hacer un balance rápido. Pero ahora no tengo tiempo para más. La buena noticia es que estoy trabajando en la edición de un libro que recogerá las entrevistas que hice para el periódico entre 2009 y 2011 (tenéis todos los nombres de los entrevistados a la derecha). Ahí trataré de pensar y decir algo más sobre mi experiencia en Público.
A lo largo de este tiempo, he tratado de construir “un nombre propio que no sea privado”, como dice mi amiga Marina Garcés. Una voz que se deje atravesar por las voces de otros, que de la palabra a otros (con las entrevistas o publicando aquí textos ajenos), que se esfuerce por registrar, procesar y devolver lo que escucha en la calle, que vaya y venga entre teorías y prácticas, mediando y traduciendo.
He tratado de instalarme en una posición de pregunta y de problematización, no tanto de polarización o agitación, preocupándome más por dar qué pensar que por decir lo que hay que pensar, por proponer algo que pensar sobre lo que (nos) pasa más que por “dar caña” al de enfrente, procurando hablar siempre de/desde realidades en las que estoy involucrado, que me afectan y me tocan muy directamente.
He tratado de ayudar a pensar la actualidad, no sólo a contarla, desde la no-actualidad del pensamiento que se toma su tiempo para reflexionar, entrando y saliendo del lenguaje periodístico, mezclando en el blog el texto con el vídeo o las imágenes.
En definitiva, he tratado de oponer un poco de resistencia a la figura del “opinador” que, a izquierda y derecha, predomina hoy en la producción de discurso desde los medios de comunicación.
He tenido mucha libertad en Público para estas tentativas, sobre todo desde que concentré mi atención en este blog. Mi visión (crítica) sobre este periódico y lo que yo trataba de hacer en él está expuesta más o menos en algunos textos, como “Poder al público”, “A propósito de la salida de Rafael Reig”, “¿Se puede pensar en un periódico?” o “(D)escribir el 15-M”.
Desde el cierre de la edición en papel, el aire de este espacio web está demasiado viciado como para poder seguir habitándolo como si nada. Así que he decidido mudarme. No me gustan las mudanzas, soy de natural conservador y me dan mucha pereza, pero aunque he tardado lo mío ya está hecho.
Doy las gracias a todos los trabajadores de Público que han hecho posible esta aventura, en especial a las personas con las que yo he tenido más relación en este tiempo, Nacho Escolar, Marco Schwartz, Guillermo Rodríguez y Lucía Álvarez. Y gracias a todos vosotros por estar ahí.
Presentación de
"Interferencias",
nuevo blog de Stéphane M. Grueso y Amador Fernández-Savater en
eldiario.es
Las relaciones entre Tolkien y CS Lewis (y 2)
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Acuarela
on martes, 11 de septiembre de 2012
DISTANCIAMIENTO
“[…] Mientras tanto Tolkien conservaba su amistad con C. S. Lewis, pero un tanto más fría que en los primeros años. De hecho, es significativo que Tolkien escribiera después que Lewis “fue mi más íntimo amigo poco más o menos desde 1927 a 1940, y siguió siendo muy querido para mí”. El enfriamiento de su relación en los años que siguieron a 1940 fue muy gradual y, para Lewis al menos, probablemente imperceptible. Por fuera, la amistad parecía igual que siempre. Ambos asistían a las reuniones regulares de los Inklings y ambos se dejaban ver juntos en el Eagle and Child o el White Horse, bebiendo y conversando como habían hecho durante veinte años. En 1949 Lewis empezó a leer la primera de sus historias de “Narnia” a los Inklings. Se trataba de El león, la bruja y el armario, que se convertiría en uno de los libros infantiles más populares jamás escritos. A Tolkien, no obstante, no le impresionó. “Verdaderamente no sirve”, le dijo a Roger Lancelyn Green, un amigo mutuo que después sería biógrafo de Lewis. “Quiero decir, escribir sobre las costumbres de las ninfas, o la vida amorosa de un fauno”. Quince años después, Tolkien escribiría que “Narnia y toda esa parte de la obra de C. S. Lewis debería quedar fuera de los límites de mi simpatía, así como gran parte de la mía estaba fuera de los límites de la suya”. Sin embargo, mientras Tolkien era incapaz de disfrutar de la obra de Lewis, Lewis siempre alabó El Señor de los Anillos. Tolkien lo había terminado al fin en el otoño de 1949 y le había prestado el texto completo a Lewis, quien se lo devolvió con grandes alabanzas […]”.
La Taberna Eagle and Child donde se reunían los Inklings.
“[…] El entusiasmo de Lewis por El Señor de los Anillos salpicaba las cartas dirigidas a sus amigos. “¿Verdad que sería maravilloso –escribió a Katherine Farrer el 4 de diciembre de 1953– que tuviera éxito (de ventas, me refiero)? Inauguraría una nueva época. ¿Podemos albergar esperanzas?”.
Estas alabanzas privadas pasaron a conocimiento público cuando Lewis escribió una reseña de La Comunidad del Anillo, el primer volumen de El Señor de los Anillos, después de su publicación en 1954:
“Este libro es un destello de luz en un cielo claro, tan diferente e imprevisible en nuestra época como Songs of Innoncence lo fue en la suya. No sería adecuado decir que con él hemos vuelto de pronto al romance heroico, magnífico, elocuente y descarado, en un momento casi patológico por su antirromanticismo. Para nosotros, que vivimos en una época extraña, esta vuelta atrás (y el puro alivio que procura) es sin duda lo más importante. Pero en la historia del romance mismo (una historia que se remonta a la Odisea y más allá) no constituye una vuelta atrás, sino un avance o una revolución: la conquista de un territorio nuevo” […]”.
Estas alabanzas privadas pasaron a conocimiento público cuando Lewis escribió una reseña de La Comunidad del Anillo, el primer volumen de El Señor de los Anillos, después de su publicación en 1954:
“Este libro es un destello de luz en un cielo claro, tan diferente e imprevisible en nuestra época como Songs of Innoncence lo fue en la suya. No sería adecuado decir que con él hemos vuelto de pronto al romance heroico, magnífico, elocuente y descarado, en un momento casi patológico por su antirromanticismo. Para nosotros, que vivimos en una época extraña, esta vuelta atrás (y el puro alivio que procura) es sin duda lo más importante. Pero en la historia del romance mismo (una historia que se remonta a la Odisea y más allá) no constituye una vuelta atrás, sino un avance o una revolución: la conquista de un territorio nuevo” […]”.
LA
TIERRA MEDIA BAJO LA SOMBRA DE NARNIA
“[…] La acusación de que el libro era de carácter juvenil, adecuado para el “Boy’s Own Paper”, se debió en parte a la relación de Tolkien con C. S. Lewis, cuyas historias de “Narnia” estaban siendo publicadas en la época despertando a la vez un coro discordante de aclamación popular y la hostilidad de los críticos. El “contrabando de teología” que hacía Lewis en sus historias infantiles lo habían convertido en una personalidad impopular en círculos seculares, y sus obras de apología cristiana popular provocaron una gran hostilidad. De hecho, cuando el editor de Tolkien pidió a Lewis que redactara un breve texto para la sobrecubierta de la primera edición de El Señor de los Anillos, Lewis escribió las siguientes palabras a Tolkien: “Aunque tú y él aprobéis mis palabras, pensad dos veces antes de usarlas: soy sin duda un hombre odiado, quizá cada vez más, y mi nombre podría hacer más daño que bien”. La advertencia de Lewis fue profética. Algunos de los críticos que reseñaron el libro en agosto de 1954 sentían “una extraordinaria animosidad personal contra Lewis” y dedicaron una “buena cantidad de espacio para burlarse de su comparación entre Tolkien y Ariosto”. Edwin Muir, que escribió en The Observer el 22 de agosto, fue uno de los que se burlaron de las alabanzas de Lewis: “Este libro notable hace su aparición con una desventaja. Sólo una obra maestra podría sobrevivir al bombardeo de alabanzas que se le dirigen desde la nota de presentación”.
“[…] La acusación de que el libro era de carácter juvenil, adecuado para el “Boy’s Own Paper”, se debió en parte a la relación de Tolkien con C. S. Lewis, cuyas historias de “Narnia” estaban siendo publicadas en la época despertando a la vez un coro discordante de aclamación popular y la hostilidad de los críticos. El “contrabando de teología” que hacía Lewis en sus historias infantiles lo habían convertido en una personalidad impopular en círculos seculares, y sus obras de apología cristiana popular provocaron una gran hostilidad. De hecho, cuando el editor de Tolkien pidió a Lewis que redactara un breve texto para la sobrecubierta de la primera edición de El Señor de los Anillos, Lewis escribió las siguientes palabras a Tolkien: “Aunque tú y él aprobéis mis palabras, pensad dos veces antes de usarlas: soy sin duda un hombre odiado, quizá cada vez más, y mi nombre podría hacer más daño que bien”. La advertencia de Lewis fue profética. Algunos de los críticos que reseñaron el libro en agosto de 1954 sentían “una extraordinaria animosidad personal contra Lewis” y dedicaron una “buena cantidad de espacio para burlarse de su comparación entre Tolkien y Ariosto”. Edwin Muir, que escribió en The Observer el 22 de agosto, fue uno de los que se burlaron de las alabanzas de Lewis: “Este libro notable hace su aparición con una desventaja. Sólo una obra maestra podría sobrevivir al bombardeo de alabanzas que se le dirigen desde la nota de presentación”.
El 9 de septiembre, Tolkien escribió a su editor sobre la hostilidad que había despertado Lewis:
Las relaciones entre Tolkien y CS Lewis (1)
Publicado por
Acuarela
on viernes, 7 de septiembre de 2012
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PRIMER ENCUENTRO TOLKIEN/LEWIS
“[…] Tolkien había llamado la atención de Lewis el 11 de mayo de 1926 durante una discusión de trabajo de facultad en un “té inglés” del Merton College. “Hablé con él después –apuntó Lewis en su diario–. Es un tipo suave, pálido, locuaz… No parece peligroso: a lo sumo necesitará uno o dos golpes”. De estos inicios indiferentes y desfavorables no tardó en surgir una amistad que iría creciendo en importancia para ambos.
Poco antes de que se conocieran Tolkien y Lewis, Tolkien había formado los Coalbiters, un club de profesores dedicado a la lectura de las sagas y los mitos islandeses. El nombre provenía del islandés Kolbítar, término humorístico que designaba a quienes se acercaban tanto al fuego en invierno que mordían el carbón. En un principio, sus miembros se limitaban ante todo a quienes tenían un conocimiento razonable del islandés, pero el club no tardó en verse reforzado por principiantes entusiastas, entre los cuales se encontraba C. S. Lewis. En enero de 1927 Lewis asistía regularmente a las reuniones de los Kolbítar y las encontraba estimulantes. La influyente amistad entre Lewis y Tolkien había empezado.
Como Tolkien, a Lewis le gustaba la mitología nórdica y el carácter nórdico desde la infancia. Siempre lo había seducido lo que Tolkien llamaba místicamente “el Norte innombrable” y ahora, en la persona del profesor de anglosajón, había hallado un espíritu similar además de un mentor. El 3 de diciembre de 1929 Lewis escribió a su amigo Arthur Greeves:
Tolkien y CS Lewis son, junto a Robert Graves y Lawrence de Arabia, los personajes principales de la novela Estrella del alba de Wu Ming 4, publicada por Acuarela. ¿Cuáles fueron sus relaciones en la vida real? Casi todos los textos
de estas entradas han sido sacados de las obras de JOSEPH PEARCE
(autor de Tolkien:
hombre y mito,
J. R. R.
Tolkien Señor de la Tierra Media
y Wisdom
Innocence: A Life of G. K. Chesterton.
Su primera novela, The
Three Ys Men
es, según su propia estimación, “un bullicioso retozo en la
tradición de Belloc y Chesterton con una pizca de la ficción de
Tolkien más ligera”).
J. R. R. TOLKIEN (Bloemfontein, hoy Sudáfrica; 3 de enero de 1892 – Bournemouth, Dorset; 2 de septiembre de 1973)
“Sí, la fantasía es escapista, y ahí está su grandeza. Si un soldado es capturado por el enemigo, ¿no consideramos que su deber es escapar? ¡Los prestamistas, los ignorantes, los autoritarios nos mantienen a todos en prisión; si valoramos la libertad de pensamiento y alma, si somos partisanos de la libertad, nuestro deber es escapar y llevar con nosotros a tantos como podamos!”.
RESPUESTA DE TOLKIEN A LA ACUSACIÓN DE ESCRIBIR LITERATURA ESCAPISTA
“En esta clase de amor ¿Me quieres? significa '¿Ves la misma verdad?', o por lo menos '¿Te importa la misma verdad?'”
De la obra LOS CUATRO AMORES, de C.S. LEWIS
“Sí, la fantasía es escapista, y ahí está su grandeza. Si un soldado es capturado por el enemigo, ¿no consideramos que su deber es escapar? ¡Los prestamistas, los ignorantes, los autoritarios nos mantienen a todos en prisión; si valoramos la libertad de pensamiento y alma, si somos partisanos de la libertad, nuestro deber es escapar y llevar con nosotros a tantos como podamos!”.
RESPUESTA DE TOLKIEN A LA ACUSACIÓN DE ESCRIBIR LITERATURA ESCAPISTA
“En esta clase de amor ¿Me quieres? significa '¿Ves la misma verdad?', o por lo menos '¿Te importa la misma verdad?'”
De la obra LOS CUATRO AMORES, de C.S. LEWIS
PRIMER ENCUENTRO TOLKIEN/LEWIS
“[…] Tolkien había llamado la atención de Lewis el 11 de mayo de 1926 durante una discusión de trabajo de facultad en un “té inglés” del Merton College. “Hablé con él después –apuntó Lewis en su diario–. Es un tipo suave, pálido, locuaz… No parece peligroso: a lo sumo necesitará uno o dos golpes”. De estos inicios indiferentes y desfavorables no tardó en surgir una amistad que iría creciendo en importancia para ambos.
Poco antes de que se conocieran Tolkien y Lewis, Tolkien había formado los Coalbiters, un club de profesores dedicado a la lectura de las sagas y los mitos islandeses. El nombre provenía del islandés Kolbítar, término humorístico que designaba a quienes se acercaban tanto al fuego en invierno que mordían el carbón. En un principio, sus miembros se limitaban ante todo a quienes tenían un conocimiento razonable del islandés, pero el club no tardó en verse reforzado por principiantes entusiastas, entre los cuales se encontraba C. S. Lewis. En enero de 1927 Lewis asistía regularmente a las reuniones de los Kolbítar y las encontraba estimulantes. La influyente amistad entre Lewis y Tolkien había empezado.
Como Tolkien, a Lewis le gustaba la mitología nórdica y el carácter nórdico desde la infancia. Siempre lo había seducido lo que Tolkien llamaba místicamente “el Norte innombrable” y ahora, en la persona del profesor de anglosajón, había hallado un espíritu similar además de un mentor. El 3 de diciembre de 1929 Lewis escribió a su amigo Arthur Greeves:
De guerrillas y herejías
Publicado por
Acuarela
on sábado, 1 de septiembre de 2012
Etiquetas:
dadaístas,
Lawrence,
Raoul Hausmann,
Wu Ming
/
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por Carolina León
Esas resonancias que se generan entre las lecturas y los hechos, y qué difícil es determinar qué fue primero. Me estoy comiendo ‘Guerrilla’ de T.E. Lawrence (Acuarela Libros, 2004), y no podía dejar de pensar en el 15M. No ha sido hasta hace un rato que recordé que la comparación ya estaba hecha.
