Harry Crews golpea de nuevo con Una infancia: Biografía de un lugar


Acuarela Libros & A. Machado se complacen en invitarles a visitar de nuevo la Biblioteca CREWS. El viaje lo iniciamos hace tres años con Cuerpo —una crítica a la sociedad de consumo y la cultura/tiranía de la belleza—, seguida de su portentosa ópera prima, El Cantante de Gospel, donde Harry Crews nos sumergía en el basural del Sueño Americano. Ahora tenemos el orgullo de poder continuar descubriendo en castellano el secreto mejor guardado de la literatura norteamericana con la publicación de Una infancia: biografía de un lugar, su obra más aclamada por la crítica, un libro de iniciación juvenil, con ecos de Mark Twain y Flannery O'Connor, que transcure en la ciénaga inmunda, pero al mismo tiempo tierna y bella, de la que salió el propio Crews casi de milagro: ese Sur profundo y derrotado, sin aparente escapatoria, donde proliferan los linchamientos, las cicatrices, el analfabetismo, los circos de freaks y el fanatismo religioso...
"No eran hombres violentos, pero sus vidas estaban llenas de violencia."

La infancia recuperada de esta novela es el lugar del que Harry Crews se marchó a los diecisiete años con idea de no volver. No la miserable cabaña de arrendatarios en la que siendo apenas un bebé amaneció un buen día junto a su padre muerto, ni siquiera aquella cama en la que se pasó tendido buena parte de su infancia soñando con huir al mundo idílico y sin cicatrices que se anunciaba en las páginas satinadas de los catálogos de Sears, sino todo el condado de Bacon, con sus gentes y sus historias. Sobre todo sus historias. Historias de alambiques ilegales escondidos en mitad de la espesura, de viejas rencillas sangrientas, de serpientes que hablan, de pájaros que pueden poseer el alma de un niño, de predicadores delirantes y hechiceras que espantan a los espíritus... Y es que en Bacon todo el mundo cuenta historias. Las historias lo son todo y todo son historias. Contar historias es su manera de sobrevivir y de comprenderse. Nada muere si hay historias. Todo, tanto lo bueno como lo malo, se incorpora y se traspasa de una generación a la siguiente y son quienes cargan con ese legado los que acaban por darle forma y color. A lo largo de estas páginas el autor de El Cantante de Gospel intenta regresar al territorio delimitado por las historias que configuraron su infancia para descubrir que de aquel lugar del que, como el viejo Huckleberry Finn, siempre quiso huir, por muy lejos que le llevarían sus futuros vagabundeos, nunca logró marcharse.
"Una infancia no trata sobre una América olvidada, trata de una parte de América que raramente, salvo en libros como este, ha sido puesta al descubierto." NEW YORK TIMES BOOK REVIEW.
"El gran don de Crews es su capacidad para mostrarnos lo absolutamente execrables y hermosos que somos." NEW YORK TIMES NEWSDAY.

Harry Crews (1935-2012) sirvió como marine durante la guerra de Corea. Durante su primer año en el ejército fue campeón de los pesos ligeros en su regimiento y le rompieron la nariz al menos seis veces. Practicó karate durante 27 años. Su primer hijo murió ahogado en la piscina de un vecino. Entrenó halcones. Le gustaba la cetrería. Tenía un tatuaje en el brazo derecho con la frase «How do you like your blue eyed boy, Mr. Death» bajo una calavera. Es un verso de e.e. cummings. Bebió mucho y se drogó lo suficiente. Hasta los 47 no tuvo su primera resaca. Admitía no ser una persona divertida. La gente no se sentaba a su alrededor y se reía con sus ocurrencias. Él mismo se reía bastante poco. Todo su humor se encuentra en sus más de 20 libros. Murió en Florida, a los setenta y seis años, por complicaciones de una neuropatía.
"Su literatura se aferra al terruño natal, delimitando una geografía personal que remite de manera perversa al naturalismo de Flannery O’Connor y Carson McCullers. Pero también al retrato, entre poético e intimista, de William Faulkner y Truman Capote; y, sobre todo, al delirante humorismo de John Kennedy oole." (David Bizarro, TENTACIONES)
 OTROS LIBROS EN LA BIBLIOTECA CREWS:
http://acuarelalibros.blogspot.co.uk/2012/11/el-cantante-de-gospel-el-sucio-sur-de.htmlEl Cantante de Gospel
(2012)
«Hay predicadores, un semi-Elvis de música religiosa, mánagers mezquinos, familias de acémilas atrasadas, raíces, barro, fanatismo, racismo y linchamientos. Es maravilloso.» KIKO AMAT
Cuerpo
(2011)
«Un fastuoso fresco salvaje, divertido, violento, grotesco y muy, muy incorrecto sobre el abono más putrefacto y menos complaciente de la sociedad norteamericana moderna.»
JUAN CERVERA(Rockdelux)

Positive Vibration: Carlos Monty en la Isla del Tesoro (bibliografía reggae)


Siempre me han gustado los libros sobre música con una historia personal más allá de las "verdades" u opiniones que se quieran contar sobre tal grupo o tal estilo. Y en el caso de Carlos Monty y Bob Marley: Positive Vibration, está muy conseguido.

La narración comienza con un Monty surcando el Atlántico en avión, camino de la Isla del Tesoro, Jamaica (el lugar de los "piratas, negreros, pícaros, rastas y demás pelaje de irredentos", dice), en busca de un auténtico Grial caribeño. No cuento más por no destripar la historia, pero digamos que además de tener el enorme atractivo de dibujar la vida de Bob Marley en el contexto musical, cultural, social, político, histórico, espiritual de Jamaica algo que se echa en falta en otros relatos sobre Bob, centrados solo en el artista convertido en estrella global ninguneando toda la escena y el contexto que había detrás—, el texto está salpicado por las aventuras y desventuras de Carlos en la isla, que hacen de hilo conductor y dan más color y cercanía a la historia, ya que da la impresión de que estamos acompañándole en este viaje a las entrañas del reggae.

El material gráfico es imponente (formato grande, muchas fotos a todo color, unas de archivo, otras del autor; debajo incluyo un par de imágenes del libro desplegado que alguien ha tenido la amabilidad de subir a la red para ahorrarme trabajo) y la obra se completa con una discografía exhaustiva, además de bibliografía y "videografía" (qué tiempos aquellos).

Se publicó en la editorial valenciana La Máscara, que cerró, por lo que está descatalogado y cuesta conseguirlo. Yo tuve la suerte de conseguirlo de segunda mano en Amazon a un coste razonable, pero la escasez de ejemplares hace que a veces (como ahora mismo, 60 euros) la broma salga cara. Alguien tendrá que ir pensando en reeditarlo...

Nos quedamos por ahora con una cita de Marley incluida en el libro:

"Necesitamos vibraciones positivas. Porque lo primero es que no puedes ser ignorante, tienes que ser inteligente. Queremos expulsar lo negativo del todo, sacarlo fuera. Tienes que ser positivo. Es lo que tu boca dice lo que te mantiene vivo. Y la vida, es la cosa más grande". Junio 1975.

(texto de Tomás G.C.)




Una historia, un viaje: Reseña de Bass Culture en Literaturas.com

(Reseña de Pablo Casielles sobre Bass Culture: la historia del reggae publicada en Literaturas.com)

Este libro cuenta una historia bajo la metáfora de un viaje. Y el hilo que sitúa y marca el itinerario es la música reggae. Una música que nace en Jamaica y que luego se exporta al mundo entero. 


Y en estas páginas se nos descubre a oídos profanos que lo que conocemos como “reggae” no es un estilo en sí mismo, sino que es el producto de la evolución de distintos “subgéneros”, (ska, dancehall, dub, roots, etc), que a lo largo de la historia de Jamaica, han reflejado las características sociales, políticas, económicas, etc, del momento en que son compuestas, su desarrollo mientras reciben el apoyo del público hasta que un cambio en las condiciones de vida trae consigo la aparición de otro subgénero (y esto no tiene carácter peyorativo) que gana de nuevo la bendición del público.

Como siempre suele suceder, aquí todo también comienza en África. El potencial cultural que transportan los esclavos negros desde su lugar de origen, (instrumentos y ritmos que provienen de las ceremonias de vudú, tan antiguos y primitivos que son [... SIGUE LEYENDO]



Cultura de bajos: El porqué del reggae en Acuarela (entrevista)

A principios de este verano nos contactó Jaime Bajo, colaborador musical de Diagonal y otras publicaciones, para entrevistarnos de cara a un artículo que estaba escribiendo sobre editoriales que publican libros de reggae en España. El reportaje, que ya subimos al blog en su momento, salió bajo el título de "El reggae que se lee" e incluyó algunos de los comentarios que hice (Tomás Cobos, coeditor de Acuarela, y prologuista y traductor de Bass Culture: la historia del reggae) a una serie de preguntas genéricas que nos había lanzado Jaime, al igual que a otras editoriales.
Obviamente por motivos de espacio Jaime no metió todo el contenido de la "entrevista", pero creemos que sería interesante compartir en el blog las respuestas íntegras. Las acompañamos de algunas de ilustraciones y fotos que en algunos casos metimos en el libro y en otros se quedaron fuera. 

¿Cuáles crees que son las razones por las que, fanzines y publicaciones underground aparte, nunca ha existido un interés real por parte de revistas musicales y editoriales en publicar sobre música jamaicana?
La primera respuesta que se me viene a la cabeza es la ausencia en España de un contacto directo con música jamaicana a través de inmigrantes, a diferencia de lo ocurrido en Inglaterra, por ejemplo. Pero habrá quien diga que en sitios como Francia, Alemania, Italia, hay mucho más conocimiento del reggae y sin embargo en esos países no ha habido una inmigración masiva desde el Caribe ni mucho menos, lo que llevaría a preguntarnos si es que lo que pasa aquí es que, y perdón por sonar tan pedante, hay mucha incultura musical y más aún sobre el mundo de la música negra en general. También es cierto que hay mucho esnobismo y mucho cliché respecto al reggae (porros, música playera poco profunda y poco elaborada, Bob Marley y poco más...) que han distanciado a mucha gente del reggae y han impedido comprender la complejidad y profundidad que hay detrás de la historia de la música jamaicana. Otra respuesta más maquiavélica sería que es una música con un componente político importante  (no me refiero solo al mensaje rasta o de Black Power, sino al proceso colectivo y comunitario de creación musical y de baile-foro-plaza social que son los sound systems), por lo que no encaja en las tendencias de globalización y mercantilización de la música moderna. Pero te digo todo esto pensando en voz alta porque es una pregunta que me hago a veces y no tengo una respuesta clara.
¿Qué motivaciones te han impulsado a publicar un libro de  música jamaicana?
Nos gusta publicar libros de música que hablen de algo más que una simple pasión musical (que además la hay por mi parte, soy un loco del reggae), sino una mezcla de arte, política, movimientos sociales... En el reggae nos gustó el hecho de que sea música popular, del pueblo para el pueblo, música del gueto, y nos encanta todo el concepto de los sound systems, como foro social, como dice Bradley eran "el latido de la comunidad". Los sound systems eran una plaza, como Sol, un espacio de reunión y celebración de la comunidad, un rito colectivo a través del baile y el poder sanador del sonido. También nos gusta mucho el carácter colectivo de la música jamaicana, el corta y pega, el reciclaje sonoro, el poder revolucionario de la música y la fiesta, y otros temas como el Black Power, el carácter antisistema de los rastas... Y también la belleza de la música, claro, que ha influido mucha en la música moderna (dance, electrónica, rap...). 
¿Qué hace de éste un momento tan propicio para que sean varias las iniciativas editoriales en esta línea? ¿Por qué no se han producido estas circunstancias antes?
Puede que sea por la proliferación de editoriales pequeñas que están buscando huecos en temas que las grandes no tocarían, puede que sea porque la escena reggae ha ido creciendo en España en los últimos años (se puede apreciar en el festival Rototom)... Tengo que reconocer que no conozco apenas la escena reggae española, por lo que me resulta difícil opinar, pero me da la impresión de que puede ser una mezcla de esos dos componentes: una escena en crecimiento y proyectos editoriales independientes con ganas de aventuras.
¿Qué clase de público accede a libros sobre música jamaicana? ¿Alcanzan a un lector más generalista interesado en cultura o música, o se ciñe a la massive militante del reggae?
 Quizá dentro de unos meses, cuando estemos reeditando por tercera vez [NOTA A POSTERIORI: Este comentario era una broma, pero he de reconocer que a finales de septiembre de 2014, apenas cinco meses después de salir el libro, estamos a punto de reeditar], te diré que "todos los públicos", pero entretanto te diría que en gran medida la massive militante que comentas y luego gente interesada en la música en general con miras amplias, es decir, no solo en el pop rock occidental. Gente que lee sobre funk, jazz, hip hop o sobre movimientos artísticos y culturales del siglo XX... Precisamente el motivo de elegir Bass Culture: la historia del reggae fue que es un libro que puede interesar a mucha gente más allá de lxs ya interesadxs en la música, porque como sabes es un libro que aborda un pedazo importante de la historia moderna, la guerra fría, la inmigración de los países desarrollados hacia occidente, la globalización de la música, las luchas anticolonialistas... 
¿Puedes adelantarnos alguna novedad de libros o autores a quienes te gustaría publicar?
No tenemos nada cerrado a largo plazo, pero te diré otros libros que en su momento consideré como alternativas a Bass Culture o que me fascinan: Dub in Babylon, de Christopher Partridge, un libro que cuenta muy bien todo el componente político del reggae a través del dub; Wake the Town and Tell the People: Dancehall Culture in Jamaica, de Norman C. Stolzoff, que explica muy bien el concepto de los sound systems y los dancehalls, tan ajenos a las formas occidentales de consumo musical; Dub: Soundscapes & Shattered Songs in Jamaican Reggae, de Michael E. Veal, una joya para los que amamos el dub; y por supuesto la biblia reggae, Reggae: The Rough Guide. De esta última la única pega es que el formato semienciclopédico, tan ideal para la gente que ya nos gusta el reggae, pero poco atractivo para alguien que no conozca el género. Ah, y me olvidaba de The Black Diaspora, de Ronald Segal, un monumento en papel que cuenta la diáspora negra, no solo en Jamaica sino en todo el continente americano.
¿Qué pretensiones tienes al lanzar la editorial dedicada a la música jamaicana y qué limitaciones o restricciones implica a nivel de alcance, apoyo mediático, lectores interesados…?
Las pretensiones de publicar un libro dedicado a la música jamaicana son, como en todos los libros que sacamos, compartir algo que nos gusta con la gente y abrir una conversación (en facebook, el blog, etc.). Obviamente sería genial que un día pudiéramos vivir de esto, no creo que nadie abra una editorial para perder dinero, pero como a día de hoy, tras 15 años, no vemos un duro, las pretensiones económicas no son ni mucho menos prioritarias, más allá de tratar que los libros se autofinancien con las ventas. En cuanto a limitaciones, está por ver porque está muy reciente y no sabemos aún qué repercusiones tendrá en medios, pero en un principio el volumen de muestras de interés entre medios y público ha sido brutal, tenemos libros que han funcionado bastante bien, pero nunca habíamos visto una reacción tan entusiasta antes incluso de la publicación. Los medios nos suplican que les hagamos caso y el público nos da las gracias por haber sacado el libro, literalmente. 
¿Cómo lector qué esperas cuando te aproximas a un libro dedicado a la música jamaicana? ¿Qué esperas que te aporte a nivel personal y qué clase de publicaciones desearías leer?
La verdad es que soy un devorador de todo lo que se publica de música jamaicana (mi próximo objetivo es pillar el libro sobre Lee Scratch Perry de David Katz, cometí el error de no comprarlo hace poco en una tienda de segunda mano de Londres a 8 libras o algo así), así que soy muy fácil de complacer. Pero te diría que en general me gusta leer sobre libros que te dicen algo más que las anécdotas de tal cantante o tal productor. Me gusta que me sumerjan en la sociedad, en el contexto jamaicano que hace que surja esa música. Tampoco me gusta un libro en el que se viertan en exceso las predilecciones musicales del autor, como si fuera una especie de erudito en poder de la razón. Me pasó con Reggae Routes, un libro muy bueno en otros sentidos, pero que me irritó mucho con la selección de canciones preferidas (no meten ni una de Yellowman en su lista de mejores canciones dancehall y además dicen que toda su música ha envejecido fatal, algo con lo que no estoy nada de acuerdo), aunque supongo que es algo que nos pasa a todos cuando ves una lista de "las mejores canciones de...".

Fogonazos de reggae


Este sábado tuvimos el placer de estar en el Patio Maravillas (¡¡gracias a Xaime y a toda la gente del Patio!!) hablando de música jamaicana y sound systems en torno a Bass Culture: la historia del reggae, con los amigos de Bass Culture (el programa de radio), y después nos zambullimos en una sesión de bajos rotundos de Echo Chamber Roots Hi-Fi, una gozada.

El caso es que para la mesa redonda habíamos preparado entre todos (Acuarela y Bass Culture) un mini guión con ideas que nos sugería el libro y queríamos compartirlo en el blog para extender el debate. Es un borrador de fogonazos que utilizamos para iniciar la conversación, si queréis un texto más elaborado, gran parte de las ideas están recogidas en el prólogo del libro: Una cultura supersónica.

Y para acompañar la lectura, os invitamos a
escuchar a Víctor y Santi a los mandos del Bass Culture Reggae Radio Show.



1. Distancia entre público español y música/tradición afrocaribeña.

Desconocimiento del reggae y su contexto, que implica una fácil instalación de clichés. Cliché como mecanismo de desafección y engaño. Reducción del Roots & Culture a la idea de colgados fumetas.

- Los clichés: el porro, la música tropical (superficial) para darse un baño en aguas cristalinas. En este sentido, Bob Marley: la paradoja entre lo mucho que hizo por su pueblo, por el reggae y por las ideas rastas, y cómo al final sirvió (no por culpa suya sino por el proceso fagocitador de la industria musical globalizada) para crear los clichés, para eclipsar todo lo que había detrás.


2. Sound system como originador (contexto inicial) y dinamizador de la música jamaicana.

Breves apuntes históricos.


3. Baile colectivo como ritual y forma de exorcismo. Sound system como altar, templo y ágora.

- el baile como terapia, como ritual, exorcismo, como punto de encuentro y colectividad. La fiesta como elemento revolucionario. Es curioso que para una parte importante del público occidental la música hecha para bailar ha sido casi un pecado durante mucho tiempo, no es "cool", tiene un estigma, como por ejemplo lo tuvo la música disco durante mucho tiempo. Quizá esto muestra hasta qué punto en la sociedad occidental estamos "separados" de ese sentimiento tan natural, revelador y reparador como es dejar que el cuerpo fluya al son de la música.


4. Sound system como herencia y actualización de la tradición oral. Memoria viva del éxodo forzoso, del horror y de la resistencia a la esclavitud. Voz de los sin voz, en un doble sentido (los que ya no están y los que estando son silenciados).

- el reggae como cultura oral, como forma de conectar con la tradición del propio pueblo, como forma de conciencia colectiva, de historia colectiva, un aspecto que ya de por sí me parece hasta cierto punto revolucionario y rebelde, ya que los blancos habían tratado de cortar esos vínculos. En ese sentido el reggae, igual que los tambores de los esclavos en las plantaciones, es música contestataria. La fiesta como elemento revolucionario, en la que se rompen las jerarquías.

- el sound system como foro, como centro social, lugar de encuentro, periódico de la calle. El sound system es el centro de todo el libro y el corazón de la música jamaicana, y es lo que más me llama la atención como diferencia con el consumo occidental de música, que en gran medida (no todo) se hace de manera "mediada" (a través de algún tipo de soporte, ya sea mp3, cd, vinilo, dvd, youtube, televisión, radio) o con una clara separación entre artista (encima del escenario) y espectador. No es que en Jamaica no exista esa separación, pero sí que es mucho menos clara y que el público juega un papel central en el proceso ya que el objetivo, al final, es bailar y no tanto "escuchar", "bailar" es "activo" y "escuchar" es un concepto obviamente más pasivo. En el baile el público se convierte en estrella. Every nigger is a star.

5. Sound system como núcleo de la experiencia musical jamaicana y como centro de un proceso de creación colectiva.

Baile colectivo (y no mercancía, disco u otros soportes de grabación) como centro del proceso. Musicar, musicking.


6. Bass Culture: Base Culture. Música popular, desde abajo, por y para las de abajo. Música que empodera y otorga identidad. Música y cultura de una comunidad que baila.

- el aspecto "popular" del reggae. Música "vulgar" para las clases bajas, y por eso música que da una identidad. Una constante de la música jamaicana en este sentido es la capacidad para borrar "separaciones": entre artista y público, entre jóvenes y mayores (obviamente no en el dancehall moderno), entre clases sociales, entre lo grabado y lo directo…


7. Poder curativo del sound system. Cuerpos atravesados por vibraciones graves. Cabeza vs Cuerpo (Jah Vego). Cerebro vs Víscera.

- los graves/bajos como potencia terapéutica y revolucionaria. Son terapéuticos por razones obvias (el efecto sanador de las vibraciones sobre el cuerpo, que quizá remiten al vientre materno) y revolucionarios porque conectan con los tambores africanos de revuelta, porque son una reivindicación de la identidad propia/orgullo frente al opresor, porque el mismo sonido da una sensación de poder, de potencia y capacidad al pueblo.

8. Rastas como Panteras Negras Jamaicanas. Black Power.

- Los rastas. El poder de la creación de los mitos (Babilonia, los leones, Selassie), el black power, el orgullo, la religión-espiritualidad como poder revolucionario (algo impensable para mucha gente en Europa, por ejemplo). La capacidad creativa/revolucionaria del lenguaje en los rastas. El despertar de la conciencia.


9. Espiritualidad, mitología y simbología. Selassie y África como símbolo y demostración de potencia, de capacidad de hacer una lectura propia, una reconstrucción de la historia y un lenguaje propio.

Chant Down Babylon. Poder de la palabra. Tradición oral. Palabra, poder y sonido.


10. Roots y Dub como expresión musical rasta.
Alegría desbordante y tristeza oceánica. Sentirse vivo en el baile aún consciente de una pérdida esencial. Lamento por la pérdida, horror de la esclavitud, pero potencia creadora y regeneradora de la resistencia.


11. Dub como Reggae Cubista. Expresión mística, minimalista y terapéutica de una conciencia expandida.

- el dub como forma de música colectiva. El corta y pega, el reciclaje del pasado, el remix, cultura libre pura y dura. Sin miedo al "plagio" (ausencia de copyright, una suerte para los jamaicanos). El papel del ingeniero como creador. Artesano VS artista. El ingeniero como un "artesano" al que se le reconoce una potencia creadora que en otras culturas musicales solo se reserva a los "artistas". Por otra parte, el dub tiene ese poder hipnótico-terapéutico exorcizante, y también la conexión a África a través de los graves y precisamente de ese viaje hipnótico en trance, aunque sea de manera fragmentada, como no podía ser de otra manera.


12. Influencia del dub otras músicas (hip-hop, música electrónica…) y expansión por todo el globo.- música hecha por el pueblo para el pueblo VS música de consumo para los mercados globalizados.


BASS CULTURE en el Patio Maravillas este sábado







¡¡¡¡Parad ese tren!!!! Ska, rocksteady y early reggae (playlist)

Playlist jamaicana: ska, rocksteady, early reggae

Aquí está la nueva playlist jamaicana que hemos creado, con mucho ska, rocksteady, early reggae y alguna cosita más. Para quien no quiera entrar en spotify, ahí debajo va la lista de pepinos bailongos.




Keith & Tex – Stop that Train
Derrick Morgan – Tougher Than Tough (Rudie In Court)
Desmond Dekker – Shanty Town
Don Drummond – Music is My Occupation
Toots & The Maytals – Pressure Drop
Derrick Harriott – Solomon
Alton Ellis – Girl I've Got A Date
Ken Boothe – Artibella
The Upsetters – Return of Django
The Untouchables – Tighten Up
Don Drummond – Silver Dollar
Horace Andy – I Feel Good All Over
Laurel Aitken – Boogie In My Bones
Las 4 Monedas – Buena Suerte
Don Drummond – Alipanga
Hopeton Lewis – Take It Easy
Nora Dean – Barbwire
Don Drummond – Burning Touch
Phyllis Dillon – Perfidia
Dandy Livingstone – Rudy, A Message to You
Toots & The Maytals – 54-46 Was My Number
Slim Smith – Everybody Needs Love
The Wailers – Simmer Down
Toots & The Maytals – Monkey Man
The Ethiopians – Train To Skaville (Original Version)
Alton Ellis – Dance Crasher
Slim Smith – Conversation
Alton Ellis – Cry Tuff
Claudette – Queen of the World
The Paragons – The Tide is High
Marcia Griffiths – Feel Like Jumping
Desmond Dekker – Israelites
The Melodians – Rivers of Babylon
Jimmy Cliff – Miss Jamaica
The Paragons – Wear You to the Ball
The Slickers – Johnny Too Bad
Jewel King – 3 X 7 = 21
Delroy Wilson – Dancing Mood
Justin Hinds & The Dominoes – Carry Go Bring Home
Cedric IM Brooks & The Light of Saba – Salt Lane Rock
Joy White – First Cut Is the Deepest / Number One Entertainer
Carl Dawkins – Satisfaction
Delroy Wilson – Run Run
Derrick Harriott – Do I Worry
Derrick & Patsy – Housewives' Choice
Roy Shirley – Evil Love
Desmond Dekker & The Aces – Rudy Got Soul
Ernest Ranglin – Surfin'
Joya Landis – Angel of the Morning
Ken Boothe – Why Baby Why
The Paragons – Black Birds Singing
Derrick & Patsy – House Wife Choice
Dotty & Bunny – Dearest
Joya Landis – Angel Of The Morning
The Paragons – On the Beach
Freddie McKay – Love Is A Treasure
Slim Smith – Life Keeps Turning
Natives – You You
Theophilus Beckford – Easy Snapping
Spanishtonians – Rudie Gets Plenty
The Techniques – Little Did You Know
Harry J Allstars – Liquidator
Dave And Ansel Collins – Double Barrel

50 años de reggae en España (Bibliografía Reggae)

Tras un breve paréntesis veraniego y un Rototom muy intenso (extenuante y apasionante, suscribimos plenamente los comentarios de Dani, nuestro compañero de fatigas y placeres en el festival con su editorial Black Star: "Con las fuerzas justas después de una semana viviendo en una realidad reggae paralela con nuestros libros, generando proyectos, contactando con gente, abriendo puertas y mentes, os dejo la crónica que he escrito sobre todo lo que he visto. Bless."), volvemos con muchas ganas de retomar en el blog nuestro amor por el reggae -y por otras cosas en breve-.


Y como en la bibliografía nos faltaba entre otras muchas cosas una de las cuatro bases de nuestra alianza editorial jamaicana, vamos con ello antes que nada: se trata de 50 años de reggae en España, un libro pergeñado por Pedro García y Toni Face. 

Se trata, como ya dijimos, de una colección de portadas y referencias discográficas aparecidas en el mercado español, comentadas por estos dos expertos. Es decir, que nos encontramos ante un libro eminentemente visual, empezando por el precioso formato de 7 pulgadas, con un despliegue a todo color de portadas (hoy imposibles de encontrar en muchísimos casos) de ska, rocksteady y reggae, una auténtica golosina para el aficionado al reggae y en general al vinilo.

Y más allá de este encanto plástico, los comentarios del libro van dibujando las marginales incursiones  jamaicanas en el mundo musical español con un recorrido lleno de anécdotas, curiosidades muchas veces hilarantes y reflexiones sobre el porqué de tantas decisiones inexplicables de las discográficas de la época, además de contar importantes fragmentos de la historia de la música jamaicana.

Entre las cosas que nos han sorprendido, ignorantes que somos, están las aventuras ska de los grupos españoles Los Blues de España y Los de la Torre en el ska ¡¡a mediados de los sesenta!!


También nos encanta la manía de traducir los títulos de las canciones al español en las portadas de la época, como en esta del gran Prince Buster (¡¡¡"No tengo mucho que decir" y "Los diez mandamientos"!!!).


O ver que por estas tierras también se conocieron, aunque tarde, discos con portadones como el de la banda sonora de la película The Harder They Come (la película es del 72 y en España el disco se publicó en 1980). (Bueno, esta reproducción que ponemos debajo no es la española que sale en el libro, pero os podéis hacer una idea,)


O esta. (Tampoco se trata de la reproducción del libro)


Finalmente, como historia curiosa del libro nos quedamos con esta:

La cantante jamaicana Millie Small, que consiguió el primer gran éxito internacional de la isla con My Boy Lollipop, publicó una adaptación al español de su tema Poor Little William bajo el título de Mi Chiquitito en 1970. "¡Millie canta en español!", reza la portada. ¿Se inspirarían en ella los Abba al grabar ocho años después su "Chiquitita", que según Wikipedia es el single más vendido en la historia de Latinoamérica? Aquí tenéis una foto de la página del libro con la portada, ya que no la encuentro en internet (ni la canción). Echadle un vistazo al libro y veréis las cosas más claras.



Cuando el orgulloso reggae reinaba (reseña en Babelia, El País)

(Diego A. Manrique)

Bass Culture es la más extensa historia sobre el género musical de origen jamaicano

Ebet Roberts / Redferns
Es un reproche que escuché en la punta oriental de Cuba. Con cierto recochineo, te soltaban: “¿Eso es lo que nos hemos perdido por renunciar al capitalismo? ¿Ser otra Jamaica?”. Sus vecinos de Cuba tienden a pensar en Jamaica como un Estado fallido, sometido a una despiadada violencia y monstruosas desigualdades sociales. Un caso perdido, incluso en la época en que Cuba exportaba revoluciones.

Los duros datos: tres millones de habitantes, con una tercera parte sobreviviendo en una pobreza sin esperanzas. Una emigración que empequeñece incluso al exilio cubano. En contra de su lema oficial (“de mucha gente, una sola”), Jamaica sufre insoportables fracturas sociales, raciales y sexuales; la situación de sus mujeres convertiría a cualquier observador sensible en feminista radical.

En lo económico, depende del turismo, cuyo modelo principal —enclaves playeros muy protegidos— apenas reparte riqueza. Su bauxita depende de las incertidumbres del mercado mundial. En agricultura, su producto más valorado —la ganja, la hierba fumable— se exporta en la clandestinidad.

Con todo, Jamaica posee una historia de éxito única, prolongada durante los 52 años de independencia: su música. Una creación colectiva que no sólo ha forjado la identidad del país: se practica en todos los rincones del planeta. La productividad musical de Jamaica supera todo lo imaginable: en 1997, la Rough Guide calculaba que la industria local había generado unos cien mil discos en menos de medio siglo. Una cifra sospechosamente redonda, aunque quizás razonable teniendo en cuenta que la mayoría de las referencias jamaicanas son discos simples, con una canción por cada cara (frecuentemente, la misma canción en versiones diferentes) y tiradas mínimas.

El libro de Lloyd Bradley que ahora se traduce tiene fecha de 2001. Y el subtítulo original era When reggae was king, es decir, Cuando el reggae era el rey. Una manera elegante de avisar de que el autor cree que lo que ha venido después de —digamos— 1985 no es descendencia legítima del reggae o, en todo caso, no digna de su pedigrí. Un punto polémico, como pueden imaginar. La musicología del reggae ha sido obra de aficionados obsesivos, generalmente [Sigue leyendo]

Este años damos la chapa en el Rototom


Este sábado 16 de agosto llegamos al festival Rototom Sunsplash, en Benicássim, con un maletero lleno de copias de Bass Culture: la historia del reggae (y alguna cosilla más) y mucha ilusión para compartir un puesto con nuestros amigos de Black Star (no se pierdan su primera joya: La leyenda de Sugar Minott y Youth Promotion).

Para quienes tengáis la suerte de estar por allí, os animamos a visitarnos, estaremos toda la semana, hasta el sábado 23 de agosto, junto a la Reggae University, muy cerca del Foro Social. Además de los libros, tenemos sorpresas en forma de chapa o imán (que ha diseñado nuestro amigo Carlos Ruano). Ahí van unos ejemplos (hay más), a ver si os gustan.



No encuentro el diseño... así que ahí va una chapa materializada.














La música jamaicana como ágora del pueblo: Catarsis rocksteady (bibliografía reggae)

Una parada obligatoria en la bibliografía reggae es Catarsis rocksteady: la edad dorada de la música jamaiquina, una crónica sentimental, de Lutxo Pérez. Debajo exponemos algunos de los motivos por los que nos ha cautivado el libro, pero más de allá de su contenido, hay que destacar la valentía de Lutxo al lanzarse a la aventura cuando la música jamaicana -que en otros idiomas tiene un gran número de títulos- atravesaba en el panorama editorial español un largo desierto apenas salpicado por varias obras en torno a la figura de Bob Marley (más adelante tocaremos alguna de ellas). Lutxo rompió el hielo, abordando además un estilo jamaicano, el rocksteady, relativamente desconocido en España, y por todo ello se merece la Orden del Mérito Editorial Reggae, si es que existiese (que también daríamos a Black Star, sin dudarlo). Tras habernos quitado el sombrero, aquí van algunos argumentos por los que nos convenció el libro, que por cierto Rockdelux incluyó entre lo más selecto publicado en España el año pasado.

- Por mostrarnos la belleza del rocksteady, ese gran desconocido cuyo nombre tienes que repetir varias veces a tus amigas y amigos cuando intentas resumir la historia del reggae ("si el abuelo del reggae fue el ska, la madre fue el rocksteady..." ¿El qué? "El rocksteady." ¿Mande?...). ¿Qué es el rocksteady? Podríamos resumirlo como el ritmo más vacilón y elegante salido de Jamaica. O quizá como el soul de Kingston. Pero démosle la voz a Lutxo, que lo cuenta muy bien: 

La era rocksteady aterrizó sobre Jamaica en el otoño de 1966 y se esfumó apenas dos años más tarde, a mediados de 1968. El nuevo ritmo, que recibió su nombre del último baile de moda , supuso el puente estilístico entre el ska -primer ritmo nacional- y el reggae -sinónimo de Jamaica en el mundo a partir de los años 70-. Técnicamente, el rocksteady se diferencia de su antecesor en el tempo, que se redujo a casi la mitad, y en un nuevo patrón de bajo (la verdadera madre del cordero) que abrió de par en par las puertas del futuro.

Tal y como explica el británico Steve Barrow, célebre historiador de la música jamaiquina, las líneas de bajo que sustituyeron al monolítico "walking bass" del ska fueron la verdadera clave del tránsito estilístico. 'El rocskteady rompió el ritmo. Hizo que las notas de bajo se tocaran agrupadas siguiendo un patrón, en vez de una línea continua. La batería y todo lo demás seguían al bajo y [el guitarrista] Lynn Taitt fue el hombre que orquestó todo.   

(...) El soul que se facturaba en EEUU fue el faro que  iluminó el tránsito estilístico entre los dos géneros eminentemente pioneros de la cosa jamaiquina. (El rocksteady fue)una factoría de soul sincopado con sabor a mar Caribe, capaz de hacer frente a los catálogos de las gloriosas Motown, Atantic, Hi y Stax de los dorados años 60. Llegada la pausa, la escena jamaiquina fue capaz de igualar la exuberancia orquestal del soul americano y su profundidad argumental.

Si hay un aspecto destacable del rocksteady y que queda bien claro en Catarsis, es la belleza de las canciones de este estilo, que para muchos fue la cumbre musical de la isla. Creo que queda patente en esta lista de Spotify confeccionada por el propio Lutxo.



- Por la narración en primera persona, todo lo contrario a la posición del erudito en plan "ahora os voy a enseñar yo la verdad, pequeños ignorantes", sino como el deseo irrefrenable de compartir algo que nos ha emocionado, situándolo además en el devenir personal, inseparable de las sensaciones que nos embargan cuando escuchamos música. Quizá la palabra clave sea por eso "compartir", un impulso que nos sigue manteniendo vivos en Acuarela y que ha sido precisamente el motor para publicar Bass Culture: la historia del reggae (Lloyd Bradley). A partir de esta premisa, Lutxo va hilando un relato personal lleno de pasión, humor, emoción por los hallazgos musicales...  Si bien es cierto que, como dice Lutxo en su introducción, resultaría exagerado decir que el rocksteady (o el estilo musical que sea) te "salve la vida", él mismo demuestra en el libro la capacidad de las canciones para transformarnos (para bien). Como tú, Lutxo, creemos firmemente en el poder exorcizante de la música. En su poder catártico. Y si además se trata de ritmos jamaicanos, creemos que es posible ahuyentar con música al mismísimo diablo para que se vaya a tocar los pelotas a otro planeta.


Duke Reid sale a hombros.
- La estructura del libro, de pequeños epígrafes que se van devorando y, como en un gigantesco puzle, van haciendo avanzar la historia hasta tener una visión global del asunto. En este discurrir de historias -que demuestra la capacidad de Lutxo para entrelazarlas y ampliar su significado- hay un sinfín de personajes apasionantes y anécdotas alucinantes que no solo llenan de color la historia sino que nos acercan mucho más a la vibrante escena musical y social de la segunda mitad de los sesenta en Jamaica. Porque, pese a su corta duración, el rocksteady es un resumen perfecto de casi todos los elementos esenciales de toda la producción musical jamaicana, como dice Lutxo: "el síncope, la fugacidad, la producción frenética de éxitos, la fiera competencia, los empresarios visionarios y malos pagadores, el sound system como laboratorio de pruebas, la economía de medios como motor de la creatividad, el diálogo que las canciones establecen entre sí y algunos de los robos más descarados de todos los tiempos".

- Pero dejémonos de monsergas y vayamos al grano. Ahí van unos cuantos ejemplos de canciones rocksteady que Lutxo comenta en el libro y que pueden dar una idea de los monstruos musicales que recorrían por entonces la isla antillana (por cierto, quienes hayan leído el prólogo a Bass Culture: la historia del reggae comprenderán el porqué de la primera canción elegida):

Shanty Town, Desmond Dekker
Cry Tough, Alton Ellis
Swing Easy, Soul Vendors

Tougher than Tough, Derrick Morgan (¡Qué letra! Aquí tenemos la esencia de los rude boys, en algunos aspectos predecesores de los rastas: Rougher than rough, tougher than tough. Strong like lion, we are iron. Rudies don't fear no boy, rudies don't fear)
Train to Skaville, Ethiopians
Stop that Train, Keith & Tex
Blam Blam Fever, Valentines

Precisamente, si hay algo que nos gusta mucho de Catarsis, son las numerosas playlists que incluye al final, un gustito para nuestras orejas.

Desmond Dekker. Grande.

- Por último, quería rescatar estos párrafos del libro que reflejan muy bien uno de los aspectos que más me gustan del reggae y la música jamaicana en general (como quise explicar, mucho más torpemente, en Una cultura supersónica), es decir, el concepto del acontecimiento sonoro y la creación-representación musical como encuentro, como celebración colectiva, como plaza:

"Las canciones que viven en permanente diálogo entre sí mismas fueron una herencia de aquellos hombres y mujeres que llegaron desde África a bordo de infames barcos de esclavos. La música, ya lo hemos dicho, era parte esencial de la identidad grupal de aquella gente. Como Public Enemy se autoerigían "la CNN de los negros", las escenas musicales de ascendencia africana siempre han enfocado su discurso a la comunidad de la que proceden, dan cuenta de sus circunstancias y utilizan su mismo lenguaje.

"Los creadores jamaicanos, como el resto de músicos negros del resto de naciones, siempre han dirigido su arte al pueblo, a la calle, al gueto, a los más desfavorecidos. Sus letras hablan sobre asuntos cotidianos y vienen formuladas en los mismos códigos que utiliza la audiencia (sus mismas expresiones y actitudes). En este sentido, la literatura de la música jamaiquina funciona como un bumerán en constante trasiego entre creadores y público (con el factor potenciador que supone las condiciones de aislamiento del país).

"Siempre con la audiencia como juez y parte, la escena jamaiquina funciona como un ágora: uno suelta su discurso y cualquier de los presentes tiene la capacidad de ejecutar una respuesta que, normalmente, sigue los mismos patrones estéticos en que ha sido formulado el argumento inicial.

"Piensen en la rama de la literatura rude boy, sus juicios ficticios y la repercusión de estas canciones en la sociedad. Alguien envía una opinión musicada y, como estamos frente a un tema de candente actualidad, pronto habrá alguien que responda (normalmente, desde una postura estético similar). Si Prince Buster crea la figura del Juez Dread, las respuestas a esa canción harán mención a ese mismo juez, le volverán a dar vida para magnificarlo o ridiculizarlo, o crearán un nuevo juez que case mejor con su discurso.

"Esto que ocurría en el plano literario, como decíamos, pronto se contagiará al discurso musical (...)  En la mercancía hurtada (...) incluimos de todo: desde un verso de amor, una introducción, las notas de saxofón o el falsete de Curtis Mayfield. Jamaica hizo del plagio una causa. Inoculó el robo en su ADN y, al sumarlo con el resto de sus elementos esenciales, se naturalizó lo de tomar prestada materia prima de aquí y allá, copiar descaradamente y mirar hacia otro lado. Pero no les maldigan todavía. Esta horda de ladrones lo hace guapo, como el Vaquilla y el Torete a lomos de un Seat Mirafiori. […] la copia siempre daba una vuelta de tuerca a la idea original, la matizaba y personalizaba, la actualizaba. La llevaba un paso más allá".

El reggae que se lee

Sancho Ruíz Somalo
(artículo de Jaime Bajo en Diagonal)
 
Al igual que ocurre con otros estilos musicales considerados por la industria musical como minoritarios, el reggae parte de una situación de desventaja en lo que a publicaciones temáticas se refiere. “Supongo que el mundo editorial refleja cierta podredumbre cultural extensiva a muchos otros ámbitos. Desde mi punto de vista, son varios los factores que explican la situación. En primer lugar, la prensa musical nunca ha sentido respeto por la música jamaicana. Esto se ve reflejado en las publicaciones mayoritarias, donde la presencia del reggae ha sido la excepción. Asimismo, hasta la llegada del Rototom a Benicàssim, en los medios se tenía la percepción de que además de ser una expresión cultural menor, su ámbito era muy restringido y minoritario”.

Estas palabras corresponden a Daniel Tomás, factótum de la humilde editorial valenciana BlackStar y responsable de la traducción de La Leyenda de Sugar Minott y Youth Promotion, un libro escrito en origen por la periodista canadiense Beth Lesser. Tomás Cobos, traductor de Bass Culture: la historia del reggae –popular guía iniciática del escritor británico Lloyd Bradley–, coincide en el diagnóstico y va un paso más allá. “Otra respuesta más maquiavélica sería que es una música con un componente político importante (no me refiero sólo al mensaje rasta o de Black Power, sino al proceso colectivo y comunitario de creación musical y de baile-foro-plaza social que son los sound systems), por lo que no encaja en las tendencias de globalización y (SIGUE LEYENDO)


La leyenda de Sugar Minott y Youth Promotion (bibliografía y filmografía reggae)

Una de las grandes sorpresas positivas en el mundo del reggae en España en los últimos meses ha sido el nacimiento de Black Star, una editorial dedicada exclusivamente a los ritmos jamaicanos, toda una proeza que merece nuestra admiración, como ya comentamos no hace mucho.

Más aún, si se tiene en cuenta la elección del primer libro, La leyenda de Sugar Minott y Youth Promotion, de Beth Lesser, una obra que reconocemos que desconocíamos antes de verla publicada en español y que nos ha deslumbrado por muchos motivos. Aquí están algunos:

- El personaje. Sugar Minott fue ante todo una persona implicada en su comunidad, en el gueto jamaicano, un artista que se encontraba en las raíces de, en nuestra opinión, la esencia de la música jamaicana: el carácter colectivo, la utilización de la música como un lugar de encuentro para el pueblo y como un lenguaje de orgullo e identidad de los más humildes. En su prólogo al libro, Carlos Monty dice que Sugar era un tipo que buscaba "promover los talentos locales, dar refugio a quien lo necesite en su comunidad local, y sobre todo,  descubrir y cultivar el potencial de los jóvenes del gueto".


- El aspecto gráfico. Beth Lesser, además de escritora, es una grandísima fotógrafa que pasó muchos años visitando la isla con su marido Dave Kingston, inmersos en la escena de los sound systems jamaicanos de los ochenta. Durante esta época publicaron el fanzine Reggae Quarterly, y Lesser documentó con unas fotos aquella escena que se desarrollaba lejos de la mirada mercantil occidental, tras la muerte de Bob Marley en 1981. Prácticamente cada página del libro viene acompañada de una foto y, si el texto de Lesser es muy cercano, muy emotivo, por la amistad y el conocimiento de primera mano de muchos de los retratados y el contexto, las fotos reproducen esa cercanía de manera casi hipnótica y son además un documento impagable de una época que no debe pasar al olvido.


- El desfile de personajes, de los que en muchos casos hay muy poca o ninguna literatura, es apasionante, no solo porque nos han descubierto mucho territorio nuevo para bucear en los cofres del tesoro musical jamaicano, sino por unos retratos frescos y tridimensionales que dan a la historia profundidad y te sitúan de lleno en la escena de los sound systems jamaicanos. En ese sentido, es como mirar por el ojo de la cerradura y transportarse en el tiempo y el espacio a los dancehalls (salas de baile) de los ochenta. En la web de Black Star han subido este impresionante vídeo (de aquí que incluyamos esta entrada también en la filmografía reggae) de una hora en el que se captura una sesión del sound system de Sugar Minott, Youth Promotion, en un enfrentamiento (sound clash) con otro sound (Black Star).


- La entrevista final a Beth Lesser. Todo un acierto, ya que nos reconocemos en los ojos de esa extranjera blanca que quedó extasiada con los bajos abismales del dub y el reggae en general. Tanto nos ha gustado la idea de incluir esta entrevista a posteriori, con el punto de vista privilegiado que dan la distancia y el tiempo, que vamos a entrevistar en breve a Lloyd Bradley (autor de Bass Culture: la historia del reggae) replicando alguna de las preguntas a Lesser.

Para resumirlo todo, citamos de nuevo a Carlos Monty, en el prólogo del libro: "La historia de Lincoln 'Sugar' Minott es también la historia del reggae. La otra historia que no se vende en posters y camisetas para consumo masivo. La realidad del gueto no es bonita, ni para todos los públicos y solo está al alcance de los 'entendidos'. Pero es en los caminos duros y polvorientos donde se escriben las historias de verdadero valor universal y donde se abre la puerta a la esperanza de un mundo mejor, aunque sea a pequeña escala".

Estamos ansiosos por saber cuál será el próximo libro con el que se atreverá Black Star y, sobre todo, por tenerlo entre nuestros manos (¿Rub a Dub Style: The Roots of Modern Dancehall, también de Beth Lesser?). 

Aprovechamos además para anunciar (pronto con más detalle) que Acuarela Libros y Black Star compartiremos un puesto en el festival Rototom de este año (16-23 agosto). ¿O pensaba alguien que lo de las alianzas jamaicanas era marketing vacío?

Bass Culture: "Una obra esencial, por fin en castellano" (reseña en Rockdelux)

(Por Dr. Decker


Desde el momento de su edición original en 2000, “Bass Culture. When Reggae Was King” se convirtió en una obra referencial, una especie de Biblia del sonido jamaicano escrita por el periodista inglés Lloyd Bradley tras una exhaustiva investigación en Londres, Miami, Nueva York y, por supuesto, Jamaica. Por eso era tan esperada esta traducción al castellano, que rebautiza el volumen como “Bass Culture. La historia del reggae”, y que llega en un momento de mayor asunción de lo que la cultura musical jamaicana ha significado ... (LEE LA RESEÑA COMPLETA).




Babylon (Filmografía reggae)

Por aclamación popular, la siguiente entrada de la filmografía reggae -que en principio estaba reservada para más adelante- es Babylon, coescrita por Martin Stellman (guionista de Quadrophenia, lo que se nota para bien) y Franco Rosso, que la dirigió.

De igual manera que The Harder They Come retrata los sueños rotos de los aspirantes a estrellas del reggae en el contexto de miseria de los guetos de Kingston, Babylon muestra el complejo mundo de los sound systems jamaicanos en Inglaterra con el telón de fondo del racismo, la represión policial y en general las difíciles condiciones con las que se encontraron los inmigrantes caribeños en el Reino Unido.

Debajo del enlance al vídeo (subtitulado en castellano, gracias a bernardub; en cualquier caso, el DVD está tirado de precio si lo buscáis en la red) lo cuenta mucho mejor Lloyd Bradley, en un fragmento extraído de Bass Culture: la historia del reggae. Hagan un hueco y no se lo pierdan.



"[...] De igual magnitud fue la creatividad que alentaron Rock Against Racism y el emparejamiento del reggae y el punk. En vista de la mayor popularidad de los grupos de reggae, se abrieron a los sonidos jamaicanos espacios que antes les estaban vedados, sobre todo el circuito universitario y los pequeños teatros y grandes clubes que surgieron en todas las ciudades británicas en respuesta a la necesidad de directo del punk. Sitios como el Vortex, el Zig Zag y el Venue en Londres. Esto no solo significaba que las bandas tenían más trabajo, sino que esas mismas bandas se hicieron mucho mejores que si no hubieran tocado en estos sitios, pues las expectativas de estos espectadores, en su mayoría blancos, eran distintas a las del público negro que ninguneaba a Matumbi. Significaba que las canciones y los arreglos tenían que elaborarse mucho más allá del monolitismo de los sound systems y los líderes del mercado comenzaron a abrirse a reestructuraciones del reggae como la que llevó a cabo Dennis Bovell, incluyendo todo tipo de técnicas musicales. Es imposible imaginar la canción que da título a este capítulo, la imponente Warrior Charge de Aswad, si no se hubieran dado estas circunstancias.

"Dicho single utiliza la tecnología del momento, un sonido cargado de metales, una habilidad en los arreglos que lleva hasta sus límites la base rítmica, ideas dub que dejan en bragas a los contemporáneos jamaicanos, detalles de locura genial y ese espíritu gozoso y valiente que mejor se ajusta a la definición de dread. Warrior Charge es una cumbre aún no superada del reggae británico. Su atrevido sentido de la aventura resumía lo que era aquel sonido y lo que tenía que ser. Elegir la canción como tema central para el largometraje de 1980 Babylon era pura lógica. La película, dirigida por Franco Rosso —cuyo apellido no parece indicar ascendencia jamaicana—, es una observación aguda de la vida en el mundillo de los sound systems londinenses, con un guión inteligente y unas actuaciones redondas. En el papel protagonista está Brinsley Dan, cantante de Aswad y ocasional actor para televisión en su juventud, y de la música se encargó Dennis Bovell. Mostraba de manera muy detallada las derivaciones políticas y sociales asociadas al proceso de introducir un conjunto de valores tan intrínsecamente kingstonianos como un sound system en un paisaje londinense y las presiones familiares que experimentaban los inmigrantes jamaicanos de segunda generación. También se observa que las paranoias de los pinchas de un sound system son iguales a ambos lados del océano. Warrior Charge era el arma secreta, la canción que (de manera perfectamente creíble) podía aniquilar a todos los adversarios en la pista de baile. Babylon sigue siendo el documento más penetrante y entretenido sobre la cultura reggae británica."