Lawrence & co

Nada mejor que un buen libro para poder soportar los tórridos sofocos del estío agosteño. Afortunadamente la novela Estrella del alba, reciente novedad editorial aparecida bajo la firma de Wu Ming 4, ha servido para trasladarnos a lejanos escenarios (Oriente Medio, Oxford) sin tener que padecer sacrificio alguno. El mundo entero desde nuestro sillón.


Wu Ming es el seudónimo de un grupo de escritores italianos que trabajan de forma colectiva desde comienzos de este siglo. Surgieron a partir de una matriz de propósito más amplio y universal conocida como Luther Blisset Project, cuya obra más conocida fue la novela Q, acerca de la guerra de los campesinos alemanes de comienzos del siglo XVI. "Wu ming" significa en chino "anónimo", lo que dice mucho respecto de las intenciones que animan al colectivo literario que analizamos. No obstante, y aunque pueda parecer contradictorio, los componentes de Wu Ming en ocasiones realizan trabajos individuales, como es este el caso, y entonces suman un ordinal al nombre común, significando que la responsabilidad sobre este trabajo corresponde a una sola persona.

Estrella del alba nos plantea un atractivo escenario literario: las relaciones de cuatro excelentes escritores británicos (T.E. Lawrence, R. Graves, J.R.R. Tolkien y C.S. Lewis) anudadas en su retorno a Oxford tras su peripecia por los campos de batalla de la Gran Guerra. En la narración se suman elementos de verosimilitud (Graves fue amigo de Lawrence y escribió su biografía Lawrence y los árabes), junto con meras hipótesis de ficción literaria (los encuentros de Tolkien y Lewis con Lawrence).

La figura central de la obra es el conocido como Lawrence de Arabia, poliédrico personaje, militar del Imperio Británico hasta su muerte, pero consagrado a la tarea de crear un Estado propio para los árabes, dividos y sometidos hasta esa fecha por el Imperio Otomano. Su participación en una guerra de liberación nacional en un contexto de Guerra Mundial no está exenta de contradicciones, y la tarea inacabada, incluso la posibilidad de que su comportamiento se considere una traición a las promesas realizadas a los príncipes hachemitas, pesará como una losa sobre su estado de ánimo. La tortura y violación a manos turcas, así como la clandestina homosexualidad, lastrarán también su salud física y mental, acelerando su declive. Pero, entre tanto, Lawrence alumbrará una las obras cimeras en lengua inglesa de la primera mitad del siglo XX, su relato de la participación en la Rebelión Árabe titulada Los siete pilares de la sabiduría.

Fascinados o críticos frente al personaje principal, girará el resto del formidable elenco literario. Todos ellos arrastran también las heridas (físicas y morales) derivadas de su participación en la guerra: han visto caer a demasiados amigos y hermanos en las trincheras belgas y francesas como para salir indemnes. El exorcismo común será su dedicación en cuerpo y alma a la actividad literaria, aunque las trayectorias de Graves, por un lado, y Tolkien y Lewis, por otro, sean disímiles.

En todo caso, las obras que producirían en el futuro (Graves y Yo, Claudio; Tolkien y El Señor de los Anillos; o Lewis y Una pena en observación) les harán acreedores de la atención de los lectores de las siguientes décadas y nos inclinarán a escudriñar por una rendija aquel momento de encuentro oxoniense a comienzos de la década de los años veinte de la pasada centuria.

Por El Hijo de Fructidor 

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