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Volver a tierra: Guy Debord y la crítica de la sociedad del espectáculo

Guy Debord en septiembre de 1969
(Entrevista a Luis Navarro en eldiario.es sobre la actualidad del pensamiento de Debord 20 años después de su muerte.)

Guy Debord fue un revolucionario, filósofo, aventurero, escritor y cineasta francés nacido en el año 1931. Fundó el grupo y la revista Internacional Situacionista (IS), considerado por Mario Perniola como “la última vanguardia del siglo XX”. En 1967, publicó La sociedad del espectáculo, un libro mítico y una referencia de primer orden en el debate crítico sobre la naturaleza del capitalismo moderno. “Todo lo que era directamente vivido, se aleja hoy en una representación”, afirmaba Debord en la primera tesis del libro. La IS tuvo una influencia significativa en los lenguajes, las estéticas, los estilo... [SIGUE LEYENDO]






"Los vinos, los licores y las cervezas...": la barra libre de Guy Debord en el 20 aniversario de su muerte

Hoy se cumplen veinte años de la muerte de Guy Debord (30 de noviembre de 1994) y queríamos recordarle con algún texto de Panegírico - Tomos primero y segundo, la autobiografía sui genéris que nos dejó el más conocido de los situacionistas que sirvió además de estreno de Acuarela en 1999 y reeditamos con el segundo tomo incluido en 2009 como décimo cumpleaños. Es fácil presentar argumentos con los que defender la elección del fragmento que debajo reproducimos, donde se describe la afición de Debord al bebercio: el camino del exceso etílico es precisamente lo que le habría provocado las dolencias que le empujaron al suicidio. Pero no nos engañemos. Lo reproducimos porque nos encanta, sin más, y eso que el libro tiene donde elegir. ¡Ahí va ese brindis por Guy!





Después de las circunstancias que acabo de evocar, lo que sin duda alguna marcó mi vida entera fue el hábito de beber, que adquirí rápidamente. Los vinos, los licores y las cervezas, los momentos en que unos se imponían a otros o los momentos en que se repetían, fueron trazando el curso principal y los meandros de los días, de las semanas, de los años. Otras dos o tres pasiones, de las que hablaré, han ocupado casi continuamente un amplio espacio de esta vida. Pero beber ha sido la más constante y la más presente. Del escaso número de cosas que me han gustado y he sabido hacer bien, lo que seguramente he sabido hacer mejor es beber. Aunque he leído mucho, he bebido más. He escrito mucho menos que la mayoría de la gente que escribe; pero he bebido mucho más que la mayoría de la gente que bebe. Me puedo contar entre aquellos de los que Baltasar Gracián, pensando en un grupo de escogidos que identificaba sólo con los alemanes -siendo aquí muy injusto en detrimento de los franceses, como creo haber demostrado-, podía decir: "Hay algunos que no se han emborrachado más que una sola vez, pero les ha durado toda la vida".


Debord y el «grand style»

Décima entrega de la selección de textos que estamos subiendo al blog de Los situacionistas de Mario Perniola, que hemos reeditado en Acuarela Libros. Este fragmento corresponde al epílogo del libro, donde Perniola ofrece una valoración más global de los situacionistas y un recorrido personal de su encuentro con el movimiento y, en este caso, con Guy Debord.

[...] el distanciamiento respecto de la subjetividad era una cualidad exclusiva de Debord y constituía el aspecto fundamental tanto de la fascinación como de la hostilidad que suscitaba. Durante la segunda mitad del siglo veinte, Debord ha sido la personificación del gran estilo. «Doctor en nada» pero maestro de los ambiciosos, amigo de los rebeldes y de los pobres, pero secretamente admirado por los poderosos, un hombre que suscitó grandes emociones, pero sin embargo era frío y distanciado de sí mismo y del mundo. Tal es, de hecho, la primera condición del estilo: el distanciamiento, la lejanía, la suspensión de los afectos desordenados, de la emotividad inmediata, de las pasiones sin freno. Debord ha sido una figura clásica, en absoluto romántica.

El distanciamiento en el caso de Debord se manifiesta antes que nada en forma de una completa y total extrañeza frente al mundo de la universidad, de la edición, del periodismo, de la política y de los media; frente a todo el establishment cultural, Debord nutre el más profundo disgusto y el más radical desprecio. No menos absoluta es su repugnancia por todo lo mundano, por la frivolidad snob que coquetea con el extremismo revolucionario –el así llamado «radical chic»–. A fin de cuentas tanto desdén no reposa ni tan siquiera sobre el confort de un patrimonio heredado: en este sentido Debord afirma haber «nacido virtualmente arruinado». En una época en que los ambiciosos están dispuestos a todo por el poder político y el dinero, la estrategia de Debord hace palanca sobre un solo factor: la admiración que su modo de ser suscita en aquellos que consideran el poder político y el dinero como beneficios secundarios con respecto a la excelencia y su reconocimiento. El tipo de superioridad a la que aspira esta estrategia no es muy diferente de aquella que anhelaban algunos filósofos antiguos, como Diógenes, para los cuales la coherencia entre los principios y la conducta constituía lo esencial. Sin embargo, la fuente de donde bebe no es tanto de tipo ético como estético: es en la revuelta poética y artística donde hay que buscar la tradición en cuyo seno se sitúa Debord. Dicha tradición, que encontró en las vanguardias del siglo veinte un desarrollo extraordinario, se remonta nada menos que al Medioevo: el gran poeta francés del siglo XV, François Villon, representó el modelo de un encuentro entre cultura y conductas alternativas (y en su caso incluso criminales) que se ha transmitido a través de los siglos.

A todo esto se añade también la lejanía de todas las organizaciones y tendencias político-revolucionarias predominantes en la época. El camino que eligió Debord lo condujo a un total rechazo de cualquier posición leninista, trotskista, maoísta y tercermundista. Al mismo tiempo, sin embargo, Debord también tomó distancias con respecto al anarquismo, que abandona al ser humano al capricho individual: para él no cabe duda de que el punto más alto de la teoría revolucionaria lo alcanzó Marx, no Bakunin. Si por «político» se entiende la distinción entre «amigo» y «enemigo», unida al esfuerzo de ampliar el número de los primeros, hay en Debord un radical «apoliticismo» que conduce al aislamiento. Ésta, por otra parte, fue una de las razones que llevaron a la ruptura de mi relación con él en la primavera de 1969.

Lo cierto es que la aprobación y la afectividad obtenidas a través de la simpatía, del acuerdo y de la buena disposición para con los demás no eran cosas que entraran en absoluto dentro del estilo de Debord, que en este punto seguía la opinión de Nietzsche según la cual «el gran estilo excluye al agradable». En una época que ha hecho de lo adaptable y de la desenvoltura las cualidades más apreciadas, Debord se pone frente a sus contemporáneos con aspereza, con rudeza y hoy por hoy es el único estilo

LOS SITUACIONISTAS, ENRIQUE VILA-MATAS Y PARÍS NO SE ACABA NUNCA

Os ofrecemos un pasaje de la novela París no se acaba nunca, de Enrique Vila-Matas, en la que el autor, como hiciera Bryce Echenique en La Vida Exagerada de Martín Romaña, nos cuenta sus desternillantes desvelos en París, cuando vivió en la buhardilla que le alquiló Marguerite Duras, fascinado por el París era una Fiesta de Hemingway, mientras lidiaba con las fatigas de su primera novela (La Asesina Ilustrada), bajo la influencia de las ideas situacionistas.

