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Los Sex Pistols estaban financiados por la URSS para "desestabilizar el mundo occidental", admite un exagente del KGB

(artículo original en inglés)


Los primeros Pistols, en una foto de la autobiografía Rotten
Alexandrei Varennikovic Voloshin, agente jubilado del KGB, ha reconocido esta semana en la cadena rusa de televisión que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) se encontraba detrás de la creación de la escena punk de los 70 y financió a importantes grupos del movimiento como los Sex Pistols, los Clash y los Ramones.


El gobierno soviético de la época gastó "cientos de millones de rublos" en esta operación secreta con la que pretendían "crear un caos absoluto" y "pervertir a la juventud occidental y convertirlos a ideologías nihilistas, antisistema y antiamericanas", explicó en una entrevista de una hora retransmitida en la televisión estatal.

De hecho, las famosas canciones del legendario grupo de punk Sex Pistols las escribió un equipo de psicólogos y propagandistas bélicos de la URSS. “I am an anarchist” ("Soy un anarquista"), “God save the Queen and her the fascist regime” ("Dios salve a la Reina y su régimen fascista"), “No future” ("No hay futuro") y otras letras nihilistas y antisistema pretendían desatar una oleada de cinismo hacia las autoridades, fomentar el uso de drogas duras y atraer a la juventud hacia ideas revolucionarias contrarias al sistema.

El agente jubilado del KGB afirma que el plan tuvo un gran éxito.

En aquel momento entendimos que la música era un medio poderoso de propaganda con el que llegar a los jóvenes", explicó Varennikovic, de 77 años.

Nuestra misión era utilizar la rabia adolescente en nuestro beneficio y convertir la generación occidental del 'baby boom' en una cultura decadente, drogadicta y antisistema que generara levantamientos y sumergiera las democracias occidentales en un caos absoluto. Llegamos a infiltrarnos en las emisoras de radio populares para promover esta música y llegar a millones de personas todos los días", reconoció, visiblemente orgulloso de los logros obtenidos.

Para muchos de los que estábamos en el KGB, infiltrarnos en la escena punk de los 70 fue uno de los experimentos de propaganda soviética más exitosos hasta el momento", reconoció durante la entrevista.

Algunos expertos admiten abiertamente que el nihilismo punk, que se expresó mediante el uso de drogas más duras y autodestructivas como la heroína y la anfetamina, llevó al presidente estadounidense Richard Nixon a la Guerra Contra las Drogas, una campaña de prohibición de drogas e intervenciones militares con el objetivo declarado de reducir el tráfico ilegal de drogas en Estados Unidos y el resto del mundo.


God Save the Pistols: reeditamos Rotten

Atención: reeditamos Rotten a todo lujo y ya vamos por la tercera tirada. Hemos cambiado el formato, más manejable, hemos revisado el texto y mejorado algunos detalles como el lomo, y hemos añadido un epílogo de Luis Navarro que por sí solo ya valía la reedición. Definitivamente, Rotten's not dead.

Este libro no es una historia del punk. La autobiografía de JOHN LYDON, cantante de los Sex Pistols, revela más bien la idea de algo que pudo ser y no fue; los mimbres de una revolución imposible que, sin embargo, durante un instante de 1976 lograron prender en algún compartimento de la conciencia juvenil. Este libro sitúa su epicentro en esa explosión instantánea que desató el grupo británico y, describiendo una onda expansiva que pronto desvió su trayectoria gracias a la ambición o la estupidez de muchos de sus artífices, nos invita a imaginar "otro punk". Porque, más que la historia de Sex Pistols, Rotten: No Irish, No Blacks, No Dogs expone las instrucciones de una manera de vida, redactadas a fogonazos, con tanta aportación del cerebro como del corazón y sin un plan maestro detrás. Mientras nos seguimos preguntando año tras año qué es el punk, John Lydon prefirió responder a esta generalidad casi abstracta sin dar una respuesta. Para ello rescató de la casa de sus padres el álbum de fotos familiar y desde allí comenzó el recorrido de su particular visión de ese periodo de mediados de los setenta en que las calles de Londres se convirtieron en batallas campales, cuando no en estrafalarios circos no aptos para niños.

Reseñas, ecos:



  • Portada en el formato de las dos primeras ediciones

Johnny Rotten y Don Letts de visita en Jamaica: en la Línea del Frente

Recientemente Diego Manrique recordaba en El País el divertido viaje que Johnny Rotten y Don Letts hicieron a Jamaica en busca de nuevos Bob Marley por encargo de Richard Branson, de Virgin, que utilizó muchos de aquellos fichajes para el sello Front Line.

