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¿Cómo comienza Mayo del 68?




¿Cómo se dispara Mayo del 68? El 3 de mayo, los grupos politizados tienen un meeting en la Sorbona. Los ánimos se calientan cuando llegan noticias de la presencia cercana de grupos fascistas. La policía decide intervenir, rodea el edificio y tiende una trampa a los estudiantes: los líderes negocian una salida pacífica, pero los militantes estudiantiles son introducidos en furgonetas según van saliendo del edificio. Y sin embargo, con los líderes y militantes detenidos por la policía, el barrio mismo y la gente cualquiera que está allí presente se pone en pie y comienza una batalla campal con la policía. La paradoja aquí es, por tanto, que Mayo del 68 comienza de alguna manera desbordando a los grupúsculos y los militantes organizados, lo cual ya no dejaría hacer durante todo el tiempo de la revuelta. Lo cuenta aquí Jacques Baynac, participante del meeting de la Sorbona él mismo y detenido también el día 3, autor del último libro de Acuarela: Mayo del 68: la revolución de la revolución.


El 4 de mayo, fichado como «merodeador» y puesto en libertad hacia la una de la madrugada, llego al bulevar Saint Michel. Es como si una tormenta hubiese asolado París. La calle está cubierta de escombros, de ramaje, de basura diversa. Un detalle llama, no obstante, mi atención. Las cadenas aque ciñen el cruce entre Soufflot y Saint Michel han desaparecido.

Lo impensable había advenido. Mientras nos detenían en la plaza de la Sorbona, una multitud se amontonaba en el liceo Saint Louis. Era la hora de salir de clase. Estudiantes y transeúntes de todas las edades y condiciones se concentraban y observaban el arresto de los militantes, la noria de coches policiales. Algunos se morían de rabia por la impotencia. La mayor parte sólo estaba curioseando.

Delante de la librería de Presses Universitaires de France aparca un joven bajito de ojos verdes. Es estudiante de letras, hijo de profesores, anarquista. Tiene veinticinco años. Pierre Arènes ha caído casualmente por ahí. Está indignado. No tanto por la entrada de la policía en la Sorbona, pues hace tiempo que ha comprendido que esta puede permitirse cualquier cosa, como por la idea de que ya no se puede ni discutir sin terminar detenido. Él y otros gritan: «¡Liberad a nuestros compañeros!». Desde en frente se responde: «¡CRS, SS!». La excitación va creciendo. Alguien se atreve a bajar a la calzada y a quedarse en ella.

Este gesto anodino es una bomba. Para todos los presentes significa: «Vosotros habéis ocupado la Sorbona; nosotros ocupamos la calle. Vosotros habéis transgredido vuestra ley; nosotros ya no tenemos por qué respetarla». Unos coches de policía patrullan, todavía con pereza. Pierre Arènes se agacha. Coge una piedra, una no muy grande, vaya, y la lanza hacia un coche de policía(1). Inmediatamente, por no decir al mismo tiempo, dos o tres de las personas que están a su lado lo imitan. Son las 17:30. Las piedras no alcanzan su objetivo. Se buscan más. En este lugar no abundan. Se arrancan las verjas de los árboles y se tiran al bulevar, pero no se consigue bloquearlo. Un coche de policía llega por casualidad. Se grita más fuerte. Un joven taxista avanza pausadamente por la calzada con un adoquín en la mano sacado de quién sabe dónde. Lo lanza. El adoquín alcanza de lleno el parabrisas del vehículo y cae sobre un brigadier que resulta gravemente herido. El coche zigzaguea, se detiene, huye por la calle Médicis. Las fuerzas del orden reciben autorización para intervenir. Excitados por la herida de uno de los suyos, se desbocan enseguida, persiguen a todos aquellos a quienes consideran culpables, golpean de forma indiferenciada y salvaje a cualquiera que tenga la mala suerte de encontrarse al alcance de sus porras.

En el cruce entre el bulevar Saint Michel y la calle Monsieur-le-Prince, una joven pareja se dirige al cine Trois Luxembourg. Empleada de un restaurante universitario, ella tiene veintitrés años y vive con un estudiante suizo de veinticinco. Ella se llama Marie France Paro, él, Henri Dacier. Un grupo de policías persigue a un lanzador de piedras. A su paso van repartiendo porrazos a diestro y siniestro. Uno de ellos se abstiene in extremis de sacudir a Marie France y le dice: «Lárguese por ahí». Cuando ella se da la vuelta para recuperar a su Henri, este yace en el suelo con cinco policías ensañándose con él. Marie France arremete contra ellos con todas sus fuerzas, sobre todo contra el más salvaje, un pelirrojo con bigotes. Los policías terminan soltando a su presa y yéndose a dar porrazos a otra parte. Henri Dacier estará ciego durante varios días: «Ese momento», dice, «nos hizo comprender rápidamente de qué lado estábamos». A decir verdad, él sólo necesitaba una confirmación. Había participado en el Grupo de Estudios Marxistas de Lausanne en 1965 y dos años después en nuestro grupo de investigación parisino para el que había escrito un texto: «Compartimos reflexiones de una lucidez extraordinaria sobre los problemas de los demás pero nunca nos referimos a nosotros, a nuestra propia situación; como si personalmente no tuviéramos verdaderos problemas o como si –puesto que al fin y al cabo experimentamos el deseo de juntarnos– encontráramos en el estar ahí y comulgar en nuestro malestar social, la forma de saciar nuestras aspiraciones profundas»(2).

Desde hace ya una hora larga, una marea asciende y desciende por el bulevar Saint Michel. El ambiente es de jugar a lo grande, a un juego de polis y cacos. Con polis verdaderos y cacos falsos. Los atacantes se disuelven en una multitud más y más densa. Las cargas policiales se suceden. Las granadas lacrimógenas explosionan. Se llora mucho. Un grupo de unas cuarenta personas disfruta de lo lindo. El número de enragés crece a la misma velocidad de los porrazos recibidos. Un camionero frena su máquina, desciende tranquilamente de ella, saca primero un gato y acto seguido, la manivela. Haciéndolo girar de una forma terrorífica consigue dispersar él solo a un grupo de Guardias Móviles. Y se va.

Un Peugeot 404 negro para en la esquina de la calle de l’École de Médecine. Lo conduce un joven de veinticinco años. Vende software de IBM. Se ha enterado de las escaramuzas en el Barrio Latino por la radio del coche. Y llega allí justo en el momento en que unos policías están a punto de atrapar a unos jóvenes. Se interpone con su vehículo, lo detiene y, haciéndose el inocente, pregunta por las causas de tanto jaleo. Le responden con toda la claridad de dos golpes de porra bien atinados. Claude Frèche, casado y padre de familia, se convierte así en un enragé más.

Las verjas de los árboles bloquean ahora el bulevar. La multitud se ha adueñado de la calle. Está completamente envalentonada. Absorbe sin protestar a los perseguidos, no hace nada para ayudar a los perseguidores: ha elegido su campo. Sin dejarse llevar por el pánico, encaja los golpes más duros repartidos por una policía que ha perdido la cabeza. Aún espantado, el comandante Demurier, del cuerpo de los guardianes de la paz, declarará dos días más tarde ante el juzgado de lo penal número 10 que juzga a los manifestantes detenidos en delito flagrante: «He visto ya infinidad de manifestaciones, sobre todo en el Barrio Latino. El viernes [3 de mayo], vi a unos chicos enloquecidos por la rabia levantando barricadas, dedicándose a toda clase de destrozos, fundiendo el asfalto para sacar los adoquines de la calzada. Vi, por primera vez en toda mi carrera, a las fuerzas de la policía obligadas a retroceder ante una ofensiva de los manifestantes que las bombardeaban con adoquines. Aunque había algunos cabecillas, unos cuarenta, en mi opinión los manifestantes actuaban en su conjunto de forma espontánea, por el placer de destruir»(3).