"[...] Hablando de política, debo decir que un mes después de tomar posesión de mi chambre, mis ideas de estudiante español antifranquista ya habían cambiado y había pasado a ser de izquierda radical dura, de la línea situacionista, con Guy Debord como maestro. Pasé a pensar que ser antifranquista era ser muy poca cosa y, bajo la influencia de las ideas situacionistas, con mi pipa y mis dos gafas falsas, comencé a pasear por el barrio convertido en el prototipo del intelectual poético y secretamente revolucionario. Pero en realidad yo era situacionista sin haber leído una sola línea de Guy Debord, era pues de la extrema izquierda más radical, pero sólo de oídas. Y, como he dicho, no ejercía, me dedicaba a sentirme de extrema izquierda y punto. En realidad lo que más me interesaba era la noble idea de olvidarme de la asfixia de Barcelona y poder disfrutar, como autoexiliado, del aire libre francés. Pero no iba a tardar nada en enterarme de que era reaccionario considerarse un autoexiliado y no lo era, en cambio, ser exiliado de verdad, es decir, ser exiliado político del franquismo. Había, por lo visto, una sutil diferencia, eso al menos era lo que empezaron a puntualizarme mis espeluznantes compatriotas siempre que iba a visitarles a los bares donde se reunían y conspiraban. Era irrespirable la atmósfera que había dejado yo atrás en Barcelona, pero tanto o más asfixiante me pareció la de mis compatriotas exiliados en París (ninguno además era situacionista), de modo que terminé por dejar de ir a verles, evitando así salir siempre amargado de aquellos bares, deprimido por las obsesivas y escleróticas conversaciones en torno a qué sucedería cuando muriera Franco, agotado por la plúmbea rigidez de sus planteamientos políticos y, en fin, sobre todo desalentado por lo machacados que andaban muchos de ellos por la heroína o por el más rancio vino español [...]".





"[...] Todo lo español comenzó a quedarme muy lejos, pero también Guy Debord, que no tardó en convertirse en algo escasamente cercano, aunque continué siendo situacionista y sintiéndome su discípulo, pero un discípulo decepcionado, pues fui a ver su película La société du spectacle, ilustración fílmica de sus libros, y me aburrí profundamente, pues era un film para ser leído. En la pantalla sólo aparecían textos, puntuados muy de vez en cuando por la aparición fugaz de algunas imágenes que pretendían ilustrar el horror de la sociedad del espectáculo pero que pertenecían a películas que a mí me gustaban mucho, como Johnny Guitar, por ejemplo; sólo en esos momentos, cuando aparecían las fugaces imágenes de grandes ficciones cinematográficas, me divertía, lo que me llevó a cierto desconcierto y a distanciarme de Debord, al menos como cineasta, aunque no apostaté de su religión, seguí siendo su seguidor, no quería ser sólo un vulgar antifranquista. Todo lo español comenzó a quedarme muy lejos, salvo los amigos Javier Grandes y Arrieta, en quienes veía a dos artistas puros y, además, me parecían -no creo que me equivocara- geniales. Lo español fue difuminándose, pero en honor a la verdad hay que decir que había noches en las que el discípulo de Guy Debord regresaba triste y solo y algo bebido a la buhardilla y se ponía a leer a Luis Cernuda en voz alta y se sentía de pronto muy republicano y se emocionaba y acababa llorando con aquellos versos que decían "soy español sin ganas / que vive como puede bien lejos de su tierra / sin pesar ni nostalgia".

Así vivía yo en esos días y tal vez por eso lloraba: vivía como podía y bien lejos de mi tierra, y no sabía -¿cómo iba a saberlo?- que estaba protagonizando la novela de mis años de aprendizaje literario, no sabía mucho, a veces sólo sabía que era un español con dos gafas falsas y una pipa, un joven catalán que no sabía muy bien qué hacer con su vida, un escritor que se convertía en un joven republicano si leía a Cernuda, un joven sin ganas que vivía como podía, bien lejos de su tierra, en un París que no era precisemente una fiesta [...]".

La última vanguardia del siglo XX

Aprovechando que acabamos de reeditar Los situacionistas de Mario Perniola, estamos realizando una serie de entregas de textos del libro en el blog. Aquí tenéis la nota editorial en la que nos planteábamos el sentido de publicar esta "Historia crítica de la última vanguardia del siglo XX".

Tras la moda situacionista de finales de los años 90, las múltiples traducciones y toda la atención que captaron, ¿por qué nos ha parecido tan importante traducir y publicar el libro de Perniola, ya en un contexto más relajado, menos saturado?

Como bien señala Yves Le Manach, pareciera que la historia de la IS fuera la obra de una sola persona, Guy Debord. Pero la historia de la IS se presenta en primer lugar bajo la forma de una revista con 12 números. Y son esos 12 números los que constituyen la obra concreta de la IS.

El libro de Mario Perniola restaura la dimensión procesual y colectiva de la experiencia situacionista, atendiendo sobre todo a los 12 números de la revista como su obra concreta principal. Frente a las historias teleológicas de la IS (que se escriben como si la IS del 68 estuviera ya contenida en el 57), Perniola narra una trayectoria menos lineal, llena de problemas y contradicciones, donde hubo caminos abiertos que no se transitaron,

Hacia un cine situacionista

Tercera entrega de la selección de textos que estamos subiendo al blog de Los situacionistas de Mario Perniola, que acabamos de reeditar.

(...) también en el cine vieron los situacionistas un posible camino hacia la superación del arte. Sin embargo es necesario distinguir claramente lo que es el empleo actual del cine –como expresión de la sociedad del espectáculo– de su posible orientación situacionista. En su dimensión actual, el cine no hace más que reforzar la pasividad a la que el poder pretende relegar al proletariado; por su parte, el punto de vista situacionista se orienta hacia el empleo del cine antes que nada como forma de propaganda y seguidamente como elemento constitutivo de una situación realizada. Un comentario elogioso a propósito del film de Resnais Hiroshima mon amour sirve a los situacionistas para determinar las exigencias cinematográficas más urgentes, a saber: el primado de la palabra sobre la imagen y la aparición de ese movimiento de autodestrucción que caracteriza todo el arte moderno. En la medida en que también el cine reconozca su propia impotencia abrirá el camino para la superación del arte.



Critique de la séparation (original en francés con subtítulos en inglés).

Traducción: Álvaro García-Ormaechea

Entregas anteriores de Los situacionistas:

La última vanguardia del siglo XX

Los orígenes de la Internacional Situacionista


Licencia Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 2.5 España



George Orwell: contra el secuestro de lo real

Prólogo de Amador Fernández-Savater a George Orwell o el horror a la política

Albert Camus, George Orwell, Hannah Arendt, Cornelius Castoriadis... Sus nombres evocan voces intempestivas que a lo largo de décadas gritaron contra la realidad incomodando a izquierda y derecha. No en vano rehuyeron inscribir su pensamiento y su palabra en la polarización Este-Oeste que organizó el mapa de lo posible (lo que se podía hacer, ver, sentir) durante el siglo XX. Más bien todo lo contrario. Señalaron con mucha claridad y fuerza cómo la polarización entre ambos bloques secuestraba la realidad, convirtiendo al mundo entero en rehén. Espectador pasivo de su suerte, sometido a perpetuo chantaje entre distintos poderes que le prometen la salvación, el rehén es la figura de la imposibilidad de la acción. Ha perdido su capacidad de hacerse cargo por sí mismo del mundo, de transformar la realidad. Su existencia depende de un juego de manipulaciones y cálculos de poder entre agentes indiferentes a su destino y en los que él no puede intervenir.

Guy Debord: Panegírico, Tomos I y II

Guy Debord, pensador estratégico, aventurero, escritor y cineasta francés, nació en 1931 y se quitó la vida en 1994, cuando estaba a punto de cumplir 63 años, con un disparo en el corazón. En 1958, fundó la organización revolucionaria Internacional Situacionista y la revista del mismo nombre y carácter, que dirigió hasta su autodisolución en 1972. Entre sus libros destaca La sociedad del espectáculo (1967), 221 tesis dirigidas frontalmente contra el reinado autocrático de la demencia económica y las nuevas técnicas de gobierno que lo refuerzan de formas diversas (urbanismo, ideología, cultura, etc.). Panegírico es un artefacto bicéfalo, un mosaico que guarda un enigma. En su Tomo primero (1989) encontramos unas memorias escritas a modo de autorretrato a la deriva y sin concesiones a lo que el buen tono de nuestra época admite como válido. El Tomo segundo (1997) contiene una serie de pruebas iconográficas, una red de referencias cuidadosamente tejida: el trazado laberíntico de una vida. Esta primera edición conjunta en castellano incluye un texto introductorio del escritor norteamericano Greil Marcus, autor del celebrado y polémico Rastros de carmín.

"(...) resulta absolutamente subversivo porque en verdad no existe nada tan subversivo como la sinceridad." Xavier Cervantes, ROCKDELUX

"(...) en este autorretrato de Guy Debord tan visibles como las pasiones que conformaron sus rasgos son sus desprecios absolutos (…) exponiendo su vida como el reverso de la no-vida falsificada y sometida a los dictados de la época (…) aparece con la pretensión de ser un hombre sin contemporáneos y, lo que sí es cierto, más cercano a los ámbitos marginales que a los círculos académicos que siempre desdeñó, siendo objeto más de informes policiales que de tesis." David Cortés, ARCHIPIÉLAGO

"En Panegírico (...) Debord despliega un perfil "excelente" de su persona basado en el repaso de todos sus "vicios", de los que decía "no poder tener uno solo" ni poder vivirlos con medida (…) Su imagen se recorta en negro sobre un mundo que ya no arde en el fuego de las barricadas, sino en el de las vanidades." LA VANGUARDIA (noviembre 2000)

Reseñas, ecos:


Mario Perniola: Los situacionistas

Historia crítica de la última vanguardia del siglo XX

Ya desde una fecha tan temprana como 1961, los situacionistas disciernen los primeros signos del vasto movimiento de contestación total que algunos años después iba a sobrecoger a las sociedades industriales más desarrolladas. Tras décadas de humanismo e ilustración pseudo-revolucionarios, los situacionistas serían los primeros en situar la causa de la revolución social única y exclusivamente en la experiencia vivida, en la dimensión concreta de la vida. Si la revolución tiene alguna posibilidad, ésta pasa por su relación con la vida cotidiana. La política debe dejar paso a una revolución permanente generalizada en todos los aspectos de la existencia: las viejas nociones de pobreza y riqueza, fundamentadas exclusivamente en el proceso económico, deberán sustituirse por un concepto nuevo que haga referencia a la plenitud y a la satisfacción del deseo. Las energías de la nueva revolución provienen del rechazo del aburrimiento y de la insignificancia en que la inmensa mayoría de la gente se ve obligada a vivir.


La "historia crítica" de Mario Perniola, redactada en 1972, restaura la dimensión procesual y colectiva de la aventura situacionista, atendiendo sobre todo a los 12 números de la revista como su obra concreta principal y sin eludir los claroscuros y los problemas de la experiencia (sectarismo, organización, relación teoría-práctica, hiperfuturismo situacionista, etc.). Durante el "largo mayo" italiano (67-77), Perniola participa en varias aventuras del pensamiento crítico: las revistas Agaragar, Errata o L'Erba Voglio. Hoy es profesor de Estética en la Universidad Tor Vergata de Roma. Se han traducido varios de sus libros al castellano, entre los últimos La estética del siglo XX (A. Machado Libros, 2001), El arte y su sombra (Cátedra, 2002) y Contra la comunicación (Amorrortu, Buenos Aires, 2006).

Textos:

La superación del arte
Hacia un cine situacionista
La última vanguardia del siglo XX
Los orígenes de la Internacional Situacionista
El desvío

Reseñas, ecos:


CRISIS DE PALABRAS - DANIEL BLANCHARD

NOTAS A PARTIR DE CORNELIUS CASTORIADIS Y GUY DEBORD

Entre 1957 y 1965, junto a Cornelius Castoriadis, Claude Lefort, Jean- François Lyotard y otros muchos, Daniel Blanchard participa en las actividades del colectivo revolucionario Socialismo o Barbarie, que desarrolla una crítica radical de los regímenes del Este y del Oeste a partir del "revelador" que constituía la capacidad de autoorganización del movimiento obrero. En 1959 entabló amistad y colaboración con Guy Debord, líder de la Internacional Situacionista, con quien escribe "Preliminares a la definición de la unidad del programa revolucionario", un manifiesto que reunía y sintetizaba la crítica del arte y la política especializadas. En Mayo del 68, Blanchard vive activa y gozosamente la tempestad colectiva desde el Movimiento 22 de Marzo y los Comités de Acción. A principios de los años setenta reside en Estados Unidos y se vincula al movimiento de la contracultura.

A partir de la riqueza heterogénea de todas estas experiencias, Blanchard revisa en los textos que componen Crisis de palabras las relaciones y tensiones entre palabra y experiencia, existencia y concepto, subjetividad y teoría, símbolo y vida. Lo hace mediante notas, ensayos, fragmentos y esquirlas de discurso, intuiciones, anécdotas e historias inspiradoras. Lo hace desde el compromiso vivo y testarudo con la idea de emancipación como autonomía, desde una trayectoria vital que rompe la alternativa dominante entre normalización, cinismo o (auto)destrucción.

Reseñas, ecos: