El dub visto por la enciclopedia Virgin (bibliografía reggae)



Otro libro clásico que durante muchos años ha servido de referencia a los reggaéfilos es la Virgin Encyclopedia of Reggae, que como su título indica trata de englobar (casi) todo lo que se conoce del género y sus subgéneros hasta la fecha de publicación (1998, al menos la edición que yo tengo), como dice Lloyd Bradley en Bass Culture: "se presenta en orden alfabético, desde los Abyssinians a Tappa Zukie, con biografías resumidas y discografías detalladas, y al hacerlo describe la música jamaicana desde el primer ska hasta el último dancehall. Todo de manera muy accesible". La edición la dirigió Colin Larkin, quien imagino que tuvo a su disposición todo un ejército de hormigas que recorrieron Jamaica, Inglaterra, Reino Unido y gran parte del resto del universo en busca de toda la información que han recogido y que hace las delicias de los que amamos el asunto.

Eso sí, tiene una pega importante: ni una imagen/ilustración en el interior, aparte de que la cubierta es bastante fea (pese a la foto de Lee Scratch Perry micrófono en mano).

Pese a ello, es un libro que con el tiempo no he dejado de leer, no ya por las frecuentes consultas sobre artistas oscuros de los que no he encontrado apenas nada en internet o en otros libros, sino porque la redacción de los artículos no es enciclopédica sino que se trata de minibiografías narradas con gusto y ritmo, además de algunas entradas sobre estilos o conceptos jamaicanos, como este sobre el dub (matando dos pájaros de un tiro, sí señor; por cierto, disculpen de nuevo la traducción libre y apresurada):

DUB: reggae crudo en esencia, esta forma de culto y al mismo tiempo eternamente popular elimina la mayoría de la melodía de la música en la mesa de mezclas, dejando la sección rítmica (música 'drum 'n' bass' en la jerga del reggae) y residuos de los otros instrumentos, a menudo con abundantes capas de eco. Los discos de reggae con efectos sonoros y arreglos datan de la época del ska. Para 1969-1970 muchos productores, entre ellos Lee Perry, Chin-Randy's, Joe Gibbs, Bunny Lee y Lynford 'Andy Carpp' Anderson, estaban haciendo temas en gran medida instrumentales que dependían en gran medida de la sección rítmica (Clint Eastwood de los Upsetters en 1970, por ejemplo), y solo faltaba incorporar unidades de delay como la Copycat y la Echoplex para iniciar el boom del dub.

En 1972, animado por Bunny Lee, King Tubby, un ingeniero de electrónica y propietario de sound system comenzó a mezclar discos en un cuatro pistas y para finales de 1973 su nombre aparecía como artista en las versions (el nombre es una corrupción de la "versión instrumental" o "versión 2") de los singles de otros artistas, especialmente los de Bunny Lee y Lee Perry. Al mismo tiempo, el ingeniero Sylvan Morris en los Harry J./Studio One y Errol Thompson en Randy's experimentaban también con el sonido dub. Álbumes completos de dub de tiradas limitadas comenzaron a aparecer de manera ocasional en las tiendas, y rápidamente se convertían en artículos de coleccionista. Entre las más conocidas están las colaboraciones entre Perry y Tubby, como el ingenioso LP en stereo Blackboard Jungle Dub, que tenía tres remezclas diferentes, una para cada altavoz y otra para los dos, y King Tubby Meets the Upsetter At the Grass Roots of Dub, un disco que fue el álbum reggae underground por excelencia de 1974 en el Reino Unido. Las mezclas extraordinariamente precisas, a menudo de una potencia asombrosa, de Tubby también enriquecieron numerosas producciones de Bunny Lee y sus sellos Jackpot, Justice y Attack.


Para mediados de los 70 prácticamente no se publicaban singles de reggae sin una versión dub en la cara B y artistas como Augustus Pablo y Glen Brown se habían labrado una carrera con música instrumental en forma dub. Nuevos ingenieros como Prince (posteriormente King) Jammy, Pat Kelly (también cantante) y Scientist fueron tomando el relevo de los mezcladores originales de dub, pero para 1982 el boom original estaba prácticamente agotado, salvo algunos acérrimos del género como los ingenieros británicos Mad Professor y Adrian Sherwood. Sin embargo, para 1991, una nueva hornada de músicos inspirados por el dub como Jah Shaka, Sound Iration y los Disciples habían fundado el movimiento "new roots", situando de nuevo al estilo en el mapa, aunque con equipo digital e intenciones modernas. [...]


Tiqqun + Comité Invisible + Agamben: los «autores» del libro La Hipótesis Cibernética


Es muy poco común que un grupo anónimo se lea y se traduzca tanto como a un filósofo célebre. Pero es lo que ocurre con Tiqqun, un colectivo que publicó únicamente dos números de una bella revista entre 1999 y 2001, y que sin embargo es hoy una referencia de primer orden para todo aquel interesado en reinventar a la vez una filosofía de combate y una acción política de transformación adecuada al presente. Su nombre se cita como uno más entre otros: Butler, Žižek, Rancière, Badiou, Tiqqun... 

Tiqqun cuestiona radicalmente (y no es uno de sus aportes menores) el monopolio académico del pensamiento filosófico y político. Combinando una lectura singular de algunos autores, como Foucault, Heidegger o Agamben, y desarrollos teóricos propios, Tiqqun dibuja una serie de figuras conceptuales que se proponen como un mapa muy sugestivo de la dominación y de aquello que la desafía. 

El estallido del grupo Tiqqun en 2001 –del que no se sabe prácticamente nada– libera varias esquirlas, una de las cuales se asienta en un pueblecito francés: es la llamada «comuna de Tarnac». Desde ahí surgen textos como Llamamiento (2003, sin firmar) o La insurrección que viene (2007, firmado por el Comité Invisible), que se inscriben muy claramente en el marco teórico de Tiqqun, aunque tal vez en una versión menos filosófica y más directa, más militante, más decididamente política.

En noviembre de 2008, la policía antiterrorista francesa detiene a 20 personas en Tarnac y alrededores. Hasta diez personas han sido acusadas hasta ahora de «asociación criminal con objetivo terrorista» en conexión con unos sabotajes que se dieron en las líneas de ferrocarril francesas. Apenas se han presentado pruebas contra los acusados, a los que se les imputa por lo demás la escritura del texto La insurrección que viene (!) y sus vínculos con lo que el gobierno y los media han llamado «el movimiento anarco-autónomo».

Este episodio policial-judicial, un montaje con todas las de la ley que se disuelve poco a poco por inconsistencia, ha puesto el foco mediático sobre Tiqqun, la comuna de Tarnac y el Comité Invisible, amplificando y multiplicando el interés y la atención pública por esta constelación de grupos, personas, nombres ficticios, formas de vivir, de hacer y de decir.


Después de publicar La insurrección que viene, que fue un paradójico bestseller subversivo traducido a varias lenguas, el Comité Invisible acaba de publicar su último libro, A nuestros amigos, donde apuestan por replantear abiertamente la cuestión revolucionaria, es decir, el problema de la transformación radical (de raíz) de lo existente, pero por fuera de los esquemas del comunismo autoritario que condujeron a los desastres del siglo XX .

Por su lado, el filósofo italiano Giorgio Agamben no necesita presentación, su renombre hoy en día es internacional. Pero sí se puede decir que, a diferencia de otros autores de referencia para Tiqqun como Heidegger, Foucault o Reiner Schümann, Agamben es para este no-grupo un cómplice y un interlocutor directo, vivo, presente. De hecho, una de las mayores aportaciones de Tiqqun es haber inventado una especie de «política agambeana», una política inspirada en un autor al que precisamente resulta bien difícil encontrarle una.

(este texto es la tercera y última parte de la nota editorial incluida en La Hipótesis Cibernética; los dos textos anteriores son "¿De dónde salen los textos  que incluimos en La Hipótesis Cibernética?" y "¿Qué es La Hipótesis Cibernética?"; en breve colgaremos en la web el léxico tiqquniano que incluimos en el libro)

Reggae, Rasta, Revolution

Cuando me llegó el libro por correo, habían pasado ya años desde que leyera —en la selecta bibliografía incluida por Lloyd Bradley en Bass Culture— que Reggae, Rasta, Revolution (subtítulo: Jamaican Music from Ska to Dub), de Chris Potash, es "una antología muy disfrutable que construye un cuadro poliédrico de la estructura, la política, la religión, la sociología, la internacionalización y los realizadores del reggae".

Hacía tanto tiempo que no recordaba que es una colección de textos de diferentes autores y, pese al admirable título, tardé tiempo en prestarle atención, ya que los libros de música que agarran de aquí y allá para presentar un mejunje final vendible sin pies ni cabeza no me atraen demasiado. Tampoco ayudaba la foto de Marley en la portada (no por Marley en sí, sino por prejuicios anticomerciales) ni la ausencia de fotos en el interior.

