A propósito de la violencia policial (IV): Wu Ming y la contracumbre del G8 en Génova, 2001



(vídeo: documental Del poder, Zaván 2011; texto: fragmentos de Esta revolución no tiene rostro, de Wu Ming, publicado en Acuarela Libros)

 
Wu Ming 5

Me llamo Riccardo Pedrini, Wu Ming Wu. Formo parte del colectivo de autores conocido como Wu Ming. Estaba en Génova el 21 de julio del año del señor de 2002. Los compañeros con los que trabajo han escrito un libro, Q, que ha sido muy leído y apreciado. Entre otras cosas, habla de la revuelta de los campesinos en la Alemania del siglo XVI.

Génova ha sido nuestra Frankenhausen, ha dicho algún compañero.

Mientras escalaba la colina con los maderos a mis espaldas, he pensado que esos compañeros tenían razón.

Tengo treinta y seis años. Como muchos de los que han hecho mi elección, he vivido en mi piel, y muchas veces, la violencia y la brutalidad de la policía y los carabineros. Nunca me he hecho ilusiones sobre la naturaleza de las estructuras represivas de ese sucio consejo de administración que llamamos Estado. En cierto modo, esto entraba dentro de la lógica de las cosas. Haces política, corres riesgos. Puedes esperarte que no siempre va a ir todo sobre ruedas.

Miles, decenas de miles de personas, creían poder ejercitar su derecho al disenso. No habían hecho ninguna elección radical: no eran militantes, sino en un sentido amplio: “militia est vita hominis super terram”, dice el libro de Job. Creían poder disentir y que no pasara nada. Se equivocaban. No eran black blocksters. No eran autónomos. No eran Monos Blancos.

El pueblo. La multitud.

Han sido atacados ferozmente. Han sido atacados metódicamente. Han sido atacados con repugnante eficiencia.

El día anterior,

un carabinero auxiliar, de veinte años, se había hecho portador de un mensaje directo para todos los hombres y las mujeres de aquella multitud.

El mensaje era compacto, conciso. Trágico, aunque no inesperado. La euforia política de los días, de los meses precedentes al G8, dejaba lugar a las dudas, a la angustia. La represión del resto es en sí misma una estrategia. Desarticular, romper los vínculos de solidaridad, beneficiarse del desánimo, de la desesperación.

No lo consiguieron. La arrogancia criminal del estado y de sus aparatos represivos logró, en todo caso, algo que hasta hacía unos pocos meses parecía difícil. Despertar las conciencias, nada menos.

Génova actúa, para quien ha vivido aquellos días, como un espejo deformante. El análisis debe hacerse entre los escombros, como si hiciera falta atravesar el humo de los lacrimógenos, volver a respirar, los pulmones en llamas, para no perder a los compañeros, para no caer en manos de las bestias, para no dejar a nadie en manos de las bestias. El riesgo, ahora, es el de perder el contacto con la realidad. El de reducir el campo de visión hasta incluir en el problema sólo lo que sucede aquí, en la más triste de las periferias del imperio. Es cierto, puede sentirse el hedor de los teoremas. La preocupación por la integridad física y por la libertad personal es legítima. Para salvar equilibrios cada vez más corruptos, cada vez más criminalmente separados de la realidad, podría diezmarse una generación, una más, mediante una represión que, en perspectiva, aparece todavía más dura que la que los compañeros y compañeras tuvieron que afrontar y sufrir hace veinte años. La suerte no parece del todo adversa: día a día toma forma, en la sociedad civil, la consciencia de que lo que sucedió en Génova es un atentado contra las garantías y derechos de todos y cada uno de nosotros.

La boca del Leviatán está abierta de par en par. Dispuesta a devorar, como hizo con Jonás, al primero en darse cuenta de que estar vivo, en esta tierra, significa militar, de un bando o de otro. El ámbito de la solidaridad que hemos sabido crear alrededor del movimiento, alrededor de nuestras demandas, de nuestras propuestas, de nuestras prácticas es nuestro escudo. Lo que puede impedir que la bestia nos devore y la megamáquina nos triture. La verdad, por sí sola, no basta.

La solidaridad: un patrimonio que no podemos jugarnos en una mano equivocada.

Lo que suceda en Italia depende, en última instancia, de nuestra capacidad de comprender y de prever los movimientos del adversario. La responsabilidad es nuestra, y es grande. Nosotros somos hoy la izquierda de este país.

Pero el movimiento que suprime el estado de cosas presente es global, como la apuesta por la muerte de los grandes de la tierra. El movimiento está en marcha. El triunfalismo es el mejor antídoto contra la depresión: el umbral de atención debe ser elevado, debemos alzar la guardia. Se ha generalizado la resistencia contra el neoliberalismo y contra las políticas homicidas de un capitalismo que se propone como paradigma ontológico. Ésta es la verdadera fuerza del movimiento. El capitalismo que se apropia del DNA de los seres vivos como si fuera una mercancía será derrotado. No por una venganza divina, sino por la fuerza moral de las multitudes. Toda práctica de resistencia es legítima, ante la perspectiva de la muerte del planeta. De la oración colectiva a la acción directa. El espectro es amplio y debe seguir siéndolo. No caeremos en la trampa de militarizar la práctica y mucho menos en la de criminalizar a nadie.

¡La lucha sigue!

26/07/2001


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El día del proyecto
Wu Ming 3

 

Convulsión, espasmo, llanto.

Como todo lo demás en estos días, también el pensamiento asume este aspecto. Ningún intento de refrenarlo en una racionalidad torpe. Sólo dejar abierto el diafragma de abandonarse a las contradicciones.

Ya llegará, en breve, el tiempo de síntesis más rigurosas.

Todavía estruendo de helicópteros dentro del estómago, sobre la cabeza, acosados, el humo blanco a la vuelta de cada esquina, columnas humanas en fuga, ascendiendo colinas, seis mil escalones que subir, demasiados amigos dispersos, grupos en desbandada, un milagro que todos llegaran a casa.

Venidos a Génova a mostrar la fuerza de las ideas y la extraordinaria energía del movimiento global.

Aniquilados sistemáticamente en las calles con un plan meticuloso y una ejecución feroz.

Cientos de miles de personas reducidas a la impotencia y al terror, suspensión tal vez irreversible del estado de derecho, escuadrones de la muerte, información blindada, noches chilenas.

Si fuésemos un ejército, de los de verdad, se trataría de imágenes y sensaciones de una derrota, ignominiosa y definitiva.

Y sin embargo.

En la inminencia de la batalla habían escrito: vosotros sois el séptimo sello.

La multitud. La invocamos, le enviamos mensajes, parábolas, exhortaciones. Pusimos nuestro saber, modesto, y nuestros instrumentos, pocos, en sus manos.

Y la multitud se materializó ante nuestros ojos desesperados y felices. Y su potencia se desplegó delante de nuestro terror y nuestra falta de preparación.

La multitud nos llevó a casa a cada uno de nosotros.

Impidió la matanza. Se autoorganizó milagrosamente, tuvo una admirable sangre fría, condujo y distribuyó su enorme vientre en mil kilómetros de intestino que recorrimos poniéndonos a salvo. Exhaló sobre nosotros su aliento de invulnerabilidad. Acogió nuestra invocación y acudió en nuestra ayuda.

Y de ella recomenzamos.

No aceptaremos ser menos. La multitud ha desobedecido, deteniendo la masacre.

Digiriéndola.

Cometimos errores, ingenuidades, no previmos la “guerra sucia”, no supimos adecuarnos a las reacciones que desencadenamos, pero aún así nuestro trabajo fue premiado.

La desobediencia civil humillada en las calles, los monos blancos agredidos y difamados, los pacifistas cubiertos de sangre, los boy scouts ofendidos, las mujeres de negro y los COBAS (sindicatos de base) y todos los demás pisoteados, gaseados, ultrajados, no son más débiles después de haber sido disueltos de hecho por el bloque negro fascista.

Son, somos, multitud. Esto lo cambia todo.

Debemos nutrirla, informarla, cuidarla. Y seremos cuidados, informados, nutridos.

El código del Imperio contra el de la Multitud. Ésa es la próxima batalla. Que todos, nosotros los primeros, entendamos el código de la multitud.

La ferocidad de la aniquilación mostrada por el enemigo puede volverse en su contra. No volviendo a ser los de antes, no aceptando más esa ropa ceñida, sino contaminando, poblando, diseminando y disolviéndonos en ella, recorriendo sus redes como los senderos de Ho Chi Minh.

En la inminencia de la batalla escribimos: el de mañana es el día del proyecto.

Convertidos en multitudes, el proyecto no puede ser sino estructurar su código, hacerlo común, declinarlo de todas las formas posibles, transformarlo en el volante esencial de la nueva modalidad de la cooperación social, de un nuevo horizonte de sentido, de otras relaciones entre los seres humanos.

Y por eso hace falta trabajar ahora, timón a estribor, sin titubeos ni nostalgia por lo que hemos sido. Sólo así podremos escapar a las trampas esparcidas en nuestro camino

La multitud pensará el resto

Y si el plomo y la sangre son los símbolos que el Imperio yergue sobre sus pendones, para los nuestros propongo nuestros cuerpos, el pan y el agua, ya que en el fondo no necesitamos nada más.

25/07/2001

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GÉNOVA: LAS MULTITUDES AL ASALTO DEL IMPERIO

Génova: del tiempo del relato al tiempo del proyecto

El movimiento es global y su fuerza también

Wu Ming 1

La respuesta no llega sólo de las calles de Italia, sino de todo el mundo.

Habíamos invocado a las multitudes, las habíamos llamado con ritos chamánicos, sentadas mediáticas, en trance hablábamos con los héroes de leyendas antiguas, manifestábamos xenoglosia como en el Pentecostés, mesmerismo como en los cuentos de Poe y de Lovecraft, “atavismo” de demonios como en los libros de Aleister Crowley, estábamos poseídos por los espíritus de los que se rebelaron antes que nosotros, de cada uno de nuestros orificios manaba ectoplasma.

Las multitudes han llegado. Han llegado, dos, tres, innumerables veces a socorrernos, a decirnos que no estábamos solos.

El niño indio de Chiapas agita un palo y hace alejarse a los helicópteros militares que zumban sobre la aldea. Le preguntan cómo lo ha hecho y responde: “Es tecnología maya”.

Los helicópteros zumban ahora en mis orejas. Todas las noches sueño con carabineros, persecuciones, cargas… Pero sueño también con gente por las calles, sueño con gritos y risas. Sueño con teoremas judiciales, montajes inverosímiles pero posibles. Pero sueño también con quien los denuncia. Y sueño con la tecnología maya.

El día anterior Carlo Giuliani había muerto y la calle había sufrido durísimas provocaciones. Las máximas autoridades del Estado y del gobierno, además del mayor (cada vez menos) partido de la izquierda sedicente, todos se dedicaron a disuadir, a decir: “¡no vayáis!”, “¡quedaos en vuestras casas!”… En este clima, llegaron a Génova más de doscientas mil personas, discapacitados en silla de ruedas, familias enteras, jóvenes y ancianos. Nadie se ha dejado intimidar. Asustar sí, intimidar no.

Y aquellas doscientas mil personas vinieron a SALVARNOS, porque sin ellos habría sido una jornada de caza al hombre y de matanza, el recorrido de la manifestación habría sido una enorme almadraba, y por eso mi gratitud durará para siempre. Si algún día tengo nietos les contaré que entre el 20 y el 21 de julio de 2001 MASSIMO D’ALEMA, CARLO AZEGLIO CIAMPI Y SILVIO BERLUSCONI INVITARON AL PUEBLO A DEJAR QUE ME MATARA, a no intervenir, a pasar de mí, y en cambio el pueblo acudió en masa y arriesgó el culo para salvarme la vida.

Aquella noche, un asalto recordó a todos Chile y a Argentina, mientras que a mi me parecía muy estadounidense, modelo “destrucción del Black Panther Party” (1968-70). Los compañeros de Ya Basta!-Nueva York estaban aterrorizados, pero ellos son blancos: para los negros de su país aquello ha sido siempre el pan nuestro de cada día.

El día después, calles atestadas, protestas frente a las embajadas y a los consulados italianos, ataques a las sedes de las multinacionales italianas, la prensa nacional no plegada a las posiciones de gobierno (por razones de alineación, cierto, pero también porque se trabajó bien con los medios de comunicación), testimonios de la brutalidad policial, de las torturas, de los desaparecidos, de nuevas investigaciones en proyecto... En Bolonia el pueblo expulsó con furia a la Alianza Nacional de la Piazza Re Enzo, donde había montado una mesa y trataba de recoger firmas en solidaridad con los verdugos de Génova...

Tenemos la “mala suerte” de vivir en un tiempo interesante.

Este movimiento puede escapar del cepo sin tener que arrancarse la pierna a mordiscos: puede abrir el cepo porque es inteligente. Y es inteligente porque tiene manos, porque tiene pulgares prensiles, puede empuñar, manejar y utilizar objetos nuevos. Sus campos sinápticos se extienden y multiplican con cada nueva experiencia. Estas sinapsis son los vínculos solidarios que cubren todo el planeta, desde Port Moresby a Goteborg, desde Melbourne a Québec, desde Porto Alegre a Okinawa. Las neuronas son los millones y millones de personas que por el sólo hecho de no considerar “natural” la tiranía liberal la han hecho precipitarse a una crisis profunda de identidad.

Este movimiento tiene la madurez necesaria para no caer en la dialéctica perversa entre represión y respuesta a la represión. Tiene esta madurez porque no tiene precedentes. No tiene precedentes porque no está disfrutando de la hora de aire en el angosto patio de la cárcel-Italia, con algunos ecos de solidaridad al otro lado de los muros. No; está correteando, alegre y despreocupado, de los polos al ecuador. Cabalga los tsunami del Pacífico y se deja iluminar por la aurora boreal. Baila el sirtaki y se contorsiona con la capoeira. Lanza tejas desde el techo del mundo y se reorganiza en la espesura de la selva. El Emperador tendrá que seguir rascándose la cabeza hasta hacerla sangrar.

26/07/2001

2 comentarios:

Anónimo dijo...

sigo tiritando con un amago de expansión facial - corporal... asustado como el 25S pero no intimidado...
gracias Amador por seguir estando ahí, tan cerca...increíble poder dar calor a través del interné... espero que sientas la vuelta neguentrópica...

Acuarela dijo...

Gracias a ti por el rebote!

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