Peter Pál Pelbart: La génesis y la catástrofe




Posdata de Peter Pál Pelbart a la entrevista del 13 de febrero de 2010, publicada ahora (ilustrada, revisada y ampliada) en Fuera de Lugar. Conversaciones entre crisis y transformación (Acuarela 2013) de Amador Fernández-Savater. Peter Pál participará en Madrid los días 10, 11 y 12 de junio en una serie de encuentros
bajo el nombre "¿Qué habla a través de nosotros?"
 
Hace poco estuvo entre nosotros el filósofo y pensador Kuniichi Uno. Traductor de Deleuze y Guattari, Artaud y Beckett al japones, vino a presentar el lanzamiento de su libro La génesis de un cuerpo desconocido, en São Paulo, por la editorial bilingüe que recién abrimos amigos brasileños y finlandeses, llamada n-1 Edições. Me tocó a mi traducir las charlas de Kuniichi en la Bienal de São Paulo y en la universidad, donde habló de manera delicadísima sobre ese “cuerpo desconocido” alrededor del qual gira parte de su obra. Algo como el cuerpo-sin-órganos deleuziano, sin duda. Cuando Uno escribe sobre Artaud, Nijinski, Genet o Hijikata, en ellos revela dos elementos que contrastan: la génesis y la catástrofe.

Por un lado, la obsesión por el nacimiento: Artaud reivindica engendrar-se, nacer de nuevo, nacer siempre. Por supuesto, eso significa recusar el cuerpo que nos ha sido dado biológicamente o impuesto culturalmente. Por tanto, hay que declarar la guerra a todo lo que juzga o somete la vida (el “juicio de Dios”), lo que hoy llamaríamos biopolítica. Por otro lado, la idea de catástrofe, no sólo como término extremo y final, sino como algo que se daría también en lo más trivial y cotidiano. Así, para simplificarlo, diríamos que tanto el nacimiento como la catástrofe podrían ser pensados no como eventos únicos, situados en las dos puntas del tiempo, sino coextensivos a la vida y coextensivos entre ellos mismos. Eso es lo más difícil: pensar la relación entre génesis y catástrofe de manera no dicotómica, ni secuencial, sino inmanente. Kuniichi, en sus charlas, insistió en que el nacimiento tiene una componente de catástrofe: nacer es chocar-se con el mundo, con su aspereza, su violencia, su ruido... Por otro lado, habría que pensar la catástrofe de manera más plural: las microcatástrofes, como las que vive un niño en su cuerpo, ya sólo por el mismo hecho de crecer.

Todo eso me fascinó porque resuena con una experiencia reciente, muy concreta, que tiene que ver con el nombre de nuestra editorial. Como se sabe, n-1 es una formula que utilizan Deleuze y Guattari para expresar la idea de que una multiplicidad (n), para que se mantenga como multiplicidad, debe siempre sustraerse al uno (1) que amenaza con sobredeterminarla. Como en Pierre Clastres, la sociedad de los Guayaqui (n) está constantemente expulsando al Estado (1) que amenaza con instaurarse. El uno puede ser Edipo, el Significante, el Jefe, el Capital, la Obra, etc.

Bueno, ¿y a qué viene esto? Hace un tiempo, nuestro grupo de teatro (Companhia Teatral Ueinzz) viajó con dos colectivos más, un finlandés (mollecular.org) y un francés (presqueruines), en un trasatlántico (Splendor of the Seas), de Lisboa hasta Santos, en Brasil. Teníamos la idea de realizar en el barco una pieza de teatro y una película inspiradas en Amérika, o el desaparecido de Kafka. No me detendré sobre qué pasó en el barco en las dos semanas de viaje, y me concentro en un detalle personal que se conecta con el problema de la catástrofe, de la génesis, del n-1. Hace dieciséis años que existe esa compañía y desde el principio se acostumbró a llamarme su “coordinador” -así como teníamos al director, a los actores, al equipo de coordinación, a la figurinista, al músico, etc. Es verdad que el “coordinador” también era actor, la figurinista también acompañante, los actores también un poco guionistas, por lo menos en la práctica... Pero las asimetrías todavía permanecían grandes. Antes de ese viaje extravagante, me hice en la cabeza un plan personal: era una oportunidad de desaparecer. Es decir, aunque presente, me permitiría dejar la “coordinación”, desertar la función, traicionarla y devenir un poco imperceptible. Era un deseo ya antiguo, que en un contexto ampliado, con otros grupos presentes y dentro de un barco gigante, me parecía más posible satisfacer. Qué placer sería renunciar a una función, despegarme de un lugar, vivir otra cosa. Era, claramente, una operación n-1.

Mientras eso pasaba conmigo, y con gran voluptuosidad, lo opuesto ocurría con nuestro director artístico que, con cada vez mas obstinación, insistía en la función de jefe, con los choques y los roces personales crecientes que esa postura suscitaba, justo en un momento de desplazamiento general. Así que en el medio del viaje, en la noche de la travesía del Ecuador, mientras se desarrollaba una fiesta en el barco, una situación grupal intolerable hizo que yo interviniera de manera abrupta para hacer frente a la voluntad del director. Fue un enfrentamiento violento, aunque sólo verbalmente, y el efecto a corto plazo fue que el grupo y el director se separaron: n-1. Lo que vino después fue un momento de gran perplejidad: ¿cómo puede sobrevivir un grupo de teatro sin alguien que lo conduzca, sin un jefe, sin el especialista de la materia escénica, estética, performática? ¿Quién nos va guiar? ¡Dios ha muerto! Fue, pues, una pequeña catástrofe en el modesto ámbito de un grupo... pero también de nacimiento, pues se asistió al devenir-director de los actores, su devenir-figurinista, mi devenir-cualquiera, etc. Catástrofe y génesis coincidieron en ese momento de n-1. El cuerpo grupal conocido se deshizo de sus órganos y engendró un cuerpo desconocido hasta entonces, a partir de una materia intensiva que era la suya. No creo que la escala diminuta de la experiencia le retire su valor, no de ejemplo, sino de revelación.


Peter Pál Pelbart es filósofo. Nacido en Budapest, formado filosóficamente en París, actualmente es profesor en la Universidad Católica de São Paulo (Brasil). Es coordinador de una compañía teatral con pacientes psiquiátricos. Entre sus temas de investigación se encuentran la locura, el tiempo, lo común o la biopolítica. En castellano ha publicado Filosofía de la deserción (Tinta Limón ediciones).  

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