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Debord y el «grand style»

Décima entrega de la selección de textos que estamos subiendo al blog de Los situacionistas de Mario Perniola, que hemos reeditado en Acuarela Libros. Este fragmento corresponde al epílogo del libro, donde Perniola ofrece una valoración más global de los situacionistas y un recorrido personal de su encuentro con el movimiento y, en este caso, con Guy Debord.

[...] el distanciamiento respecto de la subjetividad era una cualidad exclusiva de Debord y constituía el aspecto fundamental tanto de la fascinación como de la hostilidad que suscitaba. Durante la segunda mitad del siglo veinte, Debord ha sido la personificación del gran estilo. «Doctor en nada» pero maestro de los ambiciosos, amigo de los rebeldes y de los pobres, pero secretamente admirado por los poderosos, un hombre que suscitó grandes emociones, pero sin embargo era frío y distanciado de sí mismo y del mundo. Tal es, de hecho, la primera condición del estilo: el distanciamiento, la lejanía, la suspensión de los afectos desordenados, de la emotividad inmediata, de las pasiones sin freno. Debord ha sido una figura clásica, en absoluto romántica.

El distanciamiento en el caso de Debord se manifiesta antes que nada en forma de una completa y total extrañeza frente al mundo de la universidad, de la edición, del periodismo, de la política y de los media; frente a todo el establishment cultural, Debord nutre el más profundo disgusto y el más radical desprecio. No menos absoluta es su repugnancia por todo lo mundano, por la frivolidad snob que coquetea con el extremismo revolucionario –el así llamado «radical chic»–. A fin de cuentas tanto desdén no reposa ni tan siquiera sobre el confort de un patrimonio heredado: en este sentido Debord afirma haber «nacido virtualmente arruinado». En una época en que los ambiciosos están dispuestos a todo por el poder político y el dinero, la estrategia de Debord hace palanca sobre un solo factor: la admiración que su modo de ser suscita en aquellos que consideran el poder político y el dinero como beneficios secundarios con respecto a la excelencia y su reconocimiento. El tipo de superioridad a la que aspira esta estrategia no es muy diferente de aquella que anhelaban algunos filósofos antiguos, como Diógenes, para los cuales la coherencia entre los principios y la conducta constituía lo esencial. Sin embargo, la fuente de donde bebe no es tanto de tipo ético como estético: es en la revuelta poética y artística donde hay que buscar la tradición en cuyo seno se sitúa Debord. Dicha tradición, que encontró en las vanguardias del siglo veinte un desarrollo extraordinario, se remonta nada menos que al Medioevo: el gran poeta francés del siglo XV, François Villon, representó el modelo de un encuentro entre cultura y conductas alternativas (y en su caso incluso criminales) que se ha transmitido a través de los siglos.

A todo esto se añade también la lejanía de todas las organizaciones y tendencias político-revolucionarias predominantes en la época. El camino que eligió Debord lo condujo a un total rechazo de cualquier posición leninista, trotskista, maoísta y tercermundista. Al mismo tiempo, sin embargo, Debord también tomó distancias con respecto al anarquismo, que abandona al ser humano al capricho individual: para él no cabe duda de que el punto más alto de la teoría revolucionaria lo alcanzó Marx, no Bakunin. Si por «político» se entiende la distinción entre «amigo» y «enemigo», unida al esfuerzo de ampliar el número de los primeros, hay en Debord un radical «apoliticismo» que conduce al aislamiento. Ésta, por otra parte, fue una de las razones que llevaron a la ruptura de mi relación con él en la primavera de 1969.

Lo cierto es que la aprobación y la afectividad obtenidas a través de la simpatía, del acuerdo y de la buena disposición para con los demás no eran cosas que entraran en absoluto dentro del estilo de Debord, que en este punto seguía la opinión de Nietzsche según la cual «el gran estilo excluye al agradable». En una época que ha hecho de lo adaptable y de la desenvoltura las cualidades más apreciadas, Debord se pone frente a sus contemporáneos con aspereza, con rudeza y hoy por hoy es el único estilo

La Internacional Situacionista: el escándalo de la comunic-acción

Novena entrega de la selección de textos que estamos subiendo al blog de Los situacionistas de Mario Perniola, que hemos reeditado en Acuarela. Este fragmento corresponde al epílogo del libro, donde Perniola ofrece una valoración más global de los situacionistas y un recorrido personal de su encuentro con el movimiento.

Los situacionistas no fueron nunca un grupo clandestino. Eran los autores de una revista que se encontraba en algunas librerías y quioscos de periódicos, exclusivamente en Francia, y formaban un grupo cerrado en el que se entraba por cooptación. No se reconocían en absoluto en el término «experimental» y por eso no tenían nada que ver con las neovanguardias literarias y artísticas de los sesenta, ante las que ellos se posicionaban radicalmente en contra. Tampoco desarrollaban actividades de agitación o de proselitismo. De hecho la cuestión central para ellos era el retraso de la teoría con respecto a la realidad, la falta de una toma de conciencia revolucionaria por parte de personas y de grupos que se comportaban ya de manera insurreccional.

Entre los movimientos políticos extremistas y los situacionistas existía también una gran diferencia. Los primeros se sitúan en la perspectiva de la acción política, en el gran mito que se remonta al Renacimiento y que ha constituido el aspecto esencial de la modernidad. Ya Hannah Arendt, en el libro La condición humana (1958), había previsto la desaparición de la posibilidad de la acción. A lo largo de los siglos XIX y XX, la sociedad entera se transformó en sociedad de trabajo: la noción de uso fue sustituida por la de consumo. Hannah Arendt, que escribe en los años 50, prevé los desarrollos sucesivos de este proceso. Poco a poco las personas son expropiadas también de su propio trabajo, que desde los primeros siglos de la modernidad había constituido su única posesión y actividad: la sociedad entera se transforma en una sociedad de consumidores, esto es, en una sociedad de trabajadores sin trabajo. Su comentario al respecto es: «¡Ciertamente no podría haber nada peor!». Aquí Arendt es categórica: la sociedad de consumo es «el paraíso del chiflado».

El lugar de la acción es ocupado por la comunic-acción. Los situacionistas fueron excelentes comunicadores. Pero el mito de la acción sigue obsesionando

El escándalo situacionista

Retomamos la publicación de textos de Los situacionistas de Mario Perniola (octava  entrega).



La tercera dirección fundamental de las realizaciones de la IS es el escándalo. Ya en 1961 los situacionistas se proponían «lanzar contra este mundo escándalos más violentos y máscompletos, a partir de la libertad clandestina que se afirma un poco por todas partes bajo el pomposo edificio social del tiempo muerto». Consecuencia directa de esta pretensión fue el proyecto (nunca realizado) de ocupar los locales parisinos de la UNESCO. Pero la formulación más precisa del escándalo situacionista es obra de Vaneigem; éste, tras reconocer que en la IS existen virtualmente las condiciones para un poder concentrado antagonista al burgués, así como para una representación de la voluntad de las masas, escribe:

La subjetividad radical situacionista

Séptima entrega de la selección de textos que estamos subiendo al blog de Los situacionistas de Mario Perniola, que acabamos de reeditar en Acuarela Libros.

La exigencia de una nueva subjetividad aparece ya en los primeros números de la revista. Así, en 1959 la sección holandesa de la IS defendía la invención ininterrumpida como modo de vida. El manifiesto de 1960 contraponía, al arte parcelario y espectacular, la participación total y la organización del momento vivido. Kotányi, a su vez, define el deseo como «aquello que es radicalmente anti-alienante en la vida de todos». André Frankin intenta ilustrarlo elaborando el concepto de No Futuro, que él entiende como la realización de todos los futuros posibles, algo que tiene que ver con el advenimiento de una «historia sin tiempos muertos» que implicaría una transformación radical de la emotividad. De manera harto similar, Asger Jorn defiende la liberación de los valores humanos, es decir, «la transformación de las cualidades humanas en valores reales».

Todas estas propuestas se relacionan directa o indirectamente con la experiencia de la subjetividad artística y, en el fondo, no representan más que la extensión de la misma a todos los aspectos y momentos de la existencia. Algo parecido ocurre con el concepto de subjetividad radical, que Raoul Vaneigem se encargará de elaborar mucho más ampliamente. En efecto, la segunda parte del Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones –que lleva por título, precisamente, «La inversión de perspectiva»– se propone «acercarse a lo social con las armas de la subjetividad, reconstruir todo a partir de sí mismos». Sin embargo esta subjetividad no es algo meramente privado que se manifieste de forma distinta en cada individuo, sino que, precisamente, es radical en el sentido de que «todos los individuos obedecen a una misma voluntad de realización auténtica y su subjetividad se refuerza al percibir en los demás la misma voluntad subjetiva». Eso no significa que exista un solo modo legítimo de ser revolucionarios; Vaneigem evita llegar a semejante conclusión al afirmar que todas las subjetividades, a pesar de que comparten una misma voluntad de realización integral, difieren entre ellas. La solución a todas estas dificultades hay que buscarla en el hecho de que la subjetividad radical se identifica con la «creatividad universal», que no es otra cosa que la experiencia artística en su forma subjetiva. Lo que revela su pretensión de totalidad es el carácter ideal de su horizonte: en el fondo el mérito de Vaneigem es haberla expresado de manera extrema, mientras que su error fundamental consiste en haberla hecho pasar, pura y simplemente, por la dimensión psicológica revolucionaria. Así, según Vaneigem, ésta habría de manifestarse en un triple proyecto que implicaría su realización, comunicación y participación en ella. Estas tres pasiones guardan a su vez una estrecha relación recíproca y en un contexto de aislamiento degeneran respectivamente en voluntad de poder, en mentira, en masificación. La realización nace del deseo de crear, de objetivar un proyecto preexistente; la comunicación se relaciona con el amor, que es el modelo más puro y más difundido de comunicación auténtica; y finalmente, la participación se expresa en el juego, siempre y cuando se establezca una relación dialéctica entre los participantes del grupo que ayude a cada uno a radicalizar su propia subjetividad.

Traducción: Álvaro García-Ormaechea

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Vida y supervivencia
El desvío
La superación del arte
Hacia un cine situacionista
La última vanguardia del siglo XX
Los orígenes de la Internacional Situacionista



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© de la presente edición: 2010 Ediciones Acuarela y Machado Grupo de Distribución, S.L.


Vida y supervivencia, según la Internacional Situacionista

Sexta entrega de la selección de textos que estamos subiendo al blog de Los situacionistas de Mario Perniola, que acabamos de reeditar en Acuarela Libros.

Los modos en que los situacionistas desarrollaron la problemática en torno a la vida cotidiana les condujeron a la distinción entre vida y supervivencia. A comienzos de los años sesenta la condición humana parecía estar determinada por el «equilibrio del terror» entre las grandes potencias, mediante el cual éstas procedían a la estabilización interna de su dominio en la esperanza de su ilimitada pervivencia. La pretensión fundamental del poder, sea éste neocapitalista o burocrático, es la organización detallada y capilar de un estado de narcosis, de pasividad y de docilidad que se parece a un suicidio diferido e implica la renuncia total de los sometidos a cualquier actividad creativa o iniciativa autónoma: el refugio antiatómico, que reproduce en el subsuelo las condiciones habituales de existencia doméstica, ilumina la miseria de esta última y revela su carácter de supervivencia. La casa moderna y el refugio parecen así asimilarse y confundirse en la idea de una «tumba familiar para ser habitada con carácter preventivo».

Según Raoul Vaneigem, la introducción de medios técnicos susceptibles de combatir la muerte, el sufrimiento, el malestar y la fatiga de vivir va de la mano con el proceso a través del cual «la muerte se instala como una enfermedad incurable en la vida de cada uno». La sociedad neocapitalista crea innumerables necesidades ficticias sin dar satisfacción a las fundamentales: sus productos conservan en sí mismos una carencia esencial de sentido y de calidad no suplida por su mera abundancia cuantitativa. «Sobrevivir», concluye Vaneigem, «nos ha venido impidiendo vivir. De ahí que haya que esperar mucho de la imposibilidad de supervivencia, la cual se anuncia ya con una evidencia que crece a medida que las comodidades y la sobreabundancia en el marco de la supervivencia empujan al suicidio o a la revolución».


Al desarrollo e ilustración de estos argumentos está dedicada toda la primera parte del Tratado... de Vaneigem, que lleva por título, precisamente, «La perspectiva del poder». Se trata de una crítica de la sociedad burguesa desde el punto de vista de la subjetividad radical: «Todo parte de la subjetividad», escribe Vaneigem, «y nada se detiene en ella... La lucha de lo subjetivo contra aquello que lo corrompe extiende ya los límites de la vieja lucha de clases, renovándola y agudizándola. La toma de partido por la vida es una toma de partido política. No queremos saber nada de un mundo en el que la garantía de que no moriremos de hambre se paga con el riesgo de morir de aburrimiento».

Más tarde me detendré en el concepto de «subjetividad radical» y sus límites. Lo oportuno ahora es en cambio ilustrar las características atribuidas por Vaneigem a la supervivencia, articuladas en tres formas generales de

El desvío, según la Internacional Situacionista

Quinta entrega de la selección de textos que estamos subiendo al blog de Los situacionistas de Mario Perniola, que acabamos de reeditar en Acuarela Libros.

El desvío


El concepto de desvío ha tenido siempre un valor de carácter provisional e instrumental, inicialmente definido como «la integración de las producciones actuales o pasadas de las artes en una construcción superior del ambiente». Según los situacionistas, el desvío presenta dos aspectos fundamentales: por un lado, la pérdida de importancia del sentido original de cada elemento singular y autónomo y, por el otro, la organización de un conjunto de significaciones diferente, que viene a conferir a cada elemento un alcance nuevo. En el fondo se trata de una práctica ya frecuente en la actividad de la vanguardia artística: el collage y el ready-made representan la atribución de un nuevo valor a elementos preexistentes. Sin embargo, la diferencia entre los desvíos artísticos y los situacionistas consiste en el hecho de que mientras el punto de llegada de los primeros es una obra que tiene un valor autónomo todavía artístico, el de los segundos es un producto que, si bien puede valerse de medios artísticos e incluso de obras de arte, se revela inmediatamente como negación del arte, sobre todo por el carácter de comunicación inmediata que lo impregna. En este sentido, los bocadillos añadidos por los situacionistas a las obras de arte del pasado representan una forma elemental de desvío, de superación del arte. La importancia de este procedimiento consiste en el hecho de que a través de él objetos e imágenes que guardan una estrecha relación con la sociedad burguesa (obras de arte, pero también anuncios publicitarios, manifiestos de propaganda, fotografías pornográficas, etc.) se sustraen a su destino y finalidad para ser colocadas en un contexto cualitativamente distinto, en una perspectiva revolucionaria. Así, tanto las cosas más excelsas como las más banales pueden ser objeto de una apropiación mucho más profunda de la que implica su mero disfrute pasivo o su posesión económica. La generalización del desvío puede llevar a un verdadero descondicionamiento cultural –en sentido propio– y constituir una de las posibles respuestas del proletariado a la recuperación que la burguesía pretende hacer de sus manifestaciones creativas.

Traducción: Álvaro García-Ormaechea
Ilustración: Archivo situacionista

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La superación del arte

Cuarta entrega de la selección de textos que estamos subiendo al blog de Los situacionistas de Mario Perniola, que acabamos de reeditar en Acuarela Libros.

La superación del arte

El tercer elemento definitorio del proyecto situacionista originario es la superación del arte. De acuerdo con el concepto hegeliano de «superación», ésta tiene un doble aspecto: crítica y realización, negación y alcance de un nivel superior. Tanto Debord como Constant facilitan en los primeros números de la revista algunos elementos para la crítica del arte. Para Debord, la tarea propia del arte es la de sustraer al tiempo, haciéndolas eternas, las experiencias vividas. Se contrapone por ello a la vida, precisamente porque inmoviliza, cosifica, reduce a objeto la existencia subjetiva de lo singular. Constituye además una forma de pseudo-comunicación que obstaculiza la que se produce directamente entre los individuos. Constant deplora muy especialmente el aspecto individualista, narcisista e ineficaz de la creación artística, que deja a los «sepultureros oficiales la triste tarea de enterrar los cadáveres de las expresiones pictóricas y literarias». El rechazo del arte, por lo demás, se encuentra ya formulado categóricamente en el primer número de la Internacional Situacionista, cuando se afirma que no puede existir un arte situacionista, sino eventualmente un empleo situacionista del arte.

Ello hace que la atención de los situacionistas se detenga sobre todo en el segundo momento del concepto de «superación», es decir, en la realización, en la elaboración de instrumentos y perspectivas que se sitúan ya claramente más allá del arte. Las orientaciones de búsqueda que se proponen son diversas: el control de las nuevas técnicas de condicionamiento, la pintura industrial, la psicogeografía, el urbanismo unitario, el juego, la construcción de situaciones, el desvío y el cine.

Traducción: Álvaro García-Ormaechea
Ilustración: Segundo mapa psicogeográfico situacionista. Guy Debord, The Naked City.

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© de la presente edición: 2010 Ediciones Acuarela y Machado Grupo de Distribución, S.L.

La última vanguardia del siglo XX

Aprovechando que acabamos de reeditar Los situacionistas de Mario Perniola, estamos realizando una serie de entregas de textos del libro en el blog. Aquí tenéis la nota editorial en la que nos planteábamos el sentido de publicar esta "Historia crítica de la última vanguardia del siglo XX".

Tras la moda situacionista de finales de los años 90, las múltiples traducciones y toda la atención que captaron, ¿por qué nos ha parecido tan importante traducir y publicar el libro de Perniola, ya en un contexto más relajado, menos saturado?

Como bien señala Yves Le Manach, pareciera que la historia de la IS fuera la obra de una sola persona, Guy Debord. Pero la historia de la IS se presenta en primer lugar bajo la forma de una revista con 12 números. Y son esos 12 números los que constituyen la obra concreta de la IS.

El libro de Mario Perniola restaura la dimensión procesual y colectiva de la experiencia situacionista, atendiendo sobre todo a los 12 números de la revista como su obra concreta principal. Frente a las historias teleológicas de la IS (que se escriben como si la IS del 68 estuviera ya contenida en el 57), Perniola narra una trayectoria menos lineal, llena de problemas y contradicciones, donde hubo caminos abiertos que no se transitaron,

Hacia un cine situacionista

Tercera entrega de la selección de textos que estamos subiendo al blog de Los situacionistas de Mario Perniola, que acabamos de reeditar.

(...) también en el cine vieron los situacionistas un posible camino hacia la superación del arte. Sin embargo es necesario distinguir claramente lo que es el empleo actual del cine –como expresión de la sociedad del espectáculo– de su posible orientación situacionista. En su dimensión actual, el cine no hace más que reforzar la pasividad a la que el poder pretende relegar al proletariado; por su parte, el punto de vista situacionista se orienta hacia el empleo del cine antes que nada como forma de propaganda y seguidamente como elemento constitutivo de una situación realizada. Un comentario elogioso a propósito del film de Resnais Hiroshima mon amour sirve a los situacionistas para determinar las exigencias cinematográficas más urgentes, a saber: el primado de la palabra sobre la imagen y la aparición de ese movimiento de autodestrucción que caracteriza todo el arte moderno. En la medida en que también el cine reconozca su propia impotencia abrirá el camino para la superación del arte.



Critique de la séparation (original en francés con subtítulos en inglés).

Traducción: Álvaro García-Ormaechea

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Los orígenes de la Internacional Situacionista

Segunda entrega de la selección de textos que estamos subiendo al blog de Los situacionistas de Mario Perniola, que acabamos de reeditar en Acuarela Libros.

Los orígenes de la Internacional Situacionista


La problemática en torno a la crítica radical del arte y su superación revolucionaria, tal y como fue planteada por Dadá, las vanguardias artísticas soviéticas y el primer surrealismo, se desvanece en el periodo comprendido entre 1925 y 1960, en estrecha conexión con el eclipse de la perspectiva de la revolución proletaria y la afirmación del fascismo, de la socialdemocracia y del estalinismo. La tesis de la independencia del arte, que hace pasar por libertad el aislamiento y la impotencia del artista, y la tesis del compromiso político, que a su vez hace pasar por revolución la subordinación a la burocracia, son sustancialmente solidarias a la hora de neutralizar la dimensión auténticamente subversiva que se halla implícita en la actividad artística, impidiéndole desbordarse en la vida cotidiana y, por otro lado, recuperándola para operaciones de propaganda. La conciencia del carácter esencial-mente revolucionario del arte, de la poesía y de su profunda tendencia a la auto-superación sobrevive de manera desmedrada y confusa en el surrealismo, en el letrismo, en el grupo COBRA (1948-1951) o en el Movimiento por una Bauhaus Imaginista. Todas estas experiencias se hallan en el origen de la Internacional Situacionista, que nace precisamente en julio de 1957 en Cosio d’Arroscia (Cuneo) de la fusión del Movimiento por una Bauhaus Imaginista, del Comité Psicogeográfico de Londres y de la Internacional Letrista (que, nacida en 1952 de la ruptura del ala radical del Letrismo con el fundador de éste, Isidore Isou, se expresaba a través de la revista Potlatch).

Confluyen así de esta manera en la Internacional Situacionista la búsqueda experimental de Constant, de Pinot-Gallizio y de Jorn –que tiende hacia formas de realización cada vez más distantes y ajenas a la actividad artística tradicional–, la indagación psicogeográfica de A. Khatib, anticipada por las observaciones de Gilles Ivain (seudónimo de Ivan Chtcheglov), que opone al funcionalismo arquitectónico y urbanístico las perspectivas emergentes de la experiencia vivida del espacio urbano, así como la consideración crítico-teórica de la vanguardia dadaísta, surrealista y letrista de Guy Debord y Michèle Bernstein, que rechaza el proceder ecléctico y oportunista imperante entonces en los ambientes del arte moderno en nombre del frente revolucionario cultural. Toda esta serie de matrices diferentes buscan su punto de encuentro en la construcción de un movimiento coherente, en la conciencia de los nuevos tiempos y en la superación del arte.

Traducción: Álvaro García-Ormaechea

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Mario Perniola: Los situacionistas

Historia crítica de la última vanguardia del siglo XX

Ya desde una fecha tan temprana como 1961, los situacionistas disciernen los primeros signos del vasto movimiento de contestación total que algunos años después iba a sobrecoger a las sociedades industriales más desarrolladas. Tras décadas de humanismo e ilustración pseudo-revolucionarios, los situacionistas serían los primeros en situar la causa de la revolución social única y exclusivamente en la experiencia vivida, en la dimensión concreta de la vida. Si la revolución tiene alguna posibilidad, ésta pasa por su relación con la vida cotidiana. La política debe dejar paso a una revolución permanente generalizada en todos los aspectos de la existencia: las viejas nociones de pobreza y riqueza, fundamentadas exclusivamente en el proceso económico, deberán sustituirse por un concepto nuevo que haga referencia a la plenitud y a la satisfacción del deseo. Las energías de la nueva revolución provienen del rechazo del aburrimiento y de la insignificancia en que la inmensa mayoría de la gente se ve obligada a vivir.


La "historia crítica" de Mario Perniola, redactada en 1972, restaura la dimensión procesual y colectiva de la aventura situacionista, atendiendo sobre todo a los 12 números de la revista como su obra concreta principal y sin eludir los claroscuros y los problemas de la experiencia (sectarismo, organización, relación teoría-práctica, hiperfuturismo situacionista, etc.). Durante el "largo mayo" italiano (67-77), Perniola participa en varias aventuras del pensamiento crítico: las revistas Agaragar, Errata o L'Erba Voglio. Hoy es profesor de Estética en la Universidad Tor Vergata de Roma. Se han traducido varios de sus libros al castellano, entre los últimos La estética del siglo XX (A. Machado Libros, 2001), El arte y su sombra (Cátedra, 2002) y Contra la comunicación (Amorrortu, Buenos Aires, 2006).

Textos:

La superación del arte
Hacia un cine situacionista
La última vanguardia del siglo XX
Los orígenes de la Internacional Situacionista
El desvío

Reseñas, ecos: