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Afirmar la ruptura, de Maurice Blanchot

(fragmento de Escritos Políticos, de Maurice Blanchot)

1. El fin último, es decir, también inmediato, evidente, es decir, oculto, directo-indirecto: afirmar la ruptura. Afirmarla: organizarla haciéndola cada vez más real y más radical. ¿Qué ruptura? La ruptura con el poder y, como consecuencia, con la noción de poder, y, en consecuencia, en cualquier lugar en que predomine un poder. Esto vale, sin duda, para la Universidad, para la idea de saber, para la relación de la palabra enseñante, dirigente y acaso para cualquier palabra, etc., pero vale todavía más para nuestra propia concepción de la oposición al poder, cada vez que dicha oposición se constituye en partido de poder.

2. Afirmar radicalmente la ruptura: esto equivale a decir (es el primer sentido) que estamos en estado de guerra contra lo que es, en todos lados y en todo momento, que no tenemos relación sino con una ley que no reconocemos, con una sociedad cuyos valores, verdades, ideal y privilegios nos son extraños, que nos las tenemos que haber con un enemigo tanto más temible cuanto más complaciente, con el cual debe quedar claro que, bajo ninguna forma, ni siquiera por razones tácticas, pactaremos jamás.

3. Producir la ruptura no es sólo apartar o intentar apartar de su integración en la sociedad establecida a las fuerzas que tienden a la ruptura; es hacer de tal forma que, cada vez que se lleva a cabo y sin dejar de ser rechazo efectivo, el rechazo no sea un momento solamente negativo. Ahí se encuentra, política y filosóficamente, uno de los rasgos más fuertes del movimiento. En este sentido, el rechazo radical, tal como éste lo produce y tal como también nosotros debemos producirlo, supera con mucho la simple negatividad, por más que sea negación incluso de lo que todavía no ha sido propuesto y afirmado. Poner en claro el rasgo singular de este rechazo es una de las tareas teóricas del nuevo pensamiento político. Lo teórico no consiste evidentemente en elaborar un programa, una plataforma, sino, al contrario, en mantener, al margen de todo proyecto programático e incluso de todo proyecto, un rechazo que afirma, en liberar o mantener una afirmación que no ordena, sino que desordena y se desordena, pues guarda relación con el trastorno y el desasosiego, o incluso con lo no-estructurable. Es a esta decisión del rechazo, que no es un poder, ni poder de negar, ni negación frente a una afirmación siempre previamente planteada o proyectada, a la que se designa cuando, en el proceso «revolucionario», se hace intervenir a la espontaneidad; con la reserva de que dicha noción de espontaneidad es, en muchos aspectos, poco digna de confianza y vehículo de más de una idea dudosa: por ejemplo, cierta especie de vitalismo, de auto-creatividad natural, etc.

Traducción: Diego Luis Sanromán
Ilustración: Acacio Puig

La fuerza anónima del rechazo, prólogo de Marina Garcés
Tres apuntes sobre los escritos políticos
En estado de guerra: Maurice Blanchot + Mafia K'1 Fry
El rechazo absoluto de Blanchot
Marina Garcés sobre Blanchot, Albert Camus y Merleau-Ponty

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"Un gobierno no gobierna más que con la confianza pública" (Blanchot)


(creemos que es oportuno subir de nuevo este fragmento de Escritos Políticos, de Maurice Blanchot)

Un gobierno no gobierna más que con la confianza pública.
Un gobierno no gobierna, sin la confianza pública, más que por la fuerza.
Está claro que la confianza pública se ha visto traicionada en las negociaciones del Châtelet*.
Está claro que el gobierno ya no puede gobernar sin el espectro de la guerra civil.
Está claro que el gobierno, al no ser ya un interlocutor, sino el detentador de las fuerzas de represión, debe dimitir.

COMITÉ DE ACCIÓN ESTUDIANTES-ESCRITORES

*Las negociaciones del hotel Châtelet, más conocidas como los acuerdos de Grenelle, entre el gobierno, la patronal y los sindicatos, tuvieron lugar a finales de mayo de 1968; tales negociaciones concluyeron con una revalorización del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), una subida de los salarios, una disminución de la jornada laboral y el reconocimiento de las secciones sindicales. Se firmaron el 27 de mayo de 1968. [NdT]

Traducción: Diego Luis Sanromán

La fuerza anónima del rechazo, prólogo de Marina Garcés
Tres apuntes sobre los escritos políticos
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El rechazo absoluto de Blanchot
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El Gobierno de Nadie (una pesadilla)


por Amador Fernández-Savater
“Consideramos un gobierno tecnocrático de unidad nacional la mejor opción para llevar a cabo las reformas y mantener la confianza de los inversores, con una composición que abarque izquierda y derecha del espectro político y cuente con líderes de confianza (…) Luchando como están las democracias modernas maduras con la crisis de la deuda soberana, los gobiernos tecnocráticos, 'apolíticos', pueden ser una opción imperiosa, conforme decae la confianza pública en los políticos, se afianza la resistencia a las reformas estructurales y los partidos sienten pavor por las consecuencias en las urnas de aplicar reformas dolorosas” (Tina Fordham, Citigroup)
A diario suceden mil cosas, pero ¿cómo descifrar cuáles son señales de las transformaciones que vienen? ¿Cuáles son huellas o ecos del pasado, y cuáles anuncian tendencias sociales decisivas? ¿Cómo saber cuándo hemos traspasado un umbral histórico? Me lo he preguntado estos días pensando sobre los “gobiernos técnicos” que se han impuesto en Grecia e Italia. Los veo como signos de muy mal agüero, fórmulas en experimentación que podrían luego reproducirse, rápido. Prototipos.
La verdad es que ahora mismo no me cuesta demasiado imaginar un gobierno técnico a escala europea, que se presente y justifique como única alternativa posible a un crash total inminente o incluso como el menos malo de los gestores posibles en caso de un desastre ya en curso (un corralito general, por ejemplo). Un gobierno “de transición”, sin políticos de por medio, compuesto enteramente por expertos y gestores que saben lo que hay que hacer y no tienen miedo a llevarlo a cabo, ya sin ningún vínculo por débil que fuese con la ciudadanía (voto, etc.). ¿Pesadilla?
Grecia e Italia serían los laboratorios del futuro. El experimento no va mal. Para empezar, se puede hacer. Estos dos golpes de Estado bajos en calorías militares no han provocado el escándalo en la opinión pública “demócrata”. Así me lo parece al menos. Nadie ha elegido a Monti ni a Papademos. Nadie votó los programas que van a llevar a la práctica, pero los parlamentos han refrendado ambos gobiernos y en general se percibe un clima de resignación, cuando no de entusiasmo. ¿Por qué no? Si lo que hay es lo único que puede haber, pues que al menos lo gestione alguien capaz, sin extravagancias

Palabra de la calle


(fragmento de Escritos Políticos, de Maurice Blanchot)

Octavillas, carteles, boletines, palabra de las calles o infinita... no es una preocupación por la eficacia lo que imponen. Eficaces o no, pertenecen a la decisión del instante. Aparecen, desaparecen. No lo dicen todo, al contrario, lo arruinan todo, están fuera del todo. Actúan, piensan fragmentariamente. No dejan huellas: trazo sin huella. Como la palabra sobre los muros, se escriben en la inseguridad, son recibidos bajo amenaza, portan en sí mismos el peligro, pues pasan con el paseante que los transmite, los pierde o los olvida.

Traducción: Diego Luis Sanromán

La fuerza anónima del rechazo, prólogo de Marina Garcés
Tres apuntes sobre los escritos políticos
En estado de guerra: Maurice Blanchot + Mafia K'1 Fry
El rechazo absoluto de Blanchot
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Ruptura del tiempo: revolución

(fragmento de Escritos Políticos, de Maurice Blanchot)

Desde el instante en el que, por el movimiento de las fuerzas que tienden a la ruptura, la revolución se manifiesta como posible, de una posibilidad no abstracta, sino histórica y concretamente determinada, desde ese instante, la revolución ha tenido lugar. El único modo de presencia de la revolución es su posibilidad real. Entonces, hay interrupción, suspensión. En esa interrupción, la sociedad se deshace de parte a parte. La ley se desploma. La transgresión se produce: es, por un instante, la inocencia; la historia interrumpida.