Craso error. Con el tiempo, el libro de Potash es uno de esos textos a los que se vuelve continuamente y por ese motivo agradezco tanto las notas a lápiz que, para desgracia de los que mantienen sus libros tan pulcros como el día que los compraron, tomé al margen. Tanto garabeteé sobre sus páginas que me está costando mucho seleccionar textos con los que ilustrar la riqueza del compendio de Potash, que aparte de seleccionar y editar los materiales procedentes de revistas, periódicos, libros y webs, escribe una presentación de diez páginas que toca algunos temas centrales de la música de la isla: mística y política, los inicios saltarines del ska y la psicodelia del dub, la curiosa pasión jamaicana de los skinheads, la globalización del reggae...

Vamos ya con algunos ejemplos del tipo de temas que recoge el libro (a veces basta con el título):

Linton Kwesi Johnson, poeta dub
  • "Reggae, rastafarianismo e identidad cultural", de Verena Reckord.
  • El lenguaje y la identidad de los rastas, de John W. Pulis.
  • Textos sobre Marley: una entrevista de Bob con Melody Maker, un artículo sobre el viaje de Marley a Zimbabwe, una entrevista con Rita, Ziggy y Cedella Marley.
  • Un texto del crítico rock Lester Bangs en el que analiza sus motivos para amar el reggae.
  • Una entrevista con Jimmy Cliff.
  • Cuatro páginas de Lloyd Bradley escritas en 1996 en las que explica a los incrédulos que el creciente mercado de reggae en CD ofrecía algunas ventajas a los aficionados al género. 
  • Un análisis  de Hebdige sobre marginalidad, criminalidad y rebeldía que traza una línea desde los tambores rebeldes de las plantaciones hasta los rastas pasando por los rudies o matoncillos urbanos.
  • Artículos sobre Lee Scratch Perry y Buju Banton.
  • La identidad jamaicana a través del dub y Linton Kwesi Johnson en UK.
  • La explosión del dancehall.
  • ¿Qué demonios es un sound system? por Andrew C. Campbell (alias Tuffie)
  • Los nexos entre los indígenas americanos y el pueblo negro, entre el jazz y el reggae, etc etc etc.
En definitiva, una pena que no hubiera pillado antes el libro, porque de haberlo leído antes de escribir "Reggae: una cultura supersónica", lo habría fusilado a diestro y siniestro. Os dejo con un fragmento del texto de Bradley incluido en el libro que me llamó especialmente la atención:

El reggae siempre fue instantáneo en su relación entre el música y su público. Es un evento de participación masiva, con el énfasis en la masa, totalmente apartado del concepto triste y solitario de sentarse a escuchar discos con auriculares, moviendo la cabeza y murmurando 'lo impresionante' que es. De hecho, el rock progresivo y sus sucedáneos parecen haber ignorado Jamaica por completo. Desde el primer día, en los años cincuenta, la dirección del reggae la dictaron las personas a las que iba dirigido. Y todo lo que la gente quería [...] era mover el cuerpo.

Siete estrategias para sabotear La Hipótesis Cibernética (en programa de radio)



Según Tiqqun, vivimos en el tránsito entre el paradigma soberano del poder (vertical, estático, centralizado) y el cibernético (horizontal, dinámico, distribuido). El orden cibernético es un orden que alimentamos entre todos, con nuestra participación, feedbacks y datos. El modelo serían Google o Facebook, pensados como formas de gobierno y no solo como inocentes páginas de contactos o buscadores. Un poder radicalmente distinto, pero no menos opresivo. En el programa de hoy trataremos de plantear modos de sabotear La Hipótesis Cibernética (LHC)

Programa de radio en El Estado Mental 
(abrir directamente en reproductor externo)


Referencias usadas:


 Músicas:


Marcas:

Presentación del programa y de la musica (free jazz)
minuto 4.00: ¿Quién o qué es Tiqqun?
minuto 8.25: ¿Qué es La Hipótesis Cibernética?
minuto 20.40: Del orden económico al cibernético
minuto 25.20: La Hipótesis Cibernética no como orden estático, sino como dinámica de autoorganización
minuto 45.08: El orden cibernético gobierna por anticipación
minuto 1.00.20: Sabotear La Hipótesis Cibernética (7 estrategias)
minuto: 1.01.45: La lentitud 
minuto: 1.14.20: El ritmo
minuto: 1.21.40: La niebla

¿De dónde salen los textos que incluimos en La Hipótesis Cibernética?


 (Entrada anterior: ¿Qué es La Hipótesis Cibernética?)

«La hipótesis cibernética» es un texto aparecido en el número II de la revista Tiqqun (2001). Ese número II llevó por título: Zonas de Opacidad Ofensiva.

En esta edición, hemos decidido acompañarlo de un texto del Comité Invisible que retoma y actualiza la crítica de LHC desde sus más recientes avances (redes sociales, smart cities, open government, etc.). Se trata de «Fuck off Google» y es el quinto capítulo del último libro del Comité Invisible, A nuestros amigos. Pepitas de Calabaza publicará el libro en mayo de 2015 y nos ha autorizado generosamente a publicar aquí ese capítulo (¡muchas gracias, Julián!). «Fuck off Google» prolonga la crítica de LHC y añade, a las estrategias de subversión mencionadas antes, una reflexión inédita sobre la potencia y algunos límites de las prácticas hacker.

Finalmente, el libro se abre con un texto breve de Giorgio Agamben, leído en una conferencia tumultuosa desarrollada en el contexto de la detenciones antes referidas. El texto de Agamben ofrece, de manera muy sucinta, dos o tres buenas claves para entender de dónde viene y en qué consiste la especificidad y la potencia del pensamiento de Tiqqun, destacando sobre todo la idea de que, más allá de una crítica de «el Poder», para Tiqqun se trata sobre todo de un análisis (estratégico, es decir, orientado a la acción) de los diferentes dispositivos de poder. En el caso de este libro, de la hipótesis cibernética.

"Como abogado tuyo te aconsejo..." (VIII)


Óscar Zeta Acosta


“Como abogado tuyo, te aconsejo que no te preocupes”.  
[Esto va por quien quiera venir a vernos a la Feria del Libro este fin de semana: caseta 178 con nuestros socios de la editorial Antonio Machado]


DR. GONZO (alias Óscar Zeta Acosta) 
en "Miedo y Asco en Las Vegas" de Hunter S. Thompson.


¿Qué es La Hipótesis Cibernética (LHC)?

(comenzamos a destripar en varias entradas la nota editorial y el glosario con los que tratamos de situaros antes de sumergiros en La Hipótesis Cibernética de Tiqqun; alguna parte está ya en la contraportada y solapas que hemos subido a la web, pero en esta versión los textos están completos)



Al mismo tiempo una teoría y una nueva forma de gobierno, La Hipótesis Cibernética (LHC) es una definición de lo vivo y una tecnología de poder.

Una teoría, fundada por los científicos e ingenieros Norbert Wiener, Claude Shannon, Gregory Bateson o John Von Neumann y con múltiples prolongaciones hasta nuestros días (tecnologías de la comunicación, inteligencia artificial, ciencias cognitivas), que postula los comportamientos biológicos, físicos y sociales como íntegramente programados y programables. Una tecnología de poder, para la cual gobernar significa «coordinar racionalmente» los flujos de informaciones y decisiones que se producen «espontáneamente» en el cuerpo social.

Según Tiqqun, vivimos en el pasaje que va desde el paradigma soberano del poder (vertical, estático, centralizado y trascendente) hasta el cibernético (horizontal, dinámico, distribuido e inmanente). El orden cibernético es un orden que alimentamos entre todos, con nuestra participación, nuestros feedbacks, nuestros datos. El modelo serían Google o Facebook,si los pensamos como formas de gobierno y no simplemente como inocentes páginas de contactos o buscadores. El poder cibernético extrae y procesa información, gestiona lo vivo
entendido como información, aspira a gobernar el mundo como Facebook o Google gobiernan las redes virtuales.

La visión cibernética del mundo es la de un vasto complejo de circuitos homogéneos que se trata de engrasar permanentemente, filtrando y ordenando la información, restableciendo una y otra vez el equilibrio, detectando las anomalías, estructurando las posibilidades, previendo o gestionando los accidentes. Para que todo fluya. En un orden circular. En un ecosistema controlado. En un hormiguero humano.

¿Qué estamos pidiendo entonces cuando, en las plazas, las calles o las redes, reclamamos más transparencia, más comunicación, más participación, más cercanía y contacto entre gobernantes y gobernados, un gobierno más abierto y a la escucha...? ¿Un perfeccionamiento de LHC?

Tiqqun apuesta más bien por devenir ingobernables. Es decir, opacos a la visión cibernética, ilegibles para sus códigos, imprevisibles para sus máquinas de computación y control.

¿Cómo? Por un lado, aprendiendo a discernir en lo real lo que escapa, lo que hace obstáculo a LHC, a su racionalidad fría, a su tiempo «real»: los cuerpos y sus encuentros, las palabras errantes, la temporalidad que implica toda duración. Ruidos, fluctuaciones y perturbaciones para LHC.

Por otro, buscando inspiración en los más diversos campos –desde la acción política a las ciencias, pasando por la literatura o la filosofía– para inventar técnicas y estrategias que desordenen LHC y su mundo: el ritmo del free jazz, la interferencia según William Burroughs, el caos fecundo teorizado por Ilya Prigogine, el pánico tal y como lo describe Elias Canetti, la revuelta invisible planteada por Alexander Trocchi, la guerrilla difusa diseñada por Lawrence de Arabia, la línea de fuga conceptualizada por Deleuze y Guattari, la niebla narrada por Boris Vian...
Finalmente, como se verá, la cuestión revolucionaria no es un problema de programa, sino de ritmo.

El gobierno cibernético. Teoría y acción política frente a la datificacion del mundo




Título: La hipótesis cibernética
Autor: Tiqqun 
(con G. Agamben y Comité Invisible)
Editorial: Acuarela & A. Machado
Precio: 12 euro

Es indudable que todavía reina cierta ingenuidad “ontológica” y “política” por cuanto se refiere a la tecnología. No pensamos, casi nunca, que la tecnología (en sus diferentes formas y soportes, desde el motor de búsqueda o las redes sociales hasta el smartphone, la smartcity, etc.) no se inserta en el mundo, sino que crea mundo; como también solemos ignorar que, detrás de cada dispositivo tecnológico, hay un conglomerado de intereses y explotaciones socioeconómicas, una nueva forma de poder político en juego. Y eso es lo que señala, precisamente, el libro ‘La hipótesis cibernética’. Lo firma Tiqqun.
“Tiqqun”, además de una palabra de la cábala, es también el nombre de un no-grupo (¿francés?) que publicó un par de números de una revista de pensamiento político subversivo, y que estuvo –según se dice, pues apenas se sabe algo- en el origen de la llamada “Comuna de Tarnac”, acusada de sabotaje en 2008 y demonizada como “movimiento anarco-autónomo” por los media. De esa comuna, y de la colaboración con otras personas, surgieron algunos libros de teoría y acción política que han tenido un potente recorrido e influencia, como el ya célebre ‘La insurrección que viene’ firmado por el Comité Invisible.
En el libro publicado ahora, se presentan 3 textos. Un prólogo del filósofo italiano Giorgio Agamben, donde describe la posición teórica de este no-grupo Tiqqun como la identificación de las dos perspectivas foucaultianas, las técnicas de gubernamentalidad y los procesos de subjetivación. Los otros dos textos, que configuran propiamente el libro, analizan el sujeto y la sociedad en un momento en que la humanidad ya no puede entenderse sin su entorno tecnológico. ‘Fuck off Google’, firmado por el Comité Invisible, y ‘La hipótesis cibernética’, del mencionado no-grupo Tiqqun, desarrollan rigurosamente el cambio político que ya estaríamos viviendo: el poder no está centralizado, no es fijo ni actúa verticalmente, sino que se basa en el dinamismo, en la datificación del mundo, en los sujetos como “perfiles”, en la comunicación, en la información, en la horizontalidad y las redes que hoy tanto adoramos como “herramientas democráticas”…
Para Tiqqun, la acción política que necesitamos no es entonces crear más redes, ni reclamar horizontalidad o más información, ni acelerar la comunicación para organizarnos (todo ello va en favor de ese nuevo poder cibernético), sino adoptar la ralentización, un ritmo de desconexión; crear zonas de opacidad, extender la niebla para no ser “datificable” por Google o FB, devenir más cuerpo y menos “perfil”, porque se trata de devenir irrepresentables y, así, ingobernables... –XAVIER BASSAS

Reseña de La Hipótesis Cibernética publicada en Encuentros, suplemento cultural del Diari de Tarragona, el 30 de mayo de 2015. 



Los Sex Pistols estaban financiados por la URSS para "desestabilizar el mundo occidental", admite un exagente del KGB

(artículo original en inglés)


Los primeros Pistols, en una foto de la autobiografía Rotten
Alexandrei Varennikovic Voloshin, agente jubilado del KGB, ha reconocido esta semana en la cadena rusa de televisión que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) se encontraba detrás de la creación de la escena punk de los 70 y financió a importantes grupos del movimiento como los Sex Pistols, los Clash y los Ramones.


El gobierno soviético de la época gastó "cientos de millones de rublos" en esta operación secreta con la que pretendían "crear un caos absoluto" y "pervertir a la juventud occidental y convertirlos a ideologías nihilistas, antisistema y antiamericanas", explicó en una entrevista de una hora retransmitida en la televisión estatal.

De hecho, las famosas canciones del legendario grupo de punk Sex Pistols las escribió un equipo de psicólogos y propagandistas bélicos de la URSS. “I am an anarchist” ("Soy un anarquista"), “God save the Queen and her the fascist regime” ("Dios salve a la Reina y su régimen fascista"), “No future” ("No hay futuro") y otras letras nihilistas y antisistema pretendían desatar una oleada de cinismo hacia las autoridades, fomentar el uso de drogas duras y atraer a la juventud hacia ideas revolucionarias contrarias al sistema.

El agente jubilado del KGB afirma que el plan tuvo un gran éxito.

“En aquel momento entendimos que la música era un medio poderoso de propaganda con el que llegar a los jóvenes", explicó Varennikovic, de 77 años.

“Nuestra misión era utilizar la rabia adolescente en nuestro beneficio y convertir la generación occidental del 'baby boom' en una cultura decadente, drogadicta y antisistema que generara levantamientos y sumergiera las democracias occidentales en un caos absoluto. Llegamos a infiltrarnos en las emisoras de radio populares para promover esta música y llegar a millones de personas todos los días", reconoció, visiblemente orgulloso de los logros obtenidos.

“Para muchos de los que estábamos en el KGB, infiltrarnos en la escena punk de los 70 fue uno de los experimentos de propaganda soviética más exitosos hasta el momento", reconoció durante la entrevista.

Algunos expertos admiten abiertamente que el nihilismo punk, que se expresó mediante el uso de drogas más duras y autodestructivas como la heroína y la anfetamina, llevó al presidente estadounidense Richard Nixon a la Guerra Contra las Drogas, una campaña de prohibición de drogas e intervenciones militares con el objetivo declarado de reducir el tráfico ilegal de drogas en Estados Unidos y el resto del mundo.


Los ritmos africanos del reggae (y IV)


(cerramos aquí la conexión rítmica rasta-África-reggae, en este caso con un fragmento de la Rough Guide, un libro del que ya hablamos en la bibliografía reggae -disculpen de nuevo la apresurada traducción, es un libro que sorprendentemente aún no tiene versión en español-; y más abajo os invitamos a escuchar otra exhibición de percusiones jamaicanas, Keep Cool Babylon, de Ras Michael & The Sons of Negus)

Mucho antes de que Jamaica tuviera una industria discográfica, la música desempeñaba un papel vital en las vidas de la gente, sobre todo de la mayoría pobre. De generación a generación sobrevivieron fuertes y variadas tradiciones y no faltaban los acompañamientos musicales en los funerales, las ceremonias religiosas, el trabajo y los eventos sociales de todo tipo. Desgraciadamente, como con todas las auténticas músicas populares, los ejemplos de estas tradiciones solo se grabaron cuando ya habían dejado de ser centrales ─o estaban a punto de dejar de serlo─ para la vida cotidiana de la mayoría de los jamaicanos, incluso en las áreas rurales. [...]
La mayoría de los jamaicanos descienden, al menos en parte, de africanos del centro y de la costa occidental de África, esclavizados por los ingleses para trabajar en las plantaciones que hicieron de la isla una valiosa colonia desde la mitad del siglo XVII hasta la abolición de la esclavitud en 1838, como recordaron al mundo tantos cantantes reggae de los setenta. No es extraño que la cultura folclórica haya reflejado directamente esta herencia, no solo en lo que ha retenido de África ─sobre todo el papel central del tambor─ sino también en los elementos de la cultura que se les impuso en Jamaica. A este híbrido de elementos africanos y europeos ─sobre todo británicos─ se le añadieron los de otras razas [...]
[...] Dos de las tradiciones folclóricas jamaicanas más influyentes datan del auge de los cultos evangelistas durante mediados del siglo XIX [...] Tanto el Revival Zion como la Pocomania combinaban elementos religiosos africanos y cristianos, e incluían palmas, golpes con los pies y la utilización de bombo, caja, címbalos y maracas.
La influencia de los dos se encuentra, junto con las misas de las iglesias bautistas a la estadounidense, en los primeros discos del grupo jamaicano vocal más exitosos de los sesenta, los Maytals (más tarde conocidos internacionalmente como Toots and the Maytals). Los ritmos de las misas de Pocomania también han resurgido en los dancehalls. El innovador productor jamaicano Lee Perry, por ejemplo, se habría inspirado en estos ritmos para componer su éxito People Funny Boy [etc. etc.]


(ver todas las entradas de ritmos africanos y reggae) 

Los ritmos africanos del reggae (III)


(ver todas las entradas de ritmos africanos y reggae)

Continuamos la serie sobre ritmos africanos y reggae con otro de los grandes libros clásicos de referencia para la música jamaicana: Reggae Routes: The Story of Jamaican Music, de Kevin O'Brien Chang y Wayne Chen.

Se trata de un libro que cuenta la historia del reggae en relativamente pocas páginas (teniendo en cuenta que toca más de cuatro décadas de música), pero la verdad es que lo resume muy bien y tiene bastante puntos fuertes.

Para empezar, es la historia de la música jamaicana contada por dos jamaicanos, algo poco habitual. Por ello, y esto es otro punto a favor, los autores no tienen miedo a mojarse y hacen, entre otras cosas, una muy meritoria defensa del polémico giro hacia el reggae dancehall. La segunda mitad del libro es una historia de la música jamaicana a través de sus singles, un maravilloso recorrido que a algunos nos ha permitido descubrir joyas del inacabable tesoro de la isla caribeña.

Al final incluye además listas de ventas en la isla y una selección que hacen los autores de los, a su juicio, mejores temas de la historia musical jamaicana. Como todo aficionado a la música, he disfrutado mucho y me he cabreado también bastante con estas listas (dicen que la música de Yellowman no ha envejecido bien... ja, me río yo, aquí van dos pruebas de que es una falsedad como un piano: prueba 1, prueba 2). Ah, y la parte gráfica

Ya tenemos trilogía Tiqqun



Is England becoming a fascist state?



Esta semana, al leer la nueva ocurrencia antiinmigración de David Cameron ("La Policía británica podrá confiscar los sueldos de los inmigrantes ilegales") se me vinieron a la cabeza unas palabras de la letra de la canción Reggae Fi Peach del poeta dub Linton Kwesi Johnson, en las que dice:

Is England becoming a fascist state?
The answer lies at your own gate,
And in the answer lies your fate.

¿Se está convirtiendo Inglaterra en un estado fascista?
La respuesta está en tu puerta
y en la respuesta está tu destino.

No parece que la canción (que trata de la muerte del profesor neozelandés Blair Peach a manos de la policía en una manifestación antirracista en 1979), quede tan lejana en el tiempo, pese a que se escribió hace 35 años.

Por cierto, el tema está incluido en el disco Bass Culture, en el que se inspiró Lloyd Bradley para el título de su libro Bass Culture: la historia del reggae.




Los ritmos africanos del reggae (II)




(texto de Lloyd Bradley en Bass Culture: la historia del reggae sobre las conexiones entre los ritmos africanos, los rastas y el reggae; para ver la primera entrada sobre ritmos africanos y reggae pincha aquí); la canción con la que abrimos la entrada es otro ejemplo de música jamaicana con fuerte herencia africana)


[...] La música, obviamente, era una gran parte de la vida en [la comuna rasta de] Pinnacle. Y también en este caso la inspiración se encontraría en África, lo que naturalmente implica que las percusiones serían la base de la música rasta. Durante la esclavitud, los tambores, un instrumento vital en las ceremonias religiosas africanas, habían estado prohibidos. Ahora la percusión sobrevivía bajo dos formas distintas pero casi clandestinas: kumina y burru, derivadas en los dos casos directamente de África. El kumina era el lado musical de la pocomania, una religión que se originó en Ghana y sobrevivió a la esclavitud en Jamaica. Los burrus eran una etnia descendiente de una tribu de África occidental que sorprendentemente había conservado gran parte de su identidad y se había visto desplazada desde Clarendon hacia los guetos de Kingston unos veinte años antes.