Curiosamente, tenemos dos libros en los que se trata el tema: Bass Culture: la historia del reggae (de Lloyd Bradley) y Rotten: No Irish No Blacks No Dogs (de John Lydon, el cantante de los Sex Pistols y PiL), que estamos a punto de reeditar por tercera vez. Rescatamos a continuación parte de esos dos fragmentos (para quien no lo sepa, el anglojamaicano Don Letts fue el responsable de descubrir el reggae a muchos punks, al pinchar discos jamaicanos para amenizar los descansos entre concierto y concierto punk en el Roxy, ya que apenas había vinilos de punk británico publicados por entonces):
Big Youth y Johnny Rotten


JOHNNY ROTTEN Y EL REGGAE (FRAGMENTO DE ROTTEN)

LYDON: [...] El reggae ya me gustaba antes de los Pistols pero Don Letts multiplicó mi afición por mil con aquellas cintas que nos dio para la gira en Estados Unidos. Ritmos hipnóticos en las carreteras del Sur. Es la única música que puse en el autocar. Y si a Steve y a Paul no les gustaba entonces, que lo hubieran dicho. De todas maneras la hubiera puesto. Lo único que tenían eran los Stooges de Iggy Pop y los New York Dolls, discos que había oído cincuenta mil veces. Ahora a Paul le encanta el reggae, quince años después. A Sid le encantaba el bajo del reggae. [...]


LYDON: Tras la separación de los Pistols, Branson quería fichar a un montón de grupos de reggae y la única persona enterada que conocía era yo. Le dije que no podía ir solo, así que me llevé a dos socios: Don Letts y Dennis Morris.
LETTS: Una noche, a eso de la una, estaba en casa haciendo lo que hago normalmente –escuchar discos de reggae– y me llamó John para preguntarme si quería ir con él a Jamaica. Supongo que la razón por la que me llamó era que yo era negro y tenía rastas, porque en realidad yo nunca había estado en Jamaica. Por suerte tenía pasaporte y unas cuantas horas después estaba en el aeropuerto con una bolsa de plástico, un par de mudas y la cámara de súper 8.
LYDON: No teníamos visados, porque no sabíamos que íbamos a pasar por Miami, así que unos guardias armados nos escoltaron para coger el vuelo de EE.UU. a Jamaica mientras Don y Dennis se preguntaban en qué les había metido.
Rotten y Letts
LETTS: Era la primera vez que iba a Jamaica y todo gracias a John. Fue un viaje increíble. Para mí suponía viajar a mis supuestas raíces, porque la verdad es que cuando aterricé todo lo que veía era tan ajeno para mí como para John. Me quedé alucinado con todo lo que veía y pensé: "¿Qué coño hago aquí?", mientras que John estaba encantado con todo. En Jamaica conocí a un montón de gente de la que había oído hablar durante años. Branson quería que contratáramos a músicos jamaicanos y el rumor se difundió: había un hombre blanco cargado de dinero en la isla. Absolutamente todos los artistas que tenían cierto nombre excepto Bob Marley fueron en éxodo hacia el hotel Sheraton de Kingston. Branson había reservado una planta entera, y John y yo teníamos habitaciones separadas. Conocimos a Big Youth, U Roy, I Roy, Burning Spear, Abyssinians y Prince Far I, todos nombres míticos para mí.
LYDON: Nos pasábamos el día sentados junto a la piscina comiendo langosta. Costaba dos dólares y ni siquiera teníamos que pagar de nuestro bolsillo así que pedíamos una tras otra. Los empleados del hotel miraban consternados a Don.
–¿Un rasta que come marisco? ¿Un rasta que come langosta? –le decían.
–Fíjate en mi acento. Soy rasta, pero soy inglés. Es una cultura diferente.
–¿En serio? ¿Los rastas ingleses comen langosta?
Estaba prohibido que los rastafaris mostraran las trenzas, así que Don tenía que ponerse un gorro enorme. A los rastas les estaba prohibido entrar en el hotel pero como Branson estaba forrado había una enorme cola de ellos en busca de un contrato discográfico o unos cuantos dólares. Los del hotel detestaban la situación. Había montones de rastas alrededor de la piscina.
LETTS: Como estábamos en Jamaica quise ir a ver a mis abuelos, a los que no conocía. ¿Y con quién fui? Con el capullo del señor Lydon en una limusina Cadillac blanca con chófer en 1978, la peor época de violencia política en Jamaica. Por la noche se oían tiros. El caso es que fuimos a ver a mi familia en una limusina blanca, rumbo a la dirección más extraña del mundo. Era algo así como "a la izquierda cuando llegues a la montaña, a la derecha al ver el nido del pájaro", etc. Aparcamos nuestro Cadillac enfrente de una cabaña donde vivían mis abuelos, que al verme se quedaron petrificados. Yo también estaba paralizado. Hubo un largo silencio durante el que contemplaron la limusina blanca en medio del poblado de chabolas. Mientras tanto, el conductor se puso a llenar el maletero de mangos. Fue la situación más surrealista que he vivido nunca.
–Soy Donovan, vuestro nieto de Inglaterra –les dije.
Me miraron como si fuera de otro planeta. Después miraron a John y luego se fijaron otra vez en mis rastas, que entonces se consideraban un símbolo antisistema en Jamaica.
–Bueno, vengo en un momento –dije.
Me metí en la limusina y nos fuimos. Nunca he vuelto a ver a mis abuelos. Me entristeció mucho. No fui capaz de hablar con ellos ni ellos conmigo.
John y yo conocimos a U Roy, el abuelo del estilo deejay. Allí la gente se levanta con el sol, así que nada más amanecer nos íbamos al patio trasero de U Roy y nos colocábamos a las ocho de la mañana. U Roy preparaba una gran pipa de hierba mezclada con un poco de tabaco. John les preguntó por qué lo hacían así y le contestaron que era mejor mezclado. Intenté fumar de aquella pipa enorme y enseguida me puse a toser como un condenado. Y aquí mi colega John coge la pipa y le pega la mayor calada de la historia. Me sentí avergonzado. Me humilló en mi propio terreno.
–Sí, Rotten buen rasta –le decía U Roy.
LYDON: No pude caminar ni hablar ni pensar durante dos horas. Fue una calada de campeonato. Lo hice porque es lo que había visto en las portadas de los discos. Le pegué una calada enorme pero después acabé con la cabeza entre las manos.
LETTS: Aquel día íbamos a una fiesta en la que U Roy se encargaba del sound system, una enorme discoteca móvil. Recorrimos en coche unas veinte millas colocados hasta las cejas. Mientras estaban montando el sound system John y yo nos sentamos bajo un árbol y nos quedamos fritos. No nos despertamos hasta que todo había acabado. La fiesta duró seis horas con música reggae al volumen más alto del mundo y nos lo perdimos todo. U Roy vino a despertarnos y a decirnos que había sido una buena fiesta pero que ya era hora de irse. Qué vergüenza pasé. Todo el mundo se desvivía por ayudarnos, llevarnos a los sitios más bonitos y darnos la hierba más fuerte. Recibí un curso intensivo de cuatro semanas sobre mi herencia reggae.
Entonces Malcolm envió a Boogie Tiberi a Jamaica. Un día le vimos escondido entre los arbustos junto a la piscina del Sheraton con una cámara. Había estado grabando a John cuando estaba en el balcón.
LYDON: No me pidió permiso para grabarme.
LETTS: Por la noche nos preguntamos en qué arbusto andaría la gente de Boogie. Los chavales de la zona nos contaron que habían visto a unos blancos escondidos entre los arbustos.
Otra vez en la playa vimos a un blanco flacucho con bermudas intentando grabar imágenes de John. Big Youth nos llamó y nos dijo que había conocido a unos blancos que decían que les habíamos dado permiso para hacer un reportaje de nosotros. Le dije que era mentira y en una hora y media logró que se fueran de la isla.
El caso es que John mosquea a mucha gente y al final me mete en líos. Joni Mitchell nos invitó a su casa de campo a través de un amigo jamaicano mutuo. Nada más llegar pusieron un disco que no conocíamos.
–¿Qué es esta mierda? ¿Por qué no la quitáis? –dije.
–Porque resulta que es mi último disco –respondió Joni.
No reconocí la música porque estaba muy fumado. Para morirse de vergüenza.
LYDON: Acabamos allí porque estábamos en un bar y dijimos, sin pensarlo, que nos gustaba Joni Mitchell. Cuando llegamos nos pusimos a reír de lo mala que era la música que sonaba. No sabíamos que era su nuevo disco pero la ofendimos tanto que tuvimos que irnos de inmediato. Yo no paraba de reírme como un histérico.
LETTS: El punk ya era bastante raro para la gente de Londres, así que imagínate al rey de los punks en Jamaica. Algunos sabían que era Johnny Rotten porque había sido número uno y le habían dado discos de oro. John iba por la isla con un enorme sombrero y un abrigo largo negro porque no quería ponerse moreno. Los jamaicanos tienen una imaginación portentosa y son muy aficionados a las películas del Oeste, así que John les parecía el tipo más malo del mundo, con un aire a Lee Van Cleef.
LYDON: Pasear por los mercados del centro de Kingston era una pesadilla. Habían visto demasiadas películas.
LETTS: Imagínate la imagen que debías de tener para ellos. Cuando voy a zonas apartadas de Irlanda reaccionan así. Me tiran del pelo cuando voy fuera de Dublín. Creo que por eso John y yo nos llevamos tan bien. En la historia de Inglaterra hubo un momento cuando a la gente de John –los irlandeses–, los negros y los perros se les metía en el mismo saco. Había letreros en los hoteles y casas que se alquilaban que decían...
LYDON y LETTS: ¡Ni irlandeses, ni negros, ni perros!
LETTS: No estoy seguro de quiénes eran los que aparecían primeros en los carteles, pero conociendo a los ingleses seguro que eran los perros. No hay duda de que los irlandeses y los jamaicanos son iguales en espíritu. No hay vuelta de hoja.
LYDON: Por eso hay tan buena conexión. En las mejores zonas como Brixton y Kilburn se llevan muy bien en un pub, pero todo se echa perder cuando empieza a meterse la influencia inglesa. Está claro que los irlandeses y los jamaicanos tienen un vínculo común. El musgo irlandés es una bebida de algas popular en Jamaica. Cuando los irlandeses se morían de hambre porque los ingleses les robaban las patatas, acababan comiendo algas. Cuando Don y yo estábamos en Jamaica íbamos a la ciudad a comprar discos en una tienda que se llamaba Irish Town. Nos parecía muy irónico; lo único que tenían era discos de Jim Reeves y nada más. En Jamaica a la gente mayor le gusta el country y el western, Perry Como y Jim Reeves; y era graciosísimo ver la misma música que le gustaba a los viejos en Irlanda.


RICHARD BRANSON A LA CAZA DEL TESORO JAMAICANO (FRAGMENTO DE BASS CULTURE)


[...] La disputa más espectacular entre Island Records y un artista jamaicano tuvo que ver con Lee Perry: descontento con la promoción que el sello había dedicado a su LP Super Ape y cabreado por su rechazo a publicar Roast Fish, Collie Weed and Cornbread, un disco en el que él mismo cantaba todas las canciones, retiró The Heart of the Congos de la discográfica británica (hay historias, que quizá no sean apócrifas, de que robó físicamente los másteres). Como consecuencia, era prácticamente imposible conseguir el disco hasta que el sello de reediciones Blood & Fire tuvo el buen gusto de volver a ponerlo en venta veinte años después de que se grabara.

En la segunda mitad de la década, Virgin Records, de Richard Branson, fue la otra gran discográfica que viajó a Jamaica. En un principio Virgin buscaba algo de la «magia Marley», tras ganarse los servicios de Peter Tosh, cuyo clásico Legalize It se convirtió en uno de sus primeros álbumes de reggae. Con una disposición algo más aventurera (y menos adulterada) que Island, al poco de publicar a Tosh fichó a Keith Hudson y U-Roy, pero, aunque vendieron bien en el mercado de la población negra, no rompieron entre el gran público. Al menos no en el Reino Unido, porque en África no daban abasto en las fábricas donde prensaban estos discos. Según un reportaje de la revista para profesionales de la industria musical británica Music Week, solo en 1975 Virgin vendió discos de reggae por valor de 150.000 libras en África, una cantidad importante en aquella época. El principal consumidor era Nigeria, hasta tal punto que la empresa empezó a publicar para el mercado nigeriano cartuchos de ocho pistas, un formato que ya estaba muerto hacía tiempo en Inglaterra. Para satisfacer esta demanda voraz, Richard Branson, el encargado de contratación Jumbo Van Hennen y Johnny Rotten (los Sex Pistols tenían contrato con Virgin) viajaron a Jamaica en busca de más reggae. Y lo hicieron con una maleta llena —literalmente— de dólares estadounidenses para pagar anticipos. No tardó en correrse la voz entre la comunidad musical de Kingston de que había unos blancos en el hotel Sheraton que daban dinero a los cantantes por su cara bonita. Solo la tempestiva intervención policial evitó que la situación se saliera de madre en la rápida cola de candidatos que se había formado, muchos de ellos con tambores o guitarras. Increíblemente, dos semanas y 100.000 dólares después, el comando de Virgin se fue de la isla con una formación en la que figuraban Prince Far-I, los Gladiators, los Mighty Diamonds, los Twinkle Brothers, Johnnie Clarke y Big Youth.


La teoría entre los músicos era que los africanos apreciaban los sentimientos de la música reggae y creían que al comprar discos ayudaban a los hermanos caribeños en su lucha. En opinión de otros el interés lo suscitó solo el ritmo. Fue este vínculo africano lo que llevó a Virgin a crear Front Line, el sello mainstream de reggae británico con mayor credibilidad. Se cuenta que había un gran número de cajas con álbumes de reggae empaquetados en un avión con destino a Nigeria cuando el nuevo régimen anunció que el país había cerrado su economía, lo que impedía sacar dinero. En lugar de entregar los discos y enfrentarse a la perspectiva de perder gran parte de los ingresos en sobornos para recuperar algo, dieron la orden de que el envío regresara a Inglaterra. Para deshacerse de este enorme stock, lanzaron el sello especializado Frontline, que tuvo tanto éxito que el puño cerrado en torno a un alambre de espino se convirtió en marca de calidad en el mundo del roots.

Una nota final sobre el comercio de reggae con destino a África en los setenta es la cantidad de material que acabó en Sudáfrica, entonces bajo embargo. Hay que destacar que esto era un problema limitado a Virgin. Muchos artistas que firmaron contratos con discográficas británicas tenían una cláusula que excluía las ventas en Sudáfrica. Y sin embargo, cuando fueron de gira por el país tras el fin del apartheid descubrieron que eran tan conocidos que podían llenar estadios debido a que mucha gente había comprado los discos años antes.

El reggae en el Reino Unido nunca había estado en mejores condiciones, tanto creativas como comerciales. Desde los sound systems de roots profundo hasta Top of the Pops. Desde el lovers' rock hasta el estilo deejay. Bob Marley, Dillinger, Steel Pulse, Althea & Donna, Barry Biggs, Big Youth, Matumbi, Janet Kay, Burning Spear... todos triunfaban. Y parecía que a todo el mundo le gustaba oír algo de reggae. Con la llegada de los ochenta, el reggae británico parecía imparable. Con o sin el apoyo continuado del mainstream. [...]




Postpunk: Romper todo y empezar de nuevo

Portadón y librazo (no lo hemos leído pero tiene buenísima pinta) que se han marcado en Caja Negra: Postpunk: Romper todo y empezar de nuevo, de Simon Reynolds, y que si no nos equivocamos en castellano ha salido antes en Argentina, de la mano de la editorial NE (responsables de la portada entre otras cosas). Según Caja Negra, por aquí se publicará en breve...




Paletos y Punks II

El día 4 de enero os ofrecimos una entrada sobre las aventuras de los Sex Pistols por el Sur de Estados Unidos tal y como lo presentaba John Lydon en su libro Rotten: No Irish, No Blacks, No Dogs.

A punto de desintegrarse y con un Sid Vicious cada vez más enganchado a la heroína, los Sex Pistols se embarcan en una atípica gira estadounidense para un grupo de punk británico, desplegando su imagen de marcianos en un paisaje no menos alienígena de vaqueros, camioneros, rednecks y Dolly Partons.

Atención a esta impagable fotografía de cuando actuaron en el Longhorn Ballroom de Texas en 1978, compartiendo escenario, nada más y nada menos, que con el inmenso Merle Haggard.


 

Paletos y punks: los Sex Pistols en el Sur de EE.UU.

Aprovechando el viaje por el Sur de Estados Unidos en el que nos hemos sumergido con las novelas de Harry Crews que estamos publicando en Acuarela (Cuerpo y El Cantante de Gospel), os presentamos la visión del Sur estadounidense y de la América más profunda que hace John Lydon en su libro Rotten: No Irish, No Blacks, No Dogs.

A punto de desintegrarse y con un Sid Vicious cada vez más enganchado a la heroína, los Sex Pistols se embarcan en una atípica gira estadounidense para un grupo de punk británico, desplegando su imagen de marcianos en un paisaje no menos alienígena de vaqueros, camioneros, rednecks y Dolly Partons.



Durante la gira nos pagaban la mísera cantidad de diez dólares al día. La comida no es que fuera de primera calidad y en general todo era bastante cutre. Al ir a Estados Unidos nos imaginábamos que todo iba a ser un espectáculo maravilloso y en cierto modo eso es lo que nos encontramos, pero no fue precisamente lo que la gente asocia a la palabra espectáculo.

Al elegir sólo el Sur de Estados Unidos para tocar no se trataba de echar el grupo a los leones. San Francisco fue lo más al norte que tocamos y no sin una larga discusión. Yo prefería no ir porque me parecía muy al norte. La idea era que si queríamos que nos tomaran en serio en Estados Unidos teníamos que trabajarnos la base desde el Sur. En el norte pensaban que ya lo sabían todo, así que las puertas estaban cerradas para los Pistols. Creo que hubiera sido una estupidez tocar en Nueva York. No tenía sentido porque ya habían decidido que nos odiaban y que sus grupos eran mucho mejores. Los neoyorquinos creían esa payasada de que Richard Hell

El fin del mundo según John Lydon


Time Zone - World Destruction - 1984 por Tushratta

Reedición de Never Mind the Bollocks

Los Sex Pistols han reeditado en box set su álbum Never Mind the Bollocks, Here’s the Sex Pistols (1977) coincidiendo con el 35 aniversario del disco, único en la breve historia del grupo. Aquí tenéis un resumen de los contenidos de la caja, que sido objeto de las críticas del bueno de John Lydon (Johnny Rotten, del que publicamos en Acuarela Libros No Irish No Blacks No Dogs).
Y a continuación rescatamos alguna anécdota del libro de Lydon sobre la grabación del disco:

Alquimia punk



Notas leídas por Amador Fernández-Savater en la segunda sesión del ciclo "Música desde las contraculturas" (Patio Maravillas, sábado 14 de julio).

 
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A finales de los años 70, cuando aparece “Comfortably numb”, está claro que el sueño que se evapora son las ilusiones de transformación social de los 60, percibidas por el rabillo del ojo de ese niño como un destello fugaz. Ahora el niño ha crecido, el sueño se ha esfumado. Estamos a las puertas del ciclo Reagan-Thatcher. Serán necesarios muchos pinchazos, muchas inyecciones para que el público se mantenga en pie durante el espectáculo. 


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Cambio de escena, pero sin cambiar de época. Un tipo raro recorre la calle King's Road de Londres. Lleva el pelo pintado de verde y una camiseta de Pink Floyd rota y llena de imperdibles. Él mismo ha escrito sobre ella: "I hate Pink Floyd" ("Odio a Pink Floyd"). Es Johnny Rotten, futuro cantante y líder los Sex Pistols. El punk está a punto de nacer, contra el sistema que vela el sueño confortable, contra los mismos Pink Floyd, juzgados como parte de esa situación anestesiada que no se sabe bien si ellos se limitan a constatar o aprueban con resignación desde su posición de privilegio. Nace el punk, no con la utopía y la confianza en el futuro como en los 60, sino con el "no hay futuro" como palanca de subversión. 


Bodies habla de una fan de los Sex Pistols. Johnny Rotten cuenta la historia en su autobiografía No Irish No Blacks No Dogs: "Pauline era una chica que me enviaba cartas desde un manicomio de Birmingham. Una vez se presentó en la puerta de mi casa vistiendo una bolsa de plástico transparente. Iba dando tumbos por Londres y se presentaba en casa de todos. En la canción hay una frase en la que digo que Pauline vivía en un árbol y era verdad que en los jardines del manicomio tenía una caseta en un árbol. Las enfermeras no podían bajarla y allí se pasaba los días enteros. Al parecer el punk la sacó de su burbuja".

El punk fue la ruptura generalizada de la burbuja social que cantaban los Pink Floyd. 

(ver desde 1.20 hasta 4.50) 

En No irish, no blacks, no dogs, Johnny Rotten cuenta cómo sentirse una basura era el estado de ánimo más extendido en la Inglaterra de 1977. El humus en el que nace el punk es la pobreza, el aburrimiento, el racismo y la sociedad disciplinaria, todavía con una fuerte influencia católica (véanse las anécdotas de Rotten sobre su educación es un colegio católico). El laborismo inglés se había vuelto una ideología gestora anestesiante. La derecha manipulaba a su antojo la frustración cotidiana, elaborándola como racismo (el mismo título del libro habla de ello: No Irish, no Blacks no Dogs es el letrero que Johnny Rotten se acostumbró a ver durante niño en los pubs de Londres). El punk fue una especie de aspiradora que absorbió la tristeza y la impotencia, y devolvió el asco transformado en una ola de activación, "háztelo tu mismo", rabia creativa y desafío a lo establecido, expresado a través de la música y la estética. 

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Toda una serie de clichés orientan hoy en día nuestra percepción sobre el movimiento punk. Esos clichés a los que lo asociamos invariablemente son de cuatro tipos: la consigna política fácil, el punk accesible (que Johnny Rotten asocia malvadamente a los Clash: "citas de Marx con música"); el uniforme de la cresta y el imperdible; el nihilismo autodestructivo; el feísmo o rechazo de la estética.

Pero Johnny Rotten tiene una versión muy distinta de los Sex Pistols y del punk: 

(ver desde 0.00 hasta 5.00)

--> "No creo que hubiera nada nihilista en los Pistols. Lo nuestro no era un camino de autodestrucción. Quizá hubiera algo de imbecilidad en plan “destrúyelo todo” pero no creo que eso se pueda llamar nihilista. Más bien al contrario. Era constructivo porque ofrecíamos una alternativa, no era anarquía porque sí. Tampoco he creído nunca en las ventajas de convertirme en mártir. Y morir por algo tan vagamente infantil como el rock & roll no me pone en absoluto. Aunque el personaje de Sid Vicious está rodeado de cierta mitología, la gente que se traga esos mitos no son los que compran los discos, sino personas frustradas. El mito de Sid está envuelto en la cultura de las drogas, hecha para perdedores y yonquis, gente que se pasa el día lamentando lo desgraciados que son. Yo no formo parte de ese mundo, ni antes ni ahora. Siempre intento moverme en busca de algo mejor".

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“Lo que Johnny hacía con los Pistols era furia dramatizada que después se ha malinterpretado. Yo siempre he considerado a los Pistols como “teatro de la rabia”, un espacio perfecto para expresar sentimientos violentos. Como consecuencia, mucha gente pensó, equivocadamente, que el punk era violento. Pero la razón de que hubiera violencia en el punk no tenía nada que ver con la esencia del movimiento” (Caroline Coon, en No Irish No Blacks No Dogs). 

(ver desde 5.45 hasta 7.26) 

"Lo que me enfurecía de los Sex Pistols era la progresiva homogeneización del uniforme punk entre el público, porque echaba por tierra todo. Desde luego con mi aprobación no iban a contar porque aquello demostraba que carecían del concepto de individualidad y que no entendían lo que hacíamos. Lo nuestro no tenía que ver con la uniformización. Odio todos los grupúsculos porque destruyen la personalidad y la individualidad. Quizá una habitación llena de gente con ideas muy distintas sea caótica, pero es un caos maravilloso, con altas dosis de diversión y muy didáctico. Así es como se aprende y no siguiendo la misma doctrina que todo el mundo".


Las claves del punk según Rotten en su autobiografía son otras:

-partir de lo que hay, no de lo que puede haber o debería de haber, sino de los elementos que encuentras en lo cotidiano, desde tu grupo de amigos a unos imperdibles;

-la multiplicidad, la singularidad y la originalidad contra los uniformes, la mezcla contra los compartimentos estancos: alianzas insólitas en el nacimiento del punk entre la escena reggae, la escena gay, los hooligans, los chicos de clase obrera y de clase media, etc.;

-la espontaneidad y la intuición contra los Planes Maestros (es la discusión de Rotten con McLaren, que presenta la historia de los Pistols como un producto diseñado por él de principio a fin);

-la rabia, la energía y la activación del “do it yourself” contra la burbuja de pasividad y obediencia a los moldes establecidos;

-la capacidad de sorprender, asustar y hacer preguntas, no la doctrina, las ideologías ni la identidad (“si te comprenden estás perdido”): atacar lo obvio mediante el caos, la ambigüedad y lo políticamente incorrecto (el uso irónico y catártico de las esvásticas, la ropa sado, etc.);

-el “no hay futuro”, el rechazo de todas las ideologías de la espera (la des-esperación contra la esperanza hippie), la afirmación del aquí y ahora, de un presente intenso. 

Etc.

(ver desde 5.00 hasta 7.08)
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1977-2012. La crisis actual va dejando un paisaje devastado como el que vio nacer al punk. Y no sólo en lo material (salarios y derechos). Leemos recientemente el siguiente titular en el diario Público: "los ansiolíticos son ya los fármacos más vendidos en el mercado". Como cantaba Pink Floyd, "he oído que te sientes mal, yo puedo aliviar tu dolor y ponerte en pie otra vez". Pero, ¿queremos ponernos de nuevo en pie como si nada? La necesidad de anestesia es mayor cuanto mayor es el malestar por la vida que llevamos. Si nuestra respuesta frente a esto no es la consigna política fácil, el nihilismo autodestructivo, ninguna clase de uniforme ni tampoco el rechazo de las formas, tendremos que inventar hoy a nuestros propios Sex Pistols. ¿Pero cómo? La música y la estética podían ser en el año 77 un desafío, ¿y hoy? El escándalo aún no estaba planificado en la misma maquinaria de la sociedad del espectáculo. El punk, por un breve momento, consiguió darle la vuelta a lo que también parecía entonces un destino único, fue capaz de hacer que el miedo y la dignidad cambiasen de lado, y que la ausencia de futuro y esperanza, más que asustarnos, nos dotase de fuerza. ¿En qué consistiría hoy una práctica a la vez cultural y política alquímica capaz de transformar la frustración y el malestar en dignidad y potencia de autoafirmación?



"El punk no era un movimiento: era un suicidio"



"Porque en verdad no había futuro; por eso estamos aquí así. El punk murió pronto de éxito, y su éxito fue súbito y fulminante. No era un movimiento: era un suicidio.
No se puede mirar hacia el punk con ira ni con nostalgia. No creo en las batallas perdidas. Todo pasa y todo queda, y el punk pasó corriendo, pero dejó una huella inextinguible" 

(Luis Navarro)

Sábado 14 de julio. 20h
EPA Patio Maravillas (C/ Pez, 21). Noviciado

Segunda sesión del ciclo "Música desde las contraculturas". Esta vez, nos centraremos en la explosión del punk en Inglaterra.
Charlaremos con Amador Fernández-Savater y Luis Navarro en torno al libro Rotten: No Irish, No Blacks, No Dogs (Acuarela 2007) y la cultura que agitó la conservadora sociedad inglesa con provocación y rabia.
Para terminar, Antagonik Sound System, se currarán una sesión llamada "The punk is coming" haciendo un recorrido musical desde EEUU hasta Inglaterra con temazos de Iggy Pop, Lou Reed, Ramones, Sex Pistols, The Clash, Buzzcoks, X-Ray Spex...

Si todavía piensas que el amor va a cambiar el mundo, pásate por el Patio el sábado...

Vuelve John Lydon, vuelve P.I.L.








Soy John
Nací en Londres
No buitreo, esta es mi cultura
La ley natural, amigo, es la lección para todos

Venimos del caos, no puedes cambiarnos
Ni puedes explicarnos, y eso es lo que nos constituye
Somos intemporales, somos adolescentes
Somos los enfilados de entre los desesperados
Somos la última oportunidad, somos la última danza

Una gota en todo este océano
No va a causar conmoción
Una gota que no siga la corriente
Sin tripas no hay emoción
Una gota en todo este océano
Compórtate, sigue la corriente
Compórtate, una gota de emoción correcta
No va a causar conmoción
Una gota,

Vamos todos para abajo,
La ley natural, amigo, es la lección para todos
Venimos del caos, no puedes cambiarnos
Ni puedes explicarnos, y eso es lo que nos constituye
Somos intemporales, somos adolescentes
Somos los enfilados de entre los desesperados
Somos la última oportunidad, somos la última danza

Una gota en todo este océano
No va a causar conmoción
Una gota que no siga la marea
Sin tripas no hay emoción
Una gota en todo este océano
Compórtate, sigue la corriente
Compórtate, una gota de emoción correcta
No va a causar conmoción

Venimos del caos, no puedes cambiarnos
Ni puedes explicarnos, y eso es lo que nos constituye
Somos intemporales, somos adolescentes
Somos los enfilados de entre los desesperados

Nacido en el Londres, salido de Londres, nacido en el Londres
-pero en realidad hemos nacido en todas partes
Una gota en todo este océano
No va a causar conmoción
Una gota que no siga la corriente
Sin tripas no hay emoción
Una gota en todo este océano
Compórtate, sigue la corriente...

20 años después, vuelve P.I.L.
Letra original

Quiero que sepas que te odio, nena

El viejo John Lydon, alias Johnny Rotten, cantante de los Sex Pistols y PIL, publica en breve Mr. Rotten's Scrapbook, un libro de fotos y recortes en el que repasa su carrera. En Rotten. No Irish, No Blacks, No Dogs ya repasó su vida en texto sin pelos en la lengua (también incluía una sección de fotos de su infancia y los Pistols), con fragmentos como el que os ofrecemos a continuación, del capítulo "Quiero que sepas que te odio, nena".

El destino. ¿Quién cree en el destino? Las cosas suceden porque haces que sucedan. Eso del destino no existe. Todo parecía imposible para los Sex Pistols, incluso conseguir un público. En nuestro apogeo el público se componía de artistillas: los que estaban a la última y los que querían figurar. A mí los que me gustaban eran los pocos que procedían de la clase obrera. A Malcolm McLaren y a sus amigos no les hacía tanta gracia porque aquella gente les empujaba contra un rincón de la sala rápidamente. Eran días de caos. La única violencia de verdad no provenía de nuestro público sino de los intrusos, tíos que solían llevar uniformes azules. Los típicos broncas, los hooligans, no necesitaban buscar víctimas. Eran grupos de borrachos agresivos que recorrían las calles a la caza de cualquiera, con tal de que fuera una sola persona y ellos quince. Los skinheads estaban en horas bajas en 1976. Las bandas de skinheads se peleaban demasiado entre sí como para molestarse por los demás. Había skins de derechas y de extrema izquierda. Todo se había convertido en una cuestión de moda porque el verdadero movimiento skin había aparecido y desaparecido mucho antes. Fueron una evolución de los mods con un estilo de vestir muy elegante y cuidado. Cuando resucitó en los setenta no tenía nada que ver. No se diferenciaban mucho de los imitadores del punk que idolatraban los uniformes. Siempre he odiado el concepto de uniforme. Si te interesa algún tipo de movimiento tienes que rechazar ese tipo de cosas, porque de lo contrario te estancas y se convierte en algo estéril.

Malcolm tenía una tienda en la que vendían ropa sado de cuero, por ejemplo camisetas ajustadas de cuero, que atraían a cualquier adolescente interesado por el decadentismo.

Rotten (Podrido)

Reproducimos un texto de Luis Navarro en el blog no había futuro a propósito del libro No Irish, No Blacks, No Dogs (la autobiografía de Johnny Rotten, cantante de los Sex Pistols). En la entrada original podéis ver vídeos de los Pistols, La Polla Records, The Clash, etc.

Cada vez que Johnny abre la boca o intenta hacerse ver en los medios recibe una andanada de reproches e insultos de parte de los mismos críticos que nunca hacen gala de ser más papistas que el papa más que cuando hablan del papa mismo. Que si está descafeinado. Que si juega a ser un fantoche de sí mismo. Que si hace esto o lo otro por dinero...
Se lo tiene merecido. Y nunca fue de otro modo. Desde antes de ponerse a berrear desde la proa del Queen Elizabeth su discurso ultranihilista, mirando paranoicamente a un lado y a otro como si le alcanzase el griterío que pretende derribarle de la escena y lanzándose de nuevo sobre el micrófono para llevar la provocación más lejos, rozando casi esa imagen que yo me hago de la belleza absoluta en este mundo, de la obra de arte total...
Johnny se lo tiene merecido: por no habernos engañado ni haberse engañado a sí mismo sobre sus propias intenciones; por no habernos intentado convencer nunca de nada de todo aquello que sólo escenificaba; por no haber dado tregua a la ignorancia, poniendo siempre de manifiesto su osadía; por haber producido a lo largo de su carrera tantos envidiosos.
El personaje sigue funcionando: se lo merece y los críticos "que siempre están sentaos" siguen cayendo en su juego.

ROTTEN: No Irish, No Blacks, No Dogs

Este libro no es una historia del punk. La autobiografía de JOHN LYDON, cantante de los Sex Pistols, revela más bien la idea de algo que pudo ser y no fue; los mimbres de una revolución imposible que, sin embargo, durante un instante de 1976 lograron prender en algún compartimento de la conciencia juvenil. Este libro sitúa su epicentro en esa explosión instantánea que desató el grupo británico y, describiendo una onda expansiva que pronto desvió su trayectoria gracias a la ambición o la estupidez de muchos de sus artífices, nos invita a imaginar "otro punk". Porque, más que la historia de Sex Pistols, Rotten: No Irish, No Blacks, No Dogs expone las instrucciones de una manera de vida, redactadas a fogonazos, con tanta aportación del cerebro como del corazón y sin un plan maestro detrás. Mientras nos seguimos preguntando año tras año qué es el punk, John Lydon prefirió responder a esta generalidad casi abstracta sin dar una respuesta. Para ello rescató de la casa de sus padres el álbum de fotos familiar y desde allí comenzó el recorrido de su particular visión de ese periodo de mediados de los setenta en que las calles de Londres se convirtieron en batallas campales, cuando no en estrafalarios circos no aptos para niños.

Reseñas, ecos: