Las relaciones entre Tolkien y CS Lewis (1)

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Tolkien y CS Lewis son, junto a Robert Graves y Lawrence de Arabia, los personajes principales de la novela Estrella del alba de Wu Ming 4, publicada por Acuarela. ¿Cuáles fueron sus relaciones en la vida real? Casi todos los textos de estas entradas han sido sacados de las obras de JOSEPH PEARCE (autor de Tolkien: hombre y mito, J. R. R. Tolkien Señor de la Tierra Media y Wisdom Innocence: A Life of G. K. Chesterton. Su primera novela, The Three Ys Men es, según su propia estimación, “un bullicioso retozo en la tradición de Belloc y Chesterton con una pizca de la ficción de Tolkien más ligera”).




J. R. R. TOLKIEN (Bloemfontein, hoy Sudáfrica; 3 de enero de 1892Bournemouth, Dorset; 2 de septiembre de 1973)

“Sí, la fantasía es escapista, y ahí está su grandeza. Si un soldado es capturado por el enemigo, ¿no consideramos que su deber es escapar? ¡Los prestamistas, los ignorantes, los autoritarios nos mantienen a todos en prisión; si valoramos la libertad de pensamiento y alma, si somos partisanos de la libertad, nuestro deber es escapar y llevar con nosotros a tantos como podamos!”.

RESPUESTA DE TOLKIEN A LA ACUSACIÓN DE ESCRIBIR LITERATURA ESCAPISTA

“En esta clase de amor ¿Me quieres? significa '¿Ves la misma verdad?', o por lo menos '¿Te importa la misma verdad?'”

De la obra LOS CUATRO AMORES, de C.S. LEWIS

PRIMER ENCUENTRO TOLKIEN/LEWIS

“[…] Tolkien había llamado la atención de Lewis el 11 de mayo de 1926 durante una discusión de trabajo de facultad en un “té inglés” del Merton College. “Hablé con él después –apuntó Lewis en su diario–. Es un tipo suave, pálido, locuaz… No parece peligroso: a lo sumo necesitará uno o dos golpes”. De estos inicios indiferentes y desfavorables no tardó en surgir una amistad que iría creciendo en importancia para ambos.

Poco antes de que se conocieran Tolkien y Lewis, Tolkien había formado los Coalbiters, un club de profesores dedicado a la lectura de las sagas y los mitos islandeses. El nombre provenía del islandés Kolbítar, término humorístico que designaba a quienes se acercaban tanto al fuego en invierno que mordían el carbón. En un principio, sus miembros se limitaban ante todo a quienes tenían un conocimiento razonable del islandés, pero el club no tardó en verse reforzado por principiantes entusiastas, entre los cuales se encontraba C. S. Lewis. En enero de 1927 Lewis asistía regularmente a las reuniones de los Kolbítar y las encontraba estimulantes. La influyente amistad entre Lewis y Tolkien había empezado.

Como Tolkien, a Lewis le gustaba la mitología nórdica y el carácter nórdico desde la infancia. Siempre lo había seducido lo que Tolkien llamaba místicamente “el Norte innombrable” y ahora, en la persona del profesor de anglosajón, había hallado un espíritu similar además de un mentor. El 3 de diciembre de 1929 Lewis escribió a su amigo Arthur Greeves:
“Estuve levantado hasta las 2:30 el lunes, hablando con el profesor de anglosajón Tolkien, quien regresó conmigo al College para conversar sobre los dioses y los gigantes de Ásgard durante tres horas y luego partir con el viento y la lluvia. Quién hubiera podido echarlo, con lo brillante que estaba el fuego y lo agradable que era la conversación” […]”.

EL ALIENTO DE LEWIS EN LA LECTURA DE EL SILMARILLION & LA DEUDA DE LEWIS CON TOLKIEN

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“[…] Unos pocos días después de esta conversación nocturna, Tolkien decidió enseñar a Lewis su poema sobre Beren y Lúthien. El 7 de diciembre Lewis le escribió una carta expresándole su entusiasmo: “Puedo decir con honestidad que no pasaba una noche tan deliciosa desde hacía mucho tiempo, y que el interés personal por leer la obra de un amigo no tiene la menor relación con esto: habría sentido lo mismo si se hubiera tratado de la obra de un autor desconocido recogida al azar en una librería. Las dos cosas que mejor revela son la sensación de realidad de la historia y el valor mítico: la esencia del mito consiste en que no tiene el menor matiz alegórico para el hacedor y sin embargo sí sugiere alegorías incipientes al lector”.

Cuando menos, Tolkien había encontrado un oyente atento y comprensivo y en las semanas y los meses que siguieron empezó a leer más partes de El Silmarillion en voz alta para Lewis. “La deuda, imposible de pagar, que tengo con él –escribió Tolkien de Lewis años después–, no es la “influencia” tal como se suele comprender, sino el aliento. Fue durante largo tiempo mi único auditorio. Sólo de él recibí por fin la idea de que mis “cosas” podían ser algo más que un entretenimiento personal”.

Si la deuda de Tolkien con Lewis se debió al aliento y entusiasmo del último, la deuda de Lewis con Tolkien sería mucho más profunda. La amistad de Tolkien, escribió Lewis en Cautivado por la alegría, “señaló el derrumbe de dos viejos prejuicios. Cuando llegué al mundo se me advirtió (explícitamente) que nunca debía confiar en un papista; cuando llegué a la English Faculty se me advirtió (explícitamente) que no debía confiar nunca en un filólogo. Tolkien era amabas cosas”.

No le llevó a Tolkien mucho tiempo atraer a Lewis a la filología, y en parte si Tolkien consiguió que le aceptaran su programa reformado en 1931 fue gracias a él, pero los prejuicios de Lewis contra el catolicismo eran demasiado profundos, estaban arraigados en su educación sectaria en el Ulster […]

(ver sus diferencias con respecto a la naturaleza del mito)

[…] Los argumentos de Tolkien tuvieron un efecto indescriptible en Lewis. El edificio de su incredulidad se desmoronó, instalando los fundamentos de su cristianismo […].

[…] Ahora que Tolkien y Lewis se habían puesto de acuerdo y compartían la misma filosofía, su amistad floreció como nunca. En octubre de 1933 Tolkien apuntó lo siguiente en su diario: “La amistad con Lewis compensa muchas cosas; y aparte del placer y el bienestar constantes, me ha hecho un gran bien el entrar en contacto con un hombre a la vez honesto, valiente e intelectual, un erudito, poeta y filósofo, y finalmente, después de una larga peregrinación, un amante de Nuestro Señor” […]”.

C.S. LEWIS (Belfast, Irlanda del Norte, 29 de noviembre de 1898Oxford, Inglaterra, 22 de noviembre de 1963)


 INFLUENCIAS RECÍPROCAS EN SUS OBRAS 


“[…] Esa Horrible Fuerza era la tercera parte de una trilogía de novelas de ciencia ficción protagonizadas por un filólogo, Ramson. De hecho Ramson se basaba en parte en Tolkien, y Tolkien escribió a su hijo Christopher en 1944 sobre su influencia benigna involuntaria en la caracterización de Ramson por parte de Lewis: “Como filólogo, puedo tener alguna parte en él: reconozco algunas de mis ideas y opiniones “lewisificadas””. Lewis, a su vez, influiría en la caracterización de Bárbol en El Señor de los Anillos, que Tolkien escribió durante los años de la guerra. Tolkien explicó a Nevill Coghill, miembro de los Inklings y compañero en el Exeter College, que había basado el modo de hablar de Bárbol, “Hrum, Hroom”, en la estruendosa voz de C. S. Lewis. Tolkien también dijo a Walter Hooper que había escrito El Señor de los Anillos “para hacer una historia de El Silmarillion para Lewis”. Hooper admite que “es probable que Tolkien estuviera exagerando alegremente”, consciente de que Lewis “tenía un enorme apetito de historias”, pero consideraba a Lewis “un gran estímulo”.

[…] Si la admiración de Lewis por Tolkien es evidente, también lo es la influencia de la obra de Tolkien en los esfuerzos literarios de Lewis. La creación de Narnia por parte de Lewis era sin lugar a dudas un reflejo, aunque pálido en unas aguas creativas más superficiales, de la Tierra Media de Tolkien y al menos un crítico ha sugerido que el germen de The Great Divorce de Lewis se halla en el relato peripatético y purgatorio de Hoja de Niggle de Tolkien.

Sin embargo, a pesar de las críticas de Tolkien a la obra de Lewis, sería completamente erróneo e injusto insinuar que la influencia sólo fluyó en una dirección. Tolkien obtuvo un gran provecho de su amistad con Lewis, beneficiándose de su entusiasmo, ánimo y camaradería. La hija de Tolkien, Priscilla, creía que su padre tenía una “enorme deuda” con Lewis, y su hijo Christopher insistió aún más en que la relación de su padre con Lewis fue crucial para su visión creativa. “El profundo aprecio y la intimidad imaginativa que había entre él y Lewis fueron en cierto modo el centro de su obra”, dijo, añadiendo que su amistad tuvo una “gran importancia… para los dos” […]”.

¿HOMOSEXUALIDAD?

“[…] Quizá no sea de extrañar, teniendo en cuenta el espíritu de la época (o, mejor dicho, la falta de espíritu), que al menos un crítico haya sugerido que la amistad de Lewis y Tolkien era sexual. Brenda Partridge, en su crítica feminista “The Construction of Female Sexuality in The Lord of the Rings” [La Construcción de la Sexualidad Femenina en El Señor de los Anillos], deduce, en un vuelo lamentable e ilusionado de la imaginación, que Lewis y Tolkien tenían una relación homosexual. La mejor respuesta a este punto de vista procede del mismo Lewis y se encuentra en su ensayo sobre “Amistad” en The Four Loves:

“De hecho, en nuestra época ha llegado a ser necesario rechazar la teoría de que todas las amistades serias y firmes son en realidad homosexuales. La peligrosa expresión “en realidad” es aquí significativa. Decir que todas las amistades son consciente y explícitamente homosexuales sería cometer una equivocación demasiado evidente; los sabihondos se refugian en la carga menos palpable de que es en realidad (inconsciente, críptica y retorcidamente) homosexual. Y aunque no puede demostrarse, tampoco puede demostrarse lo contrario. El hecho de que no se descubran evidencias positivas de homosexualidad en el comportamiento de dos amigos no desconcierta un ápice a los sabihondos: “Eso –dicen con seriedad–, es precisamente lo más lógico”. La misma falta de evidencias se considera, pues, una evidencia; la ausencia de humo demuestra que el fuego está muy bien escondido. Sí, si existe realmente. Pero primero debemos demostrar su existencia. De lo contrario, nuestros argumentos serían como los del hombre que decía: “Si hubiera un gato invisible en esta silla, la silla parecería vacía; la silla parece vacía; por tanto, hay un gato invisible en ella”. […]”.

Ver la obra completa Los Cuatro Amores, de C. S. Lewis 

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Hummm para mi esos dos se la comian

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