La principal influencia fueron las percusiones burru, que en su formación clásica consisten en tres tambores que se combinan para lograr un deslumbrante efecto melódico. El bombo lleva el ritmo, mientras que el repeater se encarga de la melodía y el fundeh aporta armonía o, cuando es necesario, contrapunto. Los tres tambores cuentan con dos membranas. El bombo, que mide casi un metro de diámetro con un parche lo suficientemente suelto para generar infrasonidos, se golpea con baquetas acolchadas, y el percusionista se sienta a caballo sobre el instrumento. Los otros dos son de tamaño mucho más pequeño y normalmente se tocan con las manos, utilizando las palmas, las bases de los pulgares y las puntas de los dedos para obtener un amplio espectro de efectos y notas de unos parches tensados con pericia. Los tambores burru alcanzaban su momento de mayor espectacularidad cuando la comunidad recibía a un prisionero liberado, un acto de desafío que siempre impresionaba a los rastas que vivían junto a los burrus en Dungle, una zona de chabolas de Kingston. No es de extrañar que muchos rastas, entre ellos Count Ossie, aprendieran la técnica de los tambores burru del maestro Brother Job. La sutil diferencia entre el estilo burru y lo que después sería la música rasta radicaba en un cambio de papeles, ya que el fundeh mantenía el ritmo mientras el bombo lo enfatizaba, dando lugar así a una variación de tempos en el interior de un solo ritmo que resultaba menos compleja, mientras el repeater se encargaba de la melodía.

La percusión del kumina era mucho más intensa y frenética, con solo dos tambores, el kbandu y el cast, los dos de una sola membrana y de unas dimensiones que permitían que el percusionista se sentara a caballo. El kbandu, de mayor tamaño, mantenía el ritmo, mientras que otro músico aportaba variaciones tocando los dos tambores con baquetas cortas. La música rasta original combinaba los dos estilos en grupos de tamaño variable, añadiendo además una gran variedad de instrumentos de percusión modernos o de inspiración africana, así como instrumentos de viento creados con botellas y bambú. (Se trataba de cañas o botellas a las que se les quitaba la base, que se cerraba después con celofán o papel, y se tocaban soplando con los labios fruncidos, como un kazoo o mirlitón.) En un principio las letras eran simples cánticos, himnos a Jah Rastafari o pasajes de la Biblia, pero los contenidos fueron ampliándose incorporando poesía y letras originales. Las primeras percusiones rasta eran mucho más sofisticadas de lo que pudiera parecer y se ganaron rápidamente el interés de los músicos convencionales, que de vez en cuando se alejaban por unas horas de su trabajo en las orquestas de los hoteles y se unían a los rastas para crear un jazz típicamente jamaicano al añadirle guitarras y metales.

(ver todas las entradas de ritmos africanos & reggae)

God Save the Pistols: reeditamos Rotten

Atención: reeditamos Rotten a todo lujo y ya vamos por la tercera tirada. Hemos cambiado el formato, más manejable, hemos revisado el texto y mejorado algunos detalles como el lomo, y hemos añadido un epílogo de Luis Navarro que por sí solo ya valía la reedición. Definitivamente, Rotten's not dead.

Este libro no es una historia del punk. La autobiografía de JOHN LYDON, cantante de los Sex Pistols, revela más bien la idea de algo que pudo ser y no fue; los mimbres de una revolución imposible que, sin embargo, durante un instante de 1976 lograron prender en algún compartimento de la conciencia juvenil. Este libro sitúa su epicentro en esa explosión instantánea que desató el grupo británico y, describiendo una onda expansiva que pronto desvió su trayectoria gracias a la ambición o la estupidez de muchos de sus artífices, nos invita a imaginar "otro punk". Porque, más que la historia de Sex Pistols, Rotten: No Irish, No Blacks, No Dogs expone las instrucciones de una manera de vida, redactadas a fogonazos, con tanta aportación del cerebro como del corazón y sin un plan maestro detrás. Mientras nos seguimos preguntando año tras año qué es el punk, John Lydon prefirió responder a esta generalidad casi abstracta sin dar una respuesta. Para ello rescató de la casa de sus padres el álbum de fotos familiar y desde allí comenzó el recorrido de su particular visión de ese periodo de mediados de los setenta en que las calles de Londres se convirtieron en batallas campales, cuando no en estrafalarios circos no aptos para niños.

Reseñas, ecos:



  • Portada en el formato de las dos primeras ediciones