Walter Benjamin: «El deseo consciente de romper la continuidad de la historia pertenece a las clases revolucionarias en el momento de la acción. Es una consciencia semejante la que se afirma en la revolución de julio. En la velada del primer día de lucha, simultáneamente aunque por iniciativas independientes, en diversos lugares se abrió fuego contra los relojes de París».

Traducción: Diego Luis Sanromán

De 1968 a 2011, de París a El Cairo: la calle habla
La muerte política
El derecho a la insumisión
La fuerza anónima del rechazo, prólogo de Marina Garcés
Tres apuntes sobre los escritos políticos
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El rechazo absoluto de Blanchot
Marina Garcés sobre Blanchot, Albert Camus y Merleau-Ponty

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El derecho a la insumisión

"Una vez más, fuera de los marcos y de las consignas establecidas, ha nacido una resistencia, mediante una toma espontánea de conciencia, buscando e inventando formas de acción y medios de lucha en consonancia con una situación nueva, de la que los grupos políticos y los periódicos de opinión han convenido, sea por inercia o timidez doctrinal, sea por prejuicios nacionalistas o morales, no reconocer su sentido y exigencias auténticos."

Aquí tenéis otro fragmento de Escritos Políticos, de Maurice Blanchot, en esta ocasión una declaración colectiva en la que participó Blanchot sobre el derecho a insumisión en el contexto de la guerra de independencia de Argelia:

A principios del pasado julio, por iniciativa de algunos de sus signatarios, la siguiente declaración fue sometida a la reflexión de escritores, artistas, universitarios, y hasta el día de hoy ha recibido la conformidad de 121 de ellos:

Un movimiento muy importante se está produciendo en Francia, y es necesario que la opinión francesa e internacional esté mejor informada al respecto, en el momento en el que el nuevo giro de la guerra de Argelia debe llevarnos a ver, no a olvidar, la profundidad de la crisis que se abrió hace seis años. Cada vez en mayor número, los franceses son perseguidos, encarcelados, condenados por haberse negado a participar en dicha guerra o por haber acudido en ayuda de los combatientes argelinos. Desnaturalizadas por sus adversarios, pero también edulcoradas por los mismos que deberían defenderlas, sus razones quedan generalmente incomprendidas. Resulta, sin embargo, insuficiente decir que esta resistencia a los poderes públicos es respetable. Protesta de hombres heridos en su honor y en la justa idea que se hacen de la verdad, tiene un significado que va más allá de las circunstancias en las que se ha afirmado y que es importante reconquistar, cualquiera que sea el resultado de los acontecimientos.

Para los argelinos, la lucha, llevada a cabo ya por medios militares, ya por medios diplomáticos, no encierra equívoco alguno. Es una guerra de independencia nacional. Pero ¿cuál es su naturaleza para los franceses? No es una guerra con el extranjero. Jamás el territorio francés se ha visto amenazado. Lo que es más: es una guerra contra hombres a los que el Estado aparenta considerar como franceses, pero que, por su parte, luchan precisamente para cesar de serlo. Tampoco bastaría con decir que se trata de una guerra de conquista, guerra imperialista acompañada, por añadidura, de racismo. Hay algo de esto en toda guerra y el equívoco persiste.
De hecho, por una decisión que constituía un abuso fundamental, el Estado ha movilizado en primer lugar a clases enteras de ciudadanos con el solo fin de realizar lo que él mismo designaba como una labor policial contra una población oprimida, la cual no se ha rebelado más que en interés de una dignidad elemental, puesto que exige ser reconocida al fin como comunidad independiente.

Ni guerra de conquista, ni guerra de «defensa nacional», la guerra de Argelia se ha convertido más o menos en una acción propia del ejército y de una casta que se niega a ceder ante un levantamiento del que incluso el poder civil, que se da cuenta del desmoronamiento general de los imperios coloniales, parece dispuesto a reconocer el sentido. Hoy en día, es principalmente la voluntad del ejército la que mantiene este combate criminal y absurdo, y dicho ejército, por el papel político que varios de sus altos representantes le hacen desempeñar, actuando en ocasiones, abierta y violentamente, al margen de toda legalidad, traicionando los fines que el conjunto del país le confía, compromete y amenaza con pervertir a la nación misma, forzando a los ciudadanos a sus órdenes a hacerse cómplices de una acción sediciosa y envilecedora. ¿Hace falta recordar que, quince años después de la destrucción del orden hitleriano, el militarismo francés, como consecuencia de las exigencias de una guerra semejante, ha conseguido restaurar la tortura y hacer de ella, de nuevo, algo así como una institución en Europa?

* * *
Es en estas condiciones en las que muchos franceses han llegado a poner en cuestión el sentido de valores y obligaciones tradicionales. ¿Qué es el civismo cuando, en determinadas circunstancias, se convierte en vergonzosa sumisión? ¿No hay ocasiones en las que el rechazo a servir es un deber sagrado? ¿En las que la «traición» significa el valeroso respeto por lo verdadero? Y cuando, por voluntad de quienes lo utilizan como instrumento de dominación racista o ideológica, el ejército se alza en estado de rebelión abierta o latente

La muerte política

(En este fragmento de Maurice Blanchot, os recomendamos un ejercicio interesante para comprobar la potencia actual de sus Escritos Políticos: donde dice "Francia", sustituidlo por "Egipto", y donde dice "Presidente de la República", cambiadlo por "Mubarak")

Cuando acontece que, al hablar de tal o tal otro como por descuido, decimos «está políticamente muerto», sabemos que tal juicio no afecta tan sólo al otro, nos afecta a todos, con pocos matices. Hay que aceptarlo e incluso admitirlo reivindicándolo. La muerte política vela en nosotros, «luz en la tumba», para ahorrarnos todo divertimento, toda cavilación cotidiana, toda palabra de fácil recriminación; más precisamente, toda posibilidad de supervivencia. La muerte política, esa que hace aceptar lo inaceptable, no es un fenómeno individual. Participamos en ella, querámoslo o no. Y en la sociedad francesa, cuanto más nos elevamos, mayor se hace la muerte, hasta alcanzar, en la cumbre, la desmesura irrisoria, una presencia de humanidad petrificada. Si hay hoy en día en este país un hombre políticamente muerto, es ese que porta –¿lo porta realmente?– el título de presidente de la República, República a la que es tan ajeno como a todo porvenir vivo. Es un actor que representa un papel tomado en préstamo a la más vieja historia, del mismo modo que su lenguaje es el lenguaje de un personaje, palabra imitada, en ocasiones tan anacrónica que parece, desde siempre, póstuma. Naturalmente, él no lo sabe. Él cree en su papel y cree magnificar el presente, cuando en realidad parodia el pasado. Y este muerto, que ignora que lo está, es impresionante con su gran estatura de muerto, con esa muerta obstinación que hace las veces de autoridad y, en ocasiones, con esa penosa vulgaridad distinguida que significa la disolución del ser-muerto. Extraña presencia insistente en la que vemos perseverar un mundo pasado y en la que, no lo olvidemos, nos sentimos morir fastuosa, ridículamente.

Pues él mismo no es nada, no es más que el delegado de nuestra muerte política, una víctima también él, una máscara tras la cual está la nada. La primera tarea consiste, pues, en hacer desaparecer la coartada superior y después, a todos los niveles, la coartada de las coartadas. No nos creamos políticamente vivos porque participemos con mesura en una oposición reglamentaria. Y no nos creamos intelectualmente vivos porque participemos en una cultura de alto nivel en la que la protesta es la regla, y la crítica, e incluso la negación, todavía un signo de pertenencia. Hace algún tiempo, un ministro parisino afirmaba –con la ignorancia de la presunción– que la suerte del mundo no se decidiría en Bolivia. Pero se decide tanto como en Francia, donde el único principio de gobierno es la estabilidad y el único cambio esperado, la muerte de un anciano espectral que siempre parece preguntarse si se encuentra o no en el Panteón y si su memoria, que nada olvida, no ha olvidado sencillamente el acontecimiento imperceptible de su fin: o sea, el fin de un simulacro. Si sobrevive, aprovechemos su supervivencia para tomar clara conciencia de esa condición de muerto viviente que compartimos con él, pero manteniendo el derecho suplementario de denunciar nuestra destrucción, aunque fuera por medio de palabras ya destruidas. De ella, aquí y en otros lugares, hoy, mañana, otros extraerán acaso un nuevo y fuerte poder de destruir.
Mañana fue mayo: el poder infinito de destruir-construir.

Traducción: Diego Luis Sanromán
Ilustración: Acacio Puig

La fuerza anónima del rechazo, prólogo de Marina Garcés
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De 1968 a 2011, de París a El Cairo: la calle habla
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De 1968 a 2011, de París a El Cairo: la calle habla

(fragmento de Escritos Políticos, de Maurice Blanchot)

LA CALLE

Al tiempo que emprendía la violenta liquidación del movimiento de insurrección estudiantil, el poder del general De Gaulle ha decidido meter en cintura al pueblo entero. La disolución (sin ningún fundamento legal) de los movimientos de oposición no ha tenido más que el siguiente fin: permitir los registros sin control, facilitar los arrestos arbitrarios (más de cien órdenes de arresto), reactivar los tribunales de excepción, aparato indispensable de todo terrorismo de Estado y, finalmente, impedir cualquier tipo de reunión. Dicho de otro modo, y tal como declaró el presidente de la República, con una fórmula que todo el mundo debe recordar, pues muestra claramente lo que es y lo que quiere: no debe pasar nada en ninguna parte, ni en la calle ni en los edificios públicos (universidades, Parlamento). Esto equivale a decretar la MUERTE POLÍTICA.

Un signo que no engaña: la invasión de la calle por policías de paisano. No están ahí solamente para vigilar a los opositores declarados. Están por todos lados, en cualquier lugar al que los arrastre la sospecha, cerca de los cines, en los cafés, incluso en los museos, aproximándose en cuanto tres o cuatro personas se juntan y discuten inocentemente: invisibles, y con todo visibles. Cada ciudadano debe saber que la calle ya no le pertenece, que pertenece en exclusiva al poder, que quiere imponer en ella el mutismo, producir la asfixia.

¿Por qué esta movilización impulsada por el miedo? Después de mayo, la calle se ha despertado: la calle habla. Éste es uno de los cambios decisivos. Ha vuelto a la vida, potente, soberana: el lugar de toda libertad posible. Es precisamente contra esa palabra soberana de la calle contra la que, amenazando a todo el mundo, se ha puesto en marcha el más peligroso dispositivo de represión solapada y de fuerza brutal. Que cada uno de nosotros comprenda, pues, lo que está en juego. Cuando hay manifestaciones, esas manifestaciones no conciernen solamente a los pocos o los muchos que participan en ellas: las manifestaciones expresan el derecho de todos a ser libres en la calle, a ser libremente paseantes y a poder actuar de forma que en la calle pase algo. Es el primer derecho.

Traducción: Diego Luis Sanromán
Ilustración: Acacio Puig

La fuerza anónima del rechazo, prólogo de Marina Garcés
Tres apuntes sobre los escritos políticos
La muerte política
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Marina Garcés sobre Blanchot, Albert Camus y Merleau-Ponty

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El lado malo

(texto sobre los Escritos políticos de Blanchot publicado por José Ángel González el 7 de enero)

Leo la antología Escritos políticos de Maurice Blanchot, el incómodo teórico del rechazo que todavía molesta por su difícil (y saludable) falta de maridaje ideológico.

Blanchot, que vivía instalado en la fructífera duda de saber que “la respuesta es la desgracia de la pregunta”, era inflexible en los sueños y tierno en lo cotidiano. Nada más puede decirse de sus adscripciones porque sólo para esos oficios (guerrero y amante) se consideraba preparado.

Amigo de los textos efímeros, nerviosos y fragmentados, del panfleto anónimo y rápido, de la sinergia implosiva del lenguaje y su unión con otras formas expresivas, enfrentado siempre a los conceptos cerrados, Blanchot me lleva a la nostalgia de lo que fue o pudo ser y, me temo, nunca será (y sé que es un viaje equivocado, una ruta que él no me recomendaría).

En uno de los escritos, publicado en la revista-fanzine Comité en octubre de 1968, propone un Estado de guerra del ánimo para seguir viviendo.

"Debemos sentirnos (comportarnos como) los negros de una sociedad blanca; negros en lucha contra nuestra blancura."

La lucha de clases que propone no es la de escapar del gueto para conquistar otro gueto superior, sino la de clausurar el gueto para “hacer imposible otro contacto entre las clases que el choque, violento, destructor”.

La primera tarea, dice, consiste en “mostrar los barrotes e incluso pintarlos de rojo” para que siempre seamos conscientes de su existencia.

Esta “segregación”, claro, es dolorosa y requiere un sacrificio radical, quizá el único posible: “concederles todo a quienes ya lo tienen todo”.

Tirar el mobiliario burgués por la ventana y renunciar a su uso: la verdad, la cultura, las artes, el lenguaje, la humanidad… Devolverles su basura:

"Que vivan con ese bien como viven con Dios o con lo que se llama humanismo: es suyo, no vale más que para ellos, no les permite comunicarse sino entre ellos. Y entonces, ¿los demás? Para los demás, es decir, si esto es posible, para nosotros, la penuria, la falta de la palabra, el poder de nada, eso que Marx llama con razón ‘el lado malo’, o sea lo inhumano."


La fuerza anónima del rechazo, prólogo de Marina Garcés
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El rechazo absoluto de Blanchot
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La fuerza anónima del rechazo, por Marina Garcés

(Prólogo a Escritos Políticos, de Maurice Blanchot)

Por Marina GARCÉS

Bloqueos de las cumbres gubernamentales internacionales (1999-2009), manifestaciones masivas contra la guerra (2004), barrios y coches en llamas en París (2005) y en Grecia (2008-2010)... En las sociedades occidentales actuales hay poca resistencia, poca capacidad de organización y de respuesta, pero un gran rechazo moviliza a gente de las edades, colores y lenguajes más dispares. No los une el consenso ni un discurso común. Su motor es la rabia. En un mundo dominado por los consultores y los expertos, vendedores de recetas y de soluciones a corto plazo, el rechazo se vive como déficit: no tenemos respuestas, no hay política, no hay futuro. Los mitos del izquierdismo ayudan aún más a teñir de desaliento nuestro rechazo: el compromiso, la organización, las alternativas, la utopía, etc., nos deslumbran desde un pasado inalcanzable, desde una experiencia mítica que sólo puede ser recibida bajo el signo de nuestra actual incapacidad. En las calles de Atenas en llamas, en invierno de 2008, alguien pintó con rabia: «Fuck May 68. Fight now!». En las movilizaciones en Barcelona contra la reforma universitaria europea (Plan Bolonia), un profesor dijo en directo por la televisión, mientras la policía cargaba brutalmente contra los manifestantes: «Somos una minoría y no vamos a cambiar el mundo. ¿Y qué?»

Los textos políticos que Maurice Blanchot escribió entre 1958 y 1968 son un antídoto contra este acoso ideológico a la fuerza colectiva del rechazo. Entre el retorno de De Gaulle al poder, tras la crisis de Argelia, y la revuelta estudiantil y obrera de Mayo, se abre una década

El próximo libro en Acuarela ya está en librerías: los "Escritos políticos" de Maurice Blanchot

Escritor, crítico y periodista, Maurice Blanchot (1907-2003) es una figura a la vez destacada y enigmática en el pensamiento francés y la literatura del siglo veinte. Su obra ha tenido una gran influencia en la filosofía y la escritura de Foucault, Derrida, Jean-Luc Nancy y muchos otros. Sin embargo, su pensamiento político es menos conocido.

Su violenta radicalidad incomoda incluso a muchos de sus seguidores. Los textos y declaraciones reunidos aquí por primera vez fueron escritos para revistas efímeras e incluso a veces confidenciales y aparecieron firmados por muchas personas (para manifestar así un movimiento colectivo) o por nadie (para que cualquiera pudiera sentirse responsable).

