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La sed de aventuras

Ilustración de Acacio Puig

"Es la sed de aventuras lo único que debe rescatarse y perdurar".

FERNANDO SAVATER


UN VIAJE A TRAVÉS DE LOS VIAJES, por Álvaro García-Ormaechea


(Os ofrecemos esta reseña (actualizada) que nos hizo en su día Álvaro García-Ormaechea del libro de Fernando Savater La Aventura Africana, que reeditamos el curso pasado.) 

"Lo que nos interesa de África es su vinculación a la aventura; lo que nos interesa de la aventura es su privilegiada condición de motivo literario y de iniciación ética.” Hace más de treinta años La aventura africana quería llegar a ser un ciclo de clásicos de aventuras que habría de imprimirse en Guipúzcoa prologados y dirigidos por Fernando Savater. Al autor de La infancia recuperada le había faltado reconquistar sus sueños con África, y en cierto sentido asumió La aventura africana, según él mismo reconoce, como una manera de colmar esa insatisfacción. Aunque el atractivo proyecto se frustró antes de materializarse, los prólogos de las cuatro primeras novelas, además de una introducción general a la serie, llegaron a escribirse. Al publicarlos en 2009 y reeditarlos ahora, Acuarela rescata tardíamente unos textos que sin duda completan La infancia recuperada, tanto en lo que ese libro tiene de homenaje a cierto tipo de literatura como en lo que respecta al planteamiento de una noción ética de aventura, una cuestión que, si bien ya fue esbozada en aquella obra, ahora es expuesta en la introducción general de un modo algo más teórico y especulativo. 
  
Las obras prologadas son Beau geste, de P. Christopher Wren, un libro  que habría que recuperar para la literatura porque ha sido explotado por el cine casi hasta la saciedad; Las aventuras de Allan Quatermain, de Rider Haggard –“el latigazo delicioso de la aventura bien contada, de la intriga y el riesgo, la osadía y la abnegación”; A través del desierto, de Sienkiewicz, brillante excepción en un género eminentemente anglosajón, y La tragedia del Korosko, alabada en esta ocasión como uno de los mejores trabajos de Conan Doyle.

Contextualizadas en el África más o menos gobernada por el imperialismo británico, estas obras no son desde luego loas a la misión civilizadora del hombre blanco, ni tampoco meras crónicas de viajes para divulgar entusiastas averiguaciones geográficas o antropológicas. Más bien constituyen “un viaje a través de los viajes”, en busca no tanto de las fuentes del Nilo como “del paso al Noroeste de la geografía de la verdadera vida”, por recordar a Debord. Porque hace un poco más de cien años, mientras el imperio pisaba las nieves vírgenes del mundo y Cecil Rhodes, contrariado por no llegar a alcanzar los planetas, se consolaba llevándose los vergeles de África a la Bolsa de Londres, el viaje entre los viajes no habría de hacerlo ninguno de aquellos viajantes a sueldo, sino Joseph Conrad por el corazón de las tinieblas. 

Ilustración de Acacio Puig
¿Qué relación guarda la aventura con la literatura? Toda. Para Savater “la narración no es solo imprescindible para la propagación simpática de la aventura, sino que es radical componente de la aventura misma […]. Lo que da a la aventura su potencia de regeneración moral y su vigor mágico es que, en cierto modo, se la vive, se la cuenta y se la escucha al mismo tiempo”. El tiempo de la aventura es esencialmente literario porque se inspira en la literatura y porque no puede ser medido ni utilizado pero sí narrado: más que para ninguna otra cosa, la aventura se vive para contarla y se cuenta para vivirla. Si volvemos a ella es para recordarnos a nosotros mismos que seguimos vivos, y porque necesitamos que su fuerza arrolladora haga sangrar de nuevo nuestra mal cicatrizada noción de las cosas. En cierto modo volvemos a la aventura para viajar de nuevo por primera vez, escapando de la propia piel y experimentando, como Ulises o Simbad, la cualidad primordial del viajero, del extranjero libre, protagonista de su propio destino.  

Por otra parte el aventurero se presenta como la superación de la figura del jugador, y ello por el mero hecho de haber caído en la tentación más pura. Quien tienta al aventurero no es otra que la mismísima muerte, presente en toda aventura en forma de tragedia eventual, es decir, siempre como amenaza y nunca como necesidad. El héroe en este tipo de relatos es así una especie de jugador trágico que, después de barajar bien, osa repartirle cartas también a la muerte. Lo impulsa el anhelo de recuperar el botín logrado tras la victoria de haber nacido: ese equilibrio entre la promesa y la incertidumbre que fue el diamante en bruto de la vida, tan toscamente tallado por las instituciones que los vivos, por cobardía o cautela, han querido darse a sí mismos. No se busquen en la Bolsa las acciones y el riesgo: frente al mundo de la actividad, ociosa o remunerada, la aventura es el contexto de la acción ética; contra la servidumbre de la posibilidad al dominio de la necesidad, el aventurero invoca a la muerte para vencerla: “Si en nosotros hay algo que no es pleno feudo de la muerte, si hay algo que no se reduce a mero arriendo de la nada, es precisamente la decisión de caer, pese a la muerte y por ella, en la tentación mortal de la aventura”. 

Ilustración de Acacio Puig
Nuestras humanas pasiones deben de cuando en cuando recordarse a sí mismas en su manifestación más primigenia y espléndida. Por eso “las narraciones africanas han sido una modalidad perecedera de un género imperecedero”, un género que invoca el ámbito de los elementos decisivos y las decisiones elementales, allí donde la imaginación, hoy tan saturada de clichés prefabricados y estándares mediáticos, recupera sin condiciones su potencia simbólica. Este gran librito contiene cinco ritos de iniciación y unas acertadísimas ilustraciones de Acacio Puig. Más que suficiente para trasladarnos a la antesala de la aventura, ese lugar común, ese tópico inagotable.

El empuje de la sombra

Julien Torma

"No es la luz lo que me atrae, sino la sombra lo que me empuja".

JULIEN TORMA 
(patafísico suicida)

Fantomas
Y desde aquí os invitamos a visitar Los Libros del Señor James, para conocer un poco más de este patafísico suicida que cita Fernando Savater en La aventura Africana.

«De Boris Vian a Raymond Queneau pasando por André Martel y Jacques Prévert, no faltan los poetas que jugaron un rol principal en las actividades del Colegio de Patafísica. Pero si hay que elegir un nombre emblemático en nuestro Imperio, ése es el de Julien Torma, de quien, a bote pronto, se puede decir que fue “el más grande de los patafísicos del siglo XX”. “Nosotros estamos –escribió– en las connivencias adivinadas y el secreto de Polichinela, en la negación de la risa, aunque fingida, y en la seriedad animada a traición, en la degustación del puro espectáculo de la imbecilidad, en su necesidad triunfal.” Nuestros signos no son más que “el espíritu falso, la conveniencia de los contratiempos, el raro placer, la gravedad cómplice, el calambur lisiado, el mal gusto sutilmente espeso”. Pero cuidado con “tomarse en serio esta broma, sobre todo para hacer risa”, conviene al contrario, “desenmascararla también a ella y así sucesivamente”. La poesía está dentro de este torbellino de signos. A imagen de Jarry, cuyos poemas simbolistas son máquinas autodestructivas que minan y destruyen el Simbolismo por el mero hecho de afirmarlo, Torma produce una antipoesía, como hay antimateria o antinovela: La lámpara oscura no funciona de otra manera, tanto, con terminología obsoleta pero útil, en el fondo como en la forma. “Un hombre enteramente consciente de la ambigüedad de las cosas y de las palabras debería llegar al menos a confundirlas completamente. Igual que el mundo, la palabra brilla de mil maneras. Se trata de ponerse en el centro del deslumbramiento donde las propias correspondencias no tienen SENTIDO […] Y la contradicción que irradia es a la vez lógica y ontológica”.» (Fragmento del artículo de Michel Décaudin, "De la poésie au Collège", publicado en Magazine littérarie nº 388 de junio de 2000, p. 45)

El pasado sábado vivimos en Lavapiés la aventura celebrando el Día de África.

Ilustración de Acacio Puig

"¡África, mater misterium, ora pro nobis, no nos dejes de tu mano hechicera!".

FERNANDO SAVATER,  

La Aventura como Disidencia.



Ilustración de Acacio Puig.
"La aventura es una forma de oposición a lo común: todo aventurero es en buena medida disidente". 
FERNANDO SAVATER,  

La Aventura Africana, reeditada y customizada.


Ya está en librerías nuestra reedición del que fuera, allá en 1999, el nº2 de nuestra editorial. Para la ocasión lo hemos customizado un poco, aparte de las preciosas ilustraciones de Acacio Puig, hemos incorporado varias fotos e ilustraciones. ¡Que ustedes lo disfruten!
En las páginas de La aventura africana Fernando Savater invita al lector a no considerar la aventura como una alternativa exótica a la vulgaridad gris de cada día, animándole en cambio a afrontar la perspectiva de riesgo y maravilla que arroja sobre lo cotidiano. En la obra el autor vuelve sobre su noción ética de la aventura, o aventura de la ética, en un ensayo sobre África y la literatura de algunos que, como él, quedaron hechizados por sus misterios. Es el caso de Percival Christopher Wren con su Beau geste, “retrato inolvidable de un puñado de marginados, acosados hasta la desesperación por un enemigo invisible y la indiferencia criminal del desierto africano”; de Sir Henry Rider Haggard y las aventuras de Allan Quatermain, en las que se siente como en ningún otro lugar “el latigazo delicioso de la aventura bien contada, de la intriga y el riesgo, la osadía y la abnegación”; de “la plasticidad descriptiva y el sentido del ritmo narrativo” de Henryk Sienkiewicz en A través del desierto, y, por último, de Sir Arthur Conan Doyle, el representante más genuino del género extrovertido en La tragedia del Korosko.

Por el libro también desfilan las sombras de Joseph Conrad, Alphonse Daudet, Ernst Jünger, Rudyard Kipling, Edgar Rice Burroughs, Emilio Salgari, Julio Verne, Karl May, André Gide, Ernest Hemingway, Romain Gáry y Joseph Kessel.

“La Aventura se recorre a la vez por las rutas del mundo y por las avenidas que llevan al centro oculto del yo.”
PIERRE MABILLE, Le miroir du merveilleux.

De entre las más de ochenta obras publicadas por Fernando Savater, filósofo y ensayista, destacamos aquí sus novelas Caronte aguarda (1981), Diario de Job (1983), El dialecto de la vida (1985, novela homenaje a Robert Louis Stevenson), El jardín de las dudas (1993), El gran laberinto (2005), La hermandad de la buena suerte (2008) y Los invitados de la princesa (2012), así como los ensayos dedicados a temas literarios, como La infancia recuperada (1976), Criaturas del aire (1979), Despierta y lee (1998), Jorge Luis Borges (2002) y Misterio, emoción y riesgo (2008).