Hace algún tiempo navegaba en un libro llamado Correo Dadá (también publicado por Acuarela). No lo tengo a mano, solo apuntar que por entonces me parecía clarísimo que no había ninguna otra “vanguardia” más cercana a lo que era, es, el 15M. Algo indefinible, algo tan versátil que desconcierta, aturde, disloca.
Algo que cada vez que se intenta meter en unos moldes, se desborda. Dadá era tan iconoclasta como lo ha sido en todo este tiempo el movimiento, digo, salvando la “distancia” que algunos podrán señalar entre arte y política. El apunte queda ahí, porque la lectura quedó apartada un día debajo de otro millón de libros y movilizaciones.
La relación Guerrilla – 15M la hizo el propio editor del libro, Amador Fernández Savater, para relatar lo que había sucedido en Madrid en los primeros días de agosto de 2011, cuando se cerró la Puerta del Sol (en este blog escribí Plaza tomada más o menos por lo mismo).
La resonancia de la “guerrilla” de Lawrence me parece aún hoy pertinente, extensible al devenir del 15M más allá de los acontecimientos de hace un año. Las citas son todas del prólogo de Wu Ming 4:
Hace algún tiempo navegaba en un libro llamado Correo Dadá (también publicado por Acuarela). No lo tengo a mano, solo apuntar que por entonces me parecía clarísimo que no había ninguna otra “vanguardia” más cercana a lo que era, es, el 15M. Algo indefinible, algo tan versátil que desconcierta, aturde, disloca.
Algo que cada vez que se intenta meter en unos moldes, se desborda. Dadá era tan iconoclasta como lo ha sido en todo este tiempo el movimiento, digo, salvando la “distancia” que algunos podrán señalar entre arte y política. El apunte queda ahí, porque la lectura quedó apartada un día debajo de otro millón de libros y movilizaciones.
La relación Guerrilla – 15M la hizo el propio editor del libro, Amador Fernández Savater, para relatar lo que había sucedido en Madrid en los primeros días de agosto de 2011, cuando se cerró la Puerta del Sol (en este blog escribí Plaza tomada más o menos por lo mismo).
La resonancia de la “guerrilla” de Lawrence me parece aún hoy pertinente, extensible al devenir del 15M más allá de los acontecimientos de hace un año. Las citas son todas del prólogo de Wu Ming 4:
Lawrence & co
Nada mejor que un buen libro para poder soportar los tórridos sofocos del estío agosteño. Afortunadamente la novela Estrella del alba,
reciente novedad editorial aparecida bajo la firma de Wu Ming 4, ha
servido para trasladarnos a lejanos escenarios (Oriente Medio, Oxford)
sin tener que padecer sacrificio alguno. El mundo entero desde nuestro
sillón.
Wu Ming es el seudónimo de un grupo de escritores italianos que trabajan de forma colectiva desde comienzos de este siglo. Surgieron a partir de una matriz de propósito más amplio y universal conocida como Luther Blisset Project, cuya obra más conocida fue la novela Q, acerca de la guerra de los campesinos alemanes de comienzos del siglo XVI. "Wu ming" significa en chino "anónimo", lo que dice mucho respecto de las intenciones que animan al colectivo literario que analizamos. No obstante, y aunque pueda parecer contradictorio, los componentes de Wu Ming en ocasiones realizan trabajos individuales, como es este el caso, y entonces suman un ordinal al nombre común, significando que la responsabilidad sobre este trabajo corresponde a una sola persona.
Estrella del alba nos plantea un atractivo escenario literario: las relaciones de cuatro excelentes escritores británicos (T.E. Lawrence, R. Graves, J.R.R. Tolkien y C.S. Lewis) anudadas en su retorno a Oxford tras su peripecia por los campos de batalla de la Gran Guerra. En la narración se suman elementos de verosimilitud (Graves fue amigo de Lawrence y escribió su biografía Lawrence y los árabes), junto con meras hipótesis de ficción literaria (los encuentros de Tolkien y Lewis con Lawrence).
La figura central de la obra es el conocido como Lawrence de Arabia, poliédrico personaje, militar del Imperio Británico hasta su muerte, pero consagrado a la tarea de crear un Estado propio para los árabes, dividos y sometidos hasta esa fecha por el Imperio Otomano. Su participación en una guerra de liberación nacional en un contexto de Guerra Mundial no está exenta de contradicciones, y la tarea inacabada, incluso la posibilidad de que su comportamiento se considere una traición a las promesas realizadas a los príncipes hachemitas, pesará como una losa sobre su estado de ánimo. La tortura y violación a manos turcas, así como la clandestina homosexualidad, lastrarán también su salud física y mental, acelerando su declive. Pero, entre tanto, Lawrence alumbrará una las obras cimeras en lengua inglesa de la primera mitad del siglo XX, su relato de la participación en la Rebelión Árabe titulada Los siete pilares de la sabiduría.
Fascinados o críticos frente al personaje principal, girará el resto del formidable elenco literario. Todos ellos arrastran también las heridas (físicas y morales) derivadas de su participación en la guerra: han visto caer a demasiados amigos y hermanos en las trincheras belgas y francesas como para salir indemnes. El exorcismo común será su dedicación en cuerpo y alma a la actividad literaria, aunque las trayectorias de Graves, por un lado, y Tolkien y Lewis, por otro, sean disímiles.
En todo caso, las obras que producirían en el futuro (Graves y Yo, Claudio; Tolkien y El Señor de los Anillos; o Lewis y Una pena en observación) les harán acreedores de la atención de los lectores de las siguientes décadas y nos inclinarán a escudriñar por una rendija aquel momento de encuentro oxoniense a comienzos de la década de los años veinte de la pasada centuria.
Por El Hijo de Fructidor
Las máscaras del héroe
por David Bizarro
Concebida como un hábil subterfugio narrativo disfrazado de best-seller, Estrella del alba nos reconcilia con la novela histórica y el pastiche literario, tomando la controvertida figura de Lawrence de Arabia como excusa para reflexionar sobre las ambiguas connotaciones del Mito, tanto en el plano real como en el ficcionado. Ahora bien, el verdadero mérito reside en involucrar a Robert Graves, J. R. R. Tolkien y C. S. Lewis como protagonistas de una trama de visos metaliterarios, que mantiene el interés a lo largo de más de cuatrocientas páginas de lectura ágil. A ratos incluso fascinante, por más que la errática traducción empañe algunos de sus logros y ciertos pasajes sacrifiquen la verosimilitud en beneficio de la épica.
Con todo, esta primera novela solista de Wu Ming 4 se beneficia de un mayor sentido de la mesura que otros títulos del colectivo “Sin Nombre”. El autor acierta a la hora de abordar las paradojas de sus personajes, los fantasmas de la guerra, sus secretos inconfesables y sus traiciones cotidianas; pero se resiente cuando intuimos que la recreación de ciertos escenarios y personajes obedecen a un ajuste de cuentas estrictamente político. Si nos remontamos a Q, por ejemplo (publicada bajo el pseudónimo de Luther Blissett) las revueltas protestantes del siglo XVI encontraban su eco en los movimientos contestatarios del último tercio del siglo XX, mientras que, en la posterior, ‘54’, el senador McCarthy, Cary Grant, Alfred Hitchcock y el presidente Tito servían de nexo con el recrudecimiento del conflicto kosovar y los atentados de 11-S.
Por suerte, en Estrella del alba el pensamiento crítico prevalece sobre el panfleto caricaturesco, dejando en evidencia a cultivadores autóctonos del género como Arturo Pérez-Reverte o César Vidal. Porque nos encontramos ante una novela de aventuras donde las verdaderas hazañas son más bien introspectivas. En la que Lawrence sirve de catalizador para la toma de conciencia del resto de protagonistas; pero también para el lector, invocando de refilón al IRA, Irak, la ONU y el FMI para recordarle, sobre todo, la importancia de un compromiso artístico que anteponga la fantasía sin renunciar a la realidad. Porque escribir también puede ser un acto revolucionario, como reflexionaba Graves. Convertirse en un refugio y en un arma. Evasión y victoria.