Los «cabecillas» eran, efectivamente, poco numerosos. Tenían el denominador común de no ser militantes organizados. Los poquísimos miembros de grupúsculos, que se encontraban allí porque no habían sido detenidos en el patio de la Sorbona, se esforzaban todos ellos por mantener la calma. «¡Esto es una locura, compañeros! ¡Replegaos! ¡No sigáis a los provocadores!», gritaba un militante de la FER encaramado a un automóvil frente a la Sorbona. Muerta de miedo, Élisabeth Brünner lo insultaba con todas sus fuerzas. En la calle Cujas, otro miembro de la FER, hijo de uno de los principales responsables de la OCI, impedía decididamente a Pierre Guillaume(4), que había acudido en auxilio, levantar una barricada que habría podido bloquear los coches de policía que llevaban a los militantes detenidos. Había, así mismo, algunos otros, de distintas tendencias, que no decían pero tampoco hacían nada. De todas formas, la multitud ignoraba a estos aguafiestas y, en lo que atañe a los combatientes, estos estaban demasiado ocupados como para preocuparse por ellos.

Aunque nunca olvidarían que si por fin habían podido actuar había sido gracias a la ausencia forzosa de los militantes y de sus organizaciones.

Al detener a todos los revolucionarios organizados del Barrio Latino, la policía había dejado involuntariamente el campo libre a todos los que, ignorando que era imposible porque «las condiciones objetivas y subjetivas» no se daban todavía, vencieron en calidad de amateurs en lo que todos los profesionales habían fracasado. La propia policía había aniquilado lo que retenía a las masas.

Se había cargado la última mediación entre el poder y la sociedad.

Había creado un vacío por donde todo se escapaba, aspirado por un agujero negro donde los grupos revolucionarios eran los primeros en disolverse.

Viendo su necesidad y legitimidad destruidas por el acontecimiento, los grupúsculos reaccionan autojustificándose. Las JCR fingen no esquivar el debate para poder enterrarlo mejor: «La manifestación del 3 de mayo ha suscitado en el movimiento estudiantil uno de sus típicos debates falsos. “Ya veis que no servís para nada, decían partiéndose de risa los espontaneístas a los grupúsculos. Mirad qué magnífica respuesta han desencadenado las bases estudiantiles cuando todos estabais bloqueados en la Sorbona. Es más, apostamos lo que haga falta a que con vosotros en la calle no habría pasado nada. Porque con vuestra labia, vuestra disciplina, vuestros servicios de orden habríais conseguido paralizar una vez más la iniciativa de las masas”»(5). A lo cual, las JCR replican: «Años de propaganda revolucionaria, años de movilización y de luchas asumidos por los grupúsculos, han llevado la «espontaneidad» del movimiento estudiantil a un nivel de madurez política muy apreciable. Es esa madurez la que se ha manifestado de forma «espontánea» durante la noche del 3 de mayo y las semanas posteriores».

El problema de esta tesis es que la madurez del puñado de combatientes del 3 de mayo no debía casi nada a la acción de los grupúsculos. En la plaza Maubert y la calle Écoles, donde también había habido bronca, eran los «macarras» del «Roméo Club» situado en la esquina del bulevar Saint Germain con la calle Saint Jacques, los que habían dirigido el cotarro; y nadie podría afirmar sin desternillarse que lo habían hecho influenciados por la propaganda de los grupúsculos. En lo que atañe a los escasos universitarios y estudiantes de secundaria que intervinieron, estos eran, salvo un puñado de excepciones, adversarios declarados de los grupúsculos leninistas.


1. La palabra utilizada en el texto es voiture pie, un vehículo de color negro y blanco usado por la policía [N. de la T.].

