Como dice Abbie Hoffman en Yippie! Una pasada de revolución, The Fugs "son más que un grupo musical, son una forma de vida con la que no se gana un centavo". Creados por los poetas Ed Sanders y Tuli Kupferberg con un nombre eufemístico ("fug" en lugar de la palabra tabú "fuck"), los Fugs fueron una auténtica andanada protopunk que participó en protestas contra la guerra de Vietnam y se caracterizó por unas letras satíricas que no temían mencionar el sexo, las drogas, la política, o la autoparodia. Como ejemplo os dejamos CIA man (letras en inglés incluidas).
Banda sonora yippies: The Fugs
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on lunes, 21 de octubre de 2013
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W.I.T.C.H. Conspiración Terrorista Internacional de las Mujeres del Infierno
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on sábado, 19 de octubre de 2013
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[Hoy queremos dar las gracias a Marta, librera de la Machado, por el aviso y la propuesta de dedicar un cuelgue a la reciente reedición en La Felguera Editores de este fantástico libro, en cuyo prólogo ("¿Crees en los hechizos? W.I.T.C.H. o la guerrilla que abrazó el lado oscuro") aparecen referenciados nuestros queridos Yippies. ¡Ahí va!]
Traducción de Inmaculada Pérez
"En 1967, justo antes de la aparición de algo tan potente y salvaje como W.I.T.C.H. (Conspiración Terrorista Internacional de las Mujeres del Infierno), disfrutaba de un enorme atractivo el Youth International Party, un ficticio partido que en realidad representaba a un movimiento conocido como "Yippies". Los hippies más radicales, aquellos amantes de la performance activista, la parodia y el boicot, se situaban tras las huestes yippies. Habían logrado convertirse en una amenaza desestabilizadora: eran sumamente contagiosos y se desarrollaban a través del teatro guerrillero, las performances antibélicas y distintas acciones directas espectaculares, como la invasión de la Bolsa de Nueva York, donde lanzaron billetes de un dólar, provocando que los agentes de bolsa se tirasen al suelo a la desesperada captura de algún billete. El capitalismo en su rostro más feroz.
El yippie era un ser de pesadilla, "un vagabundo drogado con el fusil al hombro tan feo que la sociedad pequeño-burguesa se aterroriza de su aspecto" e, incluso, "un loco hijo de puta con pelos largos y barbudo cuya vida es teatro y que crea a cada instante la nueva sociedad mientras destruye la vieja"* (*Jerry Rubin. Do it!, 1971). Abbie Hoffman, su líder, llegó a ser tan conocido como el mismo alcalde de Nueva York. En sus rostros y panfletos, en sus manifestaciones e interrupciones callejeras, podía leerse un mensaje que advertía de un final inminente: aseguraban que ellos, llegado el momento, darían sus vidas por todo aquello. Revolución o muerte.
Todo esto sucedió antes de que las esperanzas se vinieran abajo, la guerra de Vietnam se mantuviera hasta 1975 y surgiera la lucha armada. Pero estamos en 1967 [...]".
Bajo las siglas de W.I.T.C.H. (Nueva York, 1968-1970) se escondía una
sorprendente guerrilla feminista, precursora de las Guerrilla Girls o
Femen, cuyas armas eran los conjuros y hechizos mágicos, el arte
feminista y la acción directa. Su actividad fue frenética, escandalosa y
prodigiosa. Muy pronto, la estética y el estilo de aquel grupo de
brujas urbanas, de guerrilleras sin escoba, prendió la mecha en
distintas ciudades americanas: se crearon células feministas que
recogieron aquel mensaje.
Sus siglas fueron cambiando de manos. Las brujas estaban por todas
partes. Citadas como uno de los más fascinantes ejemplos del activismo
de los sesenta, el grupo pasó a registrarse con letras de oro en la
historia del feminismo radical, aunque también representaban algo
temido, salvaje y casi innombrable.
