El abandono de la lucha de clases (¿un Tea Party anti-neoliberal?)

El diario Público (20-2-2011) cuenta que desde la izquierda se quiere lanzar un "Tea Party anti-neoliberal". ¿Por qué la derecha extrema lleva hoy la iniciativa en política, hasta el punto de que la izquierda la imita? ¿Por qué la izquierda ya no entiende ni sintoniza con la furia de la gente común? Thomas Frank ofrece algunas claves para volver legible este extraño fenómeno.

(fragmento de
¿Qué pasa con Kansas? - Cómo los ultraconservadores conquistaron el corazón de Estados Unidos de Thomas Frank)

Los demócratas ya no conectan con la gente que está en el extremo perdedor de un sistema de libre mercado que cada día es más brutal y arrogante.

El problema no es que los demócratas defiendan de manera monolítica el derecho al aborto o que se opongan a los rezos en las escuelas; es que al abandonar el lenguaje de clase que antes los identificaba claramente de los republicanos se han quedado más vulnerables a las cuestiones culturales como la posesión de armas, el aborto y el resto de asuntos cuyo atractivo paranoico se vería normalmente desplazado por los intereses materiales. Vivimos en un entorno en el que los republicanos hablan constantemente sobre las clases –interpretándolas a su manera, claro está–, mientras que los demócratas tienen miedo a sacar el tema. La estrategia política demócrata asume sin más que la gente sabe dónde está su interés económico y que por lo tanto actuará por instinto. Piensan que no hace falta ninguna retórica de clases con ataques a las empresas por parte de los candidatos o portavoces del partido y que ciertamente no hace falta que un progresista se ensucie las manos fraternizando con los descontentos. Basta, creen, con que la gente mire lo que hay en cada lado y comparen: los demócratas son un poquito más generosos en las prestaciones sociales, algo más estrictos en regulación medioambiental y cargan menos contra los sindicatos que los republicanos.

El error gigantesco en este argumento es que la gente no comprende espontáneamente su situación desde un punto de vista global. No se puede esperar que conozcan de forma automática las alternativas que tienen ante sí, las organizaciones a las que pueden apoyar o las medidas que deberían reclamar. La ideología progresista no es una fuerza de la naturaleza kármica que entra en acción cuando el mundo empresarial se excede; se trata de una creación humana que está tan sujeta a reveses y derrotas como cualquier otra. Pensemos en el sistema de prestaciones sociales, impuestos, regulaciones y seguro social que está bajo constante asedio. La Seguridad Social y los organismos reguladores de la sanidad y la alimentación no han surgido de la tierra como por arte de magia en respuesta a los obvios excesos del sistema librecambista; son el resultado de décadas de movimientos, de luchas sangrientas entre huelguistas y las fuerzas del Estado, de agitaciones, avances educativos y una esforzada organización. Pasaron más de cuarenta años desde las primeras chispas de los movimientos de reforma izquierdista de la década de los noventa en el siglo XIX hasta la aplicación real de sus reformas en los treinta del siglo pasado. Mientras tanto las grandes clases acaudaladas seguían beneficiándose de la ausencia de impuestos, regulación y cuestionamiento.

(Ilustración de Acacio Puig, del libro ¿Qué pasa con Kansas? de Thomas Frank)

Este texto es un fragmento de un libro que estamos relanzando, ¿Qué pasa con Kansas? - Cómo los ultraconservadores conquistaron el corazón de Estados Unidos, de Thomas Frank, uno de los análisis que mejor explica de dónde surge la fuerza movilizadora del Tea Party y por qué la izquierda ya no entiende (ni sintoniza con) la furia de la gente común.

Más textos sobre el Tea Party y material de Thomas Frank:
El Antipapa toma té
Las lecciones desaprendidas de la crisis
Arrasa el Tea Party: ¿Qué pasa con EE.UU.? (fragmento)
Nueva derecha y malestar social (blog en Público)
La ultraderecha ha robado el lenguaje a la izquierda (entrevista con Thomas Frank)

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