2. Archivos privados.

3. Cita de Rioux y Backmann, L’explosion de Mai, p. 114.

4. Fundador de la librería Le vielle taupe en 1965, militante durante algún tiempo de Socialismo o Barbarie y después de Poder Obrero, una de sus escisiones, Pierre Guillaume se convirtió años más tarde en una de las principales referencias del negacionismo en Francia (N. del E.).

5. Daniel Bensaïd y Henri Weber, Mai 68, une répétition générale, p. 112.

Deseo de Mayo, por Tomás Ibáñez






Prólogo de Tomás Ibáñez a Mayo del 68: la revolución de la revolución de Jacques Baynac.  

Por muy intenso que pueda ser nuestro deseo de que Mayo del 68 vuelva a acontecer algún día, de bien poco sirve alimentar la nostalgia de lo que nunca volverá a ser. La irreductible singularidad de aquel evento lo ha anclado firmemente en la historia convirtiéndolo en un episodio absolutamente irrepetible. Pero, cuidado, afirmar que Mayo del 68 no puede acontecer nuevamente no implica, ni mucho menos, que haya dejado de latir con fuerza en nuestro presente, ni que sus efectos se hayan extinguido con el paso del tiempo.

Definitivamente irrepetible, Mayo del 68 se reinventa, sin embargo, en cada gesto de colectiva rebeldía, desde la Selva Lacandona hasta la Plaza Taksim, pasando por Notre Dame des Landes, o por las abarrotadas plazas del 15M, entre muchos otros lugares. Pero, vayamos con cuidado, también en este caso, porque, decir que Mayo del 68 se reinventa en ocasiones, no significa que no presente notables diferencias con sus variadas reinvenciones.

Son esos extremos los que me gustaría abordar aquí, a modo de personal y fraternal homenaje al gran libro que Jacques Baynac nos ofrece. Sin duda, uno de los mejores que jamás se hayan escrito al respecto

Mayo del 68 forma parte de esos raros eventos históricos que están dotados de la suficiente magia para espolear la imaginación, encender deseos y hacernos soñar.

Acontecimiento absolutamente inesperado, Mayo no solo causó una enorme estupefacción en el mundo entero sino que dejó atónitos a sus propios protagonistas. Nadie había imaginado que algo semejante pudiese ocurrir en aquel periodo que era relativamente prospero, y en aquel país que era tan apacible que hasta podía resultar aburrido.

Es más, lo que entonces estaba ocurriendo seguía siendo inimaginable y desconcertante para nosotros mismos en el atardecer de cada día de lucha, y en el misterio que envolvía cada amanecer de un continuo combate(1).

Pensar, contar y ver Mayo del 68

Nota editorial de Mayo del 68: la revolución de la revolución, de Jacques Baynac.
 
Mayo del 68: una formidable toma de la palabra por parte de miles de personas condenadas hasta entonces al silencio y el aislamiento. La calle como lugar de diálogo y los muros como espacio de expresión creativa. La alegría desbordante del encuentro entre diferentes y de la interrupción de la normalidad mortífera. La política no como un asunto de partidos o profesionales, sino como la invención de prácticas mediante las cuales las personas cualquiera se vuelven capaces de hablar en nombre propio, pensar y decidir en primera persona, planteando colectivamente los propios problemas. Una pelea, no tanto entre izquierda y derecha, como entre los de arriba y los de abajo. En fin, una nueva experiencia de lo político, por fuera de los partidos y los sindicatos, más allá del horizonte de la toma del poder, que encuentra su recompensa en la misma acción y no en una promesa futura o trascendente. Todo ello resuena muy poderosamente con las búsquedas del presente y con los acontecimientos políticos recientes (primavera árabe, 15M, Occupy, Syntagma, Gezi, etc.). Casi 50 años después, Mayo del 68 puede seguir dándonos mucho que pensar.
 
