DIEZ AMIGOS MUERTOS


En Libros y Aguardiantes han tenido la feliz idea de rescatar un poema de Dennis Cooper que publicamos en Dream Police. Nos ha gustado tanto que hemos decidido replicarla en nuestro blog, incluyendo al final el fragmento del prólogo que para la ocasión escribió Jesús Llorente.

DIEZ AMIGOS MUERTOS

para Ishmael Houston-Jones

Cass Romanski, 23 años, y su prometida prepararon la cena en el hogar de sus padres en Arcadia. Después de que éstos se acostaran, discutieron sobre la fecha de su futura boda. El se puso histérico, se encerró con llave en la habitación contigua, y se pegó un tiro en la cabeza.

Eric Brown, 16 años, conducía su motocicleta muy cerca de su casa en Glendale. De repente se encontró un bache, perdió el control y salió disparado por encima del manillar contra unas rocas.

Mervyn Fox, 56 años, pasó la noche en la casa de la piscina de la residencia de su mujer, de la que estaba separado, en Altadena. Tenía muy mala cara desde hacía semanas. Leyó parte de “The Devil of London” de Aldous Huxley, ingirió un frasco entero de pastillas para dormir y se tumbó en la cama.

Bunker Spreckles, 28, estaba en una fiesta. Se había chutado heroína por primera vez al comenzar la velada. Después de excusarse ante sus amigos caminó hasta su coche y se metió dos picos más.

Robert Beton, 43, estaba teniendo problemas con su amante, John Koening. Se pelearon y Koening se marchó. La amiga más antigua de Beton,Annetta Fox, pasó a verlo y trató de consolarle. Se bebieron una botella entera de champán y luego se fue a su casa. Poco después él se pegó un tiro en el pecho. Annetta afirmó que en ese preciso instante su coche dio un brusco bandazo hacia la izquierda.

John Wells, 25 años, estaba cargando su tabla de surf en una furgoneta a pocos metros de la autopista del Pacífico en Huntington Beach. Era un claro día de primavera. Un coche a toda velocidad se le echó encima, lanzándole a nueve metros de altura.

Michael Thompson, 28 años, conducía su Cadillac negro por el Laurel Canyon Boulevard hacia Mulholland Drive. Se desvió de la carretera en un lugar alejado, dejó el motor encendido y se tumbó en el asiento trasero, chupando una manguera que había conectado al tubo de escape.

Annetta Fox, 55, ingresó en el hospital a causa de una bronquitis. Pronto descubrieron que también tenía cáncer de pulmón. Le extirparon un pulmón. Un mes más tarde, ya en su casa, se levantó de la silla para ir al baño y le fallaron las piernas. La llevaron rápidamente al hospital, donde supieron que el cáncer se había extendido por todo su cuerpo.

John Flanigan, de 26, se vio confinado a una silla de ruedas.Año tras año se fue debilitando y finalmente tuvo que permanecer todo el tiempo en la cama. La noche antes de su veintisiete cumpleaños la excitación por la fiesta del día siguiente le dejó agotado y entró en coma.

David Sellers, 17, conoció a un señor mayor en un bar y le acompañó a su casa. Follaron. El hombre le dio algo de dinero. Luego se acercó a una cabina telefónica y llamó a su compañero de cuarto para que le recogiera en coche. En medio de la conversación un vaso sanguíneo reventó en su cerebro.

-1981
(La ilustración, una vez más, es de Acacio Puig, al igual que las otras que acompañan el libro)

Del prólogo de Dream Police:
Dennis Cooper: Exhibición de atrocidades
..... Es difícil encontrar a un autor que diseccione con tanto rigor las realidades más ocultas de la vida urbana contemporánea. Acostumbrados a la escritura automática, el realismo demasiado sucio y la dejadez estilística de otros autores de la poesía “post-moderna” (de la experiencia o no) que a veces caen en el pastiche y el tópico, resulta asombroso el modo en el que Dennis Cooper se adentra en terrenos resbaladizos con su equilibrado verbo y su metáfora precisa. Sabiendo lo que dice y cómo lo dice, por medio de un lenguaje seco y rebosante de lírica emotividad, da puertas a la reflexión sobre el dolor, el cuerpo, el sexo, la ausencia de Dios, el impulso creativo y la finalidad del arte y de la muerte. Motivos que en muchas ocasiones nos ponen un nudo en la garganta y el estómago por su cruda realidad, pero que el lector asume y hace suyos sin especial esfuerzo ante la calidad de versos tan verdaderos como intensos.
Jesús Llorente Sanjuán

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