Hunter S. Thompson y la América de después del Juicio de los 7/8 de Chicago.



Este fantástico texto está extraído de uno de los artículos que conforman el libro La gran caza del tiburón (Anagrama, 1981), concretamente de la Introducción a "Miedo y Asco en Las Vegas: Un viaje salvaje al corazón del sueño americano".  En él Thompson nos habla del fin de una era, de la Norteamércia del sueño roto tras el juicio de los 8 de Chicago y del fin del mito de la Carretera...

Hunter S. Thompson (1937-2005) nació en Kentucky. Empezó como periodista deportivo, se consagró como una de las grandes estrellas de la célebre revista Rolling Stone e inventó el llamado «periodismo gonzo», en el que el autor se convierte en protagonista y catalizador de la acción. Entre sus obras más célebres y desmadradas se encuentran, Miedo y asco en Las Vegas y Los Ángeles del Infierno. Una extraña y terrible saga, así como los reportajes reunidos en La gran caza del tiburón. Empezó su única novela, El diario del ron, en 1959, pero no fue publicada hasta 1998. Todas ellas publicadas por Anagrama. Gallo Nero también nos deleitó hace poco con el libro El último dinosaurio, un volumen de entrevistas con el autor.


“[…] Y, en fin, quiero, por último dar las gracias a cuantos me ayudaron a componer este feliz trabajo de ficción. No hace falta dar nombres. Ellos saben bien quiénes son… y, en esta loca era de Nixon, ese conocimiento y esa risa privada probablemente sea lo mejor que cabe esperar. La diferencia entre el martirio y la estupidez estriba en una tensión de un cierto tipo en el cuerpo político… pero esa línea de separación desapareció, en Estados Unidos, en el juicio de los “7/8 de Chicago”, y no tiene ningún sentido que nos engañemos ahora respecto a Quién Tiene el Poder.



En un país donde mandan los cerdos, todos los cerdos suben rápido… y los demás vamos jodidos, si no somos capaces de coordinar nuestras acciones: no necesariamente para Ganar, sino más que nada para no Perder del todo. Nos lo debemos a nosotros mismos, y a esa tullida imagen que tenemos de nosotros como algo mejor que una nación de ovejas aterradas… pero, sobre todo, se lo debemos a nuestros hijos, que tendrán que vivir con nuestra derrota y todas sus consecuencias a largo plazo. No quiero que mi hijo me pregunte, en 1984, por qué sus amigos me llaman “Buen Alemán”.



Y esto nos lleva a una última cuestión sobre Miedo y Asco en Las Vegas. Yo le he llamado, no demasiado sarcásticamente, “vil epitafio de la Cultura de la Droga de los años sesenta”; y creo que lo es. Toda esta saga tortuosa es una especie de Tentativa Atávica, un viaje-sueño al pasado (sin embargo reciente) que sólo a medias salió bien. Creo que ambos sabíamos, en todo momento, que corríamos un gran riesgo al hacer un viaje años-sesenta a Las Vegas en 1971… y que ninguno de los dos volvería a hacerlo nunca.



Así que extremamos las cosas al máximo y sobrevivimos… lo cual significa algo, imagino, aunque no mucho más que una buena aventura… y ahora, tras vivirla, escribirla y hacer un saludo a esa década que empezó tan arriba para tornarse luego tan brutalmente amarga, no veo que quede otra elección que ajustar bien las tuercas y lanzarse a hacer lo que hay que hacer. O eso, o no hacer nada en absoluto: recaer en lo del Buen Alemán, en el síndrome de la Oveja Aterrada, y yo, la verdad, no estoy dispuesto a ello. Al menos, por ahora.



Porque fue agradable divertirse y hacer locuras con una buena tarjeta de crédito, en una época en que era posible pirarse del todo en Las Vegas y que te pagasen luego por escribirlo todo en un libro… y pienso que yo quizás lo consiguiera, quizás lo conseguí, sí, bajo la presión del telégrafo y del plazo de entrega. Nadie se atreverá a admitir una conducta así en letra impresa si Nixon vuelve a ganar en el 72.



Esta vez el Cerdo se dispone a hacer un ensayo serio. Cuatro años más de Nixon significan cuatro años más de John Mitchell… y otros cuatro años más de John Mitchell significan otra década o más de fascismo burocrático que en 1976 estará ya tan atrincherado, que nadie se sentirá con ánimo para combatirlo. Para entonces, nos sentiremos demasiado viejos, demasiado cascados, y para entonces hasta el mito de la carretera habrá muerto… aunque no sea más que por falta de ejercicio. Ya no habrá anarquistas sorbedroga de ojos estrábicos conduciendo descapotables rojos fuego-manzana por el país si Nixon vuelve a ganar en el 72.



Ni siquiera habrá descapotables, y menos aún droga. Y encerrarán a todos los anarquistas en pocilgas de rehabilitación. El grupo de presión hotelero internacional obligará al Congreso a aprobar una ley por la que se imponga pena de muerte obligada a todo el que no pague la factura en un hotel… y la muerte será con castración & flagelación si tal hecho ocurre en Las Vegas. La única droga legal será la acupuntura china supervisada, en hospitales del gobierno y al precio de 200 dólares diarios… con Martha Mitchell como ministra de salud, educación y bienestar, instalada en un lujoso ático del Hospital Militar de Walter Reed.



Eso es lo que se puede decir, en fin, de la Carretera… y las últimas posibilidades de pirarse demencialmente en Las Vegas y vivir para contarlo. Pero quizás en el fondo no lo echemos de menos. Quizás, después de todo, el mejor camino en realidad sea el de la Ley y el Orden.



Sí… quizás así sea, y si así sucede… bueno, yo al menos sabré que estuve allí, hundido hasta el cuello en la locura, antes de que la cosa se acabara, y que llegué a sentirme tan alto y tan volado como debe sentirse una raya manta de dos toneladas cruzando a toda marcha la Bahía de Bengala.



Fue un buen viaje, y lo recomiendo encarecidamente… al menos a aquellos que puedan soportarlo. Y a aquellos que no pueden, o no quieren, no hay mucho más que decirles. No en este momento, y desde luego no puedo decirlo yo, ni tampoco Raoul Duke. Miedo y asco en Las Vegas señala el fin de una era… y ahora, en esta fantástica mañana del verano indio, aquí, en las Montañas Rocosas, quiero dejar esta ruidosa máquina negra y sentarme desnudo en el porche de mi casa un rato, a tomar el sol”.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada