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El Cantante de Gospel: poca cabeza sin cortar

(reseña de El Cantante de Gospel en Un libro al día)


El pueblo se llama Enigma y tiene menos de mil habitantes. Enigma. El Cantante de Gospel, al que en toda la novela no se llama por su nombre, es el más famoso de todos los que nacieron allí. De vez en cuando, cada vez de forma más espaciada, regresa a su pueblo a ver a su humilde familia, que convive, en la enorme y costosa casa que él les pagó, con los cerdos cuya cría ha sido su sustento. Lejos del glamour que le acompaña a él y a su siniestro representante Didymus. Pero esta vez vuelve en mal día. Vuelve justo el día en que Willalee está encerrado en el calabozo, acusado de asesinar a golpes de picahielo (sesenta y uno, concretamente) a MaryBell, joven belleza local que, mira por dónde, estuvo realacionada con el Cantante de Gospel. Willalee, de raza negra, en serio peligro de que la multitud se tome la justicia por su mano, recibe casi tantas visitas... (SIGUE LEYENDO)



Harry Crews: la grotesca y sonora carcajada del gótico sureño

(especial Crews en la muy recomendable web de Indienauta)

Hace meses que os dije que la buena gente de Acuarela & A.Machado iban a aparecer bastante por estas páginas, gracias a su saber hacer editorial y excelente ojo para detectar historias apasionantes y arriesgadas. Pues bien, hoy nos vamos a adentrar, por partida triple, en la que quizás sea la referencia estrella de su fantástico catálogo, Harry Crews, algo así como la sardónica, grotesca y sonora carcajada del gótico sureño. El azote de los “normales” y el abanderado de los white-trash freaks. El pintor de un mundo espeluznante, brutal, desesperado y… aterradoramente humano.

Fallecido en 2012, Harry Crews escribió más de 20 novelas, ensayos, relatos y una autobiografía. Pero también fue marine, campeón de los pesos ligeros en el ejército, karateka, adiestrador de halcones, alcohólico y drogota, profesor de (SIGUE LEYENDO)

¿Quién demonios es este Crews?

Esa es la pregunta que se hace Daniel Arjona en El Cultural (El Mundo) a propósito de una reseña de Una infancia: Biografía de un lugar (Harry Crews) en la que dice: "Crews miraba aquel mundo desde el suelo, con su chupete de azúcar, y lo reinventó después en un libro tan inclasificable como emocionante".
Aquí tenéis la reseña completa y a la izquierda podéis comprobar las maravillosas ilustraciones que lleva el libro (de Michael McCurdy). En este caso se trata de la imagen que se utilizó para la portada de una edición estadounidense.







"Historias mínimas, momentos máximos" (Bass Culture en Sonideros de radio 3)

Gran honor que se hable de Bass Culture: la historia del reggae en el programa Sonideros de Radio 3, pero más aún si va aliñado con un temazo de los Uniques. ¡Gracias, amigos, especialmente a DJ Bombín! Aquí tenéis el programa, los comentarios sobre Bass Culture están entre los minutos 19:35 y 26:00, pero el resto del programa no tiene desperdicio (ahí van dos ejemplos: La Lupe y Jungle Brothers).







La revuelta del Pueblo Cucaracha: obra clave del renacimiento literario chicano

[Óscar Zeta Acosta continúa despertando pasiones. Raül Jiménez, de Indienauta, nos manda esta reseña en la que nos manifiesta su entusiasmo por este "grito contracultural enfurecido" del Pueblo Cucaracha.]


No tenía ni idea, la verdad. Pero gracias a Acuarela —atentos al catálogo de esta editorial que se las trae, pronto volverán a aparecer por aquí— acabo de añadir una jugosa nueva pieza a mi “mapa literario” de los Estados Unidos. Óscar Zeta Acosta, alias “Búfalo Pardo” o “Zeta”, que hasta toparme con este fascinante La Revuelta del Pueblo Cucaracha para mí sólo era el inolvidable abogado samoano, compañero de las más surrealistas aventuras de mi venerado Hunter S.Thompson —que firma el prólogo— en Miedo y Asco en Las Vegas. Pero Zeta fue mucho más que un personaje literario memorable. Es un enigma todavía sin resolver, ya que su desaparición en 1974, apenas un año después de la edición original de este libro, aún está por dilucidarse. ¿Ajuste de cuentas de narcos? ¿Asesinato político? Todavía hay quien dice que está “vivito y coleando”, perdido en algún lugar remoto. Fue hippie, misionero, defensa de fútbol americano, adicto a las drogas, recolector de melocotones, clarinetista, candidato a la alcaldía de Los Angeles… Y el abogado defensor y portavoz de los radicales activistas chicanos de la marginada y marginal zona de East Los Ángeles entre finales de los 60 y su exabrupta desaparición. En palabras de Hunter, “más rápido que Bo Jackson y más loco que Neal Cassady”. En las del FBI, el “Malcolm X hispano”. Según él mismo, el “vato número uno”. Obra clave del llamado renacimiento literario chicano, La revuelta del pueblo cucaracha es la crónica, alucinada y colosal, de ese levantamiento popular del pueblo chicano en California. Es un grito contracultural enfurecido, pero difuso y demasiado complejo de articular, ya que confluyen desobediencia civil, hippies, LSD y mota, zapatismo, anarquismo, tácticas de guerrillas, Vietnam, Anthony Quinn, Panteras Negras... [SIGUE LEYENDO]




¿POR QUÉ NO SE LEE MÁS A GENTE COMO CREWS?

[Con "orgullo y satisfacción", como diría ese que ya no reina, a poco de haber publicado Infancia, Biografía de un Lugar, de Harry Crews, nos encontramos con esta reciente reseña de la primera novela que publicamos de este autor, allá por el 2011, en el fantástico blog Viaje Alrededor de una Mesa.]


Supongo que nunca sucederá, pero si algún día me decido a escribir algo, ojalá se parezca una décima parte a como escribe el Señor Harry Crews. Después de leer Cuerpo, que descubro tarde como siempre, me pregunto, no por mí, porque yo llego a las buenas novelas siempre a través de terceros, que son los más leídos y los que me aconsejan, me pregunto, ¿porque no se lee más a gente como Crews? Y de Crews a Hawkes y a Gass, a Coover a Gaddis y a tantos otros que se leen tan poco. Un montón de gente interesante, por decirlo sin pedantería, que está básicamente descatalogada o que se edita con cuenta gotas y que en ventas, responden básicamente al romanticismo más que al negocio. Supongo que por eso mismo un montón de ellos siguen... [SIGUE LEYENDO]

Ya tenemos "trilogía" en la biblioteca Crews


Con la publicación de Una infancia: Biografía de un lugar, son ya tres las bombas que hemos publicado de Harry Crews. Creemos que es para estar orgullosos de ello y por eso agradecemos tanto reseñas como la que incluimos debajo aparecida en El Periódico (originalmente publicada en EFE, en Barcelona). Nosotros lo hemos festejado encargando un cartel para la ocasión a Joaquín Secall, quien nos hizo las espectaculares portadas para El Cantante de Gospel y Cuerpo, y se encargó también del diseño de la portada de Una infancia sobre un dibujo de Michael McCurdy (además de muchas otras cubiertas en Acuarela Libros).

Acuarela Libros y A. Machado hacen renacer a Harry Crews

La editorial Acuarela Libros y A. Machado han editado Una infancia: Biografía de un lugar, la tercera traducción al español que publica del autor estadounidense ya fallecido Harry Crews.

Cuerpo, transcrita al castellano en 2011, y El cantante de Gospel, en 2012, han sido los precedentes del público español sobre la visión que tenía Crews de la sociedad del consumo, la cultura y tiranía de la belleza y del sueño americano. Con esta última edición juvenil, publicada en inglés en 1978 y que ha sido la más aclamada por la crítica, Crews introduce a los lectores... (Sigue leyendo)


Miqui Puig y Acuarela charlan sobre reggae

Y aquí tenéis otro podcast radiofónico sobre Bass Culture, nada menos que Miqui Puig entrevistándonos (Javier Lucini) en su programa Can Tuyus, muy divertido.







Sound System FM entrevista a Acuarela Libros

Aquí tenéis al fin la entrevista que sobre Bass Culture nos hicieron (a Javier Lucini) los amigos de la emisora Sound System FM, que en esa misma emisión hablaron con nuestros colegas de Black Star, a propósito del libro La leyenda de Sugar Minott y Youth Promotion, de Beth Lesser. ¡Larga vida a Sound System FM, 25 años dándole a los bajos!



La emisión (14 06 03)


Bass Culture: llenando vacíos (reseña en indienauta.com)

(reseña sobre Bass Culture de Raül Jiménez para indienauta.com)


Llevamos unos cuantos años de suerte. Pequeñas editoriales independientes con muy buen gusto y aún mayores arrestos se atreven a publicar obras magnas que parecían condenadas al olvido, o a rescatar talentos aún por descubrir. Son “la resistencia” en un mundo editorial que, sino fuera por ellas, estaría lastimosamente dominado por esas fiestas/galas de entrega de premios rebosantes de caspa y casta, donde se conocen los ganadores con un año de antelación. ¿Se me entiende, verdad?

En particular, el pequeño “sector” de los libros de música en nuestro país últimamente se está viendo gratamente alimentado por ambiciosos trabajos, dedicados a analizar estilos musicales, movimientos y/o escenas escasamente abordados, y por tanto empezando a subsanar el inmenso vacío que existe en España en lo que se refiere a la “historia de la música”. Sólo este año me vienen rápidamente a la cabeza el tremendo Energy Flash de Simon Reynolds (Contra) o el valiente La Distorsión Inteligente de Marcos Gendre (Quarentena), sobre la música electrónica o el post-hardcore respectivamente. Ahora, las editoriales Acuarela y Antonio Machado nos ofrecen este Bass Culture, centrado en desentrañar la historia del reggae. Con pelos —mejor dicho, rastas—, y señales.

Publicado originalmente en el año 2000, el primer acierto de (SIGUE LEYENDO)




En Jamaica la fiesta también es política (Entrevista sobre "Bass Culture" en Madriz)

© Adrian Boot
[Conversación sobre reggae, música, editoriales y otras cosas entre David Bizarro y Tomás Cobos (coeditor de Acuarela y traductor y prologuista de Bass Culture; la historia del reggae de Lloyd Bradley) para Madriz. Lo mejor de todo, los vídeos que ha subido David para acompañarlo, que los disfruten. Ah, y en el facebook de Madriz sorteaban desde el viernes un ejemplar de Bass Culture...]





No es vuestro primer título sobre música. Repasando vuestro catálogo detectamos un cierto hilo narrativo entre las autobiografías de Johnny Cash, Mezz Mezzrow o John Lydon.
En Acuarela Libros aspiramos a publicar libros que vayan un paso más allá de lo estrictamente musical, al margen de que nos gusten Bob Marley, el jazz o los Sex Pistols. En el caso de Rotten se trata de un personaje que puede resultar irritante, pero que encarna la virulencia social del punk en el contexto del thatcherismo, mientras que el libro de Cash retrata la América profunda, marginada y pobre. Lo que buscamos es que la música no le robe protagonismo a un trasfondo que puede resultar incluso más apasionante, si cabe.

Una de las principales virtudes de este libro es despertar el interés del lector ajeno al reggae, invitándole a profundizar en ella a través de la historia de Jamaica.
¡Esa era la idea! Los efectos de la colonización, el activismo político y los conflictos raciales son aspectos imprescindibles para abordar el reggae como un fenómeno musical autóctono y comprender las consecuencias posteriores a su globalización.

El reggae sublima la conciencia social del pueblo jamaicano. Un tema sobre el que apenas existe bibliografía en castellano.
Recuerdo un libro de Carlos Monty sobre Bob Marley [Positive Vibrations, (La Máscara, 1998)] que actualmente [SIGUE LEYENDO]



Una historia, un viaje: Reseña de Bass Culture en Literaturas.com

(Reseña de Pablo Casielles sobre Bass Culture: la historia del reggae publicada en Literaturas.com)

Este libro cuenta una historia bajo la metáfora de un viaje. Y el hilo que sitúa y marca el itinerario es la música reggae. Una música que nace en Jamaica y que luego se exporta al mundo entero. 


Y en estas páginas se nos descubre a oídos profanos que lo que conocemos como “reggae” no es un estilo en sí mismo, sino que es el producto de la evolución de distintos “subgéneros”, (ska, dancehall, dub, roots, etc), que a lo largo de la historia de Jamaica, han reflejado las características sociales, políticas, económicas, etc, del momento en que son compuestas, su desarrollo mientras reciben el apoyo del público hasta que un cambio en las condiciones de vida trae consigo la aparición de otro subgénero (y esto no tiene carácter peyorativo) que gana de nuevo la bendición del público.

Como siempre suele suceder, aquí todo también comienza en África. El potencial cultural que transportan los esclavos negros desde su lugar de origen, (instrumentos y ritmos que provienen de las ceremonias de vudú, tan antiguos y primitivos que son [... SIGUE LEYENDO]



Cuando el orgulloso reggae reinaba (reseña en Babelia, El País)

(Diego A. Manrique)

Bass Culture es la más extensa historia sobre el género musical de origen jamaicano

Ebet Roberts / Redferns
Es un reproche que escuché en la punta oriental de Cuba. Con cierto recochineo, te soltaban: “¿Eso es lo que nos hemos perdido por renunciar al capitalismo? ¿Ser otra Jamaica?”. Sus vecinos de Cuba tienden a pensar en Jamaica como un Estado fallido, sometido a una despiadada violencia y monstruosas desigualdades sociales. Un caso perdido, incluso en la época en que Cuba exportaba revoluciones.

Los duros datos: tres millones de habitantes, con una tercera parte sobreviviendo en una pobreza sin esperanzas. Una emigración que empequeñece incluso al exilio cubano. En contra de su lema oficial (“de mucha gente, una sola”), Jamaica sufre insoportables fracturas sociales, raciales y sexuales; la situación de sus mujeres convertiría a cualquier observador sensible en feminista radical.

En lo económico, depende del turismo, cuyo modelo principal —enclaves playeros muy protegidos— apenas reparte riqueza. Su bauxita depende de las incertidumbres del mercado mundial. En agricultura, su producto más valorado —la ganja, la hierba fumable— se exporta en la clandestinidad.

Con todo, Jamaica posee una historia de éxito única, prolongada durante los 52 años de independencia: su música. Una creación colectiva que no sólo ha forjado la identidad del país: se practica en todos los rincones del planeta. La productividad musical de Jamaica supera todo lo imaginable: en 1997, la Rough Guide calculaba que la industria local había generado unos cien mil discos en menos de medio siglo. Una cifra sospechosamente redonda, aunque quizás razonable teniendo en cuenta que la mayoría de las referencias jamaicanas son discos simples, con una canción por cada cara (frecuentemente, la misma canción en versiones diferentes) y tiradas mínimas.

El libro de Lloyd Bradley que ahora se traduce tiene fecha de 2001. Y el subtítulo original era When reggae was king, es decir, Cuando el reggae era el rey. Una manera elegante de avisar de que el autor cree que lo que ha venido después de —digamos— 1985 no es descendencia legítima del reggae o, en todo caso, no digna de su pedigrí. Un punto polémico, como pueden imaginar. La musicología del reggae ha sido obra de aficionados obsesivos, generalmente [Sigue leyendo]

GRUPO SALVAJE Capítulo III.



El quinteto madrileño Grupo Salvaje, que tanto nos ha acompañado en estos últimos años y que ha colaborado con nosotros en las presentaciones de las obras de Cash, Crews y Rotten, presentará su tercer álbum ‘III’, el 16 de febrero en la sala El Sol de Madrid, dentro del ciclo Los Conciertos Sublimes y coincidiendo con el inicio de las celebraciones del vigésimo aniversario del sello discográfico Acuarela. A continuación os ofrecemos el texto que les ha escrito nuestro editor Javier Lucini para la presentación del disco.

"Ha pasado mucho tiempo, pero la espera ha merecido la pena. Desde el 2006 de su Aquí hay dragones, se han cartografiado muchas de esas zonas oscuras que señalaron en el mapa y al adentrarse, con esa férrea voluntad de náufragos de la que siempre han hecho gala estos incorregibles Salvajes, han descubierto que o bien tales dragones no eran tales, o bien lo eran pero no para tanto. 

Desde creer en el negro a señalar dragones, dos avatares de un mismo sentimiento que podría definirse sencillamente como “aventurero” (lo que ya es muy de agradecer en un mercado de calma chicha y naves asfixiadas por el acomodo y el amilanamiento), también hubo un largo paréntesis. No quiere decir esto (dicho sea entre paréntesis) que hayan estado en reserva o en compás de espera. La travesía, como entonces, ha continuado y han sucedido cosas. Catarsis apocalíptica en un local de ensayo (que es de lo que va VII, según ellos mismos confiesan, la última letra compuesta para este nuevo, esperadísimo disco). Los argonautas se han desembarazado de viejos lastres, han campeado motines y deserciones, han sorteado espejismos y tempestades, alguno hasta se ha casado en uno de los ocasionales desembarcos, pero en ningún momento han bajado la guardia. Han seguido atesorando botines en nuevos abordajes y la tripulación se ha fortalecido (o quizá haya terminado de enloquecer). 

La mutación que más llama la atención ha sido de lo más reptil. Y, al mismo tiempo, de lo más valiente. New Skin For the Old Ceremony”, por citar a uno de sus sempiternos referentes, Mr. Cohen. Algo que ya había hecho antes El Hijo, productor de sus dos travesías anteriores, sin zozobrar. El caso es que han dejado atrás la piel del inglés y se han lanzado a la peripecia del castellano sin que la nave se escore ni rechinen los cabestrantes. Todo lo contrario. Con permiso esta vez de Jean Rhys, sin traicionarse a sí mismos, han dejado atrás el “ancho mar de los Sargazos” en el que muy bien podrían haberse quedado varados, en brazos de dudosas sirenas, y han salido bien airosos de la titánica empresa. 

Esa bestia de Conrad que inspiró la primera versión de la letra de De Hornos al fin del mundo, según nos cuenta Ernesto González, líder del grupo, ese dragón (no Ernesto, que también, sino la susodicha bestia del cuento de Conrad), bien podría tomarse como metáfora de la nueva lengua adoptada por el grupo para lanzar sus mensajes de náufrago (lengua materna en cualquier caso, Amor de Madre tatuado en el brazo), un Cabo de Hornos, el peor escenario posible para naufragar, en el que, sin embargo, estos marineros crepusculares cometen la osadía y la impertinencia de no hacerlo.

En Regreso a Tsalal, con ecos de los Byrds y los Beatles, recorren con Verne el rastro perdido de Arthur Gordon Pym (lo cual es ya, de por sí, una declaración de principios), para volver a sufrir gustosamente el Tormento de hallarse lejos de casa, solaz y terapéutica de taberna portuaria, que entona ese Jonás de las Manos Sucias, primo hermano de Cash, que nos arroja a la cara un blues de pecado, culpa y redención. 
Cartel de J.C.Esteban (Enviudador)



De nuevo la Balada Triste de Cable Hogue (de nuevo Peckinpah) esta vez en Su Abismo, con esa cosa tan de western anochecido, de ocaso, en el que las bocinas de los primeros automóviles sustituyen a los relinchos de todos los hermosos caballos y el viejo vaquero se queda atrás, desubicado, preguntándose qué demonios ha sucedido. Y atreverse a salir de nuevo en busca del Leviatán, que parece haber sido siempre la obsesión de estos insensatos. La quimera de Moby Dick, de dibujar cualquier cosa en el horizonte antes de que alguien, una abuela de la Extremadura de posguerra (por ejemplo), venga a decirte que Te has quedado para vestir santos, u opte uno por decir aDiós queriendo contar una ejecución a lo Ambrose Bierce y que le salga, sin querer, la crónica de un suicidio… 

El caso es que Grupo Salvaje lo ha vuelto a hacer. Gonzalo Valle Inclán (Hammond y piano), Nano Hernández (bajo, percusiones y coros), Carlos Perino (batería, percusiones y coros), Pepe Hernández (guitarra acústica y eléctrica, solista y rítmica, harmónica, teclados y coros), Oscar Feito (guitarra eléctrica, mandolina, teclados, percusiones y coros) y Ernesto González (guitarra acústica y eléctrica de 6 y 12 cuerdas, rítmica y solista, autoharp, mandolina, theremin, teclados, voz y coros), han logrado que esta larga Vigilia de Pentecostés, disidente y pistolera, haya merecido la pena. 

Y al final siempre nos quedará ese elegíaco narrador del Cabo de Hornos, agonizando en la calma, tarareando el Vals de las olas contadas. Un último vals, por cierto, que nos recuerda a aquella inmortal película, no menos elegíaca, en la que Scorsese documentó la disolución de The Band: Rick Danko jugando al billar. Scorsese le pregunta de qué va el juego. Rick Danko responde: "The object is to keep your balls on the table and knock everybody else's off...". Estos tipos lo hacen. Después de escuchar su nuevo disco uno no tiene ya ganas de escuchar otra cosa".

Javier Lucini.


De mamadas y Harry Crews

Cuerpo, libro del mes para Kiko Amat

Empecemos diciendo que este no es el mejor libro de Harry Crews, y digamos también que esa afirmación es irrelevante. Se lo pongo en forma de alegoría: Mi amigo Pol, nativo de Limerick, estuvo haciéndome la misma pregunta-chiste durante años: “Define la peor mamada que te han hecho”. Cuando yo respondía esculpiendo una mueca de perplejidad –mientras recopilaba mentalmente felaciones torpes del pasado; que me habían hecho, quiero decir, no a la inversa-, él levantaba ambos pulgares, sacaba la lengua por un extremo de la boca y, arqueando de forma imposible las cejas, exclamaba, salivando como una llama enloquecida por la pasión y respondiéndose a sí mismo: FUCKKKKKING GREAT, MAN. ¿Qué insinuaba su (nada sutil) chascarrillo? Sencillamente esto: algunas cosas son tan maravillosas que incluso en su versión más pobre conservan algo de gloria nuclear. Algunas cosas son tan grandes que no hay forma de encontrarles un lado malo. La peor zalagarda de Billy Childish es aún una gran canción para quitarse los pantalones y salir a la calle ondeándolos, como quien esgrime gallardo un baluarte de guerra. No existe un Raymond Chandler repugnante. Las caras B de The Jam son la remonda. El northern soul más chapuzas y escaso es aún vibrante y apasionado. No hay Shangri-las inescuchables. Harry Crews no puede escribir mal. Todo verdades que le anclan a uno cuando arrecia el temporal. No hay una mala mamada. Bueno, sí. Pero no me saboteen el teorema, ni me obliguen a pensar en ella.

Harry Crews lleva encima un caparazón de mito e historia apócrifa tan espeso y consistente que se antoja imposible hablar del tipo real. Muchos de ustedes ya habrán oído hablar en tabernas y lupanares de sus rasgos definitorios, tan poco escritorzuelo, tan de personaje de sus propias novelas: 27 años de karate. Ex-marine. Nariz rota por varios puntos claves. Querencia por el esbatussarse y dar taburetazos en bares (o talleres de narrativa, si le vienen provocando). Indudablemente divorciado, y encima dos veces, y para colmo de la misma mujer. Hijo de Bacon County, Georgia, un lugar tan atrasado, ceporro, hillbilly y brutal que a su lado Tres Hermanas parece Manhattan (el propio Crews afirma que de niño no comprendía por qué los modelos en los catálogos Sears Roebuck conservaban todos los dedos y ojos y extremidades; en su pueblo todo el mundo era tullido, cojo, bizco o manco). Aficionado a la cetrería (el arte de cazar con aves rapaces). Un hombre de poco reírse y nada de provocar la risa ajena (a no ser que se trate de la risa nerviosa del que se sorprende aproximándose a velocidad de vértigo hacia la paliza de su vida), y que siempre ha advertido que no se considera “una persona divertida” (algo que, francamente, ya sospechábamos). La espantosa historia de su hijo fallecido, que él mismo contó