Publicada originalmente por La Felguera Editores a comienzos del 2007, esta
obra (un auténtico manual de combate) se convirtió rápidamente en un
exitoso libro debatido en todo tipo de ambientes y del que se publicaron
ediciones piratas en Argentina y en nuestro país. Sin embargo, el libro
se agotó y desapareció de las librerías. Debido a su importancia, han decidido rescatarlo. Para celebrar el regreso de W.I.T.C.H., incluyen un extenso ensayo titulado «Adiós a todo eso» (el último
comunicado firmado por ellas y hasta la fecha inédito), tan actual que
resulta sobrecogedor, y que sin duda es una de las más lúcidas críticas
jamás escritas hacia el machismo de los izquierdistas y de la escena
pretendidamente «sensible» a las demandas de las mujeres.
LOS YIPPIES Y NOSOTROS, QUE LOS QUEREMOS TANTO* (1)
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on miércoles, 16 de octubre de 2013
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(aquí os ofrecemos el prólogo de Amador Fernández-Savater a Yippie! Una pasada de revolución, de Abbie Hoffman)
Fue un flechazo,
amor a primera vista. La potencia desestabilizadora del encuentro. En este
caso, un encuentro hacia atrás. Un salto de más de cuarenta años en el tiempo. Y también un salto en el
espacio, a ese lugar a la vez mítico y desconocido que es EE.UU. Hablamos de
nuestro descubrimiento de los yippies, un grupo revolucionario inscrito en el
movimiento de la contracultura norteamericana de los años 60.
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| Diseño de la chapa: Carlos Ruano |
Ciertamente,
existen fuerzas muy poderosas conspirando para neutralizar la virtualidad
intempestiva del pasado. Por ejemplo, los estereotipos. ¿Cómo funcionan? Un
estereotipo nos presenta las cosas como algo ya visto y vivido. La vida en
cartón piedra: sin contexto ni historia, sin claroscuros ni contradicciones,
sin riesgos ni desafíos. Nada que descubrir, nada por lo que preguntarse, nada que
pueda emocionarnos. Los clichés impiden que el mundo nos afecte. Nos distancian
de todo lo que podría tocarnos, ese es su poder de desactivación. Conjuran la
intensidad del encuentro: la conmoción, la sorpresa, la expectativa, la
excitación. Nos vuelven cínicos: gente que ya lo ha visto todo, que ya lo sabe
todo y que no se cree nada.
La memoria de la
contracultura americana ha sido sepultada durante los últimos cuarenta años por
los estereotipos producidos al alimón entre el mercado y una parte importante
del pensamiento crítico. El mercado ha convertido una serie de preguntas, búsquedas y desafíos en modas, frases
publicitarias y productos de consumo. Y una buena parte del pensamiento crítico
ha concluido entonces que el mercado era la verdad secreta de aquellas
preguntas, búsquedas y desafíos. Así, dos fuerzas en principio opuestas se
conjugan para levantar una capa de plomo que fija las distancias entre pasado y
presente. Si durante mucho tiempo nosotros mismos buscamos pistas sobre la
articulación posible entre lo existencial, lo político y lo creativo en el mayo
francés, los años 70 en Italia o el punk inglés, y nunca en la contracultura
americana, se debe sin duda a esta barrera de los estereotipos.
¿Cómo atravesarla?
No hay receta. En nuestro caso, fue muy importante el poder de la ficción, que
es capaz de recrear la mirada del espectador sobre lo mirado. La literatura de
los yippies tuvo ese efecto en nosotros. Miramos la contracultura americana a
través suyo y vimos más allá de los iconos estereotipados (flores, melenas,
pacifismo ingenuo): cómo en una sociedad de abundancia y prosperidad aquel
movimiento lanzó un envite de fondo: «No queremos la vida que se nos ofrece,
vamos a inventar caminos aquí y ahora para escapar de este mundo». A partir de
ahí, pudimos empezar una conversación entre nuestro presente y aquel pasado,
entre su idea de lo que era un desafío y nuestra pregunta por lo que pueda ser
hoy.
Este texto es un
fragmento de esa conversación. Está dividido en dos partes. En primer lugar,
expone quiénes fueron los yippies a partir de nueve palabras clave que pueden
dar cuenta de su imaginario (contra)cultural y político. Aquí despegamos de la
realidad y la bombardeamos sin piedad. Esta parte ofrece algunos elementos de
contexto que pueden ser útiles para introducirse en el libro de Abbie Hoffman.
La segunda parte explica cómo fue la caída y el aterrizaje forzoso de sus dos
líderes más conocidos: el propio Hoffman y Jerry Rubin. Y también se pregunta
por las resonancias y las diferencias entre el pasado yippie y nuestro ahora. Esta segunda parte se puede leer al terminar
el libro de Hoffman. ¿Por qué dividir el texto así? Porque es un error fatal
leer la historia de los yippies a partir de su final, retrospectivamente. Es el
error del pensamiento crítico que neutraliza la fuerza creadora de la
contracultura americana al confundirla con el mercado que acabó absorbiéndola
(al menos, sus aspectos más superficiales). Lo que fueron Abbie Hoffman y Jerry
Rubin en los años 70 y 80 no explica lo que fueron en los años 60. Fue un
devenir entre otros muchos posibles, a partir de la discontinuidad radical de
una derrota política. Dejar esa parte para el final, así como las
interpretaciones sobre la actualidad del desafío yippie, quiere dejar abierta
la historia a nuevas lecturas y reapropiaciones. Permitir que este libro se lea
tal y como su autor lo escribió: por y para las luchas de aquel presente,
inmerso en la potencia del ahora, despreocupado del porvenir.
Segunda parte: "Los yippies en 9 palabras clave"
Tercera parte: "La caída yippie"
Cuarta parte: "Los yippies y el presente"
* Ese «nosotros» somos Leónidas Martín y yo mismo. Este viaje a la contracultura americana de los años 60 lo hemos hecho los dos juntos. Y aunque finalmente me haya hecho yo cargo de la escritura, este texto registra, absorbe y elabora las innumerables conversaciones que hemos ido teniendo al hilo de cada uno de nuestros hallazgos.
Banda Sonora Yippies: Grateful Dead
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on lunes, 14 de octubre de 2013
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En este cuelgue os presentamos una joyita que nos hemos encontrado en YouTube de los Grateful Dead, la banda de Jerry García que tanto gustaba a los Yippies y que se convertiría también en la banda residente de los Merry Pranksters de Ken Kesey, con su sonido primerizo altamente influenciado por los Acid Tests ('Tests de Ácido') empapados de LSD de Kesey, así como por el R'n'B.
Se trata de un video del 68 en el que se recoge el sonido y el ambiente del mítico barrio de Haight Ashbury, en San Francisco, cuna del rock psicodélico en el que durante una época (el Verano del Amor) fueron vecinos y amigos los Diggers, Jefferson Airplane, Janis Joplin y Grateful Dead.
¡Disfrútenlo!
¡Disfrútenlo!
La sed de aventuras
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on domingo, 13 de octubre de 2013
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La aventura africana
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Llamamiento a todos los artistas del mundo (Correo Dadá)
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on viernes, 11 de octubre de 2013
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LLAMAMIENTO POR UN ARTE ELEMENTAL
A todos los artistas del mundo. En arte, amamos la invención audaz, la renovación. El arte es la consecuencia, la suma de las tensiones de una época. Vivimos en el presente. Reclamamos, por consiguiente, la consecuencia de nuestra época, un arte que sólo parta de nosotros, que no exista antes de nosotros ni después de nosotros –y no en función de una moda cambiante, sino porque sabemos que el arte se renueva constantemente y no es sólo una consecuencia del pasado–. Representamos el arte elemental. El arte puede ser elemental si no hace filosofía, si se construye única y exclusivamente a partir de sus propios elementos. Dejarse modular por los elementos de la creación, eso es ser artista.
El artista es el único capaz de descubrir los elementos del arte. Éstos no proceden de la arbitrariedad personal; el individuo no es una entidad separada y el artista es el intérprete de las energías que conforman los elementos del mundo. Artistas, proclamaos solidarios del arte. Dad la espalda a los estilos. ¡Reclamamos la abolición de los estilos para alcanzar el estilo! El estilo nunca es plagio.
Este manifiesto tiene valor de acto: llevados por el movimiento de la época, con el arte elemental proclamamos la renovación de nuestra concepción, de nuestra conciencia de las fuentes de energía que se entrecruzan incansablemente, modelan el espíritu y la estructura del tiempo, y conciben el arte, cosa pura que, liberada de la utilidad y de la belleza, brota, elemental, del individuo.
¡Por el arte elemental! ¡Contra la reacción en el arte!
Berlín, octubre de 1921,
R. HAUSMANN, HANS ARP, IVAN POUGNY, MOHOLY-NAGY
Texto de Correo Dadá de Raoul Hausmann
Ilustración: Raoul Hausmann: Kutschenbauch dichtet, 1920. Museo de arte e industria, Saint-Étienne.
El artista es el único capaz de descubrir los elementos del arte. Éstos no proceden de la arbitrariedad personal; el individuo no es una entidad separada y el artista es el intérprete de las energías que conforman los elementos del mundo. Artistas, proclamaos solidarios del arte. Dad la espalda a los estilos. ¡Reclamamos la abolición de los estilos para alcanzar el estilo! El estilo nunca es plagio.
Este manifiesto tiene valor de acto: llevados por el movimiento de la época, con el arte elemental proclamamos la renovación de nuestra concepción, de nuestra conciencia de las fuentes de energía que se entrecruzan incansablemente, modelan el espíritu y la estructura del tiempo, y conciben el arte, cosa pura que, liberada de la utilidad y de la belleza, brota, elemental, del individuo.
¡Por el arte elemental! ¡Contra la reacción en el arte!
Berlín, octubre de 1921,
R. HAUSMANN, HANS ARP, IVAN POUGNY, MOHOLY-NAGY
Texto de Correo Dadá de Raoul Hausmann
Ilustración: Raoul Hausmann: Kutschenbauch dichtet, 1920. Museo de arte e industria, Saint-Étienne.
Banda Sonora Yippies: David Peel y la Lower East Side
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on miércoles, 9 de octubre de 2013
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La Lower East Side fue una banda que acompañaba a Dave Peel y se lanzó de lleno al mundo de la contracultura con Have a Marijuana, un disco concebido como una colección de canciones para fumetas. En los setenta los produjo su admirador John Lennon, que se encargó de canciones como The Pope Smokes Dope [El Papa fuma maría]. Por si la conexión con los yippies no fuera ya obvia, aquí debajo tenéis un vídeo de Peel y la Lower East Side en el que, además de John Lennon y Yoko Ono, participa Jerry Rubin (en el centro, con una camiseta blanca que dice "This is not here"). En Yippie! Una pasada de revolución, Abbie Hoffman dice de ellos: "Uno de mis grupos favoritos se llama Lower East Side. Su líder se llama Dave Peel y canta en la calle GRATIS".
HIPSTER, HIPPIE, YIPPIE, HACKER, BEAT… Y DEMÁS TRIBUS MÁS O MENOS CONTEMPORÁNEAS
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on lunes, 7 de octubre de 2013
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Yippie Una pasada de Revolución,
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[Reproducimos, con imperdonable retraso, un fantástico texto del blog de Rui Valdivia sobre hipsters, hippies, yippies y demás en el que (¡¡¡GRACIAS!!!) elogian nuestro trabajo en la publicación del libro Yippie! Una pasada de revolución (de Abbie Hoffman) y todos los materiales que estamos subiendo al blog. Si no fuera por momentos como estos...]
ORIENTACIONES EN EL UNIVERSO HIPSTER, HIPPIE, YIPPIE, HACKER, BEAT… Y DEMÁS TRIBUS MÁS O MENOS CONTEMPORÁNEAS
La jerga sociológica alrededor de las tribus o de las identidades resulta realmente compleja. Especialmente la anglosajona. En el siglo XIX las cosas estaban más claras. El concepto de clase política nos mostraba un mundo menos complicado, más diáfano, y caracterizado casi únicamente por tu papel de burgués o proletario, de lumpen o capitalista. Etiquetas, modas. Orientarse en el siglo XXI resulta más problemático. Pero las identidades también son más difusas. Las redes permiten una pertenencia múltiple, y poder desplegar la personalidad entre diferentes tribus o files. Porque se puede elegir para conformar nuestra original identidad. Surgen así dos visiones contrapuestas sobre lo que una tribu o un calificativo sociológico representa: la que considera que esas identidades electivas realmente existen, que algo sólido las sustenta, que representan realidades sociales defendidas por grupos definibles por características concretas. Y también la que cree que cada una de estas tribus sólo existe como imaginario, como símbolo o mito alrededor de los cuales tendemos a identificarnos y a sentir afinidades, estereotipos creados por el cine, la literatura y la música, pero sin materializaciones (Sigue leyendo)
ORIENTACIONES EN EL UNIVERSO HIPSTER, HIPPIE, YIPPIE, HACKER, BEAT… Y DEMÁS TRIBUS MÁS O MENOS CONTEMPORÁNEAS
La jerga sociológica alrededor de las tribus o de las identidades resulta realmente compleja. Especialmente la anglosajona. En el siglo XIX las cosas estaban más claras. El concepto de clase política nos mostraba un mundo menos complicado, más diáfano, y caracterizado casi únicamente por tu papel de burgués o proletario, de lumpen o capitalista. Etiquetas, modas. Orientarse en el siglo XXI resulta más problemático. Pero las identidades también son más difusas. Las redes permiten una pertenencia múltiple, y poder desplegar la personalidad entre diferentes tribus o files. Porque se puede elegir para conformar nuestra original identidad. Surgen así dos visiones contrapuestas sobre lo que una tribu o un calificativo sociológico representa: la que considera que esas identidades electivas realmente existen, que algo sólido las sustenta, que representan realidades sociales defendidas por grupos definibles por características concretas. Y también la que cree que cada una de estas tribus sólo existe como imaginario, como símbolo o mito alrededor de los cuales tendemos a identificarnos y a sentir afinidades, estereotipos creados por el cine, la literatura y la música, pero sin materializaciones (Sigue leyendo)
UN VIAJE A TRAVÉS DE LOS VIAJES, por Álvaro García-Ormaechea
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on sábado, 5 de octubre de 2013
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La aventura africana
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(Os ofrecemos esta reseña (actualizada) que nos hizo en su día Álvaro García-Ormaechea del libro de Fernando Savater La Aventura Africana, que reeditamos el curso pasado.)
Las obras prologadas son Beau geste, de P. Christopher Wren, un libro que habría que recuperar para la literatura porque ha sido explotado por el cine casi hasta la saciedad; Las aventuras de Allan Quatermain, de Rider Haggard –“el latigazo delicioso de la aventura bien contada, de la intriga y el riesgo, la osadía y la abnegación”; A través del desierto, de Sienkiewicz, brillante excepción en un género eminentemente anglosajón, y La tragedia del Korosko, alabada en esta ocasión como uno de los mejores trabajos de Conan Doyle.
Contextualizadas en el África más o menos gobernada por el imperialismo
británico, estas obras no son desde luego loas a la misión civilizadora del
hombre blanco, ni tampoco meras crónicas de viajes para divulgar entusiastas
averiguaciones geográficas o antropológicas. Más bien constituyen “un viaje a
través de los viajes”, en busca no tanto de las fuentes del Nilo como “del paso
al Noroeste de la geografía de la verdadera vida”, por recordar a Debord.
Porque hace un poco más de cien años, mientras el imperio pisaba las nieves
vírgenes del mundo y Cecil Rhodes, contrariado por no llegar a alcanzar los
planetas, se consolaba llevándose los vergeles de África a la Bolsa de Londres,
el viaje entre los viajes no habría de hacerlo ninguno de aquellos viajantes a sueldo,
sino Joseph Conrad por el corazón de las tinieblas.
![]() |
| Ilustración de Acacio Puig |
Por otra parte el aventurero se presenta como la superación de la figura del
jugador, y ello por el mero hecho de haber caído en la tentación más pura.
Quien tienta al aventurero no es otra que la mismísima muerte, presente en toda
aventura en forma de tragedia eventual, es decir, siempre como amenaza y
nunca como necesidad. El héroe en este tipo de relatos es así una
especie de jugador trágico que, después de barajar bien, osa repartirle cartas
también a la muerte. Lo impulsa el anhelo de recuperar el botín logrado tras la
victoria de haber nacido: ese equilibrio entre la promesa y la incertidumbre
que fue el diamante en bruto de la vida, tan toscamente tallado por las
instituciones que los vivos, por cobardía o cautela, han querido darse a sí
mismos. No se busquen en la Bolsa las acciones y el riesgo: frente al mundo de
la actividad, ociosa o remunerada, la aventura es el contexto de la acción ética; contra la servidumbre
de la posibilidad al dominio de la necesidad, el aventurero invoca a la muerte
para vencerla: “Si en nosotros hay algo que no es pleno feudo de la muerte, si
hay algo que no se reduce a mero arriendo de la nada, es precisamente la
decisión de caer, pese a la muerte y por ella, en la tentación mortal de la
aventura”.
![]() |
| Ilustración de Acacio Puig |
Nuestras humanas pasiones deben de cuando en cuando recordarse a sí mismas en
su manifestación más primigenia y espléndida. Por eso “las narraciones
africanas han sido una modalidad perecedera de un género imperecedero”, un
género que invoca el ámbito de los elementos decisivos y las decisiones
elementales, allí donde la imaginación, hoy tan saturada de clichés
prefabricados y estándares mediáticos, recupera sin condiciones su potencia
simbólica. Este gran librito contiene cinco ritos de iniciación y unas
acertadísimas ilustraciones de Acacio Puig. Más que suficiente para
trasladarnos a la antesala de la aventura, ese lugar común, ese tópico
inagotable.
Hunter S. Thompson y la América de después del Juicio de los 7/8 de Chicago.
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on jueves, 3 de octubre de 2013
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Este fantástico texto está extraído de uno de los artículos que conforman el libro La gran caza del tiburón (Anagrama, 1981), concretamente de la Introducción a "Miedo y Asco en Las Vegas: Un viaje salvaje al corazón del sueño americano". En él Thompson nos habla del fin de una era, de la Norteamércia del sueño roto tras el juicio de los 8 de Chicago y del fin del mito de la Carretera...
Hunter S. Thompson (1937-2005) nació en Kentucky. Empezó como periodista deportivo, se consagró como una de las grandes estrellas de la célebre revista Rolling Stone e inventó el llamado «periodismo gonzo», en el que el autor se convierte en protagonista y catalizador de la acción. Entre sus obras más célebres y desmadradas se encuentran, Miedo y asco en Las Vegas y Los Ángeles del Infierno. Una extraña y terrible saga, así como los reportajes reunidos en La gran caza del tiburón. Empezó su única novela, El diario del ron, en 1959, pero no fue publicada hasta 1998. Todas ellas publicadas por Anagrama. Gallo Nero también nos deleitó hace poco con el libro El último dinosaurio, un volumen de entrevistas con el autor.
“[…] Y, en fin, quiero, por último dar las gracias a cuantos me ayudaron a componer este feliz trabajo de ficción. No hace falta dar nombres. Ellos saben bien quiénes son… y, en esta loca era de Nixon, ese conocimiento y esa risa privada probablemente sea lo mejor que cabe esperar. La diferencia entre el martirio y la estupidez estriba en una tensión de un cierto tipo en el cuerpo político… pero esa línea de separación desapareció, en Estados Unidos, en el juicio de los “7/8 de Chicago”, y no tiene ningún sentido que nos engañemos ahora respecto a Quién Tiene el Poder.
En un país donde mandan los cerdos, todos los cerdos suben rápido…
y los demás vamos jodidos, si no somos capaces de coordinar nuestras acciones:
no necesariamente para Ganar, sino más que nada para no Perder del todo. Nos lo
debemos a nosotros mismos, y a esa tullida imagen que tenemos de nosotros como
algo mejor que una nación de ovejas
aterradas… pero, sobre todo, se lo debemos a nuestros hijos, que tendrán
que vivir con nuestra derrota y todas sus consecuencias a largo plazo. No
quiero que mi hijo me pregunte, en 1984, por qué sus amigos me llaman “Buen
Alemán”.
Y esto nos
lleva a una última cuestión sobre Miedo y Asco en Las Vegas. Yo le he
llamado, no demasiado sarcásticamente, “vil
epitafio de la Cultura de la Droga de los años sesenta”; y creo que lo es.
Toda esta saga tortuosa es una especie de Tentativa Atávica, un viaje-sueño al
pasado (sin embargo reciente) que sólo a medias salió bien. Creo que ambos
sabíamos, en todo momento, que corríamos un gran riesgo al hacer un viaje
años-sesenta a Las Vegas en 1971… y que ninguno de los dos volvería a hacerlo
nunca.
Así que
extremamos las cosas al máximo y sobrevivimos… lo cual significa algo, imagino,
aunque no mucho más que una buena aventura… y ahora, tras vivirla, escribirla y
hacer un saludo a esa década que empezó tan arriba para tornarse luego tan
brutalmente amarga, no veo que quede otra elección que ajustar bien las tuercas
y lanzarse a hacer lo que hay que hacer. O eso, o no hacer nada en absoluto:
recaer en lo del Buen Alemán, en el síndrome de la Oveja Aterrada, y yo, la
verdad, no estoy dispuesto a ello. Al menos, por ahora.
Porque fue
agradable divertirse y hacer locuras con una buena tarjeta de crédito, en una
época en que era posible pirarse del todo en Las Vegas y que te pagasen luego
por escribirlo todo en un libro… y pienso que yo quizás lo consiguiera, quizás
lo conseguí, sí, bajo la presión del telégrafo y del plazo de entrega. Nadie se
atreverá a admitir una conducta así en letra impresa si Nixon vuelve a ganar en
el 72.
Esta vez el Cerdo
se dispone a hacer un ensayo serio. Cuatro
años más de Nixon significan cuatro años más de John Mitchell… y otros cuatro
años más de John Mitchell significan otra década o más de fascismo burocrático
que en 1976 estará ya tan atrincherado, que nadie se sentirá con ánimo para
combatirlo. Para entonces, nos sentiremos demasiado viejos, demasiado cascados,
y para entonces hasta el mito de la
carretera habrá muerto… aunque no sea más que por falta de ejercicio. Ya no habrá anarquistas sorbedroga de ojos
estrábicos conduciendo descapotables rojos fuego-manzana por el país si Nixon
vuelve a ganar en el 72.
Ni siquiera
habrá descapotables, y menos aún droga. Y encerrarán a todos los anarquistas en
pocilgas de rehabilitación. El grupo de presión hotelero internacional obligará
al Congreso a aprobar una ley por la que se imponga pena de muerte obligada a
todo el que no pague la factura en un hotel… y la muerte será con castración
& flagelación si tal hecho ocurre en Las Vegas. La única droga legal será
la acupuntura china supervisada, en hospitales del gobierno y al precio de 200
dólares diarios… con Martha Mitchell como ministra de salud, educación y
bienestar, instalada en un lujoso ático del Hospital Militar de Walter Reed.
Eso es lo que se puede decir, en fin, de la Carretera… y las últimas
posibilidades de pirarse demencialmente en Las Vegas y vivir para contarlo.
Pero quizás en el fondo no lo echemos de menos. Quizás, después de todo, el
mejor camino en realidad sea el de la Ley y el Orden.
Sí… quizás así
sea, y si así sucede… bueno, yo al menos
sabré que estuve allí, hundido
hasta el cuello en la locura, antes de que la cosa se acabara, y que llegué a
sentirme tan alto y tan volado como debe sentirse una raya manta de dos
toneladas cruzando a toda marcha la Bahía de Bengala.
Fue un buen viaje, y lo recomiendo encarecidamente…
al menos a aquellos que puedan soportarlo. Y a aquellos que no pueden, o no
quieren, no hay mucho más que decirles. No en este momento, y desde luego no
puedo decirlo yo, ni tampoco Raoul Duke. Miedo
y asco en Las Vegas señala el fin de una era… y ahora, en esta fantástica
mañana del verano indio, aquí, en las Montañas Rocosas, quiero dejar esta
ruidosa máquina negra y sentarme desnudo en el porche de mi casa un rato, a
tomar el sol”.













