La política clásica es parte del desierto (constelación Tiqqun-Comité Invisible)

(fragmento de Llamamiento)

Aquí, se experimentan armas inéditas para dispersar a las multitudes, una especie de granadas de fragmentación pero de madera. Allí –en Oregón–, se propone castigar con veinticinco años de cárcel a todo manifestante que bloquee el tráfico automovilístico. El ejercito israelí está convirtiéndose en el consultor más competente en pacificación urbana; los expertos del mundo entero se maravillan de sus últimos hallazgos, tan temibles y tan sutiles, en materia de eliminación de subversivos. El arte de herir –herir a uno para amedrentar a cien– alcanza aquí el no va más. Y luego está el “terrorismo”, por supuesto. O sea, “toda infracción cometida intencionadamente por un individuo o un grupo contra uno o varios países, sus instituciones o sus poblaciones, y que apunte a amenazarlos y perjudique gravemente o destruya las estructuras políticas, económicas o sociales de un país”. Es la Comisión Europea la que habla. En los Estados Unidos hay más presos que campesinos.

A medida que es rediseñado y progresivamente recuperado, el espacio público se cubre de cámaras. No se trata sólo de que en lo sucesivo toda vigilancia parece posible, sino sobre todo de que parece admisible. Todo tipo de listas de “sospechosos”, de las que ni siquiera se adivinan sus usos probables, circula de administración en administración. Las escuadras de todas las milicias, con la policía jugando el papel de garante arcaico, toman posiciones reemplazando a soplones y mirones, figuras de otra época. Un ex jefe de la CIA, una de esas personas que, en el lado contrario, se organizan en lugar de indignarse, escribe en Le Monde: “Más que una guerra contra el terrorismo, la apuesta es extender la democracia a las partes del mundo [árabe y musulmán] que amenazan la civilización liberal, en cuya construcción y defensa hemos trabajado durante todo el siglo XX, durante la primera y la segunda guerras mundiales, y durante la guerra fría o tercera guerra mundial.

En todo eso no hay nada de lo que asombrarse, nada que nos coja desprevenidos o que altere radicalmente nuestro sentimiento de la vida. Hemos nacido en la catástrofe y hemos establecido con ella una extraña y apacible relación de costumbre. Una intimidad, casi. Hasta donde nos alcanza el recuerdo, no ha habido otra actualidad que la de la guerra civil mundial. Hemos sido educados como supervivientes, como máquinas de supervivencia. SE nos ha formado en la idea de que la vida consiste en avanzar, avanzar hasta derrumbarse en medio de otros cuerpos que marchan idénticamente, que tropiezan y se derrumban, a su vez, en la indiferencia. Como mucho, la única novedad de la época presente es que nada de todo esto puede ya ocultarse, que en cierto sentido todo el mundo lo sabe. De ahí el reciente endurecimiento, tan evidente, del sistema: sus resortes están al desnudo y no serviría de nada querer escamotearlos.

Muchos se asombran de que ninguna fracción de la izquierda o de la extrema izquierda, de que ninguna de las fuerzas políticas conocidas sea capaz de oponerse a este curso de las cosas. “¿Sin embargo estamos en democracia, no?”. Y pueden asombrarse para rato: nada de lo que se expresa en el marco de la política clásica podrá jamás detener el avance del desierto,

ya que la política clásica es parte del desierto.

Cuando decimos esto, no es para preconizar una política extra-parlamentaria como antídoto a la democracia liberal. El famoso manifiesto “Somos la izquierda”, firmado hace unos años por todos los colectivos ciudadanos y “movimientos sociales” franceses, enuncia suficientemente la lógica que, desde hace treinta años, anima la política extraparlamentaria: no queremos tomar el poder, derribar el Estado, etc.; luego, queremos ser reconocidos por él como interlocutores.


La ruptura de lo común (constelación Tiqqun-Comité Invisible)

(fragmento de Llamamiento)

Se nos ha vendido esta mentira: lo que tendríamos de más propio es lo que nos distinguiría de lo común.
Nosotros hacemos la experiencia inversa: toda singularidad se experimenta en el modo y la intensidad con la que un ser hace existir algo común.
En el fondo, es de ahí desde donde partimos, donde nos encontramos. Lo más singular en nosotros apela a un compartir.
Ahora bien, constatamos la siguiente evidencia: lo que tenemos para compartir no solamente no es compatible con el orden dominante, sino que este persigue encarnizadamente toda forma del compartir de la que no dicte las reglas. En las metrópolis, por ejemplo, el cuartel, el hospital, la cárcel, el asilo y el geriátrico son las únicas formas admitidas de habitación colectiva. El estado normal es el aislamiento de cada cual en su habitáculo privado. Es allí donde se vuelve invariablemente, por más conmovedores o repulsivos que sean los encuentros que se experimenten en cualquier otra parte.
Nosotros hemos conocido estas condiciones de existencia y jamás volveremos a ellas. Nos debilitan demasiado. Nos vuelven demasiado vulnerables. Nos marchitan.

El aislamiento, en las “sociedades tradicionales”, es la pena más dura a la que pueda condenarse a un miembro de la comunidad. Hoy en día es la condición común. El resto del desastre se deduce de aquí lógicamente. Es en virtud de la idea limitada que cada uno se hace de su “hogar” que parece natural dejar el espacio de la calle en manos de la policía. No SE habría podido convertir el mundo en un lugar tan inhabitable bajo la pretensión de controlar toda sociabilidad –de los mercados a los bares, de las empresas a las trastiendas– si no SE hubiese acordado antes a cada cual el espacio privado como refugio.

El llamamiento que precede a la insurrección que viene y otros textos radicales de la constelación TIQQUN-COMITÉ INVISIBLE

La banda sonora del 15-M






Cómo hacer crac (instrucciones)

Mis sentimientos, mis obsesiones, mis juguetes de la infancia... La escena musical de aquí siempre ha tenido tendencia a mirarse el ombligo. Pocos grupos han sabido escapar de esta espiral narcisista que todavía domina las canciones populares. Espoleados por la reciente agitación política, la plataforma Robo intenta crear un espacio para escribir otro tipo de letras, esas que consisten en abrir la ventana y echar un vistazo a lo que ocurre fuera. Los primeros pasitos los han dado Roberto Herreros (Grande-Marlaska, Ladinamo), Karlos Osinaga (Lisabö, Bidehuts) y Joseba Irazoki (Atom Rhumba). Nunca pretendieron que Robo fuera un grupo más, sino una aventura colectiva similar a Wu Ming, donde implicar a músicos con inquietudes parecidas. Hoy podemos anunciar que algunos se van animando.

"Me da rabia ese pudor de muchos autores para tratar conflictos políticos en sus canciones, porque luego se lanzan y salen cosas muy chulas", explica Herreros. ¿Un ejemplo? Nacho Vegas escribió una pieza titulada "Dos bandos", donde subraya la idea de que nadie es neutral cuando un desastre está en marcha. Vegas cuenta que suele sentirse inseguro de sus canciones después de terminarlas, pero que con esta le ocurría especialmente y en más de un sentido (afortunadamente se decidió a grabarla y ahora formará parte de su nuevo EP). Cuando Nacho se enteró de la existencia de Robo, siguió el proyecto muy de cerca y acabó ofreciéndose para participar en él. Le gustaba la idea de ir publicando periódicamente en la red canciones escritas en estos momentos de urgencia, además de versiones, adaptaciones, colaboraciones y lo que surgiera. La primera aportación es "Cómo hacer crac". Podéis encontrarla ya en http://esunrobo.bandcamp.com. Se trata –en nuestra siempre imparcial opinión– de una de sus mejores composiciones.

Entre las próximas entregas destacan la que preparan Fasenuova (ruidistas de la cuenca minera) o una versión country de Eskorbuto que ya cocinan Tarántula en su madriguera del extrarradio. Han escogido una canción que habla más claro que ninguna otra: "El partido que gobierna a este país / y toda su oposición parlamentaria / las patronales, los sindicatos / todos contribuyen a nuestro fracaso. / Desde sus poltronas prometieron solución / para todos los problemas de esta nación. / Paro, miseria y humillación es lo que obtuvimos". Se titula "Es un crimen", como sabrán los macarras más veteranos. También saldrán a la luz aportaciones de Guillermo Zapata, Mursego, Giorgio Bassmatti, Miguel Brieva, Jonston, Diploide, Grupo de Expertos Solynieve, Los Carradine, Tachenko, Cohete, Wild Honey y Paral·lel Accelerat, entre otros.

Con esta crisis, la misma de cada veinte años, muchas personas han hecho crac por dentro. Es hora de poner en común la frustración y convertirla en energía política. Tener a mano unas rimas contundentes puede resultarnos útil. Existen formas y formas de hacer crac. Mejor juntos en la calle que seguir solos en casa insultando a la pantalla del Telediario.


Repaso visual por la obra del dadaísta Raoul Hausmann


El que fuera pionero del fotomontaje dejó más de 2000 negativos y cerca de 60 textos sobre fotografía. Con motivo de la reciente exposición en el Photomuseum de Zarautz, EITB realizó este repaso visual por su obra

Rústicos en Anabolizantelandia


Fran G. Matute, en Estado Crítico

A finales de los 60 y principios de los 70 se produjo un suceso curioso en la parrilla televisiva norteamericana. Los 'moguls' del medio catódico coincidieron en cancelar de forma progresiva una serie de programas que venían a ofrecer una visión demasiado "rural" de los Estados Unidos. A pesar de las altas audiencias, hasta los anunciantes se resistían a que sus productos fueran publicitados durante la emisión de muchos de estos programas. Títulos tan conocidos como Lassie, Hee-Haw o El virginiano, y espectáculos como el de Johnny Cash o Glen Campbell, fueron defenestrados en aquella época, quizás por mostrar una América demasiado conservadora y tradicional, paleta y campestre, en definitiva.

Uno de los programas cancelados más queridos del momento fue, sin duda, The Beverly Hillbillies (en España, Los nuevos ricos), actualmente en perpetua reposición por los canales de pago estadounidenses y que fue recuperada para el cine a principios de los 90 bajo el inolvidable título Rústicos en Dinerolandia (Penelope Spheeries, 1993). ¿Quién no conoce las aventuras de Jed Camplett y su familia, que se convierten en millonarios de la noche a la mañana al encontrar petróleo en sus tierras y deciden mudarse a la soleada y moderna California en busca de lujos y buen vivir? ¿Quién no ha bailado al son de su tema principal, aquél vertiginoso 'bluegrass' interpretado por Flatt & Scruggs? ¿Quién no ha llamado alguna vez a sus padres "opá" u "omá"?

Pero lo que hace años nos parecía una divertida e inocente comedia de situación, protagonizada por una noble y humilde familia campestre que se encontraba como pez fuera del agua cuando pretendía involucrarse en los círculos más selectos de la gran urbe, Harry Crews lo convierte en el más insultante e hiriente de los retratos posibles sobre el paletismo sureño, que es, entre otras cosas, lo que representa su novela Cuerpo (1992). No percibimos ni un ápice de sutileza por parte de Crews a la hora de mostrarnos el choque cultural existente entre la familia Turnipseed (traducción literal: semilla de nabo) y el nuevo mundo con el que se van a encontrar en el, otrora hortera e insufrible, Hotel Blue Flamingo de Miami, uno de los lugares más "postmodernos" (por llamarlo de algún modo) de Florida donde se celebra una de las competiciones más "postmodernas" ('sic') del espectáculo deportivo: el título de Miss Cosmos.

Del mismo modo que en The Beverly Hillbillies la moraleja final consistía en constatar que el supuesto mundo urbanita, culto y desarrollado presentaba las mismas -o incluso más- deficiencias y disfunciones que el mundo rural, analfabeto y atrasado, en Cuerpo, Harry Crews enfrenta dos realidades desestructuradas dentro de un mismo universo: el que conforma el sur de los EE.UU., ese gótico sureño poblado de 'red necks', 'okies' y 'hillbillies', que en la obra de Crews ha sido retratado tantas veces con tan poca compasión.

La mala leche y el humor más negro corren por las hipertrofiadas venas de esta novela que tiene de fondo el culturismo profesional, tema poco tratado por la cultura popular en general siendo, sin embargo, un potente caldo de cultivo para el análisis antropológico del llamado 'white trash'. De hecho, es Cuerpo, junto con la novela de Charles Gaines Stay hungry (1972) -que fue traspasada al celuloide por Bob Rafelson- uno de los pocos acercamientos literarios que conocemos sobre el mundo del 'bodybuilding'.

Con uno de los arranques más casposos que servidor se haya echado a los ojos en los últimos tiempos, Crews anaboliza cada detalle de la competición hasta el paroxismo, ofreciendo un espectáculo grasiento y musculado de caracteres sumergidos en esteroides que personifican el sueño americano como pocos. Por sus páginas pululan, embutidos en sus diminutos taparrabos, atletas que responden al nombre artístico de Billy "Murciélago" (llamado así por sus impresionantes dorsales que extiende cual alas de roedor volador), Russell "Músculo" Morgan o Wallace "Muro" Wilson, abnegados escultores de cuerpos que recuerdan con añoranza los años dorados del Pumping Iron, cuando Arnold Schwarzenegger ganaba seis años consecutivos el título de Mr. Olympia, modificando todas las reglas existentes hasta la fecha en el fisioculturismo profesional.

En sus desgastados rostros y sus sobredimensionados cuerpos puede trazarse el sacrificio cotidiano de querer ser siempre el número uno, de ser el mejor, de ganar a toda costa. ¿A cambio de qué? ¿A cambio de "estar involucrados en una cosa normal, saludable, humana y correcta ante la justicia divina", como le comenta Wallace a Russell en uno de los pasajes de la novela? Obviamente no. Se trata, pura y simplemente, de alcanzar el manido Sueño Americano. Ese que permite que un 'freak' de proporciones similares a las del Modulor de Le Corbusier se convierta en objeto de admiración y veneración por el sistema. Son, por tanto, atletas adictos a la competición, un espectáculo decadente de bultos deformados a partir de la ingesta desorbitada de batidos vitamínicos, en una carrera de fondo en la que un peso estricto y el menor nivel de grasa corporal posible -como si de cerdos ibéricos cinco jotas se tratara- funcionan como únicos límites permitidos antes de sucumbir en la vigorexia más galopante. Y como adictos que son a la competición sufren las mismas adicciones que los drogadictos, sólo que su heroína es la eritropoyetina o los esteroides anabólicos...

¿Y qué puede hacer una familia de paletos rodeada de semejante espectáculo de variedades? Para descubrir con estupor todas las vicisitudes de esta historia (que van desde la práctica de una más que inoportuna RCP hasta un rasurado corporal integral, pasando por un paquidérmico romance en la suite del hotel) tendréis que leer Cuerpo, uno de los artefactos más cafres y desternillantes que han aparecido últimamente por estos lares editoriales, y adentraros así en la obra del inclasificable Harry Crews (uno de los pocos y verdaderos 'outlaws' del siglo pasado) que será próximamente recuperada por Acuarela & A. Machado y que desde aquí aplaudimos con antelación, esperando que este olvidado autor se convierta en su buque insignia, del mismo modo que Edward Bunker -con quien Crews comparte más de un elemento en común- lo está siendo para la editorial Sajalín. Y parafraseando a Super Ratón, ¡no olviden vitaminarse y supermineralizarse!

P.D.: 'Kudos' para nuestro premiado Javier Lucini, por enfrentarse al particular acento sureño de la familia Turnipseed y salir victorioso.

Basura blanca cien por cien (reseña de Cuerpo en Rockdelux)


por Juan Cervera, Rockdelux 298 (Septiembre 2011)

Basura blanca. Cien por cien. Sin adulterantes, diluyentes ni refinamientos. Es, casi siempre, el andrajoso decorado y el grasiento relleno humano que puebla la obra del señor Harry Crews (Bacon County, Georgia, 1935), un escritor de culto (merecido) que finalmente se estrena en castellano. ¿Harry Crews? A los más viejos del lugar el nombre les sonará por “Naked In Garden Hills”, el LP de 1989 que Kim Gordon, Lydia Lunch y Sadie Mae publicaron bajo ese enunciado: Harry Crews. Homenaje frontal y sin dobleces.

Para quienes leen inglés y buscan con gusto el puñetazo en los dientes, Mr. Crews tendrá, sin ninguna duda, un lugar preferente en sus bibliotecas desde que en 1968 debutó con “The Gospel Singer”, novela –que también publicará próximamente Acuarela– a la que ha seguido otra veintena que han ido conformando un fastuoso fresco salvaje, divertido, violento, grotesco y muy, muy incorrecto sobre el abono más putrefacto y menos complaciente de la sociedad norteamericana moderna.

Cuerpo es de 1990 y es una oportunidad de oro para respirar el aire viciado (pero vivificante) de las estancias de Harry Crews. El marco de acción es sencillo: un hotel de Miami durante un concurso de culturismo. Nada más. ¿Nada más? Por supuesto que no: desde que entran en escena los principales protagonistas –Russell Morgan, alias Músculo, entrenador de la pueblerina Dorothy Turnipseed, convertida en Shereel Dupont en su carrera hacia el título de Miss Cosmos–, Cuerpo se transmuta en una sátira voraz y venenosa sobre el culto al aspecto, la competitividad, el sacrificio, el fracaso, las relaciones de poder y el mercantilismo de la carne (humana). La función estalla en una tormenta delirante cuando en el hotel se presenta al completo la familia de Dorothy/Shereel, cargamento tóxico de auténtica white trash que hace saltar la banca hacia direcciones imprevisibles y sorprendentes.

Trufada de diálogos que restallan como cuchillas, sin despreciar nunca a sus personajes –por muy patéticos que se nos antojen, Crews les inyecta empatía y una extraña ternura–, por Cuerpo desfilan creaciones inolvidables –el ex de Shereel, Cabeza Clavo, un ex combatiente de Vietnam con el cerebro hecho papilla; Marvella, la más clara rival de la protagonista, y su corte de hermanas con sus lenguas rápidas y sucias...– y dejan una huella imborrable en el lector. Una de las frases que publicitan esta edición de Acuarela sentencia: “Chuck Palahniuk es un Harry Crews descafeinado”. Lean, lean. Y después opinen.



Iniciación a Harry Crews



Por Juan Carlos Vicente

Publicada en Culturamas, revista de información cultural en Internet.

La literatura, muchas veces, hay que afrontarla desde el instinto. Cuando, por primera vez, vi una imagen de Harry Crews, pensé que su sitio estaba aquí, en Peleando a la contra. Luego vino un texto en el que Kiko Amat recomendaba varias de sus novelas y, finalmente, Acuarela Libros publicaba la novela Body (Cuerpo) en este mismo año. Es la primera novela traducida al castellano de este autor.
Crews nació en Bacon County, Georgia, en el año 1935. Aún sigue vivo y escribiendo. El que el propio Crews afirme que no sabe si podrá acabar su última novela (The Wrong Affair) y que hace unos meses ingresara en el hospital con una herida de arma blanca en el abdomen, creo que despeja cualquier duda sobre el tipo de persona que es.
Marine, campeón de los pesos ligeros en su primer año sirviendo en el ejército, Karateka, amante de la cetrería, profesor de inglés y de escritura creativa. Su currículum se completa con dos divorcios de la misma mujer, la madre de sus hijos (Patrick y Byron) y con un episodio triste que acabó marcando a Crews por el resto de su vida: la muerte de su hijo Patrick, ahogado en la piscina de unos vecinos en 1964.
En 1968 publica The Gospel Singer, su primera novela, que próximamente verá la luz en castellano, de nuevo en Acuarela Libros.
La prosa de Crews es un reflejo de su personalidad. A veces violenta, con voz de lumpen, pero siempre hablando desde la cercanía que da la experiencia. Es una prosa sencilla, pero no simple, en la que la América profunda es retratada de manera cáustica a través de unos diálogos llenos de fuerza. Los diálogos son su punto fuerte, al menos en Body, pero no por ello su uso del párrafo, sobre todo el párrafo corto y medio, dejan indiferente al lector. Sus descripciones se debaten entre el espacio físico y el monólogo interior, consiguiendo que la imagen de lo que cuenta, rápidamente adquiera proporciones gráficas en nuestra mente. Quizá por eso es tan fácil pensar como reales a los personajes de Body, personajes que por otra parte no serían cercanos a nosotros a no ser que fuéramos aficionados o profesionales del culturismo. Personajes como Billy Murciélago, Russell Músculo, o la propia Shereel Dupont, se nos aparecen como protagonistas y secundarios de la novela de una forma familiar y cercana, como si estar inmerso en medio de un evento como la elección de Miss y Mister Cosmos, fuese algo habitual en nuestras vidas, no tanto el estar como el conocer este tipo de competiciones.
La otra cara de la moneda en Body es la familia de Sheerel. Su familia no es una familia normal (o tal vez sí, en Tennessee, que se me antoja que podría emparentarse lejanamente con ciertos pueblos de la meseta profunda de nuestra España), es una familia nuclear al más puro estilo americano. Una familia que huele a sudor y a tabaco de mascar, a Jack Daniels, a obesidad, una familia de paletos que son tan peligrosos que al encontrarlos fuera de su hábitat, esto provoca que sean más temerarios en su afán de defenderse del mundo actual. Una familia en la que Turner, Motor o Cabeza de Clavo, en especial este último, aunque no es un miembro sanguíneo, sean capaces de matar mientras apuran el último trago de una botella recostados en su desvencijada furgoneta. Sin embargo también hay sitio para la ternura y el romanticismo más épico, escenas como la seducción de Billy Murciélago a Earline, o viceversa, y el final, apoteósico, salvaje y cinematográfico, de la novela son dos ejemplos que demuestran que estamos ante un novelista muy grande.
Que Kim Gordon de Sonic Youth, junto a Lydia Lunch y Sadie Mae, crearan un grupo llamado igual que el autor (Harry Crews), que Sean Penn le diera un pequeño papel en el excelente film Extraño vínculo de sangre (1991) y que Crews dedicara a Penn su libro Scar lover (1992), son sólo algunos de los reconocimientos públicos profesados a la carrera de este autor hasta ahora inédito en estos lares.
No sabemos si llegaremos a leer completa su A Wrong Affair, si mañana esa enfermedad de la que hace gala desde hace años se lo llevará de este mundo sin un atisbo de sonrisa. En realidad no sabemos casi nada de él, pero queremos empezar a conocerlo, de ese deseo parte esta iniciación.
Quizá la muerte cuando haga su acto de presencia se detenga a leer lo que reza en su brazo derecho (“How do you like your blue eyed boy, Mr. Death”, un verso del poema Buffalo Bill de e.e. Cummings.), mire fijamente a los ojos a Crews y dé un paso atrás. Yo, lo haría.

BIBLIOGRAFÍA.
-The Gospel Singer (1968).
-Naked in Garden Hills (1969).
This thing don´t lead to Heaven (1970).
-Car (1972).
-A feast of snakes (1976).
-All we need of Hell (1987).
-Knockout artist (1988).
-Scar lover (1992).
-The mulching of America (1995).
-Celebration (1998).
-An American family (2006).
AUTOBIOGRAFÍA
-A Childhood: A biography of a place (1978).

* gracias a Jesús Llorente por su prólogo y a Javier Lucini por su traducción.


Lawrence de Arabia y la (no) batalla de Sol


Por Amador Fernández-Savater
En 1929, los responsables de la Enciclopedia Británica propusieron a T.E. Lawrence, más conocido como Lawrence de Arabia, que redactara la voz “guerrilla” de su decimocuarta edición. Lawrence expuso en el texto los fundamentos teóricos de la guerrilla árabe contra el dominio turco que él mismo dirigió entre 1916 y 1918. En Acuarela Libros publicamos ese maravilloso texto en 2004, acompañado de un estudio complementario a cargo de uno de los miembros del colectivo italiano de escritores Wu Ming, en concreto Wu Ming 4 (por cierto, este otoño publicaremos Estrella de la mañana, la novela de Wu Ming 4 que cuenta con Lawrence como personaje principal). Puedes leer Guerrilla entero aquí.
Mientras releía el librito estos días (apenas sesenta páginas) no podía quitarme de la cabeza en ningún momento las imágenes de lo que vivimos en Madrid durante la primera semana de agosto: la ocupación policial de Sol, las manifestaciones masivas circulando por el centro de Madrid en pleno agosto y la liberación final de la plaza la noche del 5, otra de esas jornadas de fiesta genuina a las que nos está mal acostumbrando el 15-M.
Si una cosa me llevaba a la otra es porque las resonancias son poderosas: nuestra victoria fue la de Lawrence. Entresaco algunas citas de los dos textos, intercalando mis propias reflexiones sobre la no-batalla de Sol. ¿Qué es eso de no-batalla? Es el concepto central de la guerrilla de Lawrence: el conflicto a distancia, que nunca ofrece un blanco al adversario.
La victoria se debe sobre todo una acción intelectiva, a un cambio arbitrario de perspectiva, que no desafía la fuerza del enemigo, sino que la hace vana, la sortea y la vuelve inútil (WM)
Si un punto geométrico particular del mapa del teatro bélico es de importancia estratégica, la victoria no consiste necesariamente en conquistar ese punto, en el que el enemigo se siente inatacable, sino más bien en modificar el mapa entero para convertirlo en un punto de importancia secundaria (WM)
Desplazar la acción a otra parte, insistir en otros puntos, irse a otro sitio y dejar al enemigo que defienda atrincherado un lugar que se ha vuelto inservible. La movilidad cuenta más que la fuerza (WM)
La guarnición de Medina se hallaba encerrada en sus trincheras, desperdiciando su capacidad de maniobra, comiéndose a los animales que ya no sabían cómo alimentar. Les habíamos arrebatado toda capacidad de hacernos daño y, sin embargo, aún seguíamos empeñados en arrebatarles la ciudad. Pero, ¿para hacer qué? Allí eran inofensivos. Desde todos los puntos de vista estaban mejor donde estaban. ¡Dejadles, pues! (L)
Sol fue nuestra Medina. El martes día 2 de agosto desalojaron de malos modos los restos de la acampada y el punto de información. Prácticamente presentaron la operación policial como una operación de limpieza: arrancaron por ejemplo nuestra hermosa placa y la arrojaron a un contenedor. Y así nos sentimos muchos: borrados del mapa sin mediar palabra, como si sólo fuésemos basura, como si no hubiéramos existido nunca. ¡Ya quisieran!
Decidimos demostrarles que se equivocaban y ese mismo día por la tarde nos autoconvocamos pacíficamente en Sol, ya ocupado por la policía. Eramos muchísimos, más de lo que ningún cálculo había podido anticipar. La primera idea era “reconquistar” la plaza, pero se trataba de un objetivo imposible. La relación de fuerzas nos era claramente desfavorable. Durante un largo rato estuvimos allí parados, haciendo ruido frente a los cordones que la policía había establecido en cada una de las nueve arterias de la plaza. Qué hacer...
De pronto un grito: “ciao ciao ciao, nos vamos a Callao”. La consigna prende. Adiós, nos vamos, ahí os quedáis. En lugar de hacer frente, damos la espalda. Un leve giro y, tachán, Madrid entero es nuestro. Empezamos a circular: primero Callao, pero luego también Gran Vía, Alcalá, Paseo del Prado, Atocha, asamblea multitudinaria en la Plaza Mayor a medianoche... Varios miles de personas, pero ni una sola bandera o sigla, mezcla y diversidad, anonimato puro. Cambio de perspectiva, cambio de escenario, cambio de interlocutores, cambio de afectos. Ya no le gritamos nuestra rabia a la policía impasible, sino que nos hacemos presentes por toda la ciudad. Transformamos una situación de impotencia en potencia. Alegría del regate. Tenía razón Lawrence: entrar en Sol, ¿para qué?
Permanecer siempre en un lugar distinto al del enemigo, obligarlo a desangrarse, hacer cada vez más cara la defensa y el mantenimiento de sí mismo, hasta el colapso moral y económico (WM)
Nosotros no teníamos bienes materiales que perder; por eso nuestra mejor línea de conducta era no defender nada y no disparar contra nadie. Nuestras bazas eran la rapidez y el tiempo, no la potencia de fuego (L)
La guarnición de policías de Sol se queda encerrada en su trinchera, protegiendo el vacío. Un día, dos días, tres... Nosotros tenemos todo el tiempo del mundo. ¿Y ellos? Todo esto tiene su coste, que se multiplica cada día que pasa. ¿Qué imagen de Madrid se está transmitiendo al mundo entero? ¿Qué pasa con los negocios que hay en la propia plaza? ¿Cuánto tiempo se puede mantener el centro de la ciudad (también turístico y comercial) cerrado a la circulación de las personas? El propio dispositivo no es sostenible: los policías tienen que hacer horas extras, no hay suficiente reserva para los relevos, el agotamiento se hace cada vez más evidente, el Sindicato de Policía (SUP) emite un comunicado criticando con mucha dureza la decisión de ocupar Sol. “Se veían obligados a comerse a los animales que ya no sabían como alimentar...”. Todo el tinglado se viene abajo cuatro días después, la noche del viernes entramos felices en la plaza liberada y nos volvemos a marchar unas horas después, sin reinstalar el puesto de información. ¿Para qué? “Cada guerrillero es un centro de comunicaciones”. Es la mejor prueba de que no se trata de una cuestión de propiedad sobre el territorio.
Los árabes estaban luchando por la libertad, un placer que sólo disfruta el hombre cuando está vivo (L)
Los hombres, al ser irregulares, no eran unidades, sino individuos y una pérdida individual es como un guijarro que cae al agua: el golpe podrá ser breve, pero su ausencia la nombran anillos de pena. El ejército árabe no podía permitirse tener bajas (L)
La de Lawrence es una estrategia de sustracción. El enemigo no es combatido, sino abandonado y desorientado (WM)
No se trata de rehuir el conflicto, sino de plantearlo en los propios términos: no tanto de superficie, como de profundidad. Lawrence se preguntaba: “¿Cuántos turcos serían necesarios para contener un ataque en profundidad, en el que la sedición alzara la cabeza en cada una de las 100.000 millas cuadradas sin atrincherar?” Y nosotros podemos hacernos la misma pregunta: “¿Cuántos policías serían necesarios para contener un ataque en profundidad, en el que la sedición alzara asambleas en cada una de las plazas de Madrid?”
En realidad nuestro peor enemigo somos nosotros mismos. Nosotros mismos cuando pensamos a la turca. Y pensamos a la turca cuando aceptamos la definición del conflicto como enfrentamiento directo entre dos bloques simétricos. Ahí perdimos, perdemos y perderemos. Las autoridades políticas deseaban locamente el siguiente escenario: nosotros armados con palos y cascos tratando de traspasar los cordones policiales y de recuperar Sol. Choque frontal. Dinámica abstracta y completamente autorreferencial. Decenas de heridos y detenidos. Decenas de anillos de pena y rencor. División en el movimiento entre “violentos” y “no violentos”. Espiral interna de acusaciones y denuncias. Aislamiento y criminalización progresiva. Como explica Lawrence, las batallas son imposiciones de los fuertes sobre los débiles, la estrategia del débil es la no-batalla.
¿Cómo iban los turcos a defenderse? Sin duda con una línea de trincheras, siempre y cuando los árabes fueran un ejército que atacara con las banderas al viento. Pero supongamos que fueran una influencia, algo invulnerable, intangible, sin frente ni retaguardia, que se mueve como el gas... Los árabes eran como un vapor llevado por el viento. Nuestros reinos estaban vivos en la imaginación de cada uno (L)
Algo invulnerable, intangible, sin frente ni retaguardia... Sin jefatura, ni cuartel general, ni identidad acabada (antisistemas, izquierda...). Nada que se pueda capturar, desmantelar, ocupar, señalar. Como dice Anonymous en sus comunicados, somos todos y estamos en todas partes.
Pensamos a la turca cuando valoramos que el verdadero logro es la conquista de un territorio. Ya hubo mil discusiones al respecto cuando se debatía la oportunidad de levantar la acampada. Sol no es una patria, sino un símbolo. El símbolo de otra forma de hacer las cosas, otra narración del mundo y otro marco de lo posible. ¿Un símbolo necesita algún tipo de materialidad? Sin duda, pero la materialidad del símbolo-Sol no son tanto las lonas y las tiendas, como nuestros comportamientos, nuestras formas y nuestra visión. Horizontalidad, respeto, inteligencia colectiva, inclusividad, noviolencia activa... Sol es un estado mental, no un espacio físico. Es una ficción infinitamente reproducible (en otros sitios) y redefinible (con otros contenidos), no una entidad cristalizada en unas características fijas.
Si Sol había sido ocupado, entonces se trataba de convertir toda la ciudad en Sol.
El punto de fuerza del guerrillero reside más en la capacidad de contagiar con sus propias ideas a la población civil que en la eficacia militar directa. El conflicto no es físico, sino moral, político (WM)
Basta con que un solo dos por ciento de la población se levante en armas, si el restante 98% practica la resistencia pasiva y, llamémosla así, una presión psicológica sobre el ejército enemigo (WM)
La revuelta debe contar con una población amistosa, no activamente amistosa pero simpatizante hasta el punto de no desvelar los movimientos rebeldes al enemigo (L)
Sin duda éramos muchos, sobre todo para ser agosto. Nadie contaba con ello, es seguro que las autoridades hicieron otros cálculos cuando decidieron desalojar Sol. Pero en todo caso, seguíamos siendo una minoría. ¿Dónde está la fuerza de esa minoría? No es cuestión de número, no es cuestión de capacidad de choque, ¿entonces? ¿Por qué la policía permitió nuestros recorridos instintivos y espontáneos por la ciudad?
La fuerza está, como en el caso de la mismo acampada en Sol, en el vínculo vivo con lo que Juan Gutiérrez llama “la parte quieta del movimiento” y Lawrence “población amistosa”. Es la gente que no participa en las instancias organizativas del 15-M, pero se siente concernida por el movimiento y lo apoya cómo y cuando puede. Esa simpatía no es algo banal. Por el contrario, como dice Wu Ming ejerce una resistencia psicológica decisiva sobre el enemigo: ¿a qué me arriesgo si reprimo a los manifestantes? ¿Qué corrientes de opinión levantará? ¿Cómo se traducirá eso en las elecciones? El 15-M no son sólo los que están ahí, en la calle o en las asambleas, sino una energía que circula dentro y fuera. A la minoría que mantiene vivo el lazo con la parte quieta del movimiento la llamaremos minoría mayoritaria.
En una asamblea donde se discutían las estrategias posibles de acción frente a la ocupación policial de Sol, alguien dijo: “recordemos siempre que nuestras acciones no son sólo nuestras”. Creo que pensaba en la parte quieta del movimiento: qué tipo de lenguajes y acciones nos permiten mantener vivo el vínculo con ella, cuáles por el contrario nos alejan. A la minoría que ha perdido el lazo vivo con la parte quieta del movimiento la llamaremos gueto. El poder está deseando vérselas con un gueto, lo pide a gritos. Un gueto es débil, porque está aislado o incluso tiene a la población en contra. Nuestras acciones no son sólo nuestras, hay que cuidar un espacio donde otra mucha gente pueda reconocerse y sentirse implicada. Ver y escuchar más allá de uno mismo, preservar la fuerza del anonimato.
Convertir a cada individuo en simpatizante y amigo (L)
Es interesante reflexionar sobre los insultos que recibe el 15-M: perros, ratas, alimañas, piojos, chinches. Es como si nos quisieran deshumanizar negándonos la capacidad de hablar. Así no se insulta a un adversario (al que estamos obligados a reconocer), sino a un enemigo (al que se pretende simplemente eliminar). Destruir al otro implica desconocerle primero. Para contrarrestar la fuerza destructiva de los estereotipos la gente del 15-M ha hecho desde el primer día un grandísimo esfuerzo de humanización, hablando en primera persona, como uno más, como uno cualquiera, buscando la empatía, el reconocimiento (“somos como tú”) y un acercamiento sensible al otro. Incluso con la policía, en momentos de mucha tensión. “Vemos personas bajo los uniformes”, se cantaba en Sol. Personas bajo los uniformes, personas bajo los estereotipos, es lo mismo. Lo común es la humanidad.
El enemigo es una contingencia, no un referente de acción (WM)
La presencia o ausencia del enemigo es un asunto secundario (L)
La guerrilla de Lawrence no es una guerrilla anti-turca. No se define a partir de los turcos ni se dirige contra ellos. La libertad que promueve no es una “libertad contra”, sino más bien “libertad de” o “libertad para”. No es una guerrilla que establezca una frontera clara con lo que “no es guerrilla”, sino que más bien tiende a ensanchar sus límites, incluyendo todas las simpatías porque cada una es importante y puede tener su papel. De ese modo no está aislada y, por tanto, no es débil. Se basa más en la construcción de otros puntos de partida para el pensamiento y la vida que en la simple negación que no sale del círculo de lo negado. Es activa, no reactiva. No razona a partir de principios ideológicos consignados en alguna tabla de la ley, sino que piensa concretamente qué aumenta su potencia, es decir, su capacidad de actuar. Qué alianzas, qué acciones, qué movimientos. Se expresa mucho más en la alegría de estar juntos que en la voluntad resentida de revancha. La guerrilla de Lawrence es lo más contrario a una figura o posición victimista. No se queja ni maldice su suerte. No busca chivos expiatorios, ni cultiva interiormente el sentimiento de inferioridad. No repite incansablemente lo malos que son los turcos (y lo buenos que son los árabes por contraste). No espera pasivamente respuestas exteriores, ni busca la salvación en el castigo al otro. Se hace responsable de sí misma y de la marcha del mundo. Produce nueva realidad, no sólo sufre y denuncia la que hay.
Estoy hablando de la guerrilla árabe según Lawrence, pero pienso también en lo mejor del 15-M.
Los fundamentos de la guerrilla-movimiento son por tanto dos: la movilidad, como mejor arma de defensa; y el pensamiento, como mejor forma de ataque. Sustraerle los blancos al enemigo y “convertir a cada individuo en simpatizante y amigo” son las claves de la victoria (WM)
Tendremos que tenerlo muy presente los meses que vienen si no queremos dejarnos encajonar en los callejones sin salida represión/reacción o en el tablero de ajedrez político de "las dos Españas".

Las fotos son de Daniel Bobadilla
Otras entradas sobre Lawrence de Arabia en Acuarela





Cuerpo, de Harry Crews. (¿Todavía no lo leíste?)


“¿Dónde estaba el americano[1] que tuviera alguna cosa y no deseara que fuese la más grande de todas cuantas existiesen?”, se pregunta uno de los personajes de Cuerpo, la desopilante y muy ágil novela de Harry Crews, que nos acaba de traer a España la unión entre las editoriales Acuarela Libros y Antonio Machado.

De músculos grandes, y de otras cosas, habla Cuerpo (Body), cuya publicación es un hito en la edición hispanohablante: es el primer libro traducido a nuestra lengua de Harry Crews, autor de culto y referencia de la literatura del sur estadounidense, ese sur que ha hecho posible la aparición de genios como Mark Twain, Eudora Welty, John Kennedy Toole o Carson McCullers.

Crews, que también pertenece a esa estirpe de escritores estadounidenses malditos que nos retratan el lado más oscuro de la opulenta sociedad estadounidense, narra en esta novela las vicisitudes de Shereel Dupont, aspirante al mayor título de fisicoculturismo del mundo, el Miss Cosmos, cuando su carrera hacia lo más alto se ve sacudida por el terremoto que significa la llegada imprevista de su rústica familia sureña (de Waycross, Georgia) para asistir a la consagración de la hija pródiga.

El certamen de Miss (y Mister) Cosmos tiene lugar

Construyendo mundos compartidos (constelación Tiqqun-Comité Invisible)


(fragmento de Llamamiento)

Situamos el punto de no retorno, la salida del desierto, el fin del Capital, en la intensidad del lazo que cada uno logre establecer entre lo que vive y lo que piensa. Contra los defensores del liberalismo existencial, rechazamos ver en esto un asunto privado, un problema individual, una cuestión de carácter. Al contrario, nosotros partimos de la certeza de que este lazo depende de la construcción de mundos compartidos, de la puesta en común de medios efectivos.

El llamamiento que precede a la insurrección que viene y otros textos radicales de la constelación TIQQUN-COMITÉ INVISIBLE

Literatura a puñetazos

Por Verónica Mellado, El Norte de Castilla, 3 de agosto de 2011
El pasado viernes 29 de julio se presentó en la librería ‘Tipos infames’ de Madrid la primera edición en castellano de una novela de Harry Crews, ‘Cuerpo’ (‘Body’), que ha corrido a cargo de la editorial Acuarela y Machado Libros.
Tras la presentación tendrán lugar las actuaciones de ‘Grupo Salvaje’ y ‘Los Widow Makers’ gratis para todos los asistentes.
Con una tirada de 2000 ejemplares,

"Las historias lo eran todo y todo eran historias"

"La verdad de esto era que las historias lo eran todo y todo eran historias. Todo el mundo contaba historias. Era una forma de afirmar quiénes eran en el mundo. Era su manera de comprenderse a sí mismos".

Así habla Harry Crews en Searching For The Wrong Eyed Jesus (2003) de Andrew Douglas.



Este fue el celebrado vídeo que pusimos el día de la presentación: gracias a Tomás y a Pablo Cobos.

La negación de las clases sociales


(fragmento de ¿Qué pasa con Kansas? - Cómo los ultraconservadores conquistaron el corazón de Estados Unidos de Thomas Frank)

... Todo esto tiene sentido si recordamos que el gran objetivo del Contragolpe [cuyo último eco es el Tea Party] es alimentar una lucha de valores de clase y que el primer paso para conseguirlo es, como hemos visto, negar el fundamento económico de las clases sociales. Después de todo, uno difícilmente puede caricaturizar a los progresistas como la “élite” de la sociedad o presentar al ilustre Partido Republicano como el partido del hombre corriente si reconoce la existencia del mundo de los negocios, el poder que crea la verdadera élite del país, que domina el verdadero sistema de clases y que maneja con destreza al Partido Republicano como su brazo armado en política.

Pasar por alto lo económico es una condición previa necesaria para la mayoría de las ideas básicas del Contragolpe. Sólo se puede pensar que las noticias están inclinadas hacia la izquierda, por ejemplo, si uno no tiene en cuenta a quién pertenecen los grupos de comunicación y si nunca dirige su capacidad crítica hacia el sector de los medios consagrado a la información económica. El campus universitario sólo se puede ver como un lugar dominado por izquierdistas si uno no considera los departamentos de economía o las escuelas de estudios empresariales. Se podría pensar que los conservadores son víctimas impotentes sólo si se excluye del análisis al electorado histórico básico del conservadurismo: la comunidad empresarial. Asimismo, sólo se puede creer que George W. Bush es un hombre del pueblo si se oculta el estatus económico de su familia. O lo que es más importante, es posible entender la cultura popular como producto del progresismo sólo si uno no quiere ver la más esencial de las realidades económicas, a saber, que las cadenas de radio y televisión, los estudios de cine, las agencias de publicidad, las editoriales y los sellos discográficos son, de hecho, empresas.

De hecho, la ceguera económica del Contragolpe también es un producto, en gran parte, de las mismas empresas culturales. Los conservadores sólo pueden ignorar la economía porque viven en una civilización cuyas máximas expresiones culturales –películas, anuncios y comedias de situación– han insistido durante décadas en quitarle importancia al mundo del trabajo. Sólo son capaces de separar totalmente los negocios de la esfera política porque los mismos medios de comunicación, cuyo “sesgo mediático” les encanta ridiculizar, hace tiempo que han aceptado dicha separación como un elemento básico del ejercicio periodístico profesional.

Este texto es un fragmento de un libro que estamos relanzando, ¿Qué pasa con Kansas? - Cómo los ultraconservadores conquistaron el corazón de Estados Unidos, de Thomas Frank, uno de los análisis que mejor explica de dónde surge la fuerza movilizadora del Tea Party y por qué la izquierda ya no entiende (ni sintoniza con) la furia de la gente común.

Más textos sobre el Tea Party y material de Thomas Frank:
El Antipapa toma té
Las lecciones desaprendidas de la crisis
Arrasa el Tea Party: ¿Qué pasa con EE.UU.? (fragmento)
Nueva derecha y malestar social (blog en Público)
La ultraderecha ha robado el lenguaje a la izquierda (entrevista con Thomas Frank)
La furia del pueblo bajará tus impuestos
El escenario perfecto del Tea Party

La furia del pueblo bajará tus impuestos


(fragmento de ¿Qué pasa con Kansas? - Cómo los ultraconservadores conquistaron el corazón de Estados Unidos de Thomas Frank)

Durante décadas, los estadounidenses han sufrido una insurrección populista que sólo beneficia a la gente contra la que supuestamente va dirigida. En Kansas, vemos claramente una versión extrema de esta chocante situación. Los trabajadores enfadados, muy numerosos, protestan airadamente contra los arrogantes. Levantan sus puños contra los privilegiados. Se ríen de las delicadas afectaciones de los pijos de Leawood. Se concentran en las puertas de Mission Hills, alzando la bandera negra, y mientras los millonarios tiemblan en sus mansiones, ellos gritan sus tremendas reivindicaciones. “Estamos aquí”, chillan, “para recortar vuestros impuestos”.

Este texto es un fragmento de un libro que estamos relanzando, ¿Qué pasa con Kansas? - Cómo los ultraconservadores conquistaron el corazón de Estados Unidos, de Thomas Frank, uno de los análisis que mejor explica de dónde surge la fuerza movilizadora del Tea Party y por qué la izquierda ya no entiende (ni sintoniza con) la furia de la gente común.

Más textos sobre el Tea Party y material de Thomas Frank:
El Antipapa toma té
Las lecciones desaprendidas de la crisis
Arrasa el Tea Party: ¿Qué pasa con EE.UU.? (fragmento)
Nueva derecha y malestar social (blog en Público)
La ultraderecha ha robado el lenguaje a la izquierda (entrevista con Thomas Frank)

El escenario perfecto del Tea Party


El movimiento ultraconservador dirige los pasos del Partido Republicano

A. CAÑO - El País, Washington - 28/07/2011

Una de las principales organizaciones que integran lo que se conoce como el movimiento Tea Party, los Tea Party Patriots, ha hecho esta semana una encuesta entre sus afiliados para medir su estado de ánimo en este momento tan decisivo de la política norteamericana: un 98,8% se opone a la política de Barack Obama, un 97,6% desaprueba al Senado (de mayoría demócrata), un 71,7% critica a la Cámara de Representantes (dominada por los republicanos) y un 81,5% está insatisfecho con el liderazgo del Partido Republicano por considerarlo demasiado moderado. Es decir, casi la totalidad abomina del comportamiento de las principales instituciones del sistema político norteamericano.

Sus opiniones contrastan con las de la mayoría de los ciudadanos. Según una encuesta del Instituto Pew, un 68% de la población está a favor de un acuerdo para elevar el techo de deuda