¿Cómo comienza Mayo del 68?




¿Cómo se dispara Mayo del 68? El 3 de mayo, los grupos politizados tienen un meeting en la Sorbona. Los ánimos se calientan cuando llegan noticias de la presencia cercana de grupos fascistas. La policía decide intervenir, rodea el edificio y tiende una trampa a los estudiantes: los líderes negocian una salida pacífica, pero los militantes estudiantiles son introducidos en furgonetas según van saliendo del edificio. Y sin embargo, con los líderes y militantes detenidos por la policía, el barrio mismo y la gente cualquiera que está allí presente se pone en pie y comienza una batalla campal con la policía. La paradoja aquí es, por tanto, que Mayo del 68 comienza de alguna manera desbordando a los grupúsculos y los militantes organizados, lo cual ya no dejaría hacer durante todo el tiempo de la revuelta. Lo cuenta aquí Jacques Baynac, participante del meeting de la Sorbona él mismo y detenido también el día 3, autor del último libro de Acuarela: Mayo del 68: la revolución de la revolución.


El 4 de mayo, fichado como «merodeador» y puesto en libertad hacia la una de la madrugada, llego al bulevar Saint Michel. Es como si una tormenta hubiese asolado París. La calle está cubierta de escombros, de ramaje, de basura diversa. Un detalle llama, no obstante, mi atención. Las cadenas aque ciñen el cruce entre Soufflot y Saint Michel han desaparecido.

Lo impensable había advenido. Mientras nos detenían en la plaza de la Sorbona, una multitud se amontonaba en el liceo Saint Louis. Era la hora de salir de clase. Estudiantes y transeúntes de todas las edades y condiciones se concentraban y observaban el arresto de los militantes, la noria de coches policiales. Algunos se morían de rabia por la impotencia. La mayor parte sólo estaba curioseando.

Delante de la librería de Presses Universitaires de France aparca un joven bajito de ojos verdes. Es estudiante de letras, hijo de profesores, anarquista. Tiene veinticinco años. Pierre Arènes ha caído casualmente por ahí. Está indignado. No tanto por la entrada de la policía en la Sorbona, pues hace tiempo que ha comprendido que esta puede permitirse cualquier cosa, como por la idea de que ya no se puede ni discutir sin terminar detenido. Él y otros gritan: «¡Liberad a nuestros compañeros!». Desde en frente se responde: «¡CRS, SS!». La excitación va creciendo. Alguien se atreve a bajar a la calzada y a quedarse en ella.

Este gesto anodino es una bomba. Para todos los presentes significa: «Vosotros habéis ocupado la Sorbona; nosotros ocupamos la calle. Vosotros habéis transgredido vuestra ley; nosotros ya no tenemos por qué respetarla». Unos coches de policía patrullan, todavía con pereza. Pierre Arènes se agacha. Coge una piedra, una no muy grande, vaya, y la lanza hacia un coche de policía(1). Inmediatamente, por no decir al mismo tiempo, dos o tres de las personas que están a su lado lo imitan. Son las 17:30. Las piedras no alcanzan su objetivo. Se buscan más. En este lugar no abundan. Se arrancan las verjas de los árboles y se tiran al bulevar, pero no se consigue bloquearlo. Un coche de policía llega por casualidad. Se grita más fuerte. Un joven taxista avanza pausadamente por la calzada con un adoquín en la mano sacado de quién sabe dónde. Lo lanza. El adoquín alcanza de lleno el parabrisas del vehículo y cae sobre un brigadier que resulta gravemente herido. El coche zigzaguea, se detiene, huye por la calle Médicis. Las fuerzas del orden reciben autorización para intervenir. Excitados por la herida de uno de los suyos, se desbocan enseguida, persiguen a todos aquellos a quienes consideran culpables, golpean de forma indiferenciada y salvaje a cualquiera que tenga la mala suerte de encontrarse al alcance de sus porras.

En el cruce entre el bulevar Saint Michel y la calle Monsieur-le-Prince, una joven pareja se dirige al cine Trois Luxembourg. Empleada de un restaurante universitario, ella tiene veintitrés años y vive con un estudiante suizo de veinticinco. Ella se llama Marie France Paro, él, Henri Dacier. Un grupo de policías persigue a un lanzador de piedras. A su paso van repartiendo porrazos a diestro y siniestro. Uno de ellos se abstiene in extremis de sacudir a Marie France y le dice: «Lárguese por ahí». Cuando ella se da la vuelta para recuperar a su Henri, este yace en el suelo con cinco policías ensañándose con él. Marie France arremete contra ellos con todas sus fuerzas, sobre todo contra el más salvaje, un pelirrojo con bigotes. Los policías terminan soltando a su presa y yéndose a dar porrazos a otra parte. Henri Dacier estará ciego durante varios días: «Ese momento», dice, «nos hizo comprender rápidamente de qué lado estábamos». A decir verdad, él sólo necesitaba una confirmación. Había participado en el Grupo de Estudios Marxistas de Lausanne en 1965 y dos años después en nuestro grupo de investigación parisino para el que había escrito un texto: «Compartimos reflexiones de una lucidez extraordinaria sobre los problemas de los demás pero nunca nos referimos a nosotros, a nuestra propia situación; como si personalmente no tuviéramos verdaderos problemas o como si –puesto que al fin y al cabo experimentamos el deseo de juntarnos– encontráramos en el estar ahí y comulgar en nuestro malestar social, la forma de saciar nuestras aspiraciones profundas»(2).

Desde hace ya una hora larga, una marea asciende y desciende por el bulevar Saint Michel. El ambiente es de jugar a lo grande, a un juego de polis y cacos. Con polis verdaderos y cacos falsos. Los atacantes se disuelven en una multitud más y más densa. Las cargas policiales se suceden. Las granadas lacrimógenas explosionan. Se llora mucho. Un grupo de unas cuarenta personas disfruta de lo lindo. El número de enragés crece a la misma velocidad de los porrazos recibidos. Un camionero frena su máquina, desciende tranquilamente de ella, saca primero un gato y acto seguido, la manivela. Haciéndolo girar de una forma terrorífica consigue dispersar él solo a un grupo de Guardias Móviles. Y se va.

Un Peugeot 404 negro para en la esquina de la calle de l’École de Médecine. Lo conduce un joven de veinticinco años. Vende software de IBM. Se ha enterado de las escaramuzas en el Barrio Latino por la radio del coche. Y llega allí justo en el momento en que unos policías están a punto de atrapar a unos jóvenes. Se interpone con su vehículo, lo detiene y, haciéndose el inocente, pregunta por las causas de tanto jaleo. Le responden con toda la claridad de dos golpes de porra bien atinados. Claude Frèche, casado y padre de familia, se convierte así en un enragé más.

Las verjas de los árboles bloquean ahora el bulevar. La multitud se ha adueñado de la calle. Está completamente envalentonada. Absorbe sin protestar a los perseguidos, no hace nada para ayudar a los perseguidores: ha elegido su campo. Sin dejarse llevar por el pánico, encaja los golpes más duros repartidos por una policía que ha perdido la cabeza. Aún espantado, el comandante Demurier, del cuerpo de los guardianes de la paz, declarará dos días más tarde ante el juzgado de lo penal número 10 que juzga a los manifestantes detenidos en delito flagrante: «He visto ya infinidad de manifestaciones, sobre todo en el Barrio Latino. El viernes [3 de mayo], vi a unos chicos enloquecidos por la rabia levantando barricadas, dedicándose a toda clase de destrozos, fundiendo el asfalto para sacar los adoquines de la calzada. Vi, por primera vez en toda mi carrera, a las fuerzas de la policía obligadas a retroceder ante una ofensiva de los manifestantes que las bombardeaban con adoquines. Aunque había algunos cabecillas, unos cuarenta, en mi opinión los manifestantes actuaban en su conjunto de forma espontánea, por el placer de destruir»(3).

Los «cabecillas» eran, efectivamente, poco numerosos. Tenían el denominador común de no ser militantes organizados. Los poquísimos miembros de grupúsculos, que se encontraban allí porque no habían sido detenidos en el patio de la Sorbona, se esforzaban todos ellos por mantener la calma. «¡Esto es una locura, compañeros! ¡Replegaos! ¡No sigáis a los provocadores!», gritaba un militante de la FER encaramado a un automóvil frente a la Sorbona. Muerta de miedo, Élisabeth Brünner lo insultaba con todas sus fuerzas. En la calle Cujas, otro miembro de la FER, hijo de uno de los principales responsables de la OCI, impedía decididamente a Pierre Guillaume(4), que había acudido en auxilio, levantar una barricada que habría podido bloquear los coches de policía que llevaban a los militantes detenidos. Había, así mismo, algunos otros, de distintas tendencias, que no decían pero tampoco hacían nada. De todas formas, la multitud ignoraba a estos aguafiestas y, en lo que atañe a los combatientes, estos estaban demasiado ocupados como para preocuparse por ellos.

Aunque nunca olvidarían que si por fin habían podido actuar había sido gracias a la ausencia forzosa de los militantes y de sus organizaciones.

Al detener a todos los revolucionarios organizados del Barrio Latino, la policía había dejado involuntariamente el campo libre a todos los que, ignorando que era imposible porque «las condiciones objetivas y subjetivas» no se daban todavía, vencieron en calidad de amateurs en lo que todos los profesionales habían fracasado. La propia policía había aniquilado lo que retenía a las masas.

Se había cargado la última mediación entre el poder y la sociedad.

Había creado un vacío por donde todo se escapaba, aspirado por un agujero negro donde los grupos revolucionarios eran los primeros en disolverse.

Viendo su necesidad y legitimidad destruidas por el acontecimiento, los grupúsculos reaccionan autojustificándose. Las JCR fingen no esquivar el debate para poder enterrarlo mejor: «La manifestación del 3 de mayo ha suscitado en el movimiento estudiantil uno de sus típicos debates falsos. “Ya veis que no servís para nada, decían partiéndose de risa los espontaneístas a los grupúsculos. Mirad qué magnífica respuesta han desencadenado las bases estudiantiles cuando todos estabais bloqueados en la Sorbona. Es más, apostamos lo que haga falta a que con vosotros en la calle no habría pasado nada. Porque con vuestra labia, vuestra disciplina, vuestros servicios de orden habríais conseguido paralizar una vez más la iniciativa de las masas”»(5). A lo cual, las JCR replican: «Años de propaganda revolucionaria, años de movilización y de luchas asumidos por los grupúsculos, han llevado la «espontaneidad» del movimiento estudiantil a un nivel de madurez política muy apreciable. Es esa madurez la que se ha manifestado de forma «espontánea» durante la noche del 3 de mayo y las semanas posteriores».

El problema de esta tesis es que la madurez del puñado de combatientes del 3 de mayo no debía casi nada a la acción de los grupúsculos. En la plaza Maubert y la calle Écoles, donde también había habido bronca, eran los «macarras» del «Roméo Club» situado en la esquina del bulevar Saint Germain con la calle Saint Jacques, los que habían dirigido el cotarro; y nadie podría afirmar sin desternillarse que lo habían hecho influenciados por la propaganda de los grupúsculos. En lo que atañe a los escasos universitarios y estudiantes de secundaria que intervinieron, estos eran, salvo un puñado de excepciones, adversarios declarados de los grupúsculos leninistas.


1. La palabra utilizada en el texto es voiture pie, un vehículo de color negro y blanco usado por la policía [N. de la T.].

2. Archivos privados.

3. Cita de Rioux y Backmann, L’explosion de Mai, p. 114.

4. Fundador de la librería Le vielle taupe en 1965, militante durante algún tiempo de Socialismo o Barbarie y después de Poder Obrero, una de sus escisiones, Pierre Guillaume se convirtió años más tarde en una de las principales referencias del negacionismo en Francia (N. del E.).

5. Daniel Bensaïd y Henri Weber, Mai 68, une répétition générale, p. 112.

¿Por qué millones de trabajadores norteamericanos apoyan a Trump?

Ilustración de Acacio Puig para el libro
de Thomas Frank ¿Qué pasa con Kansas?
Nos adentramos en uno de los mayores misterios de Estados Unidos en este momento: ¿qué es lo que motiva a los seguidores del candidato republicano a la presidencia Donald Trump? Lo llamo misterio porque las personas blancas de clase trabajadora que forman la base de seguidores de Trump se juntan en cifras sorprendentes a favor del candidato, llenan estadios, hangares de aeropuertos, pero sus puntos de vista no suelen aparecer en los periódicos de prestigio.
En sus páginas de opinión, estos rotativos se preocupan por representar a casi todos los estatus sociales pero el de los trabajadores de 'cuello azul' suele pasarse por alto. Los puntos de vista de la clase trabajadora son tan ajenos a este universo que cuando el columnista de The New York Times Nick Kristof quiso (SIGUE LEYENDO)
- Más información sobre Thomas Frank y la derecha populista estadounidense aquí


Deseo de Mayo, por Tomás Ibáñez






Prólogo de Tomás Ibáñez a Mayo del 68: la revolución de la revolución de Jacques Baynac.  

Por muy intenso que pueda ser nuestro deseo de que Mayo del 68 vuelva a acontecer algún día, de bien poco sirve alimentar la nostalgia de lo que nunca volverá a ser. La irreductible singularidad de aquel evento lo ha anclado firmemente en la historia convirtiéndolo en un episodio absolutamente irrepetible. Pero, cuidado, afirmar que Mayo del 68 no puede acontecer nuevamente no implica, ni mucho menos, que haya dejado de latir con fuerza en nuestro presente, ni que sus efectos se hayan extinguido con el paso del tiempo.

Definitivamente irrepetible, Mayo del 68 se reinventa, sin embargo, en cada gesto de colectiva rebeldía, desde la Selva Lacandona hasta la Plaza Taksim, pasando por Notre Dame des Landes, o por las abarrotadas plazas del 15M, entre muchos otros lugares. Pero, vayamos con cuidado, también en este caso, porque, decir que Mayo del 68 se reinventa en ocasiones, no significa que no presente notables diferencias con sus variadas reinvenciones.

Son esos extremos los que me gustaría abordar aquí, a modo de personal y fraternal homenaje al gran libro que Jacques Baynac nos ofrece. Sin duda, uno de los mejores que jamás se hayan escrito al respecto

Mayo del 68 forma parte de esos raros eventos históricos que están dotados de la suficiente magia para espolear la imaginación, encender deseos y hacernos soñar.

Acontecimiento absolutamente inesperado, Mayo no solo causó una enorme estupefacción en el mundo entero sino que dejó atónitos a sus propios protagonistas. Nadie había imaginado que algo semejante pudiese ocurrir en aquel periodo que era relativamente prospero, y en aquel país que era tan apacible que hasta podía resultar aburrido.

Es más, lo que entonces estaba ocurriendo seguía siendo inimaginable y desconcertante para nosotros mismos en el atardecer de cada día de lucha, y en el misterio que envolvía cada amanecer de un continuo combate(1).

Pensar, contar y ver Mayo del 68

Nota editorial de Mayo del 68: la revolución de la revolución, de Jacques Baynac.
 
Mayo del 68: una formidable toma de la palabra por parte de miles de personas condenadas hasta entonces al silencio y el aislamiento. La calle como lugar de diálogo y los muros como espacio de expresión creativa. La alegría desbordante del encuentro entre diferentes y de la interrupción de la normalidad mortífera. La política no como un asunto de partidos o profesionales, sino como la invención de prácticas mediante las cuales las personas cualquiera se vuelven capaces de hablar en nombre propio, pensar y decidir en primera persona, planteando colectivamente los propios problemas. Una pelea, no tanto entre izquierda y derecha, como entre los de arriba y los de abajo. En fin, una nueva experiencia de lo político, por fuera de los partidos y los sindicatos, más allá del horizonte de la toma del poder, que encuentra su recompensa en la misma acción y no en una promesa futura o trascendente. Todo ello resuena muy poderosamente con las búsquedas del presente y con los acontecimientos políticos recientes (primavera árabe, 15M, Occupy, Syntagma, Gezi, etc.). Casi 50 años después, Mayo del 68 puede seguir dándonos mucho que pensar.
 
El libro que tienes entre manos reúne tres textos:

en primer lugar, el prólogo escrito para esta edición por Tomás Ibáñez. La vida de Tomás Ibañez está marcada por el anarquismo desde su infancia: hijo del exilio libertario en Francia, participó en los años 60 en los circuitos estudiantiles anarquistas cuando aún casi nadie se atrevía a cuestionar la hegemonía del Partido Comunista. En Mayo del 68, integrado en el Movimiento 22 de Marzo junto a compañeros anarquistas como Daniel Cohn-Bendit o Jean-Pierre Duteuil, se sumerge en la cotidianeidad de los acontecimientos hasta que es detenido el 10 de junio y confinado en destierro por su condición de refugiado político. En 1973 volvió a España y participó en los fracasados intentos de reconstrucción de la CNT. Autor de referencia para las corrientes libertarias en España y el extranjero, ha enriquecido los planteamientos anarquistas básicos con las aportaciones del post-estructuralismo francés y, muy en concreto, de Michel Foucault. La trayectoria de Tomás Ibáñez es de enorme valor, porque rompe con la idea dominante que quiere hacernos ver a todos los protagonistas del 68 atrapados en la alternativa entre arrepentimiento, normalización, cinismo y/o autodestrucción. Y su pluma trabaja siempre para que la historia sea memoria viva y no lengua muerta, catapulta y no ancla, presente y futuro, no sólo pasado.
 
 

En segundo lugar, el libro original que publicó Jacques Baynac en 1978, titulado originalmente Mayo reecontrado (Mai retrouvé). Diez años después de haber acontecido, el movimiento de Mayo del 68 se estaba haciendo paradójicamente invisible por un exceso de reinterpretaciones que tendían a aniquilar toda su radicalidad. El libro de Baynac trata de revitalizar la potencia del 68, pero no proponiendo otra interpretación más en disputa, sino rescatando la historia de las prácticas concretas que le habían dado vida (las manifestaciones, las ocupaciones de fábricas, los enfrentamientos con la policía, la reapropiación de la calle, los Comités de Acción, la vertiginosa toma de la palabra por parte de aquellos que siempre han estado excluidos de ella), borradas ya en el primer aniversario de Mayo, pero silenciadas y sepultadas después a lo largo de décadas por los iconos, estereotipos y clichés desgraciadamente por todos conocidos. Es difícil encontrar otro libro sobre Mayo del 68 donde se muestre, con el mismo rigor y la emoción, la historia y la materialidad misma del movimiento.
 

 
En tercer lugar, el ensayo que cierra este libro, «Mayo del 68: una hipótesis sobre la estrategia, el tiempo y la revolución», fue publicado por Baynac también en 1978 en Libre, la mítica revista de política, antropología y filosofía fundada en los años 70 por personalidades como Cornelius Castoriadis, Claude Lefort y Marcel Gauchet. Es un ensayo perfectamente complementario del trabajo de investigación histórico en el que Baynac despliega algo que en el libro se encuentra quizá sólo de modo latente: una interpretación política sobre el carácter radicalmente innovador de la estrategia que se despliega a través de las prácticas concretas de Mayo. Una estrategia que no razona en términos de poder y de tener, de espacio y de cantidad, de mediación y organización, sino de no-poder y de ser, de tiempo y de calidad, de aquí y ahora y autoorganización. Una «nueva racionalidad» de lo político, a cargo precisamente de los excluidos de la política, que rechaza «cambiar el mundo a través de la toma del poder» y encarna el deseo de una sociedad y un modo de vida radicalmente nueva.

Por último, el libro está «ilustrado» (portada, solapa, interiores) por Natalia Matesanz Ventura, arquitecta e investigadora. Durante el proceso de edición del libro, conocimos el trabajo cartográfico de Natalia sobre el «espacio afectivo» de Mayo del 68 y nos interesó muchísimo. Los afectos son esas fuerzas e intensidades que nos activan, transforman y ponen en movimiento. Uno de los motores principales de la política de transformación social, por tanto. En Mayo, las intensidades afectivas irrumpen, desarreglan y hacen vibrar las ciudades, los espacios, los lugares. Desordenan las divisiones sociales cotidianas, los espacios fijos, unívocos, reglamentados. Agujerean las distancias. Acercan lo que estaba lejos, separado. Producen nuevas conexiones entre personas, cosas, lugares, corrientes de energía y empatía. Crean una maraña dinámica de nuevas relaciones y vínculos donde había un espacio compartimentado, regulado, jerarquizado. Sin lugar a dudas, podemos aprender mucho de Mayo a partir de estos «mapas afectivos», que no son tanto «ilustraciones» como «máquinas de visión». Que dialogan y resuenan con el texto de Baynac y a la vez dan a ver otras cosas.
 
 

Mayo del 68: la revolución de la revolución (Novedad en Acuarela)

Mayo del 68: quizá por primera vez en la historia se manifiesta una fuerza revolucionaria creada por la abundancia y no por la penuria, una fuerza que no quiere morir por la revolución, sino vivir gracias a ella, que quiere cambiar el mundo y la vida, pero rechaza tomar el poder para hacerlo.


La novedad radical de esta motivación revolucionaria engendra una estrategia insólita e imprevista, que cuestiona tanto las estructuras asfixiantes del capitalismo como las del bloque comunista. Una estrategia que no razona en términos de poder y de tener, de espacio y de cantidad, de mediación y organización, sino de no-poder y de ser, de tiempo y de calidad, de aquí y ahora y autoorganización.

Mayo del 68 fue la revolución de la revolución. El acontecimiento no encaja en ningún esquema teórico conocido y, a partir de él, todos entraron en cuestión.
¿Cómo se encarnó esa novedad, en qué clase de palabras, de gestos, de hechos, de alianzas, de sujetos, de lugares, de dispositivos organizativos? Jacques Baynac, participante él mismo desde el primer minuto en los sucesos de Mayo, escribe en este libro su historia, toda la historia, y traza desde dentro el relato completo de los acontecimientos.

Manifestaciones y barricadas. Facultades y fábricas ocupadas. La realidad cotidiana de la autogestión. «Campesinos rojos», militantes, trabajadores, estudiantes. Octavillas, Comités de Acción, esquiroles, barrios movilizados, viajes a provincias y al extranjero. Es difícil encontrar otro libro sobre Mayo del 68 donde se muestre, con semejante precisión y emoción, la historia y la materialidad misma del movimiento.


El autor: Jacques Baynac

En 1960, Jacques Baynac rechaza combatir en la Guerra de Argelia y parte al extranjero. Vuelve a Francia en 1966, tras haber visto «siete países en tres continentes», ya vacunado contra el modelo leninista y autoritario de la revolución. Cuando estalla Mayo del 68, Baynac tenía tan solo veintiocho años, pero su pasado lo había preparado particularmente bien para reconocerse en el movimiento, en cuyo corazón participa desde la primera hasta la última hora, particularmente desde el centro de coordinación de iniciativas que fue Censier.

Jacques Baynac se ha dedicado más tarde al estudio de los movimientos revolucionarios (ruso, chino, cubano, «la Baader-Meinhof», anarquista, etc.) y a publicar obras de historia y teoría, así como a escribir artículos de actualidad en el diario Libération y realizar y/o producir documentos televisados para la cadena ARTE.

En su trabajo de investigación sobre el pasado, se ha esforzado especialmente en «pasar el cepillo a contrapelo» (como pedía Walter Benjamin) a la historia de la Revolución Rusa y de la Resistencia francesa, publicando varios libros sobre ellas.

El prologuista: Tomás Ibáñez

La vida de Tomás Ibañez está marcada por el anarquismo desde su infancia: hijo del exilio libertario en Francia, participó en los años 60 en los circuitos estudiantiles anarquistas cuando aún casi nadie se atrevía a cuestionar la hegemonía del Partido Comunista. En Mayo del 68, integrado en el Movimiento 22 de Marzo junto a compañeros anarquistas como Daniel Cohn-Bendit o Jean-Pierre Duteuil, se sumerge en la cotidianeidad de los acontecimientos hasta que es detenido el 10 de junio y confinado en destierro por su condición de refugiado político.

En 1973 volvió a España y participó en los fracasados intentos de reconstrucción de la CNT. Autor de referencia para las corrientes libertarias en España y el extranjero, ha enriquecido los planteamientos anarquistas básicos con las aportaciones del post-estructuralismo francés y, muy en concreto, de Michel Foucault. La trayectoria de Tomás Ibáñez es de enorme valor, porque rompe con la idea dominante que quiere hacernos ver a todos los protagonistas del 68 atrapados en la alternativa entre arrepentimiento, normalización, cinismo y/o autodestrucción. Y su pluma trabaja siempre para que la historia sea memoria viva y no lengua muerta, catapulta y no ancla, presente y futuro, no solo pasado.

Otras referencias de Mayo del 68 en Acuarela Libros:

Reggae Revival: ¿renacimiento roots en Jamaica?

 
Este mes de febrero  la revista Cáñamo publica un artículo que he escrito sobre el reggae revival, ese joven movimiento que recupera en Jamaica el gusto por los sonidos y mensajes de la vieja escuela reggae de los 70.

Ante el pánico inicial por la página en blanco, cuando lo empecé a escribir se me ocurrió  preguntar qué pensaban sobre el reggae revival unos cuantos amigos que he tenido la suerte de conocer a raíz de la publicación de Bass Culture: la historia del reggae, y el resultado fue redescubrir, una vez más, la cantidad de gente en este mundillo que está dispuesta a echarte un cable sin pedir nada a cambio.

Al final, como suele ocurrirme, la página en blanco se convirtió en un batiburrillo de ideas del que me vi obligado a ir recortando y recortando, como Epi en ese sketch que va mordisqueando la galleta de Blas y al final no quedan más que migas, por lo que en última instancia opté -quizá equivocadamente- por no reproducir todas esas opiniones que tanto me ayudaron a comprender el movimiento y también las dudas que ha generado.

El caso es que, con el sentimiento de culpabilidad a rastras, se me ocurrió que una forma de hacer justicia a estos colaboradores (más allá de agradecerles su ayuda en el artículo) era crear una especie de "foro" donde se recogieran sus  opiniones. En los próximos meses espero que este foro acabe subiéndose también a la web de Cáñamo (junto con el artículo completo), pero entretanto aquí tenéis los comentarios que me enviaron estos seis grandes. ¡GRACIAS!

Y por supuesto, la puerta está abierta para quien desee sumarse (mail acuarelalibros@gmail.com o como comentarios en esta entrada). 

Recomiendo además a quien le interese el asunto las siguientes referencias, que a mí me ayudaron mucho: los siempre incisivos artículos de Carlos Monty ("Lo que Vogue y las revistas de colores no te cuentan de las nuevas tendencias urbanas del Caribe" y "2013 on its best: reggae revival movement"), este maravilloso documental sobre el reggae revival en español o el polémico reportaje de Vogue sobre el revival (en inglés).

Ah, y muchas gracias a Fidel Moreno y la gente de Cáñamo, ¡mucha suerte en esta nueva etapa! (recomiendo echar un ojo a quien no haya visto la nueva línea, tanto en contenidos como en imagen, son los dos últimos números).

(texto de Tomás Cobos)




Santi Mijarra (reggae-activista, sound system Echo Chamber Roots Hi-Fi)
Parto de la base que algo que saque a la industria jamaicana de los mensajes y actitudes que se vienen dando desde hace años es positivo.

Creo que las cosas fundamentales son la mercadotecnia, el relevo generacional y las nuevas formas de arte en la isla. El que la nueva oleada tenga más cosas en común con las raíces y cultura, provocando una ruptura con lo que venía haciendo en el dancehall, pero que se seguían haciendo músicos más viejos, es positivo porque pone en la mesa de nuevo la tendencia más para los amantes de lo añejo y cierto tipo de mensajes.

La industria jamaicana ha vuelto a re-elaborar un producto como pasó con otros estilos como el new roots o el dancehall; digerible, amable, rebelde y extremadamente exportable a la audiencia occidental (EEUU, Europa y Asia), que es donde se consume reggae y es donde están la mayoría de las tiendas especializadas. En estas latitudes hay mucho público amante del roots, consumidor, participante y militante, pero también hay grandes artistas y creo que a eso la industria jamaicana es sensible. Aquí las redes e internet han jugado una baza fundamental.

Pienso también en la reafirmación de los jamaicanos sobre lo propio, saben lo que están haciendo en otras partes del mundo y lo envían otra vez de vuelta, como un buen producto, reciclarse o morir, en esos son expertos. Los ritmos que se hacen ahora lo llevan haciendo los jamaicanos desde los 60s, basado en el concepto de estándar del jazz, pero hecho en nuestros días.

Se ha creado un producto para seguir consumiendo reggae music, llámenlo revival. Se trata de una renovación relativa de la imagen y el sonido del producto final con las mejoras audiovisuales que la tecnología permite. Si nos damos cuenta algunos de los videos de los más conocidos artistas tienen un aire a Rockers la opera prima de Bafaloukos, los soundsystem en el Yard y noches de humo, bassline y red stripe. Se basan en los vintagero, muy de moda en nuestros días e intentando recrear la era dorada del reggae, en nuestros días. Han entendido que lo visual es crucial a la hora de la venta de un nuevo producto y no nos vamos a engañar, esta logrado.

Por otro lado quiero creer que los mensajes y las líricas van algo más allá de que sea solamente un producto e intentan cambiar la realidad de la humanidad desde la música. Creo que lo que se está haciendo es desde el respeto por las tradiciones y la reelaboración de las mismas aquí y ahora.

Pero vamos que es otro movimiento de la industria jamaicana, para evolucionar y sobrevivir. Lo llevan haciendo años y es cuestión de tiempo que vuelvan a idear algún “movimiento” nuevo.

Indudablemente en todo este tiempo en el resto del mundo se ha ido evolucionando e integrando y los resultados son más que positivos, y de eso se han dado cuenta en Jamaica, por eso su empeño en aplicarse....
 
Dreadful Danitomás (editorial Black Star)

Creo que si vas al meollo de la cuestión es positivo todo vehículo cultural que expanda un mensaje constructivo para la comunidad de los guetos jamaicanos. Son artistas que nacen de la base, que se baten el cobre en sound systems (el auténtico campo de batalla que avala la autenticidad de un artista) y que son muy activos y apelan a la conciencia de los jóvenes jamaicanos apoyándose en mensajes rastas. Sobre la profundidad de sus creencias, creo que son tan profundos y superficiales como tantos músicos jamaicanos identificados con lo rasta a lo largo de la historia. Al final, lo que importa es la impronta que están dejando. Artísticamente, creo que aún no ha habido un gran disco o un gran artista, pero sí que hay cosas interesantes como Mikah Shemaiah o Jah Nine, por ejemplo. Sobre si el nombre es fruto de una intención marketiniana, creo que no debemos exigir una pureza en una industria como la musical jamaicana que nunca se ha regido por la pureza, si no por la efectividad con pocos medios. Y eso es lo que escribe la historia reciente de la música en esta isla. Además, sólo como alternativa y reacción al dancehall que promueve mensajes negativos ya me parece necesario.


Papo Irie (programa SonideroCaribe, sound system Echo Chamber Roots Hi-Fi)

Más allá de si es real o no, si realmente recupera las vibraciones y el carácter militante de mediados de los 70´s...o si simplemente lo han usado como una plataforma de promoción (lo que es muy lícito). Creo que es un movimiento muy positivo, que ha impulsado la carrera de nuevos valores de la escena reggae en jamiacana con mucho talento o que estos muy bien han aprovechado para subirse a la ola, muchos artistas con ganas de ser escuchados. Entre estos valores puedo destacar a Micah Shemaiah ( el que más me gusta de todos), Suns of Dub, Raging Fyah, Dubtonic Kru, Jah9, Protoje, Kabaka o Chronix por nombrar algunos.


Víctor Castro (periodista musical, blog Bass Culture, sound system Echo Chamber Roots Hi-Fi)


Personalmente no he seguido con demasiada atención las novedades que vienen de Jamaica, sólo algo más los últimos años de cara a la realización de Bass Culture. Por otro lado, siempre me ha rechinado un poco el tufillo de la maquinaria de exportación y toda la mistificación de "lo jamaicano" por el mero hecho de proceder de "la isla". Así que mi opinión está condicionada por esa doble distancia...

Ahora bien, parece innegable que hay un grupo de artistas jóvenes que han surgido en los últimos años y que supuestamente están modificando el panorama, en cuanto a mensaje más consciente y mayor conexión musical con los años dorados.

Mi valoración es que no era muy difícil mejorar lo de las últimas décadas. A ver... soy el primero que me bailo un temazo de Cronixx o de quien toque, y me gustó el concierto de Protoje en Madrid (no he visto nada más del revival en directo), pero en su conjunto, los LPs que he ido escuchando (salvo contadas excepciones) no me parecen muy consistentes y no creo que envejezcan demasiado bien, la verdad. Es cierto que el LP no es un formato muy jamaicano, pero quizá lo que hecho en falta entonces es una labor de producción más sólida.


Las comparaciones pueden resultar odiosas, pero tengo la sensación de que si aplicáramos la misma vara de medir a la escena francesa, por ejemplo, llevaríamos hablando de un reggae revival francés desde hace años. ¡Es impresionante lo que hay ahí! Buenas bandas, músicos, productores, vocalistas... conectadísimos al Roots Reggae y actualizándolo a su manera.

Quizá es que se ha empezado a hablar de movimiento o generación demasiado pronto. Tiempo al tiempo... Por el momento lo que me parece más interesante es que esa joven generación musical parece ser el reflejo de un nuevo movimiento cultural que ojalá sirva para cambiar la cruda realidad de la isla.

Lalo Flores (Asociación Cultural Reggae-ACR)

Creo que el reggae revival expresa el sentimiento de una nueva generación de jóvenes jamaicanos nacidos al calor de un sentimiento global que quedó materializado en el 15M o en los diferentes "Occupy" en el mundo anglosajón. Nativos digitales, algo nada irrelevante, conectados a esa nueva conciencia global llamada redes sociales, han sabido plasmar en su música sus anhelos de justicia y vuelta al camino de rebeldía que en algún momento dejamos los reggae lovers.

Dr. Decker (periodista musical, codirector de Sound System FM)

En cuanto a lo positivo, diría que el revival vuelve a poner al roots y la música consciente en primer plano, que se trata de una generación con estudios a diferencia de los artistas de los 70s y por lo tanto tiene más con que comparar y más también donde verse reflejados, mayor perspectiva de las cosas. También me interesa mucho que ya no es solo música, sino fotografía, poetry, cine...un movimiento general.
Por otro lado me parece que se ha magnificado, y si separamos el grano de la paja, no queda mucho de realmente bueno o novedoso, Jah9 destaca para mi de forma remarcable, me gusta Micah Sheamiah, Chronixx... Y me parece muy interesante el fenómeno concreto de las bandas, hacía mucho que en Jamaica no había formaciones como Raging Fyah, Pentateuch...

Entrevista a Lloyd Bradley en Sound System FM





Como recordaréis, hace poco Enlace Funk publicó una entrevista que le hice a Lloyd Bradley, autor de Bass Culture: la historia del reggae. Ahora nuestros amigos de la emisora Sound System FM tuvieron a bien reproducir un buen fragmento de la entrevista en su programa del 12 de enero. ¡Gracias a Dr. Decker y Papa Dick! ¡Big Up!

El fragmento de la entrevista está a partir de 02:18:30, pero os recomendamos la escucha completa, entre otras cosas recuerdan a dos grandes recientemente fallecidos: John Bradbury, bateria de los Specials, y David Bowie.

Aquí podéis escuchar el programa en su web.Y aquí el enlace a través de ivoox.
(texto de Tomás Cobos)

Entrevista a Lloyd Bradley en Enlace Funk


La semana pasada llegaron noticias excelentes a mi buzón: el último número de Enlace Funk, en el que se incluye una entrevista que le hice hace poco a Lloyd Bradley (pinchando aquí podéis pedir la revista y aquí hay un listado de tiendas donde se distribuye).

Como aperitivo, os dejo aquí uno de los fragmentos de la entrevista que por motivos de espacio no ha llegado al papel pero que creo que tiene su gracia, ya que nos pusimos a comentar (más que una entrevista fue una charla) las diferencias entre las distintas ediciones, portadas y títulos de Bass Culture y alguna que otra anécdota... Enjoy.



[...]
Tomás Cobos: Estuvimos tratando de conseguir los derechos durante mucho tiempo, y en 2013, justo cuando me iba a Londres con una excedencia de mi trabajo, conseguimos los derechos, así que fui un sueño poder contar con 6 meses de sabático para centrarme en el libro.
Lloyd Bradley: Me gustó mucho la portada que le habéis puesto.

TC: Le comenté a nuestro ilustrador [Joaquín Secall] que quería un altavoz en la portada. La idea era reproducir lo que comentas en el libro, eso de que "raro es el editor valiente que publica un libro sobre reggae y no pone en la portada a Bob Marley".
LB: El caso que cuando escribí eso aún no lo sabía. Tuve una reunión con Penguin sobre la portada, y no tenía ni idea de lo que iban a ofrecerme, porque mi editor entonces no sabía mucho de reggae. Cuando empezó el proyecto solo conocía a UB40 y Bob Marley, es muy fan de Bob Dylan. Le pregunté por la portada y me dijo "Vamos a ser ese libro valiente". Y le dije que adelante. El tipo que se encargaba de los diseños en Penguin, que supervisaba las cubiertas, era un fanático del reggae, ha hecho muchas portadas de discos para el sello Blood and Fire. Sabía lo que se hacía, así que se encargó personalmente y me encantó el trabajo. Es muy gracioso porque me enseñaron varias alternativas, creo que eran cinco. Las otras cuatro eran tan feas que tuve que elegir esa y luego me dijeron que lo hicieron a propósito. Y diez años después, conocí al tipo que está en la portada con la chaqueta y el gorro en un garito de Finsbury Park.

TC: ¿Al que tiene una cerveza?
LB: Sí. Es un tipo encantador. Me dijo que cuando el libro salió todo el mundo le decía que le habían visto en la portada de un libro. Así que fue a una librería, lo buscó, se sentó a leerlo en el suelo de la librería, durante cinco horas y después lo compró. Me dijo que eso fue en septiembre y en las Navidades de ese año seis personas le regalaron una copia. 
 
TC: Jaja, me pregunto qué haría con todas esas copias.
LB: Nunca le volví a ver. Firmé una lámina que tenía con la portada y la dejé en el garito para que se la dieran.


TC: También es muy gracioso en el libro cuando mencionas a Linton Kwesi Johnson y dices de pasada que su disco Bass Culture sería un buen título para un libro.
LB: No conocía a Linton. La gente me había dicho que era muy borde y no me apetecía demasiado conocerle después de haberle robado el título del libro, pero ahora somos muy buenos amigos, le gustó mucho el libro y estuvo encantado con la idea. Me dio su bendición.

TC: Es una buena señal que en todas las traducciones del libro, en italiano, francés, alemán, hemos dejado Bass Culture en el título, no solo porque sea una canción de Linton sino por la fuerza que tiene, aunque sea difícil de pronunciar para los hablantes españoles, aquí dicen "Bas Cultur" [en lugar de la pronunciación inglesa, algo así como Beis Calcha].
LB: Con tal de que lo digan...

TC: Es un título que funciona muy bien. Cuando traduzco un libro obviamente procuro traducir el título también pero en este caso era tan bonito que no tenía sentido tocarlo.
LB: Muchas gracias. Cuando empecé a escribirlo siempre pensé que el título sería Bass Culture, pero iba a ser Bass Culture: The Story of Reggae. Pero cuando llegué a los años 1984-1985 me di cuenta de que quería dejar la historia ahí, y entonces no podía decir que era la historia del reggae. Era algo que me preocupó durante seis meses. Y una noche estaba viendo el documental sobre "Rumble in the Jungle" [el combate entra Muhammad Ali y George Foreman], When We Were Kings [Cuando reinábamos], y pensé: "Ese es el título que quiero: "Cuando el reggae reinaba". Así se me ocurrió el subtítulo. Y una vez lo tuve me fue mucho más fácil dejar la historia donde la dejé, ya no tenía que contar una historia que no deseaba contar.

TC: Tengo que decirte que en español [e imagino que en italiano también es el motivo] elegimos Bass Culture: la historia del reggae porque nos gustó el subtítulo de la edición estadounidense [aunque en su caso lo llamaron This Is Reggae Music: The Story of Jamaica's Music, eliminando el Bass Culture] y, en segundo lugar y supongo que esto es el motivo por el que lo hicieron ellos porque cuando escribiste el libro tenías en mente un público, el británico, que conocía esa época en que el reggae había reinado. Pero la mayoría de la gente en España se preguntaría: "¿El reggae? ¿Cuándo reinó el reggae?". Digamos que tu subtítulo en inglés es un comentario sobre un contexto con el que está familiarizado el público británico, pero no es así en nuestro caso.
LB: En el caso de EE.UU., me dijeron en Penguin que los estadounidenses siempre cambian el título, siempre.

TC: Supongo que al tratarse del mismo idioma puede ser muy frustrante.
LB: Lo que ocurrió es que era una editorial estadounidense que no tenía ni idea de reggae y además ningún deseo de comprenderlo.

TC: También cambiaron la portada.
LB: Sí, pensaron que la portada inglesa no era impactante y que no era lo suficientemente positiva. Y mi respuesta fue que precisamente de eso se trataba. Les dije que sí que tenía impacto, no me gusta la portada estadounidense. Una mujer de la editorial me dijo que llamarlo "Bass Culture" [que se pronuncia igual que Base Culture, "cultura vulgar, inferior"] implica que se trata de gente inferior, de una cultura sin valor... ¿Perdón?

TC: Bueno, para mí también es parte del título. Es la cultura de las clases bajas.
LB: Pero además se llama Bass Culture, [Cultura de bajos, de graves], trata del bajo. No tenían ningún interés, no me iban a escuchar ni a tratar de buscar otra solución, solo querían aplicar su lógica de departamento de marketing. El problema es que habían pagado un adelanto enorme por los derechos para EE.UU. y en última instancia era imposible discutirlo.

TC: Era una pérdida de tiempo.
LB: Totalmente. Y lo último que deseaba Penguin era estropearlo todo, pero el caso es que muchos fans de reggae estadounidense van a Amazon y compran la edición inglesa porque la portada es mejor.

TC: Bueno, en nuestro caso optamos por una portada alternativa.
LB: Y me encanta, la pondré en mi web, es una imagen intrigante además.

TC: Creo que mantiene el espíritu del título y el libro. Lo gracioso es que un amigo al que enseñamos la portada nos dijo que le gustaba mucho pero que qué era, "¿un instrumento jamaicano?".
LB: Jajaja.

LA REVOLUCIÓN DIFUSA: LOS AGENTES DE LA SOMBRA




Ilustración: David Muñoz
A través del torrente de luz desfilaba una cola de usuarios que casi asomaba su extremo posterior por la boca de la Ciudad Iluminada. Entre ellos nos mezclamos el Maestro Penumbra y yo, haciendo sonar las monedas que contábamos para el billete, como habíamos convenido para pasar inadvertidos. Cuando con paciente paso nos acercábamos hacia la taquilla, entre ancianos de codos afilados, un señor de bigote arrogante paseó su mirada por las facciones del Maestro, que al instante abandonó su fingimiento y echó a correr hacia el interior, saltando ágilmente sobre los tornos y seguido a corta distancia por la mayor velocidad que mis piernas permitieron. El Agente de la Luz del bigote no salió en nuestra persecución. Le bastaba comunicar nuestra presencia para dejar la ejecución en manos de sus compañeros armados. No abandonamos por este peligro el plan previamente concebido: era la principal habilidad de Penumbra, adquirida por la costumbre, sortear al enemigo. 
 
Me había costado un tiempo decidirme a acompañarle en aquel sabotaje. Aunque lo conocía ligeramente desde la infancia, ya que éramos vecinos, sólo comencé a conversar con él dos meses antes de esta primera aventura. Una noche de diciembre lo encontré en la escalera en avanzado estado de embriaguez. Debido sin duda a un ebrio arranque de alegría me propuso acompañarle a su casa. Allí, tras varias horas de charla intrascendente junto a una botella y un paquete de cigarros, se atrevió a confesarme sus conocimientos, sus planes y su insuperable timidez. En un cuarto apenas iluminado por la luz de la calle que se filtraba entre las cortinas, escuché revelaciones sorprendentes de cuya veracidad no podía sino dudar entonces. ¿Cómo podría haber sospechado que era la Luz causa de todos los sufrimientos de la ciudad? Me parecía inconcebible aquella relación entre la Luz, hasta entonces símbolo de progreso y civilización para mí, y la destrucción de la alegría. Me explicó, en un lenguaje con dejes mesiánicos, que esta destrucción había tenido su origen varios siglos antes del nacimiento del cristianismo. La Luz se fue introduciendo poco a poco en los rincones, en la intimidad de los pequeños cuartos, y acabó por desplazar el mundo de sombras que nos rodeaban. Entre las muchas heridas abiertas, Penumbra destacaba la timidez y la seriedad.
 
«Es obvio que la luz causa malestar. La luminosidad nos deja indefensos antes las miradas de los demás, sin poder cobijarnos. La respuesta de nuestros cuerpos se debe a esa sensación de opresiva vigilancia, esa continua y dolorosa exposición pública, que provoca diversas reacciones:

»Los tímidos, desde hace un tiempo Agentes de la Sombra, nos hemos replegado hacia la oscuridad, donde nadie nos observa. 
 
»Los más sufridos, ignorantes de la procedencia de su aflicción, se refugiaron de manera inconsciente en la careta de la seriedad, homogeneizando sus gestos. Obtienen por recompensa, a cambio de su rigidez facial, la seguridad de no convertirse en el blanco de las miradas del mundo. Y no sólo tienen estos Severos Semblantes, como nosotros los llamamos, que enfrentarse a cualquier juicio visual, sino que la represión es sistematizada por dedos acusadores.

»Esos dedos, que como rayos caen sobre el desafortunado que muestra algún rasgo que lo diferencia, risa irrespetuosa o expresión informal, pertenecen a los Agentes de la Luz. Recuperados por el Flujo de Luz de entre los Severos Semblantes, han sido sometidos a largas exposiciones bajo los focos, de tal manera que han terminado por anular todo impulso de individualidad en sus mentes. Una segunda misión les ha sido encomendada: eliminar a los Agentes de la Sombra en los pasillos y vagones de la Ciudad Iluminada. Para ello se sirven del Deslumbrador, que camuflan bajo las más diversas formas.»

 
Ilustración: David Muñoz
Dos meses después de aquella noche agarraba el grasiento pasamanos de las escaleras mecánicas, a la retaguardia del Maestro. En mi bautizo como Agente de la Sombra bajaría nada menos que a la búsqueda del Generador Central de la Ciudad Iluminada. Aunque en la Ciudad Exterior, más antigua, el Flujo de Luz seguía cegando muchas pupilas, los Agentes de la Sombra, ayudados por la noche, habían prosperado gracias a exitosas actividades terroristas. De este modo los Grandes Jefes Relucientes resolvieron trasladar su centro de operaciones a los Subterráneos del Transporte, morada del relucir desde su construcción en el siglo XIX. Llevaron así la primacía de la Luz al subsuelo, a las profundidades de la tierra, atravesándola con sus cuchillos de claridad. Lo indefinido recibía por primera vez contorno.

Sabíamos, por tanto, la dificultad que entrañaba nuestra empresa. Pues incluso las sombras de los hombres y mujeres, que no son sino diminutos restos del dominio de la oscuridad, tienden en los Subterráneos Iluminados a desvanecerse, atacadas desde todos los puntos.

Bajo los fluorescentes que techaban los túneles vi en la cara del Maestro aquel temor que ya me había anticipado en nuestras conversaciones. «Por supuesto que he vivido el miedo infantil de las noches a oscuras en que las sábanas sirven de escudo. Pero es un sentimiento mil veces preferible a su faro deslumbrante en la cara. Cualquier intento de huida resulta vano bajo sus focos eléctricos. Al menos aquel miedo a los fantasmas de la noche era mío. Jugaba con él, estaba ahí para fascinarme, para vencerlo llegado el momento. Pero el otro miedo viene de ellos, el que me meten por los ojos.»

En el vagón los Severos relajaban su crispación mirándose los zapatos negros. «El calzado negro, con sus oscuros cordones, al igual que toda vestimenta de este color, constituye una amenaza para el orden luminoso pues libera a la vista del reluciente asedio.» Así disertaba Penumbra sobre las virtudes de la sombra: «La oscuridad, amigo Borroso, es el lugar donde nada nos es impuesto: hacemos y nos hacemos a nuestro antojo. Cuando nos sumergimos en las sombras, renunciamos, por imposible, a la medición, al cálculo. Su naturaleza es tal que los objetos ya nunca permanecen fijos, ni tienen principio ni final, pues no hay líneas. Me sorprenden al rozarme, al chocar con la extensión de mi piel, y en esto precisamente reside lo prodigioso: recuperamos a oscuras la pasión por explorar lo desconocido y lo innombrable, porque nadie juzga nuestras caras... Cuando encendemos la Luz las paredes se revisten de claridad, la claridad propia de la ciencia que encierra los territorios en un mapa. Pero no olvidemos que el interruptor lo apretamos casi siempre nosotros».

El curso de estas reflexiones fue interrumpido por un acontecimiento imprevisto durante el trasbordo hacia la línea del Generador. En un pasillo desolado nos cruzamos con un cochecito de bebé guiado por una elegante anciana. Al llegar a su altura Penumbra lanzó una mirada furtiva al interior del cochecito. Me cogió del brazo, cuando los sobrepasamos, para decirme al oído: «Corre hacia el andén». Y mientras me alejaba rebotaban en las paredes los pasos del Maestro retrocediendo y su voz amable que entablaba conversación con la anciana: «Hermosa criatura, abuela».

Dos minutos de impaciente espera separaron mi llegada al andén y la aparición simultánea, como si lo hubiesen concertado de antemano, del Maestro Penumbra y un tren que nos transportaría a nuestro destino. 
 
Y no venía solo Penumbra, sino que apresuradamente entró al vagón cargado con aquel bebé en los brazos. Indignado, en mi ignorancia, le exigí una explicación por el absurdo rapto. Temía yo que por una insensatez sin motivo no estuviéramos a la altura de las maravillosas proezas realizadas por nuestros compañeros: pensaba yo en el Capitán Modorra, que había llenado de niebla los Subterráneos de Londres, y en Juana Tinieblas, que ensombreció con su inmenso manto negro el pabellón donde científicos de todo el globo celebraban una convención sobre bombillas... y en tantas otras hazañas que conocía por el Maestro Penumbra. Pero tan pronto como tuve conocimiento de los motivos de aquel delito, todos mis temores huyeron en desbandada: habíamos capturado a la Gran Esperanza Blanca. Era El Prometido. El elegido por la Luz, que tomaría cuerpo en él para convertirlo, como a otros antes, en un Gran Jefe Lúcido. Los profetas de la Luz habían anunciado que aquel bebé que nos sonreía tímidamente, embutido en un vestido blanco y con inconfundible palidez en la cara, habría de sumir al género humano en la mayor concentración de Luz que había conocido la historia. El Mesías de los Grandes Jefes, como se le nombraba en los Salmos de Lucero, tendría poder para reducir las sombras a su mínima expresión. Pero el azar había puesto a nuestro alcance la posibilidad de desbaratar el Apocalipsis Blanco. Aquel Mesías, que viajaba siempre desprotegido para no levantar sospechas, nos sonreía en el vagón, gracias al talento del Maestro Penumbra.

Sin embargo, no dejamos que la emoción nos embargara de tal modo que peligrase nuestra empresa original: el Gran Apagón. Si llegábamos al Generador, en la estación de Las Bengalas (llamada así por los de la Sombra) conseguiríamos apagar las luces de la Ciudad Iluminada creando un feliz caos, que vendría a ser la culminación de los sueños más ambiciosos de Penumbra. Y nada ni nadie parecía capaz de detenerlo.

En el tren, Penumbra, animado por lo acontecido, me obsequió con nuevos detalles sobre la historia de la Revolución Difusa que habían iniciado los Agentes de la Sombra. La mayor parte se concentra en cavidades sombrías bajo las montañas. En la Ciudad Exterior caminan muchos junto a las paredes de los edificios aunque un gran número de ellos han sido deslumbrados cuando acudían a orgías en sótanos deshabitados. Una docena escasa actúa en los túneles de la Ciudad Iluminada, por donde corren los trenes hasta alcanzar la siguiente estación. «Podrás verlos acurrucados contra un hueco en la pared, si pegas la cara a la ventanilla.»

También me contó algo, por primera vez, de su vida anterior. Había trabajado grabando la voz de esos monos de las máquinas que se veían en algunas tiendas de Frutos Secos. Inventando un original tono atiplado encontró un espacio donde verter su afán creativo, frenado en otras actividades por su asfixiante timidez. Pero acabó por dimitir cuando le fue negada su petición de variar el texto que recitaba el animal. Tras una prolongada temporada perdido en ocupaciones sin expectativas, un aluvión de sueños reveladores le abrió la puerta hacia una nueva vida. El Maestro amaba los sueños. En ellos comprendió las causas de aquella timidez y entró en contacto con los restantes Agentes de la Sombra, que utilizaban este medio para su comunicación. «El sueño es la más completa ausencia de luz.» En la pared interior, negra, de sus párpados, el Maestro poseía su propia pantalla de cine, y en ella se proyectaba la Revolución Difusa.

Ilustración: David Muñoz
En el trayecto hacia Las Bengalas sonaba un acordeón maltratado por un viejo adormecido, al cual Penumbra no quitaba ojo. Como el Maestro no me dijo nada, fueron los hechos mismos quienes me descubrieron las causas de tal interés por la música. Comenzó la luz del andén a entrar por las ventanas y el tren iniciaba su frenada. Al tiempo que Penumbra dejaba a La Gran Esperanza Blanca en mis manos, el acordeonista llegó hasta nuestra posición. Acercó su mano el Maestro al vaso para depositar una moneda, que cayó al suelo, como comprendí después, de manera intencionada. El músico agachado chilló al recibir la primera patada del Maestro, quien, después de propinarle la segunda, forcejeó con él para arrebatarle el instrumento. Con éste en la mano corrió hacia las puertas recién abiertas. Salí tras él y oí allí, en un extremo del andén, las últimas palabras que me dirigió su boca jubilosa: «¡Un Deslumbrador!». Me indicó con un gesto que no le siguiera y se lanzó hacia la oscuridad del túnel, delante de la cabecera del tren. Así se lo tragaron las tinieblas. Transcurrieron unos treinta segundos y del túnel llegó un prolongado gemido de placer al tiempo que un estallido de oscuridad absoluta se apoderaba del lugar. Me adentré, tanteando como pude, pues llevaba aún al bebé, en el maravilloso revuelo que se había formado en el vagón. Sentí entonces que mi timidez, como en átomos disgregados, se extendía por todo el vagón y se aproximaba a los cuerpos intercambiando hasta el infinito los papeles de tocador y tocado... Aún ahora se me empañan los ojos al recordar el Gran Apagón.

Hoy acudiré a la Sierra del Norte para unirme con los pobladores sombríos en su Guerrilla Oscura. Con la Gran Esperanza Blanca en nuestras manos la victoria está más cerca. Debo acabar estas líneas y partir antes de que vengan a buscarme. Quizá tres páginas en negro hubieran bastado para hacerme entender. Pero me temo que hasta que llegue el Gran Apagón Eterno tendré que conduciros a las Sombras a través de palabras.

Señor Borroso