Reggae Revival: ¿renacimiento roots en Jamaica?

 
Este mes de febrero  he publicado en la revista Cáñamo un artículo sobre el reggae revival, ese joven movimiento que recupera en Jamaica el gusto por los sonidos y mensajes de la vieja escuela reggae de los 70.

Ante el pánico inicial por la página en blanco cuando lo empecé a escribir se me ocurrió  preguntar qué pensaban sobre el reggae revival unos cuantos amigos de he tenido la suerte de conocer a raíz de la publicación de Bass Culture: la historia del reggae, y el resultado fue redescubrir, una vez más, la cantidad de gente en el mundo del reggae que está dispuesta a echarte un cable sin pedir nada a cambio.

Al final, como suele ocurrirme, la página en blanco se convirtió en un batiburrillo de ideas del que me ve obligado a ir recortando y recortando, como Epi en ese sketch que va mordisqueando la galleta de Blas y al final no quedan más que migas, optando en última instancia por no reproducir esas opiniones que tanto me ayudaron a comprender el movimiento y también las dudas que ha generado.

El caso es que, con el sentimiento de culpabilidad a rastras, se me ocurrió que una forma de hacer justicia a estos colaboradores (más allá de agradecerles su ayuda en el artículo) era crear una especie de "foro" donde se recogieran sus  opiniones. En los próximos meses espero que este foro acabe subiéndose también a la web de Cáñamo (junto con el artículo completo), pero entretanto aquí tenéis los comentarios que me enviaron estos seis grandes. ¡GRACIAS!

Y por supuesto, la puerta está abierta para quien desee sumarse (mail acuarelalibros@gmail.com o como comentarios en esta entrada). 

Recomiendo además a quien le interese el tema las siguientes referencias, que a mí me ayudaron: los siempre incisivos artículos de Carlos Monty ("Lo que Vogue y las revistas de colores no te cuentan de las nuevas tendencias urbanas del Caribe" y "2013 on its best: reggae revival movement"), este maravilloso documental sobre el reggae revival en español o el polémico reportaje de Vogue sobre el revival (en inglés).

Ah, y muchas gracias a Fidel Moreno y la gente de Cáñamo, ¡mucha suerte en esta nueva etapa! (recomiendo echar un ojo a quien no haya visto la nueva línea, tanto en contenidos como en imagen, son los dos últimos números).

(texto de Tomás Cobos)


Santi Mijarra (reggae-activista)

Parto de la base que algo que saque a la industria jamaicana de los mensajes y actitudes que se vienen dando desde hace años es positivo.

Creo que las cosas fundamentales son la mercadotecnia, el relevo generacional y las nuevas formas de arte en la isla. El que la nueva oleada tenga más cosas en común con las raíces y cultura, provocando una ruptura con lo que venía haciendo en el dancehall, pero que se seguían haciendo músicos más viejos, es positivo porque pone en la mesa de nuevo la tendencia más para los amantes de lo añejo y cierto tipo de mensajes.

La industria jamaicana ha vuelto a re-elaborar un producto como pasó con otros estilos como el new roots o el dancehall; digerible, amable, rebelde y extremadamente exportable a la audiencia occidental (EEUU, Europa y Asia), que es donde se consume reggae y es donde están la mayoría de las tiendas especializadas. En estas latitudes hay mucho público amante del roots, consumidor, participante y militante, pero también hay grandes artistas y creo que a eso la industria jamaicana es sensible. Aquí las redes e internet han jugado una baza fundamental.

Pienso también en la reafirmación de los jamaicanos sobre lo propio, saben lo que están haciendo en otras partes del mundo y lo envían otra vez de vuelta, como un buen producto, reciclarse o morir, en esos son expertos. Los ritmos que se hacen ahora lo llevan haciendo los jamaicanos desde los 60s, basado en el concepto de estándar del jazz, pero hecho en nuestros días.

Se ha creado un producto para seguir consumiendo reggae music, llámenlo revival. Se trata de una renovación relativa de la imagen y el sonido del producto final con las mejoras audiovisuales que la tecnología permite. Si nos damos cuenta algunos de los videos de los más conocidos artistas tienen un aire a Rockers la opera prima de Bafaloukos, los soundsystem en el Yard y noches de humo, bassline y red stripe. Se basan en los vintagero, muy de moda en nuestros días e intentando recrear la era dorada del reggae, en nuestros días. Han entendido que lo visual es crucial a la hora de la venta de un nuevo producto y no nos vamos a engañar, esta logrado.

Por otro lado quiero creer que los mensajes y las líricas van algo más allá de que sea solamente un producto e intentan cambiar la realidad de la humanidad desde la música. Creo que lo que se está haciendo es desde el respeto por las tradiciones y la reelaboración de las mismas aquí y ahora.

Pero vamos que es otro movimiento de la industria jamaicana, para evolucionar y sobrevivir. Lo llevan haciendo años y es cuestión de tiempo que vuelvan a idear algún “movimiento” nuevo.

Indudablemente en todo este tiempo en el resto del mundo se ha ido evolucionando e integrando y los resultados son más que positivos, y de eso se han dado cuenta en Jamaica, por eso su empeño en aplicarse....
 
Dreadful Danitomás (editorial Black Star)

Creo que si vas al meollo de la cuestión es positivo todo vehículo cultural que expanda un mensaje constructivo para la comunidad de los guetos jamaicanos. Son artistas que nacen de la base, que se baten el cobre en sound systems (el auténtico campo de batalla que avala la autenticidad de un artista) y que son muy activos y apelan a la conciencia de los jóvenes jamaicanos apoyándose en mensajes rastas. Sobre la profundidad de sus creencias, creo que son tan profundos y superficiales como tantos músicos jamaicanos identificados con lo rasta a lo largo de la historia. Al final, lo que importa es la impronta que están dejando. Artísticamente, creo que aún no ha habido un gran disco o un gran artista, pero sí que hay cosas interesantes como Mikah Shemaiah o Jah Nine, por ejemplo. Sobre si el nombre es fruto de una intención marketiniana, creo que no debemos exigir una pureza en una industria como la musical jamaicana que nunca se ha regido por la pureza, si no por la efectividad con pocos medios. Y eso es lo que escribe la historia reciente de la música en esta isla. Además, sólo como alternativa y reacción al dancehall que promueve mensajes negativos ya me parece necesario.


Papo Irie (SonideroCaribe)

Más allá de si es real o no, si realmente recupera las vibraciones y el carácter militante de mediados de los 70´s...o si simplemente lo han usado como una plataforma de promoción (lo que es muy lícito). Creo que es un movimiento muy positivo, que ha impulsado la carrera de nuevos valores de la escena reggae en jamiacana con mucho talento o que estos muy bien han aprovechado para subirse a la ola, muchos artistas con ganas de ser escuchados. Entre estos valores puedo destacar a Micah Shemaiah ( el que más me gusta de todos), Suns of Dub, Raging Fyah, Dubtonic Kru, Jah9, Protoje, Kabaka o Chronix por nombrar algunos.



Víctor Castro (periodista musical, blog Bass Culture)


Personalmente no he seguido con demasiada atención las novedades que vienen de Jamaica, sólo algo más los últimos años de cara a la realización de Bass Culture. Por otro lado, siempre me ha rechinado un poco el tufillo de la maquinaria de exportación y toda la mistificación de "lo jamaicano" por el mero hecho de proceder de "la isla". Así que mi opinión está condicionada por esa doble distancia...

Ahora bien, parece innegable que hay un grupo de artistas jóvenes que han surgido en los últimos años y que supuestamente están modificando el panorama, en cuanto a mensaje más consciente y mayor conexión musical con los años dorados.

Mi valoración es que no era muy difícil mejorar lo de las últimas décadas. A ver... soy el primero que me bailo un temazo de Cronixx o de quien toque, y me gustó el concierto de Protoje en Madrid (no he visto nada más del revival en directo), pero en su conjunto, los LPs que he ido escuchando (salvo contadas excepciones) no me parecen muy consistentes y no creo que envejezcan demasiado bien, la verdad. Es cierto que el LP no es un formato muy jamaicano, pero quizá lo que hecho en falta entonces es una labor de producción más sólida.


Las comparaciones pueden resultar odiosas, pero tengo la sensación de que si aplicáramos la misma vara de medir a la escena francesa, por ejemplo, llevaríamos hablando de un reggae revival francés desde hace años. ¡Es impresionante lo que hay ahí! Buenas bandas, músicos, productores, vocalistas... conectadísimos al Roots Reggae y actualizándolo a su manera.

Quizá es que se ha empezado a hablar de movimiento o generación demasiado pronto. Tiempo al tiempo... Por el momento lo que me parece más interesante es que esa joven generación musical parece ser el reflejo de un nuevo movimiento cultural que ojalá sirva para cambiar la cruda realidad de la isla.
 

Creo que el reggae revival expresa el sentimiento de una nueva generación de jóvenes jamaicanos nacidos al calor de un sentimiento global que quedó materializado en el 15M o en los diferentes "Occupy" en el mundo anglosajón. Nativos digitales, algo nada irrelevante, conectados a esa nueva conciencia global llamada redes sociales, han sabido plasmar en su música sus anhelos de justicia y vuelta al camino de rebeldía que en algún momento dejamos los reggae lovers.

Dr. Decker (periodista musical, codirector de Sound System FM)

En cuanto a lo positivo, diría que el revival vuelve a poner al roots y la música consciente en primer plano, que se trata de una generación con estudios a diferencia de los artistas de los 70s y por lo tanto tiene más con que comparar y más también donde verse reflejados, mayor perspectiva de las cosas. También me interesa mucho que ya no es solo música, sino fotografía, poetry, cine...un movimiento general.
Por otro lado me parece que se ha magnificado, y si separamos el grano de la paja, no queda mucho de realmente bueno o novedoso, Jah9 destaca para mi de forma remarcable, me gusta Micah Sheamiah, Chronixx... Y me parece muy interesante el fenómeno concreto de las bandas, hacía mucho que en Jamaica no había formaciones como Raging Fyah, Pentateuch...

Entrevista a Lloyd Bradley en Sound System FM





Como recordaréis, hace poco Enlace Funk publicó una entrevista que le hice a Lloyd Bradley, autor de Bass Culture: la historia del reggae. Ahora nuestros amigos de la emisora Sound System FM tuvieron a bien reproducir un buen fragmento de la entrevista en su programa del 12 de enero. ¡Gracias a Dr. Decker y Papa Dick! ¡Big Up!

El fragmento de la entrevista está a partir de 02:18:30, pero os recomendamos la escucha completa, entre otras cosas recuerdan a dos grandes recientemente fallecidos: John Bradbury, bateria de los Specials, y David Bowie.

Aquí podéis escuchar el programa en su web.Y aquí el enlace a través de ivoox.
(texto de Tomás Cobos)

Entrevista a Lloyd Bradley en Enlace Funk


La semana pasada llegaron noticias excelentes a mi buzón: el último número de Enlace Funk, en el que se incluye una entrevista que le hice hace poco a Lloyd Bradley (pinchando aquí podéis pedir la revista y aquí hay un listado de tiendas donde se distribuye).

Como aperitivo, os dejo aquí uno de los fragmentos de la entrevista que por motivos de espacio no ha llegado al papel pero que creo que tiene su gracia, ya que nos pusimos a comentar (más que una entrevista fue una charla) las diferencias entre las distintas ediciones, portadas y títulos de Bass Culture y alguna que otra anécdota... Enjoy.



[...]
Tomás Cobos: Estuvimos tratando de conseguir los derechos durante mucho tiempo, y en 2013, justo cuando me iba a Londres con una excedencia de mi trabajo, conseguimos los derechos, así que fui un sueño poder contar con 6 meses de sabático para centrarme en el libro.
Lloyd Bradley: Me gustó mucho la portada que le habéis puesto.

TC: Le comenté a nuestro ilustrador [Joaquín Secall] que quería un altavoz en la portada. La idea era reproducir lo que comentas en el libro, eso de que "raro es el editor valiente que publica un libro sobre reggae y no pone en la portada a Bob Marley".
LB: El caso que cuando escribí eso aún no lo sabía. Tuve una reunión con Penguin sobre la portada, y no tenía ni idea de lo que iban a ofrecerme, porque mi editor entonces no sabía mucho de reggae. Cuando empezó el proyecto solo conocía a UB40 y Bob Marley, es muy fan de Bob Dylan. Le pregunté por la portada y me dijo "Vamos a ser ese libro valiente". Y le dije que adelante. El tipo que se encargaba de los diseños en Penguin, que supervisaba las cubiertas, era un fanático del reggae, ha hecho muchas portadas de discos para el sello Blood and Fire. Sabía lo que se hacía, así que se encargó personalmente y me encantó el trabajo. Es muy gracioso porque me enseñaron varias alternativas, creo que eran cinco. Las otras cuatro eran tan feas que tuve que elegir esa y luego me dijeron que lo hicieron a propósito. Y diez años después, conocí al tipo que está en la portada con la chaqueta y el gorro en un garito de Finsbury Park.

TC: ¿Al que tiene una cerveza?
LB: Sí. Es un tipo encantador. Me dijo que cuando el libro salió todo el mundo le decía que le habían visto en la portada de un libro. Así que fue a una librería, lo buscó, se sentó a leerlo en el suelo de la librería, durante cinco horas y después lo compró. Me dijo que eso fue en septiembre y en las Navidades de ese año seis personas le regalaron una copia. 
 
TC: Jaja, me pregunto qué haría con todas esas copias.
LB: Nunca le volví a ver. Firmé una lámina que tenía con la portada y la dejé en el garito para que se la dieran.


TC: También es muy gracioso en el libro cuando mencionas a Linton Kwesi Johnson y dices de pasada que su disco Bass Culture sería un buen título para un libro.
LB: No conocía a Linton. La gente me había dicho que era muy borde y no me apetecía demasiado conocerle después de haberle robado el título del libro, pero ahora somos muy buenos amigos, le gustó mucho el libro y estuvo encantado con la idea. Me dio su bendición.

TC: Es una buena señal que en todas las traducciones del libro, en italiano, francés, alemán, hemos dejado Bass Culture en el título, no solo porque sea una canción de Linton sino por la fuerza que tiene, aunque sea difícil de pronunciar para los hablantes españoles, aquí dicen "Bas Cultur" [en lugar de la pronunciación inglesa, algo así como Beis Calcha].
LB: Con tal de que lo digan...

TC: Es un título que funciona muy bien. Cuando traduzco un libro obviamente procuro traducir el título también pero en este caso era tan bonito que no tenía sentido tocarlo.
LB: Muchas gracias. Cuando empecé a escribirlo siempre pensé que el título sería Bass Culture, pero iba a ser Bass Culture: The Story of Reggae. Pero cuando llegué a los años 1984-1985 me di cuenta de que quería dejar la historia ahí, y entonces no podía decir que era la historia del reggae. Era algo que me preocupó durante seis meses. Y una noche estaba viendo el documental sobre "Rumble in the Jungle" [el combate entra Muhammad Ali y George Foreman], When We Were Kings [Cuando reinábamos], y pensé: "Ese es el título que quiero: "Cuando el reggae reinaba". Así se me ocurrió el subtítulo. Y una vez lo tuve me fue mucho más fácil dejar la historia donde la dejé, ya no tenía que contar una historia que no deseaba contar.

TC: Tengo que decirte que en español [e imagino que en italiano también es el motivo] elegimos Bass Culture: la historia del reggae porque nos gustó el subtítulo de la edición estadounidense [aunque en su caso lo llamaron This Is Reggae Music: The Story of Jamaica's Music, eliminando el Bass Culture] y, en segundo lugar y supongo que esto es el motivo por el que lo hicieron ellos porque cuando escribiste el libro tenías en mente un público, el británico, que conocía esa época en que el reggae había reinado. Pero la mayoría de la gente en España se preguntaría: "¿El reggae? ¿Cuándo reinó el reggae?". Digamos que tu subtítulo en inglés es un comentario sobre un contexto con el que está familiarizado el público británico, pero no es así en nuestro caso.
LB: En el caso de EE.UU., me dijeron en Penguin que los estadounidenses siempre cambian el título, siempre.

TC: Supongo que al tratarse del mismo idioma puede ser muy frustrante.
LB: Lo que ocurrió es que era una editorial estadounidense que no tenía ni idea de reggae y además ningún deseo de comprenderlo.

TC: También cambiaron la portada.
LB: Sí, pensaron que la portada inglesa no era impactante y que no era lo suficientemente positiva. Y mi respuesta fue que precisamente de eso se trataba. Les dije que sí que tenía impacto, no me gusta la portada estadounidense. Una mujer de la editorial me dijo que llamarlo "Bass Culture" [que se pronuncia igual que Base Culture, "cultura vulgar, inferior"] implica que se trata de gente inferior, de una cultura sin valor... ¿Perdón?

TC: Bueno, para mí también es parte del título. Es la cultura de las clases bajas.
LB: Pero además se llama Bass Culture, [Cultura de bajos, de graves], trata del bajo. No tenían ningún interés, no me iban a escuchar ni a tratar de buscar otra solución, solo querían aplicar su lógica de departamento de marketing. El problema es que habían pagado un adelanto enorme por los derechos para EE.UU. y en última instancia era imposible discutirlo.

TC: Era una pérdida de tiempo.
LB: Totalmente. Y lo último que deseaba Penguin era estropearlo todo, pero el caso es que muchos fans de reggae estadounidense van a Amazon y compran la edición inglesa porque la portada es mejor.

TC: Bueno, en nuestro caso optamos por una portada alternativa.
LB: Y me encanta, la pondré en mi web, es una imagen intrigante además.

TC: Creo que mantiene el espíritu del título y el libro. Lo gracioso es que un amigo al que enseñamos la portada nos dijo que le gustaba mucho pero que qué era, "¿un instrumento jamaicano?".
LB: Jajaja.

LA REVOLUCIÓN DIFUSA: LOS AGENTES DE LA SOMBRA




Ilustración: David Muñoz
A través del torrente de luz desfilaba una cola de usuarios que casi asomaba su extremo posterior por la boca de la Ciudad Iluminada. Entre ellos nos mezclamos el Maestro Penumbra y yo, haciendo sonar las monedas que contábamos para el billete, como habíamos convenido para pasar inadvertidos. Cuando con paciente paso nos acercábamos hacia la taquilla, entre ancianos de codos afilados, un señor de bigote arrogante paseó su mirada por las facciones del Maestro, que al instante abandonó su fingimiento y echó a correr hacia el interior, saltando ágilmente sobre los tornos y seguido a corta distancia por la mayor velocidad que mis piernas permitieron. El Agente de la Luz del bigote no salió en nuestra persecución. Le bastaba comunicar nuestra presencia para dejar la ejecución en manos de sus compañeros armados. No abandonamos por este peligro el plan previamente concebido: era la principal habilidad de Penumbra, adquirida por la costumbre, sortear al enemigo. 
 
Me había costado un tiempo decidirme a acompañarle en aquel sabotaje. Aunque lo conocía ligeramente desde la infancia, ya que éramos vecinos, sólo comencé a conversar con él dos meses antes de esta primera aventura. Una noche de diciembre lo encontré en la escalera en avanzado estado de embriaguez. Debido sin duda a un ebrio arranque de alegría me propuso acompañarle a su casa. Allí, tras varias horas de charla intrascendente junto a una botella y un paquete de cigarros, se atrevió a confesarme sus conocimientos, sus planes y su insuperable timidez. En un cuarto apenas iluminado por la luz de la calle que se filtraba entre las cortinas, escuché revelaciones sorprendentes de cuya veracidad no podía sino dudar entonces. ¿Cómo podría haber sospechado que era la Luz causa de todos los sufrimientos de la ciudad? Me parecía inconcebible aquella relación entre la Luz, hasta entonces símbolo de progreso y civilización para mí, y la destrucción de la alegría. Me explicó, en un lenguaje con dejes mesiánicos, que esta destrucción había tenido su origen varios siglos antes del nacimiento del cristianismo. La Luz se fue introduciendo poco a poco en los rincones, en la intimidad de los pequeños cuartos, y acabó por desplazar el mundo de sombras que nos rodeaban. Entre las muchas heridas abiertas, Penumbra destacaba la timidez y la seriedad.
 
«Es obvio que la luz causa malestar. La luminosidad nos deja indefensos antes las miradas de los demás, sin poder cobijarnos. La respuesta de nuestros cuerpos se debe a esa sensación de opresiva vigilancia, esa continua y dolorosa exposición pública, que provoca diversas reacciones:

»Los tímidos, desde hace un tiempo Agentes de la Sombra, nos hemos replegado hacia la oscuridad, donde nadie nos observa. 
 
»Los más sufridos, ignorantes de la procedencia de su aflicción, se refugiaron de manera inconsciente en la careta de la seriedad, homogeneizando sus gestos. Obtienen por recompensa, a cambio de su rigidez facial, la seguridad de no convertirse en el blanco de las miradas del mundo. Y no sólo tienen estos Severos Semblantes, como nosotros los llamamos, que enfrentarse a cualquier juicio visual, sino que la represión es sistematizada por dedos acusadores.

»Esos dedos, que como rayos caen sobre el desafortunado que muestra algún rasgo que lo diferencia, risa irrespetuosa o expresión informal, pertenecen a los Agentes de la Luz. Recuperados por el Flujo de Luz de entre los Severos Semblantes, han sido sometidos a largas exposiciones bajo los focos, de tal manera que han terminado por anular todo impulso de individualidad en sus mentes. Una segunda misión les ha sido encomendada: eliminar a los Agentes de la Sombra en los pasillos y vagones de la Ciudad Iluminada. Para ello se sirven del Deslumbrador, que camuflan bajo las más diversas formas.»

 
Ilustración: David Muñoz
Dos meses después de aquella noche agarraba el grasiento pasamanos de las escaleras mecánicas, a la retaguardia del Maestro. En mi bautizo como Agente de la Sombra bajaría nada menos que a la búsqueda del Generador Central de la Ciudad Iluminada. Aunque en la Ciudad Exterior, más antigua, el Flujo de Luz seguía cegando muchas pupilas, los Agentes de la Sombra, ayudados por la noche, habían prosperado gracias a exitosas actividades terroristas. De este modo los Grandes Jefes Relucientes resolvieron trasladar su centro de operaciones a los Subterráneos del Transporte, morada del relucir desde su construcción en el siglo XIX. Llevaron así la primacía de la Luz al subsuelo, a las profundidades de la tierra, atravesándola con sus cuchillos de claridad. Lo indefinido recibía por primera vez contorno.

Sabíamos, por tanto, la dificultad que entrañaba nuestra empresa. Pues incluso las sombras de los hombres y mujeres, que no son sino diminutos restos del dominio de la oscuridad, tienden en los Subterráneos Iluminados a desvanecerse, atacadas desde todos los puntos.

Bajo los fluorescentes que techaban los túneles vi en la cara del Maestro aquel temor que ya me había anticipado en nuestras conversaciones. «Por supuesto que he vivido el miedo infantil de las noches a oscuras en que las sábanas sirven de escudo. Pero es un sentimiento mil veces preferible a su faro deslumbrante en la cara. Cualquier intento de huida resulta vano bajo sus focos eléctricos. Al menos aquel miedo a los fantasmas de la noche era mío. Jugaba con él, estaba ahí para fascinarme, para vencerlo llegado el momento. Pero el otro miedo viene de ellos, el que me meten por los ojos.»

En el vagón los Severos relajaban su crispación mirándose los zapatos negros. «El calzado negro, con sus oscuros cordones, al igual que toda vestimenta de este color, constituye una amenaza para el orden luminoso pues libera a la vista del reluciente asedio.» Así disertaba Penumbra sobre las virtudes de la sombra: «La oscuridad, amigo Borroso, es el lugar donde nada nos es impuesto: hacemos y nos hacemos a nuestro antojo. Cuando nos sumergimos en las sombras, renunciamos, por imposible, a la medición, al cálculo. Su naturaleza es tal que los objetos ya nunca permanecen fijos, ni tienen principio ni final, pues no hay líneas. Me sorprenden al rozarme, al chocar con la extensión de mi piel, y en esto precisamente reside lo prodigioso: recuperamos a oscuras la pasión por explorar lo desconocido y lo innombrable, porque nadie juzga nuestras caras... Cuando encendemos la Luz las paredes se revisten de claridad, la claridad propia de la ciencia que encierra los territorios en un mapa. Pero no olvidemos que el interruptor lo apretamos casi siempre nosotros».

El curso de estas reflexiones fue interrumpido por un acontecimiento imprevisto durante el trasbordo hacia la línea del Generador. En un pasillo desolado nos cruzamos con un cochecito de bebé guiado por una elegante anciana. Al llegar a su altura Penumbra lanzó una mirada furtiva al interior del cochecito. Me cogió del brazo, cuando los sobrepasamos, para decirme al oído: «Corre hacia el andén». Y mientras me alejaba rebotaban en las paredes los pasos del Maestro retrocediendo y su voz amable que entablaba conversación con la anciana: «Hermosa criatura, abuela».

Dos minutos de impaciente espera separaron mi llegada al andén y la aparición simultánea, como si lo hubiesen concertado de antemano, del Maestro Penumbra y un tren que nos transportaría a nuestro destino. 
 
Y no venía solo Penumbra, sino que apresuradamente entró al vagón cargado con aquel bebé en los brazos. Indignado, en mi ignorancia, le exigí una explicación por el absurdo rapto. Temía yo que por una insensatez sin motivo no estuviéramos a la altura de las maravillosas proezas realizadas por nuestros compañeros: pensaba yo en el Capitán Modorra, que había llenado de niebla los Subterráneos de Londres, y en Juana Tinieblas, que ensombreció con su inmenso manto negro el pabellón donde científicos de todo el globo celebraban una convención sobre bombillas... y en tantas otras hazañas que conocía por el Maestro Penumbra. Pero tan pronto como tuve conocimiento de los motivos de aquel delito, todos mis temores huyeron en desbandada: habíamos capturado a la Gran Esperanza Blanca. Era El Prometido. El elegido por la Luz, que tomaría cuerpo en él para convertirlo, como a otros antes, en un Gran Jefe Lúcido. Los profetas de la Luz habían anunciado que aquel bebé que nos sonreía tímidamente, embutido en un vestido blanco y con inconfundible palidez en la cara, habría de sumir al género humano en la mayor concentración de Luz que había conocido la historia. El Mesías de los Grandes Jefes, como se le nombraba en los Salmos de Lucero, tendría poder para reducir las sombras a su mínima expresión. Pero el azar había puesto a nuestro alcance la posibilidad de desbaratar el Apocalipsis Blanco. Aquel Mesías, que viajaba siempre desprotegido para no levantar sospechas, nos sonreía en el vagón, gracias al talento del Maestro Penumbra.

Sin embargo, no dejamos que la emoción nos embargara de tal modo que peligrase nuestra empresa original: el Gran Apagón. Si llegábamos al Generador, en la estación de Las Bengalas (llamada así por los de la Sombra) conseguiríamos apagar las luces de la Ciudad Iluminada creando un feliz caos, que vendría a ser la culminación de los sueños más ambiciosos de Penumbra. Y nada ni nadie parecía capaz de detenerlo.

En el tren, Penumbra, animado por lo acontecido, me obsequió con nuevos detalles sobre la historia de la Revolución Difusa que habían iniciado los Agentes de la Sombra. La mayor parte se concentra en cavidades sombrías bajo las montañas. En la Ciudad Exterior caminan muchos junto a las paredes de los edificios aunque un gran número de ellos han sido deslumbrados cuando acudían a orgías en sótanos deshabitados. Una docena escasa actúa en los túneles de la Ciudad Iluminada, por donde corren los trenes hasta alcanzar la siguiente estación. «Podrás verlos acurrucados contra un hueco en la pared, si pegas la cara a la ventanilla.»

También me contó algo, por primera vez, de su vida anterior. Había trabajado grabando la voz de esos monos de las máquinas que se veían en algunas tiendas de Frutos Secos. Inventando un original tono atiplado encontró un espacio donde verter su afán creativo, frenado en otras actividades por su asfixiante timidez. Pero acabó por dimitir cuando le fue negada su petición de variar el texto que recitaba el animal. Tras una prolongada temporada perdido en ocupaciones sin expectativas, un aluvión de sueños reveladores le abrió la puerta hacia una nueva vida. El Maestro amaba los sueños. En ellos comprendió las causas de aquella timidez y entró en contacto con los restantes Agentes de la Sombra, que utilizaban este medio para su comunicación. «El sueño es la más completa ausencia de luz.» En la pared interior, negra, de sus párpados, el Maestro poseía su propia pantalla de cine, y en ella se proyectaba la Revolución Difusa.

Ilustración: David Muñoz
En el trayecto hacia Las Bengalas sonaba un acordeón maltratado por un viejo adormecido, al cual Penumbra no quitaba ojo. Como el Maestro no me dijo nada, fueron los hechos mismos quienes me descubrieron las causas de tal interés por la música. Comenzó la luz del andén a entrar por las ventanas y el tren iniciaba su frenada. Al tiempo que Penumbra dejaba a La Gran Esperanza Blanca en mis manos, el acordeonista llegó hasta nuestra posición. Acercó su mano el Maestro al vaso para depositar una moneda, que cayó al suelo, como comprendí después, de manera intencionada. El músico agachado chilló al recibir la primera patada del Maestro, quien, después de propinarle la segunda, forcejeó con él para arrebatarle el instrumento. Con éste en la mano corrió hacia las puertas recién abiertas. Salí tras él y oí allí, en un extremo del andén, las últimas palabras que me dirigió su boca jubilosa: «¡Un Deslumbrador!». Me indicó con un gesto que no le siguiera y se lanzó hacia la oscuridad del túnel, delante de la cabecera del tren. Así se lo tragaron las tinieblas. Transcurrieron unos treinta segundos y del túnel llegó un prolongado gemido de placer al tiempo que un estallido de oscuridad absoluta se apoderaba del lugar. Me adentré, tanteando como pude, pues llevaba aún al bebé, en el maravilloso revuelo que se había formado en el vagón. Sentí entonces que mi timidez, como en átomos disgregados, se extendía por todo el vagón y se aproximaba a los cuerpos intercambiando hasta el infinito los papeles de tocador y tocado... Aún ahora se me empañan los ojos al recordar el Gran Apagón.

Hoy acudiré a la Sierra del Norte para unirme con los pobladores sombríos en su Guerrilla Oscura. Con la Gran Esperanza Blanca en nuestras manos la victoria está más cerca. Debo acabar estas líneas y partir antes de que vengan a buscarme. Quizá tres páginas en negro hubieran bastado para hacerme entender. Pero me temo que hasta que llegue el Gran Apagón Eterno tendré que conduciros a las Sombras a través de palabras.

Señor Borroso 

 

LÉXICO TIQQUNIANO (5 de 5)


  • Tiqqun:

En la Cábala de Isaac Luria (1534-1572), el término «Tiqqun» denomina el proceso de redención, de la restauración de la unidad del sentido y de la vida, de la reparación de todas las cosas por la acción de los hombres mismos.


  • Comunismo:
Es la realización del «Tiqqun» en el terreno de la historia, a través de la misma práctica colectiva de los seres humanos.

«Nuestra única preocupación es el comunismo. No hay nada previo al comunismo. Los que creyeron lo contrario, a fuerza de perseguir la finalidad, zozobraron con cuerpos y bienes en la acumulación de medios. El comunismo no es otra manera de distribuir las riquezas, de organizar la producción o de administrar la sociedad. El comunismo es una disposición ética: una disposición a dejarse afectar, en contacto con otros seres, por lo que nos es común. Una disposición a compartir lo común. El otro estado de Musil se le parece mucho más que la URSS de Jruschov.» (Teoría del Bloom).


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LÉXICO TIQQUNIANO (4 de 5)



  • Bloom:

El Bloom es una figura ambivalente. Por un lado, sustituye al «proletario» de Marx, al «espectador» de Debord y al «musulmán» de Agamben como representación de la alienación y la desposesión extremas. El Bloom es una nada. Pero una nada que puede serlo todo. Expropiado de cualquier inscripción en una comunidad, el Bloom es también «pura disponibilidad para dejarse afectar». Pura humanidad desnuda.


Eso le abre la posibilidad de reapropiarse de su no-pertenencia esencial y recrear lo común y la comunidad fuera de los moldes tradicionales: nación, clase, comunidad de oficio, etc. En el Bloom habita la promesa de una comunidad abierta e incluyente, no definida por una identidad. Pero no es fácil hacerse cargo de tanta desnudez: la «mala sustancialidad» es la adhesión ciega del Bloom a cualquier identidad postiza desde el miedo al vacío.

Como explica Agamben hablando de Tiqqun, ellos «denominan Bloom a los nuevos sujetos anónimos, a las singularidades cualquiera, vacías, dispuestas a todo, que pueden difundirse por todos lados pero permanecen inasibles, sin identidad pero reidentificables en cada momento. El problema que se plantean es: “¿Cómo transformar el Bloom? ¿Cómo operará el Bloom el salto más allá de sí mismo?”»

  • SE:

Tiqqun escribe a veces el impersonal «se» en mayúsculas o cursiva. ¿Qué se pretende enfatizar así? Puede quedar más claro con esta cita de Heidegger: «Prisionero en la trivialidad de la existencia cotidiana, el hombre vive bajo el imperio impersonal del ‘se’ (das man): yo me veo obligado a trabajar, a vivir e incluso a sostener determinados puntos de vista porque así se trabaja, se vive y se piensa». Los rasgos de esta existencia impropia, inauténtica y banal según Heidegger son tres: la falsa curiosidad o afán de novedades por la que el sujeto salta de una cosa a otra incapaz de detenerse y sin profundizar en nada; la palabrería que consiste en hablar de las cosas sin entenderlas y asumirlas, repitiendo simplemente lo que se dice y se oye; y el equívoco en el cual no se sabe qué se comprende y qué no se comprende, todo tiene aspecto de  genuinamente comprendido cuando en el fondo no lo está.

Recordemos que el ON francés puede significar tanto SE como UNO. Hemos preferido traducirlo generalmente por SE, en el sentido expuesto en esta nota, pero en ocasiones hemos dejado UNO para sugerir otro sentido: el UNO de la organización social autoritaria.

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LÉXICO TIQQUNIANO (3 de 5)



  • Nuda vida y formas-de-vida:
Son dos conceptos que Tiqqun retoma de Giorgio Agamben. La nuda vida es la vida concebida como mera función biológica. Se opone a la vida del ser político que tiene lugar en el espacio de una comunidad política. En su trilogía Homo sacer, Agamben analiza el poder en Occidente como gestión de la vida reducida a nuda vida: personas sin ningún derecho que habitan un espacio de excepción o cobayas humanas convertidas en objetos experimentales de la tecnociencia.

Por el contrario, una forma-de-vida es esa intensidad apasionada que polariza nuestra existencia y deshace la distinción entre público y privado, existencial y político, interioridad y acción. Según Tiqqun, «cada cuerpo está afectado por su forma-de-vida como por una inclinación, una atracción, un gusto». Las inclinaciones de las formas de vida no definen una identidad (qué soy), sino por el contrario una singularidad, una presencia y un ser-en-situación (cómo yo soy lo que soy). La inclinación se puede conjurar o asumir. La nuda vida sería el resultado de la primera opción. La segunda abre el camino a la posibilidad política: la elaboración del libre juego entre formas de vida.

  • Guerra civil:
«La guerra civil es el libre juego de las formas-de-vida, el principio de su co-existencia. Guerra porque, en cada juego singular entre formas-de-vida, la eventualidad del enfrentamiento bruto, del recurso a la violencia, no puede ser nunca anulada. Civil porque las formas-de-vida no se enfrentan como Estados, como coincidencias entre población y territorio, sino como partidos, en el sentido en el que esta palabra se entendía hasta la llegada del Estado moderno, es decir, puesto que hace falta precisarlo en adelante, como máquinas de guerra partisanas.» (Introducción a la guerra civil).

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LÉXICO TIQQUNIANO (2 de 5)



  • Poder, espectáculo, Imperio:
Tiqqun se esfuerza en analizar el poder, no tanto como la acción de un agente extranjero o un sujeto que nos hace frente, sino como un conjunto de relaciones en las que estamos involucrados. De ese modo redefinen y usan dos  conceptos relevantes de la teoría crítica contemporánea:  «espectáculo» (Guy Debord) e «Imperio» (Toni Negri).

«El espectáculo no es una cómoda síntesis del sistema de los mass-media. Consiste también en la crueldad con la que todo nos remite sin tregua a nuestra propia imagen. El Imperio no es una especie de entidad supra-terrestre, una conspiración planetaria de gobiernos, de redes financieras, de tecnócratas y de multinacionales. El Imperio está allí donde no pasa nada. En cualquier sitio donde esto funciona. Ahí donde reina la situación normal.» (Llamamiento; y otros fogonazos).

  • Partido Imaginario:
Tiqqun llama así a la multiplicidad de prácticas, existencias y mundos dis-conformes. No se trata de una clase social ni de un segmento concreto de la sociedad, sino más bien de un movimiento difuso de deserción de las formas de vida y los papeles impuestos (jóvenes, obreros, mujeres, víctimas). El Partido Imaginario no plantea un antagonismo dialéctico o una relación de fuerzas clásica (clase contra clase), sino un movimiento de secesión creativa y separ/acción de la sociedad. La tarea política es articular esas deserciones heterogéneas en un plano de consistencia, sin totalizarlas ni unificarlas.

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Así se hizo: Bass Culture

Reggae: del pueblo, para el pueblo
[Hace poco nuestro amigo Suso Mourelo me pidió que escribiera unas líneas sobre un libro de Acuarela para su sección "Una sugerencia" de Librerías Independientes, donde los editores hablan sobre obras que han publicado. En el resultado, que reproducimos aquí debajo, se revelan algunos de los oscuros motivos egoístas por los que se publicó Bass Culture, así como un breve resumen de los encantos del libro.]

Un viaje a la isla del tesoro del reggae


Dicen con acierto que un libro es una ventana abierta a nuevos mundos, pero a mí me gusta pensar en Bass Culture: la historia del reggae como un viaje, una expedición a tierras incógnitas donde en cada esquina nos espera una revelación: una mañana brumosa, finales de los cincuenta, te embarcas hacia el Caribe y dejas que Lloyd Bradley te seduzca con una narcótica historia en la que danzan orgullosos nietos de esclavos y se escuchan los tambores de la rebelión.

Sin duda hay algo de ese trasfondo histórico en mi enamoramiento con el reggae, ya que encontré en sus ritmos la fusión desgarradora entre la tristeza de un pueblo azotado por la desgracia, por la separación forzosa de su negra tierra madre, y al mismo tiempo una alegría desbordante y embriagadora, repleta de ingenio y creatividad. Pero claro, no nos engañemos, eso no lo veía todo el mundo. De modo que, a principios del siglo XXI, me dije: voy a engañar a mis compañeros de la editorial y publicar un libro de reggae porque me da la real gana. Para camuflar mis egoístas fines, busqué durante años un libro que no se quedara en mero onanismo reggaéfilo. Quería un libro con algo más, quería que enganchara a mis amigos, decirles: "¡Mirad el tesoro pirata que he encontrado!". Porque, al fin y al cabo, y en eso coincidieron de pleno mis socios acuarelianos, el objetivo de la editorial es compartir, tejer redes de complicidad.

Y ahí apareció Lloyd Bradley con esta obra, mítica en el mundo anglosajón y traducida al francés, alemán, italiano y japonés. La genialidad de este anglocaribeño creció en el meollo de la cultura jamaicana de Londres— consiste en abrir la historia a todos los públicos. Da igual que te guste el reggae o no, como en los buenos documentales Bradley lo narra todo como si se tratara de una novela histórica, con el gancho musical como excusa, explicando por qué en Jamaica la independencia de los ingleses (1962) se asocia ya indisolublemente al ska; por qué el presidente socialista Michael Manley buscó el apoyo de Fidel Castro ganándose la hostilidad de la CIA; por qué los sonidos jamaicanos hipnotizaron por igual a Rolling Stones, mods, skinheads y punks; por qué odiaban con tanta virulencia los negros británicos a la policía y por qué se desataron las revueltas de Notting Hill; por qué en los guetos amaban tanto el reggae (esta la voy a responder yo: al fin los negros pobres de Jamaica tenían algo suyo, al fin tenían una voz)... Bass Culture nos sitúa de lleno en plena Guerra Fría, en un despiadado mundo postcolonial del que surge una forma de expresión popular, del pueblo para el pueblo, que tendría el honor de ser la única música global del denominado "tercer mundo". Por ello Prince Buster agradece en la introducción que al fin alguien haya escrito la historia verdadera del reggae, es decir la de una creación colectiva, sin caer en las habituales sucesiones de hits y estrellas mediáticas (con todo, Bass Culture rinde un merecido homenaje a la figura de Bob Marley).

La sorpresa fue que a nadie se le había ocurrido comprar los derechos en España (luego me enteré de que sí hubo fallidos candidatos previos) y además me tocó la lotería cuando me cayeron seis meses de excedencia en mi trabajo que pasé en Londres traduciéndolo. En este proceso me pasó igual que al leer esos libros o películas que te generan tanta curiosidad que tienes que correr a Wikipedia a ampliar la información, ya sea para saber más sobre el papel de las iglesias evangelistas en las revueltas de esclavos; para consultar qué fue en Inglaterra del jamaicano de la voz de oro, Horace Andy; para enterarme de si la CIA estaba realmente detrás de la desestabilización del país en los setenta; o por supuesto, para escuchar ese tema soul de los Heptones, este poema dub que le dedica Linton Kwesi Johnson al profesor Blair Peach (asesinado por la policía en una manifestación antirracista en Inglaterra) o aquel experimento futurista de Lee Scratch Perry.

Mis socios picaron, el libro se publicó. Los seis meses sin sueldo fueron una gozada. Todo por la maldita manía de compartir.

Tomás Cobos 

Miembros de Acuarela discutiendo la publicación de "Bass Culture"