El libro que tienes entre manos reúne tres textos:

en primer lugar, el prólogo escrito para esta edición por Tomás Ibáñez. La vida de Tomás Ibañez está marcada por el anarquismo desde su infancia: hijo del exilio libertario en Francia, participó en los años 60 en los circuitos estudiantiles anarquistas cuando aún casi nadie se atrevía a cuestionar la hegemonía del Partido Comunista. En Mayo del 68, integrado en el Movimiento 22 de Marzo junto a compañeros anarquistas como Daniel Cohn-Bendit o Jean-Pierre Duteuil, se sumerge en la cotidianeidad de los acontecimientos hasta que es detenido el 10 de junio y confinado en destierro por su condición de refugiado político. En 1973 volvió a España y participó en los fracasados intentos de reconstrucción de la CNT. Autor de referencia para las corrientes libertarias en España y el extranjero, ha enriquecido los planteamientos anarquistas básicos con las aportaciones del post-estructuralismo francés y, muy en concreto, de Michel Foucault. La trayectoria de Tomás Ibáñez es de enorme valor, porque rompe con la idea dominante que quiere hacernos ver a todos los protagonistas del 68 atrapados en la alternativa entre arrepentimiento, normalización, cinismo y/o autodestrucción. Y su pluma trabaja siempre para que la historia sea memoria viva y no lengua muerta, catapulta y no ancla, presente y futuro, no sólo pasado.
 
 

En segundo lugar, el libro original que publicó Jacques Baynac en 1978, titulado originalmente Mayo reecontrado (Mai retrouvé). Diez años después de haber acontecido, el movimiento de Mayo del 68 se estaba haciendo paradójicamente invisible por un exceso de reinterpretaciones que tendían a aniquilar toda su radicalidad. El libro de Baynac trata de revitalizar la potencia del 68, pero no proponiendo otra interpretación más en disputa, sino rescatando la historia de las prácticas concretas que le habían dado vida (las manifestaciones, las ocupaciones de fábricas, los enfrentamientos con la policía, la reapropiación de la calle, los Comités de Acción, la vertiginosa toma de la palabra por parte de aquellos que siempre han estado excluidos de ella), borradas ya en el primer aniversario de Mayo, pero silenciadas y sepultadas después a lo largo de décadas por los iconos, estereotipos y clichés desgraciadamente por todos conocidos. Es difícil encontrar otro libro sobre Mayo del 68 donde se muestre, con el mismo rigor y la emoción, la historia y la materialidad misma del movimiento.
 

 
En tercer lugar, el ensayo que cierra este libro, «Mayo del 68: una hipótesis sobre la estrategia, el tiempo y la revolución», fue publicado por Baynac también en 1978 en Libre, la mítica revista de política, antropología y filosofía fundada en los años 70 por personalidades como Cornelius Castoriadis, Claude Lefort y Marcel Gauchet. Es un ensayo perfectamente complementario del trabajo de investigación histórico en el que Baynac despliega algo que en el libro se encuentra quizá sólo de modo latente: una interpretación política sobre el carácter radicalmente innovador de la estrategia que se despliega a través de las prácticas concretas de Mayo. Una estrategia que no razona en términos de poder y de tener, de espacio y de cantidad, de mediación y organización, sino de no-poder y de ser, de tiempo y de calidad, de aquí y ahora y autoorganización. Una «nueva racionalidad» de lo político, a cargo precisamente de los excluidos de la política, que rechaza «cambiar el mundo a través de la toma del poder» y encarna el deseo de una sociedad y un modo de vida radicalmente nueva.

Por último, el libro está «ilustrado» (portada, solapa, interiores) por Natalia Matesanz Ventura, arquitecta e investigadora. Durante el proceso de edición del libro, conocimos el trabajo cartográfico de Natalia sobre el «espacio afectivo» de Mayo del 68 y nos interesó muchísimo. Los afectos son esas fuerzas e intensidades que nos activan, transforman y ponen en movimiento. Uno de los motores principales de la política de transformación social, por tanto. En Mayo, las intensidades afectivas irrumpen, desarreglan y hacen vibrar las ciudades, los espacios, los lugares. Desordenan las divisiones sociales cotidianas, los espacios fijos, unívocos, reglamentados. Agujerean las distancias. Acercan lo que estaba lejos, separado. Producen nuevas conexiones entre personas, cosas, lugares, corrientes de energía y empatía. Crean una maraña dinámica de nuevas relaciones y vínculos donde había un espacio compartimentado, regulado, jerarquizado. Sin lugar a dudas, podemos aprender mucho de Mayo a partir de estos «mapas afectivos», que no son tanto «ilustraciones» como «máquinas de visión». Que dialogan y resuenan con el texto de Baynac y a la vez dan a ver otras cosas.
 
 

Mayo del 68: la revolución de la revolución (Novedad en Acuarela)

Mayo del 68: quizá por primera vez en la historia se manifiesta una fuerza revolucionaria creada por la abundancia y no por la penuria, una fuerza que no quiere morir por la revolución, sino vivir gracias a ella, que quiere cambiar el mundo y la vida, pero rechaza tomar el poder para hacerlo.


La novedad radical de esta motivación revolucionaria engendra una estrategia insólita e imprevista, que cuestiona tanto las estructuras asfixiantes del capitalismo como las del bloque comunista. Una estrategia que no razona en términos de poder y de tener, de espacio y de cantidad, de mediación y organización, sino de no-poder y de ser, de tiempo y de calidad, de aquí y ahora y autoorganización.

Mayo del 68 fue la revolución de la revolución. El acontecimiento no encaja en ningún esquema teórico conocido y, a partir de él, todos entraron en cuestión.
¿Cómo se encarnó esa novedad, en qué clase de palabras, de gestos, de hechos, de alianzas, de sujetos, de lugares, de dispositivos organizativos? Jacques Baynac, participante él mismo desde el primer minuto en los sucesos de Mayo, escribe en este libro su historia, toda la historia, y traza desde dentro el relato completo de los acontecimientos.

Manifestaciones y barricadas. Facultades y fábricas ocupadas. La realidad cotidiana de la autogestión. «Campesinos rojos», militantes, trabajadores, estudiantes. Octavillas, Comités de Acción, esquiroles, barrios movilizados, viajes a provincias y al extranjero. Es difícil encontrar otro libro sobre Mayo del 68 donde se muestre, con semejante precisión y emoción, la historia y la materialidad misma del movimiento.


El autor: Jacques Baynac

En 1960, Jacques Baynac rechaza combatir en la Guerra de Argelia y parte al extranjero. Vuelve a Francia en 1966, tras haber visto «siete países en tres continentes», ya vacunado contra el modelo leninista y autoritario de la revolución. Cuando estalla Mayo del 68, Baynac tenía tan solo veintiocho años, pero su pasado lo había preparado particularmente bien para reconocerse en el movimiento, en cuyo corazón participa desde la primera hasta la última hora, particularmente desde el centro de coordinación de iniciativas que fue Censier.

Jacques Baynac se ha dedicado más tarde al estudio de los movimientos revolucionarios (ruso, chino, cubano, «la Baader-Meinhof», anarquista, etc.) y a publicar obras de historia y teoría, así como a escribir artículos de actualidad en el diario Libération y realizar y/o producir documentos televisados para la cadena ARTE.

En su trabajo de investigación sobre el pasado, se ha esforzado especialmente en «pasar el cepillo a contrapelo» (como pedía Walter Benjamin) a la historia de la Revolución Rusa y de la Resistencia francesa, publicando varios libros sobre ellas.

El prologuista: Tomás Ibáñez

La vida de Tomás Ibañez está marcada por el anarquismo desde su infancia: hijo del exilio libertario en Francia, participó en los años 60 en los circuitos estudiantiles anarquistas cuando aún casi nadie se atrevía a cuestionar la hegemonía del Partido Comunista. En Mayo del 68, integrado en el Movimiento 22 de Marzo junto a compañeros anarquistas como Daniel Cohn-Bendit o Jean-Pierre Duteuil, se sumerge en la cotidianeidad de los acontecimientos hasta que es detenido el 10 de junio y confinado en destierro por su condición de refugiado político.

En 1973 volvió a España y participó en los fracasados intentos de reconstrucción de la CNT. Autor de referencia para las corrientes libertarias en España y el extranjero, ha enriquecido los planteamientos anarquistas básicos con las aportaciones del post-estructuralismo francés y, muy en concreto, de Michel Foucault. La trayectoria de Tomás Ibáñez es de enorme valor, porque rompe con la idea dominante que quiere hacernos ver a todos los protagonistas del 68 atrapados en la alternativa entre arrepentimiento, normalización, cinismo y/o autodestrucción. Y su pluma trabaja siempre para que la historia sea memoria viva y no lengua muerta, catapulta y no ancla, presente y futuro, no solo pasado.

Otras referencias de Mayo del 68 en Acuarela Libros:

Documentos complementarios a la lectura de Mayo del 68: la revolución de la revolución



Estos documentos complementan la lectura de Mayo del 68: la revolución de la revolución, de Jacques Baynac.



DOCUMENTO 1


(Véase página 126)

Anverso
RHÔNE POULENC VITRY

CFDT

 
Acabamos de vivir una semana agitada. La actualidad ha dado un vuelco total. Los titulares se han transformado. Sólo se ha hablado de París y de lo que allí sucedía. ¡El mundo ha descubierto de repente que no todo eran maravillas en el universo gaullista! Agotada su paciencia, los jóvenes se han rebelado y empezado a rechazar de forma global todo un sistema, porque han comprendido o sentido que las dificultades encontradas en la organización de sus estudios y, sobre todo, en sus salidas laborales, procedían del propio sistema, un sistema que sólo acepta formar a la juventud si esta se pone a su servicio... (¡Esta es, de hecho, la concepción de la dirección de Rhône Poulenc en materia de formación profesional!)
Y hablamos de los JÓVENES, sí, porque sabemos perfectamente que TODOS LOS JÓVENES, trabajadores, estudiantes de instituto o universitarios, se han sentido aludidos por el movimiento lanzado por los estudiantes. Francia se ha dividido en dos campos: el de los que eligen el lado de los Jóvenes... y el de los demás, los que prefieren el ORDEN...
Pero nosotros, los trabajadores, hemos comprendido, aunque algunas cosas nos hayan chocado (pero ¿acaso cabe pedir a los jóvenes la sabiduría y la madurez de los más mayores?), nosotros hemos comprendido que ellos tenían razón y los LLAMAMIENTOS de la UNEF a las organizaciones sindicales obreras no pueden dejarnos indiferentes.
Y si somos padres, si hacemos sacrificios para que nuestros hijos estudien... ¡quizá sea al fin y al cabo para que les sirva de algo!...
AHORA BIEN, NADA se ha RESUELTO. Cuidémonos del optimismo que se pretende crear, porque...
................................................................................../
 

Reverso

Ni la reapertura de las universidades ni la liberación de las personas detenidas resuelven el problema fundamental: LA REFORMA DEMOCRÁTICA DEL SISTEMA EDUCATIVO.
Esta es la razón por la que las organizaciones sindicales obreras y la UNEF preparan UNA GRAN MANIFESTACIÓN en PARÍS, el sábado 11 de mayo, por la tarde.
Os invitamos a todos a acudir en masa a esta manifestación (cuya hora y lugar serán confirmados a través de la prensa y de la radio), PARA:
PROTESTAR CONTRA ESTE RÉGIMEN DE PLENOS PODERES
RECLAMAR LA REFORMA DEL SISTEMA EDUCATIVO
MANIFESTAR CONTRA VIENTO Y MAREA LA SOLIDARIDAD TRABAJADORES-ESTUDIANTES