Desde la afirmación del derecho a la insumisión en la Guerra de Argelia hasta la revuelta de Mayo del 68, Blanchot, maestro del lenguaje indirecto e inacabado, escribe palabras cristalinas y directas para invocar la fuerza común y anónima del rechazo, la fuerza amistosa del NO. Ese NO que no es la expresión de un juicio o de una condena desde la distancia, sino que es la efectuación de una ruptura.

Comunidad anónima de nombres, potencia del rechazo, muerte política, palabra infinita e incontrolable... Hoy, cuando se extiende por todas partes una atmósfera gelatinosa de posibilismo y consenso, las intervenciones de Maurice Blanchot tienen el poder de interpelar, interrogar y sacudir nuestro presente como si no hubiese pasado un solo día desde que fuesen escritas. No es poco.


El derecho a la insumisión
Ruptura del tiempo: revolución
La fuerza anónima del rechazo, prólogo de Marina Garcés
Tres apuntes sobre los escritos políticos
De 1968 a 2011, de París a El Cairo: la calle habla
La muerte política
En estado de guerra: Maurice Blanchot + Mafia K'1 Fry
El rechazo absoluto de Blanchot
Marina Garcés sobre Blanchot, Albert Camus y Merleau-Ponty
El lado malo (reseña de José Ángel González)

Exorcismo

(Texto de Amador Fernández-Savater)
Una crisis económica: ese es el “momento de la verdad” según todas las teorías críticas heredadas del siglo XX. Y sin embargo, ¿qué pasa? No mucho, o bien un giro derechista, o bien algo que por ahora no vemos con las lentes que tenemos… Yo creo que para ser creíble un lugar de elaboración colectiva y de pensamiento tiene primero que medirse con este no-saber lo que está pasando. Quien no desee pensar, sino entregar su energía activista a otra ilusión (supuestamente) movilizadora ya encontrará otros espacios…
Después de la huelga general del 29-S en España, el gobernador del Banco de España dijo muy claramente que los políticos de un solo país nada podían hacer por su cuenta, porque esta crisis excede todas las fronteras. Advertía así al gobierno español de que no se le ocurriera mover ficha alguna para satisfacer a los sindicatos, porque eso nos llevaría directos hacia Grecia. Cualquier decisión que pasase por fuera de los consensos europeos en materia económica conduciría al desastre. ¿Y si tiene algo de razón? Todos sabemos que los contextos de los problemas ya no se ajustan al marco del Estado-nación y que se trata de pensar/hacer a escalas más amplias. Y sin embargo, no hay prácticas de ningún tipo que estén a la altura de este reto. Después del movimiento global, cada cual se ha replegado en el pequeño trozo de tierra en la que vive.
Hay que ponerse en un escenario de película de catástrofes. La crisis es una catástrofe, aunque sea una catástrofe “tranquila” (no espectacular, a la argentina, por el momento, sino más subterránea). El impacto del “meteoro” puede dar lugar en el cine de desastres a una reorganización de la vida social sobre bases nuevas o al “sálvese quien pueda”. Parece que es la segunda opción la que predomina hoy, en forma de populismo agresivo (que designa tal o cual “responsable” de la catástrofe: el inmigrante, etc.) o de simple individualismo de supervivencia.
¿Qué quiere decir esto? ¿Por qué está siendo así? ¿Cómo es posible
Moody's amenaza con rebajar el rating a España... nos meten la reforma laboral y nos preparan la de las pensiones... un parado mata al director de una sucursal bancaria... el Gobierno quiere entregar a los mercados AENA, Loterías y los pocos muebles que queden por vender... Berlusconi se ríe de Italia... 100 manifestantes heridos en Roma en enfrentamientos con la policía... Portugal recibe a los inquisidores del FMI... Irlanda intervenida... Los mercados empiezan a recelar de Bélgica... Octava huelga general en Grecia...

EL RECHAZO

En un determinado momento, frente a los acontecimientos públicos, sabemos que debemos rechazar. El rechazo es absoluto, categórico. No discute ni hace oír sus razones. En esto es silencioso y solitario, incluso cuando se afirma, como debe ser, a plena luz del día. Los hombres que rechazan y que están ligados por la fuerza del rechazo saben que aún no están juntos. El tiempo de la afirmación común les ha sido precisamente arrebatado. Lo que les queda es el irreductible rechazo, la amistad de ese No cierto, inquebrantable, riguroso, que les mantiene unidos y solidarios.

El movimiento de rechazar es raro y difícil, aunque idéntico y el mismo en cada uno de nosotros desde el momento en que lo hemos captado. ¿Por qué difícil?


El rechazo absoluto de Blanchot

"En un determinado momento, frente a los acontecimientos públicos, sabemos que debemos rechazar. El rechazo es absoluto, categórico. No discute ni hace oír sus razones. En esto es silencioso y solitario, incluso cuando se afirma, como debe ser, a plena luz del día. Los hombres que rechazan y que están ligados por la fuerza del rechazo saben que aún no están juntos. El tiempo de la afirmación común les ha sido precisamente arrebatado. Lo que les queda es el irreductible rechazo, la amistad de ese No certero, inquebrantable, riguroso, que les mantiene unidos y solidarios".

Así comienza "El rechazo" de Maurice Blanchot, escrito al calor de los acontecimientos de 1958 en la Francia envuelta en la guerra de Argelia. Es el texto que abre la antología de Escritos políticos y quizá el que mejor resume su tono.

Aquí tenéis el texto completo con una nota introductoria.

Tres apuntes sobre los "escritos políticos" de Maurice Blanchot


1) Un concepto de los "escritos políticos" de Blanchot a tener en cuenta hoy: la "muerte política". ¿Qué es? Blanchot explica que la muerte política se instala cuando el poder se convierte en potencia de salvación. Lo decía pensando en el papel de De Gaulle en la Francia envuelta en la Guerra de Argelia. ¿Qué hubiera dicho hoy, cuando el poder se legitima como lo único que puede salvarnos de la catástrofe (económica, ambiental, terrorista y, en el plano íntimo, psíquica y mental)? Y ¿cómo salimos nosotros de la muerte política, que es ya en sí la verdadera gran catástrofe?

2) ¿Qué es lo común, qué tenemos hoy unos y otros en común, qué nos hace semejantes y no sólo extraños o enemigos? Es la pregunta que atraviesa toda la filosofía contemporánea. Blanchot responde: no puede ser ninguna identidad, porque la identidad siempre construye un borde duro contra el otro. De ahí una apuesta paradójica por el vacío de identidad como cemento de eso común: "la extrañeza de lo que no podría ser común es lo que funda esta comunidad, eternamente provisoria y siempre ya desertada".

3) Hoy, cuando nos acosa por todos lados una palabra-marketing, una palabra-hechizo que quiere convencernos de esto o vendernos lo otro, cuando todo son discursos-estrategia que quieren provocar tales o cuales efectos en un público considerado como simple carne de cañón, objeto de propaganda, qué liberador resulta escuchar hablar a Maurice Blanchot de una palabra que debe su eficacia "al rechazo a hacerla depender precisamente de cálculos de eficacia práctica y política. En cierto momento, es preciso que sea pronunciada, cualesquiera puedan ser las consecuencias, no importa lo que pueda costar: he aquí su verdad; he aquí su fuerza; es una palabra justa".



En estado de guerra

Acuarela presenta: Maurice Blanchot + Mafia K'1 Fry


Mafia K1 Fry: ¡Es la guerra!

"Aquí (en el mundo francés) donde podemos decirlo todo, o decirlo casi todo, no podemos hablar sino en territorio enemigo, en un espacio donde toda palabra, captada por el adversario –un enemigo amistoso, condescendiente, feroz–, será puesta a su servicio. Jamás seremos lo bastante conscientes de lo siguiente: pertenecemos a una sociedad con la que estamos en estado de guerra; vivimos en territorio ocupado. (...)

La nueva verdad: también aquí debemos sentirnos (comportarnos como) los negros de una sociedad blanca; negros en lucha contra nuestra blancura, negros en lucha contra lo predominante, a riesgo de organizar a su costa, es decir, de dirigir contra ellos, y aún contra nosotros, la segregación" (Maurice Blanchot, "En estado de guerra" en Escritos políticos, Acuarela 2010; ilustración: Acacio Puig).