Naturalismo redneck con esteroides

(reseña de Cuerpo por Ana Llurba en Dylarama)

En el panorama editorial español se está hablando mucho de los músicos que escriben. Varias editoriales indies han fichado a unos cuantos en los últimos años (Eeels por Blackie Books, Mica P. Hinson, Antonio Luque y Bill Callahan por Alpha Decay y, recientemente, Rita Indiana por Periférica) quizás aprovechando el tirón de prensa de su fama previa, así como algunas de sus giras por Europa para promocionar sus respectivos libros.

Sin embargo, casi nada se ha escrito acerca de la influencia inversa. Es decir, de la inspiración que ese gran cotarro universal que es la literatura ha ejercido en la obra de algunos músicos. (Aunque, salvo con Un día perfecto para el pez banana, la verdad es que algunas veces prefiero desconocer el bagaje literario de las bandas de rock contemporáneas).

El caso de Harry Crews es destacable, también, por la inversión de esta relación.

Como nos relata Jesús Llorente en el prólogo de esta novela, él descubrió a Harry Crews a través de una mítica y fugaz formación de hardcore y no wave, constituida por Kim Gordon (Sonic Youth), Lydia Lunch (Teenage Jesus and The Jerks) y Sadie Mae hacia fines de los ochenta. El trío eligió el nombre del escritor de culto para su proyecto musical e inmortalizaron su imagen en su único LP, Naked in Garden Hills (1989). Este dato disparó un interés insaciable (sigue leyendo)

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